Ágape
Advertencias: Esta historia es para un reto de escritura de los Escritores inefables que estoy haciendo para conseguirnos más publicidad, perdón a todos los lectores de Sin City… ya que es un extracto de esta *Guiño, guiño, codazo, codazo* a los nuevos.
Disclaimer: blablablá, Neil, no seas capullo que tú nos diste permiso para escribir fanfiction.
Premisa: Ágape, Solo porque adora ver feliz a B, A acepta ir a un lugar que B ha querido visitar por mucho tiempo.
Crowley aprieta los ojos y suspira profundamente porque es hora de entrar a la sala donde ya están las luces a medias y ha empezado la cena y ya no parece haber escapatoria posible. Bloody Puppy eyes.
Aziraphale se humedece los labios preguntándole a la chica de la puerta y... escuchando las instrucciones de la mesa a la que deben sentarse (que es, milagrosamente como la de la primera fila). Antes de entrar... se gira con Crowley que está detrás fingiéndose lo más desinteresado posible en todo esto. Eso requiere un gran esfuerzo.
—Ven, creo... tenemos buenos lugares —le apresura el ángel y vacilando un poco, extiende la mano y le toma de la muñeca.
—No puedo creer que luego lloriquees por cómo una hora y media cuando se te moja la ropa con la lluvia y ahora hayas obrado el milagro de una mesa en bloody primera fila —protesta el demonio al notar a donde le lleva.
—Ha sido una casualidad —se defiende, un poco incómodo.
—Eso díselo al juez —replica sin creerle ni un poquito.
—Es mejor milagro este que el de la ropa... es para que disfrutes el show —asegura yendo entre las mesas, tirando de él y moviendo un poco la mano lejos de la muñeca hacia su mano.
—Como un condenado, lo voy a disfrutar —ojos en blanco pero se deja tirar.
—¡Que exagerado! —protesta mucho más enfocado en terminar con él del todo de la mano, el demonio le entrelaza los dedos de modo natural sin ni fijarse en ello.
Aziraphale lo nota y el corazón se le acelera un poquito otra vez no queriendo llegar a su sitio.
—La gracia está en... imaginar cómo engaña a nuestros sentidos —insiste.
—Pero es que no lo hace —le mira por encima de las gafas de sol.
—¡Sí lo hace! No te dejas llevar —llega a su mesita, con dos sillas y una velita.
—Porque es tremendamente fácil ver dónde está el truco, no es magia de verdad —sigue protestando el demonio.
—¡Es habilidad! Y no es tan fácil con magos buenos.
—A diferencia... —sonríe de lado, mirándole y sentándose o más bien, de nuevo vertiéndose sobre la silla como hierro fundido sin soltarle.
—Yo lo hago aceptablemente bien —frunce el ceño y el demonio se muere de risa con eso—. Que tú seas un aburrido...
—Esto no es de ser aburrido, es de un mínimo de dignidad —hace un gesto con la mano.
—¡No tiene nada de indigno divertirse un poco! —protesta—. Voy a copiar alguno de estos trucos.
—Lo que faltaba —le mira desaprobatoriamente pero no puede dejar de sonreír.
—¿¡En qué he te afecta a ti que haga unos trucos nuevos?!
Suspira sin responder a eso, volviéndose hacia el escenario.
—Quizás esta vez si te asombre —insiste el ángel.
—O quizás no —le mira de reojo.
—Me hace cierta gracia que te cause tanta grima... —le aprieta un poquito la mano.
—¿Por?
—Porque... es solo un juego y a tu parecer debe parecerte que hago demasiado el ridículo.
—Porque lo haces.
—Lo dices solo porque sabes que puedo hacer un milagro de verdad.
—¡Por supuesto!
—Eso no es de habilidad y la gracia de la magia que me gusta es... la actuación.
—No te creas que no sobre actúas —no me puedo creer que te estés atreviendo a decirle eso tú, Mr. Reina del Drama.
Cuando les traen la carta es que Crowley le suelta la mano porque además no... piensa comer o quizás sí tal vez lo mismo que él, no le importa mucho.
Cuando le suelta, Aziraphale recoge la mano, tocándosela un poco con la otra, mirándole de reojito un poco idiotizando... pese a lo horrible que le está diciendo.
—Bueno, sobre actuar es un poco parte del truco. Ser dramaaaaatico como tú, o aleeeegre y lleno de energía —hace un poco de sobreactuación.
—Mira, ya te creí lo de que en la ópera la gente se muere cantando porque es un recursolíbricoo como se llame, no me voy a creer esta.
—Lírico —se ríe de buena gana con esto.
—Eso he dicho.
—Has dicho líbrico, my dear—sonríe de lado
—Pues eso.
Aziraphale le sonríe, mirándole con unos ojitos de corazón que le cuesta ocultar. Él le sonríe de vuelta porque mira que mono es cuando está encantado.
—¿Te apetece comer algo? —pregunta con absoluta suavidad unos segundos después
—Lo que tú quieras —mira la carta. El ángel aún le mira un poco más antes de mirar la carta, sonriendo.
—Creo que deberías probar el pato.
—¿Cómo recurso humorístico o como comida? —sonríe de lado.
—Como ambos —define.
—Está bien, pato entonces —sonríe.
—Y creo que la ocasión amerita una copita de Champagne... —se mira la carta de vinos.
—A ver... —se acerca para mirar cuales hay. Le gira un poco la carta para que pueda mirarla—. Que tal... —señala uno que le parece.
—Suena bien —Aziraphale asiente conforme.
—Bien —sonríe y se echa otra vez atrás como si fuera un jersey que alguien acaba de quitarse y lanzar a la silla, buscando al camarero.
El ángel le mira de reojo con esa posición y... la verdad es que aunque se queja de ella, no sería Crowley si se sentara derechito sin desparramarse. Cierra la carta con cuidado y la pone en la mesa moviendo un poco la pierna de manera que toca levemente la del demonio.
Crowley le deja hacer logrando que el camarero se olvide de cualquier cosa que estuviera haciendo y les mire con ese truquito del chasqueo de dedos.
—Sí sabes que la gente puede venir sola cuando la llamas si esperas un poco, ¿verdad? No hay necesidad...
—Perdóneme padre, porque he pecado —se burla dejando caer un poco la cabeza hacia Aziraphale, sonriendo cuando se les acerca el camarero, sonriendo.
—Buenas noches, joven —saluda Aziraphale al camarero.
—Buenas noches, ¿ya les han tomado nota? —pregunta este un poco descolocado al principio porque esta seguro que estaba haciendo otra cosa, pero... bueno, será que no era importante.
—No aún, pero si tú fueras tan amable de hacerlo... —le sonríe.
—¿Qué les apetece?
—Mire, pensábamos en dos platos de confite de pato. Este con higos. Me trae también espárragos para acompañar y... Una botellita de Krug Clos du Mesnil...
El muchacho se lo apunta con cuidado, asintiendo y luego mira a Crowley, que está ahí nada más escuchando.
—¿Se encuentra bien, míster? —pregunta al notar las gafas levantando una mano para señalar en su cara. Aziraphale mira al chico y luego a Crowley.
—Claro, es que soy un demonio —responde este tan tranquilo.
Aziraphale le fulmina con eso y el muchacho solo se ríe pensando que bromea, claro, yéndose.
—Nadie te cree —sonríe de lado el ángel—. Porque casi nunca pareces un demonio.
—Claro que no me creen —se encoge de hombros—. No quieren hacerlo.
—Y no estás haciendo nada demoníaco. Comer pato y beber champagne... junto a alguien muy distinto a ti.
—Si tú les dijeras que eres un ángel... —le mira de reojito.
—Tampoco me creerían.
Crowley sonríe de ladito pensando que no está del todo de acuerdo con todo lo suavecito y dulce que es, pero prefiere no decirle.
—Menos aún me creerían que vengo con un demonio —añade.
—Bueno, eso no se lo iba a creer ni... —hace un gesto con las cejas, mirando al techo.
—Me parece que precisamente... sabe todo lo qué hay que saber respecto a ambos —sonríe un poco.
—Mmmm...
—O sabría si se enfocara. Cosa que no espero que ocurra.
—Uno de esos ángeles... ¿cómo se llama? El que parece que no va al baño hace una semana a pesar de ser un ser sobrenatural... —se lo piensa—. No, espera, voy a tener que ser más específico...
—Estás diciendo que todos parecemos... —sonríe un poco más con esa descripción.
—Los que estaban ahí el día de... la cremación, no sé —hace un gesto con la mano—. Dijo algo. Quería preguntarte por ello.
—¿Qué dijo?
—Algo de un... ¿novio?
—¿Tiene un novio? —levanta las cejas.
—Tuyo. Mío, en ese momento puesto que estaba yo ahí —explica mientras les sirven el champagne.
—¿Q-Qué?
—Pues no tengo ni idea, esperaba que tú me aclararas —toma su copa brindando con él.
—¿Qué dijo exactamente? Que yo... ¿que yo tengo un novio? —brinda también sin casi prestar atención.
—Sí. Y que por lo visto algo iban a hacerle también, no sé si después de a ti.
—¿Dió algún detalle de...? —Aziraphale parpadea—. Es decir, es que no tengo a nadie cercano en el cielo como para que pudieran pensar...
—No, solo dijo eso, que no me preocupara demasiado porque algo le iban a hacer también —se encoge de hombros.
Aziraphale se humedece los labios y le mira, Crowley le mira de reojo, un poco por encima de la gafas.
—Creo que... era solo una forma de hablar —decide el ángel.
—Una... forma de hablar bastante curiosa —comenta mirándole intensamente.
Aziraphale suspira, frunciendo un poco el ceño con todo esto. Pensando.
Crowley le mira de reojo y frunce el ceño también al notar que él lo hace. ¿Qué significa eso? ¿que sí es verdad? ¿qué lo tiene...? o tenía si acaso el pobre diablo había corrido la misma suerte que él, sin tener... bueno, un plan B como ellos.
En ese momento pareció un comentario desafortunado y burlón, pero a lo mejor de veras se refería a algo. ¿Y si acababa de darle por las buenas la noticia de que en el cielo habían matado a su amante?
¡Espera! ¿Y desde cuando tenía un amante y no le había dicho nada? ¿Es que acaso no eran amigos?
Y el problema aquí era que... no es que Aziraphale no les conociera y no es que no supiera que cielo e infierno eran solo las dos caras de la misma moneda. Sin embargo, la idea de toda la vida de estar en el bando de los buenos, cada vez se apagaba más hasta estar casi del todo extinta.
No era desde luego que esperara alguna muestra de emoción al decidir que lo que decían la reglas era que debían matarle... pero informarle ESO entre las últimas cosas que decirle antes de morir era... cruel.
Y que en el infierno fueran completamente crueles no le parecía extraño, pero... esto no tenía regreso.
Es que se puede ver en la cara del demonio como se va formando el drama y la tragedia a medida que el silencio persiste. ¿Cuánto tiempo hacía que esto estaba pasando frente a sus narices? Tenía que ser cosa de cuando durmió durante todo un siglo. Seguro de cuando aprendió a bailar ese estúpido baile en ese estúpido club gay.
La única cosa aquí era que... desde luego Gabriel y los otros sabían. O creían saber algo, que seguramente no era en lo absoluto, ni remotamente cercano a lo que pasaba en realidad. Menos aún a lo que Aziraphale SENTÍA en realidad por Crowley. Y... repentinamente, a estas alturas, le importaba cada vez menos si algún día sabían lo que realmente sentía por él.
Así qué... aún con el ceño fruncido, se gira a mirarle con determinación. Anda ya. Si alguien quería oírlo, lo iba a oír.
Crowley se come el pato como en tres segundos, descargando un poco en él la frustración.
—Pues lo que debiste decirles entonces, es que eres MUCHO más que mi novio. Eres simplemente... parte de mí. Lo bastante como para que no pudieran quemarme.
Anda, ahógate con tu pato.
Sí, eso es lo que sucede. Crowley casi se atraganta o más bien, se atraganta del todo. Tosiendo exageradamente.
Aziraphale toma sus cubiertos, como si NO hubiera dicho nada de todo eso y como si Crowley no se estuviera ahogando.
El demonio empieza a hacer gestos con las manos como si se estuviera ahogando hacen que alguien se acerque y le haga una maniobra de esas que se hacen con alguien intentando que la víctima no solo saque el trozo de comida atragantado, sino hasta los pulmones. De ser posible, el trozo debería hasta caer dentro de la copa de alguien para un correcto efecto dramático-cómico.
Hay bastante revuelo, alguien grita si hay un médico en la sala, gente corriendo de un lado a otro, hay una pelea a puñetazo limpio y gente robando comida, seguramente alguien se lleva un buen premio en las tragaperras por el equilibrio poético. Aun no arde nada, pero dadle un minuto.
Aziraphale sigue comiendo sin inmutarse.
Lo siento, ahí está el trozo de pato en tu copa. Empieza a disiparse un poco el caos, hay sirenas en la distancia y sinceramente alguien hasta aplaude.
Le da un trago a la copa con todo y trozo de pato. Lo siento, Crowley, estos son los minutos de un ángel enfadado, te los estás perdiendo. Cuando el drama se va apagando lentamente es que por fin puede preguntar.
—What... the hell?
—Y dices que yo sobreactúo... —le mira de reojo, comiendo otro trocito de pato.
—¡No cambies el tema!
—Estoy enfadado.
—¿Qué?
—No contigo, my dear. En lo absoluto.
—¿Qué tiene eso que ver con... todo esto?
—Todo. Nada. ¿Estás bien? —le mira a los ojos y es que está tratando de ignorar lo que dijo porque se ha enfadado. Pero... no va a estar enfadado para siempre, así que... vacila un poco.
—¡No! Qué demonios... es decir... qué... ¿Qué?
—No creo que necesites muchas más explicaciones... —se limpia la boca con la servilleta, ojos cerrados.
—¡Yo sí creo que necesito unas cuantas!
Aziraphale carraspea y Crowley le mira intensamente, aunque el ángel no se atreve a mirarle de vuelta.
—Está bien... voy a pedir una bloody bolsa de papel, no sea que vomites por la velocidad —protesta Crowley burlándose un poco pero rindiéndose.
—¿Cuál velocidad, Crowley?
—La de las puñeteras placas tectónicas, por lo visto —ojos en blanco.
—Quizás sea momento...
El demonio le mira otra vez intensamente, entonces se apagan las luces y empiezan los efectos laser de colores y de humo de hielo seco en el escenario, mientras una voz enlatada anuncia al mago según el texto exacto del folleto de Aziraphale. Parece que lo esté leyendo bajo los efectos del crack.
—No fucking way!—protesta Crowley porque el peor momento.
Aziraphale le toca el brazo un poquitín con la mano así sin mirarle, solo para... calmarle un poco y solo por eso no para el tiempo pero bufa.
Podrías haberlo parado y besarle. Se le acerca igual un poco para hablarle en el show, desde luego.
—Mira, Mira... a ti te gustan las cartas.
La FULMINACIÓN que se lleva por parte del demonio. De todos modos este sí se nota que es un mago profesional, aunque vaya vestido así de ridículo, no se le ven los trucos y no para de hacer bromas mientras los hace.
No como al otro idiota. Aziraphale está ENCANTADO.
Crowley suspira pensando que esto es un muermo pero como a éeeeeel le guuuuuuusta. Llega un punto, eso sí, en el que en mitad del show, el mago está haciendo un truco de desaparición con una chica y Crowley sonríe de lado y... chaquea los dedos mandándola al hall del hotel. Aziraphale es que... conoce sus chasquidos.
—¿Qué hiciste?
—Nada —deja de sonreír si al menos quieres que eso suene creíble.
—¡Anda ya! Como si no te conociera.
—Solo estoy aquí sentado, viendo el show —y se muere de la risa con la cara de perplejidad del mago que no encuentra a la chica en su trampilla secreta.
—Que va... ¡Mira! Ve la cara de susto que tienen todos.
—A lo mejor es parte del... espectáculo. La actuación y todo eso.
—No lo es y lo sabes. ¿A dónde mandaste a la chica?
—Pues eso deberías preguntárselo al mago, quien por cierto, está en plan “The Show must go on” sin preocuparse ni un poco —responde Crowley y decide empezar a hacer que todos los trucos le SALGAN pero que le salgan DE VERDAD, no con el-otro-pañuelo-escondido-en-su-manga o el-mecanismo-secreto-que-activa-la-caja... etcétera, solo porque le encanta la cara de idiota que se le queda al pobre hombre que no entiende una mierda.
—No vas a decirme que no es bueno este hombre... —le alega Aziraphale, muy convencido ahora de las absolutas maravillas que presencian.
—Parece... un poco sorprendido.
—Y tú muy poco.
—¿Por qué iba a estarlo? Está claro que todo esto tiene truco.
—¿Y me dirás que se nota? ¡Es muy bueno!
—Pues no se nota, pero... me falla en la actua... —de repente, antes de que pueda acabar la frase, se prende un foco sobre Crowley como si fueran a abducirlo los extraterrestres. O peor aún, tuviera audiencia celestial. Sí, querido, eres el siguiente voluntario-no-voluntario.
El demonio, de hecho, levanta las cejas incrédulo de esto mientras el mago le alienta a subir sacudiendo su capa de purpurina reluciente. Crowley ha visto bolas de discoteca menos brillantes que esa capa.
—Cielos... —susurra el ángel al notarlo.
—No, no, de verdad, que suba él que le hace ilusión —protesta para el mago señalando a Aziraphale, el nombrado la verdad... en efecto hubiera preferido ser él, le hubiera hecho mucha más ilusión.
—Por favor —pide el mago haciendo que la gente aplauda—. Prometo que lo devolveremos de una pieza.
Crowley mira a Aziraphale de reojo. Y pero no, le ha tocado a Crowley, así que Aziraphale le sonríe un poquito y le hace una seña para que vaya
—Yo no prometo que él acabe de una pieza —masculla apretando los ojos para el ángel y levantándose.
—Venga, va a ser divertido —Aziraphale le alienta, aunque frunce un poco el ceño... celosito.
La fulminación de nuevo antes de los diez segundos de contoneo de caderas de alguien que ha oído hablar de los brazos y piernas, pero nunca los ha probado. Aunque tiene una tía en Gales que tiene una rodilla y una vez, cuando era pequeño, se la dejó ver.
El mago vuelve a hacer que todo el mundo aplauda, en el mundo del espectáculo, siendo público, basta con existir para que te aplaudan. Ni el más idiota podría cagarla en eso.
—Gracias, gracias por acompañarnos esta noche, tu nombre es... —sigue el mago mientras se sube.
—Anthony —sisea tras vacilar un instante, haciendo los ojos en blanco a...l universo, por lo visto.
—Anthony! Me encantan tus gafas, Anthony, ¿pero no está un poco oscuro para llevarlas o es que sufres conjuntivitis?
—Es que soy un bloody demonio —responde con la sonrisa más falsa y forzada que es capaz, sin siquiera esforzarse en que parezca real. Desde luego, todo el mundo se ríe con eso, incluido el mago.
—Uno muy divertido, sin duda —sigue el mago—. Y dime, Anthony... ¿estás casado? ¿Los demonios pueden casarse?
Aziraphale sonríe con esa pregunta. Crowley vacila un segundo con esa pregunta, mira a al ángel un segundo y...
—De hecho, sí —chasquido de dedos y aparece un anillo en su mano y otro en la de Aziraphale.
Omg! Aziraphale... le mira con la boca abierta completamente. ¿Casado con quién? (Perdón pero no ha notado aún el anillo)
—Estupendo, déjeme adivinar, de “viaje de negocios” con la mujer en casa, no se preocupe, esto no se emite por televisión. No será usted el primero... ni el último —hace la bromita fácil el mago y la gente se ríe de nuevo.
—No! —protesta Aziraphale.
—De hecho, no —suelta Crowley señalando al ángel—. Estoy aquí de vacaciones con él. Está sentado aquí en la primera fila.
Cielos, Aziraphale abre más la boca aún, SÚPER sonrojado. Pues si Crowley va a acabar en este rollo por su culpa por lo menos que sea divertido. Seguro lo enfocan o lo buscan con el foco. Y los ojitos de amor... Y de hecho, el mago lo invita a subir también.
¡¿Qué?!
Subir. Al escenario. Otra vez esos aplausos malditos que obligan a la gente a cosas. Vais a ser la adorable pareja gay del espectáculo de magia por el resto de tiempo que estéis aquí.
Aziraphale les mira y vacila un poco... pero, vamos... es que la adrenalina del momento ayuda. Se levanta yendo hacia él y es ahí donde nota el anillo.
Crowley espera con una sonrisita de esas, mirándole, habiendo dado un pasito atrás. Así que cuando sube al escenario se está viendo la mano con los ojos muy muy abiertos.
—Estás... cosas se piden —le susurra a Crowley en protesta.
—Luego me arrodillo —responde este, sonrojándose un poquito.
—Muchas gracias por subir tú también... —empieza el mago esperando que Aziraphale le diga su nombre.
—Francis.
—Francis, estupendo. ¿Cuánto hace que estáis juntos?
—Seis mil años —sentencia repentinamente sorprendiéndose a sí mismo. El mago parpadea un poco con eso.
—El tiempo vuela cuando te diviertes —añade Crowley encogiéndose de hombros.
—Toda una vida —agrega Aziraphale.
—Ehm... —vacila el mago con todas estas respuestas surrealistas de todos, odia cuando el público empieza con tonterías—. Bien, supongo que tendréis vuestras alianzas...
—Por lo visto... —Aziraphale se mira la mano y se sonroja.
—Necesito que me las prestéis porque vamos a probar si vuestro amor es o no verdadero...
Crowley se pellizca un poco el puente de la nariz por la absurdidad de todo esto.
—¿Con las alianzas? —pregunta Aziraphale y es que... quisiera al menos verla con atención.
Crowley no ha tenido mucho tiempo de pensar nada muy elaborado, así que es clásica y aburrida, de oro y lisa. Sin más. Es... ¡de oro y lisa! Mira que linda es. La acaricia un segundo... ¡tiene una alianza!
—¿¡T-Tengo que dársela?! —pregunta un poco mortificado.
—Voy a devolverlas —asegura el mago guiñándole un ojo.
Aziraphale mira como Crowley entrega la suya con absoluta naturalidad, mientras él está todo renuente. El mago toma la de Crowley y mira a Aziraphale.
—¿No quiere salir? ¿Traemos algo de jabón?
—Es... s-sí, sí quiere salir —se la da MUY renuentemente y mira a Crowley por un segundo, que carraspea un poco sin mirarle.
—Aún no puedo creerlo —murmura esperando al mago.
—Bien, vamos a ponerlos sobre este pañuelo —sigue el mago para la audiencia, haciéndolo—. Y vamos a imaginar que se trata de estos dos encantadores señores, que vienen a cenar aquí esta noche —empieza a cubrirlos con las puntas sobrantes del pañuelo—. Luego ven nuestro maravilloso espectáculo y cegados por la magia y el amor luego se retiran discretamente a su cuarto...
El facepalm de Crowley con eso deben poder oírlo hasta los patos de St. James. Que al final si tienen orejas. Gracias, Wikipedia.
—¡¿Qué?! —el escándalo por parte del ángel.
—Y...! —hace todos sus pases mágicos y cuando vuelve a abrir el pañuelo, donde deberían estar las dos alianzas una dentro de la otra, sigue separadas porque alguien está pasivo agresivo con este tema.
—¿Qué? ¡¿Qué hay?! —Aziraphale parpadea sin entender el truco.
O sea, lo que ha hecho Crowley es hacer que no suceda NADA. Que cualquier cosa que hiciera el mago se deshiciera, por eso lo pasivo agresivo.
Heavens! Crowley! Ya, ya... Aziraphale está intentando entender. Sinceramente, el mago también y junto con él toda la audiencia.
—¿Qué ha pasado?
—Pues qué va a pasar. Nada —susurra Crowley.
—¿Que debía pasar? —protesta Aziraphale.
El demonio se encoge de hombros, el ángel le frunce el ceño y el mago vacila un poco y pide a la audiencia un poco de paciencia, haciendo algún chiste sobre que después de seis mil años, aparentemente se pierde un poco la chispa y vuelve a hacer el truco, esta vez bien.
—Así que tú conclusión es esa... —Aziraphale le fulmina.
—¿Mía? —se señala a si mismo frunciendo el ceño también.
—O la del universo.
—Inefabilidad, debe ser.
Aziraphale le mira, un poco dolido con eso mientras el mago les devuelve las alianzas pidiendo un aplauso en señal de que vayan a pelearse a otro lado fuera de su escenario. Gracias.
Crowley se pone la suya porque... por qué no y se va detrás de Aziraphale, que se sienta en su sitio aún con su alianza en la mano, apretándola con el puño.
El demonio se deja medio escurrir como si fuera de gelatina en la de al lado con un suspiro, porque además esta mierda parece que aún no acaba.
—¿Por qué? —Aziraphale le pregunta a Crowley unos cuantos segundos más tarde.
—¿Por qué, qué? —le mira de reojo.
—Me haces subir ahí, les dices a todos esto, para luego...
—Querías que cooperara, ¿no? Me estabas riñendo por eso.
—¡No para decirles que... somos un pésimo matrimonio! —refunfuña y termina, muy maduramente... por sacarle la lengua.
—No creo que sea esa la conclusión que han sacado... —le mira levantando las cejas con eso.
—¿Cómo no? ¿Qué conclusión crees? —susurra para no interrumpir el show.
—Pues que el mago es idiota. Los demás no tienden a darme la culpa de todo, eso solo lo haces tú.
—No te doy a ti la culpa de nada más que cuando la tienes. Y aun así...
Oooojos en blanco.
—Pues ve y acláralo, si tanto te preocupa.
—No voy a aclararles nada —mira la alianza de reojito y se sonroja pensando que... todos aquí piensan que están casados. Y hace rato le ha dicho ESO que le ha dicho. Y... todo esto se está moviendo muy rápido pero, por una vez, no tiene tanto miedo de que vaya rápido... como de que no camine. Vaya con las... interesantes contradicciones.
Crowley le mira de reojo y luego se vuelve al mago pensando que sigue sin entender como no le parece absurdo a todo el mundo, si es que TODOS saben que tiene truco, aunque no sepan cuál es.
Aziraphale le mira de reojo y ahora mismo si se incomoda un poquito pensando en todo el rollo que ha hecho Crowley con el pato y los ahogos. Vamos, que técnicamente esto no debía ser tan sorprendente... Crowley SABÍA. Quizás el mismo solo estaba complicando las cosas.
Ah, venga, ¡eso fue un recurso líbrico!
Aplaude muy animosamente eso sí, cuando el mago decide poner fin al suplicio de Crowley.
Ese “joder, ¡menos mal!” entre los aplausos podría haberse oído menos, querido.
—¡Ha estado muy bien! —Aziraphale TAN emocionado y encantado dando saltitos en su asiento.
Ojos en blanco otra vez, del demonio pero nadie te cree si se te escapa la sonrisa.
—Quizás podríamos venir de nuevo mañana —propone el ángel.
—¡Va a ser el mismo número con los mismo trucos! —casi solloza el demonio—. A lo mejor podríamos al menos... cambiar de idiota.
—Como si Queen no fuera las mismas canciones idénticas una y otra vez en loop hasta el infinito —se devuelve e igual sonríe con esas quejas.
—Eso no me lo digas a mí, ¡díselo al coche! —se defiende mientras salen al hall del hotel.
—Vale... tengo ya una lista con quince distintos...
—¡¿Quince?! Y yo que creía que el infierno era malo...
El ángel se muere de risa.
—Podemos elegir solo a cinco o seis, dependiendo de los días que estemos aquí.
—He visto cosas, ángel. Cosas que te darían pesadillas nada más pensar en ellas. Allí abajo no se andan con chiquitas, pero nadie obliga a nadie a ver quince veces algo como esto, ¡tenemos nuestros límites! —sigue haciendo drama, sonriendo.
—¡Exageras!
—No puedo creerlo... Belcebú debería contratarte a ti, en serio, les darías mil vueltas a más de la mitad ahí abajo.
Aziraphale se ríe con eso como si fuera una especie de halago.
—Quince... de hecho voy a escribir una carta para proponerlo como tormento. ¡Me van a hacer jefe de algo solo con esto!
—Tan, TAN exagerado.
—¡No tiene nada de exagerado! ¡Es completamente desalmado! ¡Quince! —sigue y sigue solo porque él otro idiota no para de reírse.
—Yo preferiría hacerte yo el truco de magia...
—Ese aun sería peor tormento...
—Podrías ser mi asistente.
—Desde luego, con un traje ajustado y de purpurina como esas pobre chicas —no tienes necesariamente que disfrazarte de mujer cada vez que piensas en disfrazarte. Aunque sea sarcástico.
—Y falda corta.
—Y aparentemente menos aspiraciones en la vida que... que…. Bueno, algo que no tiene aspiraciones. ¿No es muy triste eso?
—Podrías ser mi ayudante como Crowley y ya. No puedo creer que prefieras ser ayudante de ÉL que mío.
—Lo bueno es que te saldrían bien todos los trucos... ¿Él?
—¡Ya me los salen!
—Sí, claro... —el sarcasmo otra vez.
—¿Quién protesta de todo ahora? —sonríe de lado.
—¿Por esto? —señala el escenario y la sala en general—. Yo.
—Bueno, pues es hora de ir a donde dejes de protestar —asegura y Crowley sonríe con eso, acomodándose mejor las gafas.