Prólogo
Los recuerdos de toda una vida… Qué fácil suena, pero no lo es.
Es impresionante cuando volteamos a ver el pasado, en una fotografía, un vídeo o un simple recuerdo y nos damos cuenta de lo importante que eran las cosas.
Importante casi siempre nos evoca a algo de gran significado, con un peso increíble que nos deja una maravillosa lección, sin embargo, también puede llevarnos a la intrascendencia de los eventos, como esas ocasiones en las que sentimos que el mundo se acababa y resultó que solo era un drama innecesario, pero no lo sabíamos. Una vida llena de recuerdos, vivencias, experiencias. Tal vez complicadas, hermosas, dolorosas, tiernas, tristes, probablemente indiferentes e insignificantes, pero al voltear atrás podemos ver un horizonte efímero, pero significativo y que definitivamente nuestro y sin él no estaríamos en este lugar.
Ser viejo es como estar en el otoño, los árboles aún son hermosos, con colores sepia, tienen vida, son fuertes, nos anuncian un nuevo ciclo el casi final, la antesala al invierno y la muerte.
Reflexiones que pasan por la mente, que se quedan en el corazón, acciones y no acciones que nos llevaremos a la tumba, porque al final lo único que importa es la trayectoria de vida que hemos llevado, nacimos desnudos y en incertidumbre y moriremos solos y con la certeza de que nuestras acciones son las que nos condenan.
¿Realmente todo es tan importante? ¿De verdad todo es necesario? Lo peor que se le puede hacer a una persona es condenarla al éxito social.