Reflejo del deseo (Lee know x Oc)

Sinopsis

Vannia va camino al salón de baile después de terminar sus clases para ensayar pero no esperaba encontrarse con Lee Minho, líder del club de baile, quien luego de probarse el uniforme recién llegado dejó el salón solo para la chica. Más tarde volvió para encontrar a Vannia ensayando. - ¿Es tan malo? - Solo estás muy rígida, haremos algo -tomó su teléfono y se conectó a la bocina-, sube a mis pies volteando hacia el frente. Aquella cercanía solo encendió un fuego difícil de extinguir y estaban dispuestos a quemarse en él. ------ Contiene narraciones explícitas. Puede o no tener continuación. Lo aquí mostrado es mera ficción y no busca dañar la imagen de los artistas.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Frente al espejo

"Llegaron los vestuarios, quienes puedan pasen a probárselo para verificar que todo esté bien, el salón estará abierto"


El club de danza se preparaba para la presentación que se llevaría a cabo en un mes, el día que Minho, el lider del club, envió ese mensaje al grupo no tenían ensayo y por esa razón muchos manifestaron que no irían.


"Bien, entonces los probaremos el día del ensayo"


Vannia, quien leía todos los mensajes pero no contestaba, ya iba en camino al salón de ensayos, sus clases habían terminado temprano y no tenía nada más que hacer, pensó que ensayar aun si no estaban todos sería buena idea, y es que no era la mejor en baile, su coordinación era pésima y por ende debía esforzarse más que otros para lograr que su baile fuera decente.


Llegó al salón esperando no encontrar a nadie, pero al abrir la puerta se encontró con Minho en camisa de tirantes mirándose al espejo.


— Vannia —saludó—, creí que no vendría nadie —dijo mientras se ponía la camisa de vestir blanca, parte del vestuario.


— Terminé mis clases, aun necesito ensayar —inevitablemente sus ojos estaban fijos al chico mientras se vestía—, creí que no estaría nadie, será mejor que vuelva luego.


La chica decía aquello pero su cuerpo parecía querer quedarse a observar al castaño probarse el vestuario. Lo miró de arriba hasta abajo una y otra vez, hipnotizada, sus grandes piernas trabajadas resaltaban con aquel pantalon de cuero ajustado, si bien su torso ahora estaba cubierto por la camisa de vestir oversize, no podía sacar de su mente los brazos y pecho que había visto con anterioridad, y ver cómo se ajustaba el chaleco negro decorado con distintas cadenas lo hacía ver extremadamente atractivo.


— Puedes quedarte, yo solo me probaré esto y el espejo es todo tuyo —se anudó la corbata roja y volteó a verla—, ya que estás aquí debería probarte el tuyo también, es más, ¿te parece si ensayamos una vez con ellos? debemos probar que funcionen bien al bailar.


Vannia solo asintió, pasó a la pequeña bodega del salón y buscó su nombre en las distintas bolsas hasta encontrarlo y se vistió ahí mismo.


El vestuario de las chicas consistía en un vestido negro ajustado que iba desde el pecho hasta la mitad de las piernas, unas mangas blancas, al igual que el collarín con un moño rojo, una medias de red negras y unas botas del mismo color, todo decorado con cadenas y seguros metálicos.


Salió de la bodega y vio a Minho preparando la bocina para ensayar, arrodillado, sus piernas se agrandaron gracias a la postura.


— Ya está listo —la miró arriba y abajo—, te ves muy bien Vannia.


La mencionada se ruborizó.


La música comenzó y cada uno tomó un lugar a extremos opuestos y bailaron cada uno viéndose a sí mismo en el reflejo.


— Creo que está bien —señaló sus ropas al terminar la canción—, ¿algún problema con el tuyo?


— Está perfecto.


La morena no parecía muy contenta, pero no era por la ropa, en realidad pudo darse cuenta de su pésima coordinación al verse, normalmente siempre se encontraba hasta la parte de atrás, donde los demás bailarines la cubrían del espejo, pero esta vez vio todos sus errores.


— Bien —apagó la música y se dirigió a la puerta— iré a cambiarme al baño, puedes cambiarte aquí, también haré unas cosas y volveré para cerrar el salón, todo tuyo.


El castaño salió, Vannia se cambió, se colocó unos shorts de licra gris que se ajustaban a la perfección a su cuerpo, un top deportivo negro y una blusa oversize de red encima. Con determinación, volvió a ensayar una y otra vez, pero si no era el primer paso que salía mal, era el tercero, o el décimo, o se le olvidaba. Una hora más tarde logró memorizar a la perfección cada paso, pero no lograba replicarlos bien, sabía en que tiempo entrar, sabía que movimiento iba pero su cuerpo estaba rígido.


— Sigues aquí —escuchó la voz de Minho junto a la puerta abrirse.


El chico llevaba un pants gris un tanto holgado y una playera blanca con un estampado de gato al frente.


— Soy un asco en esto —se tumbó al suelo boca arriba mientras su pecho subía y bajaba erráticamente.


— Si tanto te frustra, ¿Por qué danza y no canto? —ella lo miró extrañada— Alguna vez te escuché cantar por casualidad y eres muy buena.


Cerró la puerta detrás de sí y se sentó a unos pasos de Vannia.


— Solo quiero ser buena para compartir tiempo con ellos... además no me frustra tanto, solo que pretendo dominar algo en poco tiempo.


— Aun no te olvidas de ellos —se acostó en el suelo.


— Así como tu no te olvidas de él.


Silencio.


Un silencio no tan incomodo llenó el lugar. Minho y Vannia se habían vuelto un tanto cercanos en el mes que tenían de conocerse, ya sabían unas cuantas cosas del otro como quién vivía en el corazón del contrario.


— Bien, te ayudaré, pon la música.


Vannia se puso de pie y una vez más comenzó a bailar al ritmo de la canción.


— Tu cadera, muévela más —Minho se había colocado hasta atrás del salón para observar a la chica desde un mejor ángulo—, tu pie más a la derecha —intentaba dar algunos consejos mientras la chica realizaba los pasos—, Deten la música.


— ¿Es tan malo?


— Solo estás muy rígida, haremos algo —tomó su teléfono y se conectó a la bocina—, sube a mis pies volteando hacia el frente.


La chica hizo aquello y desde el celular Minho reprodujo la canción. El mayor comenzó a moverse provocando que Vannia perdiera el equilibrio un poco y él la tomó de la cintura. Vannia entendió el plan de Minho, era como un titiritero halando las cuerdas para que el títere se moviera, relajó su cuerpo lo más que pudo y le facilitó la tarea.


— De nuevo.


No sabe cuantas veces más repitieron la canción de esa manera pero cada vez más el cuerpo de la chica parecía más relajado.


— Ves, no era tan difícil —dijo Minho desde atrás, muy cerca de su oído.


— Es por que eres un gran bailarín —volteó a verlo.


Sus rostros estaban muy cerca, podían sentir sus respiraciones y la tensión entre ellos crecía.


Ambos eran concientes de ello, no podían engañarse, a los ojos del contrario eran realmente atractivos, de vez en cuanto volteaban a ver al otro procurando que el objetivo no se diera cuenta. Era mera atracción física, aunque tampoco mentían al decir que la compañía del otro era agradable. Habían salido a comer y beber algunas veces, Minho, al ser el mayor, solía aconsejar a Vannia y de alguna manera parecía un protector, mientras ella, con su dulce personalidad lo hacía sentir seguro y con paz.


Sus miradas se encontraron y la tensión pareció crecer. Un pequeño asentimiento de la pelirroja y el castaño atacó sus labios, no fue suave, la señal fue clara, ambos se deseaban con la misma intensidad. La tomó por los hombros y le dió vuelta, ella rodeó su cuello. Sus manos no tardaron en recorrer el cuerpo contrario. Mientras él bajaba sus manos hasta su trasero apretándolo a su gusto, ella subía y bajaba sus caricias por el torso del contrario.


El aire comenzó a faltarles, pero tan pronto se separaron Minho atacó su cuello atrayéndola por la nuca robándole suspiros, su pierna separó las de la chica haciendo presión en sus genitales, ella solo se aferró a sus brazos dejando salir suaves gemidos.


— ¿Desde cuándo? —susurró en el oído de la chica— ¿Creíste que nunca notaría tu sucia mirada en mis piernas? —ejerció más presión con su muslo— ¿desde cuándo me ves de manera tan descarada?


Su voz ronca, su pierna entre las suyas, sus labios por su cuello y las palabras que le decía solo lograban aumentar el calor que sentía haciéndola mover sus caderas en busca de fricción.


— Probablemente desde que tu me ves de la misma forma —la mano de la chica viajó hasta la ancha espalda de Minho y buscó acercarse a él para susurrarle —, no puedo caminar frente a tí sin sentir tu mirada en mi trasero —dejó un pequeño beso en la parte posterior de su oreja—, ¿tan lindo es?


La mano del castaño que estaba en su nuca viajó hasta el trasero de la pelirroja y lo apretó una y otra vez sin pudor.


— Es hermoso, no es mi culpa que tu ropa lo resalte tan bien... —con una mano la acercó mas a su cuerpo desde la cintura haciendo que sus ya sensibles genitales se rozaran, sin desatender su trasero con la otra mano—, aunque estoy seguro que se vería mucho mejor sin ella.


— Entonces... ¿qué estas esperando? —intentó decir con voz firme pero el mayor se movía de manera que solo suspiros y gemidos salian entre sus palabras.


Esas palabras fueron la señal para que Minho actuara, tomando a la chica por las piernas, la alzó, ella rodeó su cintura y él mayor caminó hasta la puerta del salón. Sosteniéndola con una sola mano colocó el seguro a la puerta, aunque los demás habían dicho que no irían querían prevenir algun accidente.


Una vez encerrados Minho caminó hasta estar frente al espejo y estando ahí bajó a la chica. Sin esperar más tomó la blusa de red de la chica y la sacó con rapidez dejando su torso unicamente cubierto con el top. Besó su cuello, bajó a sus clavículas y luego a su vientre sin reprimir sus manos que tentaban cada rincón de su cuerpo, y luego volvió hacia arriba en un camino de besos deteniéndose en el elástico del top. Al voltear hacia arriba se encontró con el rostro sonrojado de Vannia y ojos expectantes.


Para ella desde esa posición Minho se parecía a un pequeño gato dándole una mirada inocente antes de hacer una travesura, y así hizo. Con sus tientes atrapó la unica tela que cubría su torso y comenzó a subirla liberando sus pechos, ella levantó los brazos y permitió que el chico la despojara de esa prenda. Inmediatamente después el chico bajó a su pecho besando su ahora piel visible, eran besos suaves, hasta cierto punto dulces. Con una mano en la espalda de la chica, se posicionó frente a una de sus montículos y miró hacia arriba buscando aprobación, ella solo asintió. Metió uno de sus pechos a sus labios y comenzó a succionar mientras la chica intentaba guardar silencio tapando sus labios, al verlo Minho atendió el otro pecho de la chica con su mano libre, lo apretó suavemente y lo acariciaba, con su boca aumentó la succión y atrapó entre sus dientes el pezón, mordiendo suavemente, tirando de él y soltándolo, un agudo gemido escapó de la chica.


— Déjame escucharte o no seguiré.


La nube en su mente no la dejaba pensar claramente, sin embargo apartó las manos de su boca y entreabrió los labios respirando con rapidez.


— Buena chica.


Minho volvió a su tarea, alternó sus labios entre un pecho y otro, Vannia ya no se reprimía y los sonidos que escapaban de sus labios servían de guía para que el castaño en su pecho supiera qué y cuando hacer. Las grandes manos del mayor bajaron por los costados de la menor hasta llegar al elástico de la licra, sin apartarse de su pechó llevó una manó a su centro acariciando a la chica sensible por sobre la ropa. Las manos de la chica, que en algún momento se posaron en su cabello tiraron de este robando un gruñido de parte del chico.


— Estás tan mojada que puedo sentirlo por sobre la ropa, ¿tanto me necesitas?


— Solo cállate y sigue.


Aun con su mano en el cabello del castaño, lo pegó nuevamente a su cuerpo y él comenzó a bajar la licra y su ropa interior a la vez, así hasta que cayeron al suelo. Nuevamente comenzó un camino de besos y bajó por su vientre hasta llegar a su centro, observó su poco su piel cubierta por vello en crecimiento, miró hacia arriba, su pecho subiendo y bajando con rapidez, su rostro tan necesitado, era la imagen perfecta, finalmente se acercó a su piel para repartir besos en su monte venus.


— D-Detente, —él obedeció temiendo hacer algo mal— es injusto que solo yo esté desnuda.


Minho sonrió y se puso de pie alejándose unos pasos y abriendo los brazos .


— ¿Qué esperas?


Con un poco de timidez, Vannia caminó deshaciéndose de su ropa y tenis por completo. Una vez frente al mayor colocó sus manos en sus hombros y atacó su cuello con sus labios, él echó la cabeza atrás para darle mejor acceso. Gemidos roncos dejaban sus labios mientras ella descendía acariciando su torso trabajado, hasta meter la mano bajo su playera y explorar su piel sin que nada se interpusiera. Le sacó la prenda y observó su blanca piel para luego dejar besos en su pecho y clavículas. Cuando creyó suficiente atacó sus labios, dejando que sus lenguas se encontraran en un baile necesitado en el cual él llevaba el ritmo, las manos de Vannia bajaron por su torso y sin temor alguno bajó la ropa del mayor, la prenda se deslizó y pudo sentir como su miembro se liberaba golpeando su pierna. Sin detener el beso tocó la longitud del castaño y lo sintió estremecer, no se entretuvo demasiado, segundos más tarde ya estaba acariciando los muslos del mayor, aquellos que tanto le encantaban.


Unos segundos más tarde se encontraba bajando desde los labios del contrario hasta el cuellos, dejando besos humedos y unas cuantas marcas, sus clavículas, su pecho, no había espacio sin un beso, y siguió bajando besando su abdomen a la par que se arrodillaba frente al mayor, quien la veía anonadado por el atrevimiento de la chica. Los besos se detuvieron en su abdomen para viajar hasta sus piernas, sintiendo como éstas se tensaban, si fuera posible pasaría el resto de su vida de esa manera, pero no estaba conforme con satisfacerse a sí misma.


Desde abajo, Vannia volteó a ver a Minho pidiendo permiso, y él entendiendo la señal asintió deseoso. La pelirroja tomó su falo y lo besó, pasó su lengua por toda su longitud, el contrario se deshacía en suspiros alentándola a seguir, y finalmente lo introdujo a su boca. Al principio solo su lengua rodeaba una y otra vez la punta como si disfrutara de una deliciosa paleta, pero no tardó demasiado para tragar todo, desde la punta hasta la base, subía y bajaba a un ritmo marcado, no tan rápido, no tan lento, era el ritmo perfecto y eso parecía volver loco a Minho, quien ya tenía una de sus manos sosteniendo el cabello de la muchacha. De vez en cuando Minho empujaba sus caderas, como si fuera posible que Vannia tomara más de lo que ya estaba tomando. Ella se sostenía de sus piernas, encajando sus uñas, de manera que dejara marca, de vez en cuando se concentraba la punta, aquel lugar tan sensible para el mayor, y con una mano se ayudaba para estimular el resto de su miembro.


No pasó mucho tiempo cuando Minho comenzó a tensarse, estaba cerca de terminar, quiso apartar a Vannia tirando suavemente de su cabello, pero ella se aferró aún más a sus piernas y lo atrajo a sí misma, él lo entendió.


— Será mejor que no dejes escapar ni una sola gota —un ahogado "mhm" salió de sus labios en respuesta.


No necesitó más cuando los chorros calientes comenzaron a salir de su cuerpo y ella, sin despegarse ni un centímetro, comenzó a tragar cada gota de su elixir, incluso seguía viajando por todo el falo una y otra vez de manera lenta buscando no desperdiciar ni un solo gramo de su orgasmo. Pronto las piernas de Minho comenzaron a ceder, Vannia se alejó un poco y pasó sus manos a los costados del mayor para acariciarlo mientras se sentaba en el suelo.


Una vez estando a la altura de la menor atacó sus labios de manera dulce y simultáneamente agresiva, logrando saborearse a sí mismo en el beso. Se tomaron un par de minutos para regular un poco sus respiraciones. Ya era algo tarde para Vannia así que debía buscar su ropa para volver a casa lo más pronto posible, sin embargo cuando estuvo a punto de ponerse en pie la mano del mayor la detuvo.


— ¿A dónde vas, cariño? Esto recién comienza..


No la dejó moverse si un centímetro más cuando se posicionó frente a ella y atacó sus labios de nuevo, No se entretuvo y cargo a la chica y le dió la vuelta, de manera que, aún sentada en el suelo, volteara hacia el espejo que tenían enfrente, mientras él se encontraba detrás de ella. Minho abrió sus piernas y rodeó a la chica con ellas.


Desde atrás Minho acariciaba los montículos de Vannia, los apretaba, los movía un poco de arriba a bajo, a un lado y al otro, pellizcaba de vez en cuando, y al mismo tiempo se dedicaba a dejar besos en el cuello y espalda de la mujer, quien, con ojos cerrados, se dedicaba a disfrutar las caricias recibidas.


Una de las manos del mayor viajó hasta sus piernas, acariciando de arriba a bajo la parte interna, subiendo lo suficiente para dejar deseosa a Vannia. Minho rió sobre su cuello.


— Abre los ojos, —dijo mientras tomaba su mandíbula con la mano que anteriormente estaba en su pecho, obligándola verse al espejo— mira lo hermosa que te ves así.


Vannia pudo observar su reflejo, las gotas de sudor comenzaban a bajar por su cuerpo, el cabello pegado a su cara, su respiración errática, sus piernas siendo acariciadas y ahí estaba él, una sonrisa burlona y una mirada intensa que no se separaba de ella.


Y entonces Minho ejerció la suficiente fuerza con la mano que tenía en sus piernas para obligarla a abrirlas. Volvió a besar su cuello dejando humedad en él, pasando su lengua de vez en vez, y entonces su mano subió hasta tocar su humedad.


— ¿Alguna vez habías hecho esto frente al espejo? —Vannia negó inmediatamente—, entonces déjame mostrarte el cielo en la tierra.


Su mano en su intimidad se movía buscando el ritmo que a la chica le gustaba, para esto la miraba directamente a través del espejo, sus gestos, su respiración y sus suspiros le indicaban los movimiento perfectos. Mientras tanto Vannia no podía apartar la vista del reflejo, viendo perfectamente como Minho subía y baja en su intimidad, haciendo presión en su botón de vez en cuando, mientras su otra mano acariciaba su pecho, entonces su mirada chocó con la del castaño. Fue en ese momento que se hizo consciencia de todo, como si todos sus sentidos aumentaran, podía sentir la respiración de Minho en su cuello, sus manos ardían en su cuerpo y podía sentir el aroma de ambos mezclándose en el ambiente. Y aquel nudo se hizo presente en su estómago.


Minho apartó sus caricias por completo.


— Minho, no te detengas —lo observó a través del espejo, la mirada oscura del chico mostraba cuánto le gustaba escucharla rogar—, por favor.


No solo suplicó con su voz sino que sus ojos hablaron por ella y él suspiró con burla.


— En cuatro volteando hacia el frente.


Autoritario, esa era la manera correcta de describir Minho en ese momento, y eso solo logró encender más a la pelirroja. Obediente apoyó su cuerpo en cuatro puntos y miró a Minho de manera desafiante a través del espejo.


¿En qué momento su erección había vuelto? No había respuesta para su pregunta pues estuvo demasiado concentrada en su placer como para notarlo, al menos hasta el momento en que el castaño se ponía en sus rodillas detrás de ella tomando su miembro entre sus manos. Se masturbó un poco y se colocó el preservativo que sacó de quien sabe dónde. Minho acercó su falo a su intimidad y de un solo movimiento entró por completo. La intromisión fue sorpresiva para Vannia pero eso no la detuvo de disfrutar las estocadas que recibió inmediatamente después, era profundas y certeras, no muy rápidas ni muy lentas, era la velocidad perfecta para llevarla al cielo,


Desde atrás Minho tomaba su trasero y lo apretaba mientras observaba como la chica lo engullía por completo, disfrutaba totalmente del interior de Vannia que se adaptó rápidamente a su tamaño. Se había dejado consumir por el propio placer que no se percató que la chica no miraba hacia el espejo.


Vannia solo se dedicaba a disfrutar el vaivén del mayor, cerrando los ojos con el fin de aumentar sus sentidos. El dolor que le provocó el estirar su cabello la hizo abrir los ojos mientras echaba la cabeza hacia atrás.


— No dije que podías apartar la mirada del espejo.


Sabía que Minho era así autoritario, lo había descubierto en las clases de baile, pero nunca imaginó que sería así en el sexo, pero sin lugar a dudas lo disfrutaba en demasía.


Aún siendo tomada por el cabello, miró la obscena escena, ella en posición de gateo y detrás Minho, totalmente desnudo, empujándose en su interior una y otra vez, provocando que la chica se moviera, sus pechos meciéndose al compás del castaño.


Estaba tan concentrada que no notó cuando Minho la tomó en sus brazos sin salir de su interior y así, puesto en pie, con ayuda de sus brazos comenzó a subir y bajar a la chica que aun miraba hacia el frente.


— ¿Puedes verlo? —susurró en su oido—, mira lo bien que me recibes.


En esa nueva postura lograba ver a detalle aquel punto donde sus cuerpos se unían, el miembro de Minho entraba y salía sin dificultad y ella lo recibía sin problema alguno. Los fuertes brazos de Minho seguían con su trabajo de subir y bajar a la chica, ella agradecía su fuerza internamente pues sabía que no era la más ligera, fue entonces que notó las venas en los brazos de su compañero resaltando en su piel y una vez más el calor se acumuló en su centro.


Está vez Minho no se detuvo, en su lugar dio estocadas más profundas, un par más y la chica comenzó a contraerse a su alrededor mientras temblaba entre sus brazos. No se detuvo ni un segundo y continuó persiguiendo su propio placer aumentando la velocidad hasta que finalmente llenó aquel latex de su escencia.


Sin soltar a Vannia, salió de su interior y bajó lentamente hasta que ambos llegaron el suelo, dónde pudieron regular sus respiraciones. Una vez tranquila, Vannia miró el reloj de la pared.


— Mierda —se puso de pie y comenzó a vestirse con rapidez—, si no me voy ahora perderé el último bus.


— Tranquila —sintió su voz justo detrás de su oreja—, yo te llevo.


Dejó un beso en su mejilla y comenzó a vestirse. Una vez listos y habiendo limpiado toda posible evidencia se encontraban saliendo del salón y cerrando con llave.


— Tengo hambre —dijo Minho mientras rodeaba a la chica por los hombros—, ¿Qué te gustaría cenar? Yo invito.


— Si es así, un bistec lujoso estaría perfecto.


— No te cansas de comer carne —dijo con burla.


Le dio un pequeño golpe con su codo y seguido lo abrazó por la cintura.


—Idiota.


Y caminaron de esa manera hasta llegar al coche del castaño.