CAPÍTULO ÚNICO
«La simple verdad es que no hay nada como un buen desafío para poner en marcha la adrenalina»
—Naina Lal Kidwai.
[...]
La desesperación que residía en sus cuerpos era palpable. De hecho, ya no les importaba estar rodeados de amigos o incluso familiares con tal de escabullirse y desquitar el deseo de una manera poco convencional.
Y ese no sería un día más. Era el cumpleaños de Chifuyu y Baji estaba dispuesto a darle un regalo inolvidable.
—¡¡Espera, Baji!! —susurraba y apretaba su mandíbula. —¡¡Tu mamá está limp-!!
Simplemente no pudo continuar con su excusa, pues la cálida y húmeda mano de Baji estaba invadiendo su entrepierna. Aquel descubrimiento que ambos tuvieron el día de cumpleaños de Keisuke fue el puntapié para explorar sus cuerpos sin miramientos.
Baji se sorprendió al ver a Chifuyu masturbarse y sintió una extraña sensación que lo instigaba a copiarlo. Sin embargo, la curiosidad que había nacido aquel día era, básicamente, saber qué pasaría si él le diera el placer que su mejor amigo buscaba en los lugares más recónditos. Al oírlo decir su nombre, las ganas de llevar a cabo ese deseo se volvieron realidad y desde ese momento, Baji siente un profundo placer al masturbar a Chifuyu.
—Ella está escuchando música, no podrá siquiera oír tus jadeos... —murmuró y mordió su lóbulo izquierdo. Chifuyu se exaltó y soltó un gemido que, automáticamente, lo calló al tapar sus labios. —Vamos, sé que tienes algo que decirme...
Baji esperaba que él dijera que atravesaran aquella barrera y le permitiera ir más allá. Sus hormonas adolescentes los cegaban y no podían dejar de pensar en qué pasaría cuando tomaran un rol en la cama. Chifuyu se derretía con oír a Baji hablándole al oído, también cuando sus manos exploraban su cuerpo y más cuando su rostro mostraba satisfacción al ver que su piel se erizaba. Sin embargo, el temor de ir más allá que unas simples caricias lo abrumaban.
Por otra parte, Baji sentía la ferviente necesidad de desgarrar el uniforme de Chifuyu y acorralarlo bajo su cuerpo. Se contenía más de lo que pudiera imaginar y eso era gracias a la presencia de su madre en los alrededores.
Impaciente porque ninguno de ellos lograba avanzar un casillero más, Baji se desquitó la rabia al mover su mano con mayor rapidez y fuerza. Fue empujando sutilmente a Matsuno hasta la puerta del placard y enredó sus dedos en el cabello húmedo de su amigo.
Chifuyu no soportaba tanta tensión, ni la adrenalina de que la madre de Baji pudiera encontrarlos en esa situación fogosa e incómoda. Cerró sus ojos y tapó su boca con ambas manos, ocultando sus gemidos por completo. Cuando creyó que todo sería igual que siempre, los labios de Baji bajaron hasta la profundidad de su punto más caliente.
Un camino de besos fue suficiente para perder el equilibrio y sentir cómo sus piernas se debilitaron ante las nuevas caricias recibidas. Sin embargo, lo que terminó con la poca cordura que tenía fue sentir el cosquilleo provocado por la punta de su lengua rozando el nacimiento de su falo.
Era la primera vez que experimentaba algo así y simplemente no sabía cómo reaccionar. Olvidaba respirar correctamente e, incluso, anhelaba dejar salir los gritos más placenteros jamás oídos. Al bajar la mirada y ver a Baji de rodillas frente a él fue la imagen más satisfactoria que su mente pudo haber recreado. No soportó la presión y quitó las manos de su boca para aferrarse al cuero cabelludo de Keisuke. Éste, sorprendido, lo castigó con sus más profundos besos que degustaban el sabor dulce de su piel.
Chifuyu ya había viajado al confín del mundo con esa nueva experiencia. La excitación estaba al límite y justo antes de que pudiera concretar el final del show, unos fuertes golpes en la puerta de la habitación los había exaltado.
Baji se levantó de repente, acomodó su cabellera y su ropa. Chifuyu, por su parte, dio media vuelta y se vistió. Tomó uno de los mangas que estaba a pocos metros y se sentó en el suelo, simulando leer.
—¿Qué sucede, mamá? —inquirió Baji, agitado y con el ceño fruncido. Se sostenía del marco de la puerta, impidiendo el paso hacia el interior.
—¿Todo está en orden? —Su madre asomó su cabeza por encima del brazo de su hijo y echó un vistazo rápido a la habitación. —Había mucho silencio y creí que Chifuyu se había ido.
El aludido dio un respingo y se levantó rápidamente, ubicando el manga en el punto más estratégico y, de esa manera, ocultaba su erección que aún no bajaba.
—¡¡Oh, es que me entretuve tanto leyendo que pareciera que no estoy!! —exclamó entre risas nerviosas.
Ryoko suspiró aliviada y miró con desconfianza a Keisuke, esperando descubrir algo más en sus ojos. Él supo de inmediato que su madre tramaba algo y no pudo sostener el contacto visual.
Chifuyu, incómodo, volvió a sentarse en la misma posición en la que supuestamente estaba y rogó que la situación culminara lo más pronto posible.
—Bien, Keisuke, no sean idiotas y cuídense —sentenció y se retiró, dejando desconcertado a su hijo.
Cuando se alejó de la vista de Chifuyu, Ryoko revisó el bolsillo de su pantalón y le arrojó algo a Baji. Éste lo atajó en el aire y ella guiñó su ojo derecho.
Seguidamente, Keisuke miró lo que le había entregado su madre y sintió el sudor frío cayendo por su frente.
—¿Todo está bien? —inquirió Chifuyu, aliviado porque Ryoko ya se había retirado.
—Em, s-si... —respondió inseguro, tragando saliva mientras miraba el condón que su madre le había dado. —C-creo que mejor seguimos con nuestra tarea en otro momento... —espetó en voz alta, procurando que su madre lo oyera.
Guardó el condón en su bolsillo y cerró la puerta lentamente. Chifuyu, desconcertado, notó la extraña actitud de Baji y su rostro se ruborizó de inmediato al imaginar que Ryoko sí pudo haberlos escuchado minutos antes. Keisuke, por otro lado, mordió su labio inferior al comprobar que su madre no era tan despistada como lo pensaba.
—C-creo que si. Será mejor que —Carraspeó y sacudió su mano para refrescar su rostro. —espere un ratito y vuelva a mi casa, Baji.
Éste apretó sus puños y su mandíbula. Luego, se acostó en el suelo y tapó sus ojos con su antebrazo.
«Justo cuando la estábamos pasando tan bien... » pensó.
Ryoko sonreía victoriosa mientras barría, pues su broma había llegado más lejos de lo que esperaba. Sabía que su hijo podría avergonzarse si le hablaba del tema, pero jamás imaginó que se sintiera acorralado cuando le diera ese condón. Definitivamente, la teoría de que esos encuentros de estudios iban más allá de lo que decían había tomado más fuerza, comprobándolo con la expresión de su hijo.
«Keisuke, Chifuyu es un buen chico y pude ver sus sentimientos a lo largo de estos años. Sólo espero que no lo lastimes y se cuiden...» pensó y subió el volumen de su equipo de música.
La adrenalina por ser descubiertos los llevó a arriesgarse más de lo normal. Chifuyu no sabía cómo reaccionar después de lo sucedido y tampoco se sentía capaz de continuar con el juego en ese momento. Baji, por otra parte, no podía creerlo, pues había tomado todos los recaudos para que su madre no notara su pequeño secreto.
Lo que ninguno de ellos imaginaba era que Ryoko sabía desde hacía mucho tiempo que ambos estaban en un proceso de exploración de sus cuerpos. Eso sucedió una tarde, en la cual había llegado minutos antes de lo habitual y los sonidos provenientes de la habitación de su hijo la alertaron, obligándola a retirarse en silencio. Desde ese momento, supo de la relación clandestina de su hijo y su mejor amigo. Sin embargo, ella apoyaba su vínculo y esperaba que, en algún momento, ellos pudieran expresar sus sentimientos sin temor.
Mientras tanto, en los sitios más recónditos, oscuros o silenciosos, Chifuyu y Baji seguirían acariciando sus puntos más sensibles con el fin de brindarse placer mutuamente. Sin importar que Matsuno ignorara que Ryoko estaba al tanto de lo que hacían, Keisuke continuaría descubriendo cuánto soportaría su mejor amigo si continuaba masturbándolo con insanas intenciones; anhelando escucharlo decir que quería pasar a un nivel más alto, llevándolos a tomar la decisión sobre qué rol tomaría cada uno si tuvieran que ir a la cama como amantes de manera oficial.
Fin.