一
— Muy bien, Bill. Quiero que te quedes quieto, por favor.
Ahí estaba yo, siendo el modelo para el lienzo de mi mejor amiga: Zamira, para su exposición del día de mañana.
Todo en mi estaba bien pero el atuendo, joder. Él atuendo que yo traía no era nada referente al estilo oscuro que suelo usar ni mucho menos el maquillaje pinky que me hizo para hacerle conjunto con la ropa.
Estaba incómodo, sí, pero todo sea por una buena acción que la llevaría a una importante exposición por Europa ya que hace unas buenas pinturas realistas. La mayoría de lienzos que hay adornando en la sala, cocina y habitaciones son gracias a ella junto con esa buena habilidad.
En cambio yo solo soy un empleado de comisariato que nunca supo la carrera que quería seguir y terminó así por mala cabeza aunque no me quejaba puesto que el sueldo era lo suficiente para mantenerme como yo quería.
Me emancipé a los dieciséis porque la situación en mi casa lo requería, odiaba que mis padres tratarán de controlar mi vida y luego unos años después me di cuenta la razón; ellos solo querían el bienestar de su único hijo.
Muchas veces quisiera regresar el tiempo para hacer las cosas bien.
— ¿En qué piensas, Bill?
— En que tengo mucha sed, Zamira. — dije tomando un respiro y moviéndome un poco pero al parecer cometí un grave error gracias al grito ensordecedor que pegó. Tuve que cerrar los ojos con frustración.
— ¡No, Bill! ¿¡qué hiciste!? ¡te moviste de dónde estaba y ahora no va a quedar igual!
— Es que estoy cansado y con sed, ¿crees que estar en una sola posición no me agota? ¡me duele el cuerpo también!
— A mi se me hace que estabas pensando en Isaac y en su bonita relación de un mes, eh. — suspiré con fuerza al mismo tiempo que me ponía de pie. Escuché como soltó una risita disimulada que claramente alcancé a oír. — No puedo creer que ya te ama en poco tiempo.
— No estoy pensando en Isaac.
— ¿En su pene?
— No, ni siquiera he pensado en algo relacionado a eso con él.
— ¿En lo fastidioso que es?
— No.
— ¿En tí?
— Si, pero no entraré en detalles. — caminé hasta el aparador dónde tenía una caja de cigarros para agarrar uno junto con el encendedor y fumar un poco.
— Deberías aceptar la ayuda que ellos quieren darte.
— Ajá y la única solución es volver a casa para estar bajo sus reglas, qué estupidez. — murmuré rodando los ojos. Le di una calada enorme a mi cigarrillo para después expulsar el humo por la nariz, a punto de entrar en una crisis. — Me gusta el ritmo que voy.
— Uh, olvidé que te gusta ser libre como el viento. — le ignoré por completo sacando otro cigarrillo. — Mejor sal un rato a respirar aire puro y luego vuelve, la tarde es larga y tienes mucho para quedarte quieto. — asentí con una sonrisa. Me dirigí hasta la cocina para agarrar una lata de cerveza y salir del departamento olvidando la clase de ropa que traía.
Fui hasta el elevador, con la mente en blanco que no me di cuenta que de el estaba saliendo una persona con unas cuantas cajas y ambos chocamos cayendo al suelo.
— ¡Joder! — exclamó asustado. Para ese entonces ya había gateado un poco lejos para arrimar mi espalda a la pared. Me había golpeado fuerte el culo y de seguro me volvería más plano. — ¿Estás bien?
Observo al hombre de rastas desde donde estaba y sentí un ligero espasmo en el cuerpo al verle el rostro. Luego asentí con la cabeza en medio de un silencio y lo prefería así porque no quería insultarle hasta quedarme sin palabras.
— Juro que no te vi, estaba repleto con estas molestas cajas.
— Ujum.
— Lo siento en verdad. — volví a asentir con la cabeza. Aquel hombre no dijo nada más y se dedicó a ordenar nuevamente las cajas para llevarlas empujando. — Por cierto, me gustaría invitarte a tomar algo en mi depa como disculpas, ¿dónde vives?
— Ahí. — señalé la puerta de enfrente.
— Increíble, una persona tan bella como tú será mi vecina. — comenta en voz baja mientras se iba. Yo miraba a un punto fijo con el ceño arrugado. ¿Vecina? ¿qué? ¿acaso oí mal? si eso debe ser porque estoy tan estresado. Uh. Cómo siempre escuchando otras cosas.
Finalmente decidí volver al departamento para continuar con mi amiga.
— ¿Mejor? — cuestiona con una sonrisa al verme entrar y cerrar la puerta con lentitud. Estaba pensando mucho en lo que escuché salir de la boca del vecino. — ¿Uhm? — estaba a punto de responder pero una voz detrás de la puerta me interrumpió.
— ¡Billy! — Zamira y yo abrimos los ojos en grande al escuchar la voz de Isaac tocando la puerta con insistencia. Me di dos respiros para aclarar mi mente e ir a abrir. ¿Por qué tienes que aparecer en un momento en el que ni yo mismo me quiero? Tenerle cerca era una completa pesadilla porque es muy empalagoso, fastidioso, bobo, cursi...
Con decir que hasta decidió mudarse a este edificio solo para estar cerca de mi.
— ¡Mi amor!
Sin decir más saltó para llenar mi rostro de besos húmedos.
— Me avisas cuando estés libre.
Yo ni le respondí. Estaba paralizado con el ataque tan repentino de afecto que ni siquiera me permitía pronunciar ni una tan sola palabra.
Me gustaba Isaac por las cosas que teníamos en común pero siempre tiene que existir una diferencia entre los dos. A él le gustaba dar mucho cariño y a mi no, lo odio.
Soy #anticariñitos.
— ¿Cómo está la cosita más bella del planeta, eh?
— Bien. — sonreí forzadamente. — ¿Cómo vas tú?
— Estoy un poco triste.
— ¿Por qué?
— Ay... — suspira melancólico observando el suelo. Luego agarra mi mano para plantar un beso en el dorso de la misma. — ¿Recuerdas que te dije que había un campeonato...
— Sí, ¿qué pasa con eso?
— ...y qué te iba a llevar?
— Ajá.
— Billy... — entonces Isaac se me arrodilló y se aferró a mi pierna. Se puso a llorar a mares con una facilidad increíble. Podría jurar que sería un buen actor de tvnovelas. Tuve que sostenerme de la puerta para no caerme hacia atrás. — ¡T- te juro que intenté hacer de todo para poder pagarte el viaje y que vayas conmigo, p- pero..! es privado. Él instructor no lo permitió y te juro que estaba tan ilusionado y... ¡y yo no quiero dejarte solo en este momento! porque ¿¡quien estará ahí para cuidarte!? ¡exacto, nadie! ¡joder! ¡soy un mal novio!
— Isaac. — llamé su atención colocando ambas manos en sus mejillas y limpiando sus lágrimas con el dorso de la chaqueta de piel de animal. — Está bien, no pasa nada. Te esperaré. Y tampoco eres un mal novio por eso, ¿sí? se cuidarme solo y aparte está Zamira conmigo.
— Te amo, gracias por ser tan lindo. — ayudé a Isaac a ponerse de pie. A voluntad propia decidí darle un beso en la mejilla y darle una caricia suave en la otra.
— ¿Por qué no me das en los labios?
— Porque no me he lavado la boca. — mentí.
En realidad no quería ni tenía ganas de probar sus babas, soy un poco quisquilloso.
— Oh, bueno. Sabes que no me importa eso, yo te besaría de todas formas. Así que si me besas sería un bonito recuerdo para llevarme a ese viaje.
— Isaac. — refunfuñé.
— ¡Por favor! solo unito... así de chiquitito. — con su dedo pulgar e índice formó una pinza mientras en su rostro adoraba una sonrisa seguido de un puchero que me resultó asquerosamente tierno. Finalmente cedí a darle un beso pequeño.
Al parecer Isaac se emocionó tanto que me agarró por el cuello para profundizar. Coloqué ambas manos en su pecho par alejarlo y gracias a Dios lo hizo, pero no porque le empujaba, si no porque alguien, ajeno a nosotros dos carraspeó para llamar nuestra atención.
Supe que era el vecino.
— Hola, ehm... ¿interrumpo algo?
— ¡Sí! — espetó mi novio con molestia. — Me estaba dando un beso tan rico con mi novio ¡y llegas tú a interrumpirlo!
— ¿Novio? — observé claro cuando su rostro se tiñó de un rojo intenso. Yo solo pude perderme en la forma que sus ojos me miraron. Había una gran diferencia de hace unos minutos: existía frialdad, rencor, hasta podría decir que un poco de asco hacia mí persona. ¿Por qué la forma de mirar dice más cosas que la boca? — ¿Acaso ella es un...
— ¿Ella? — saltó Isaac con rabia. — ¿Cuál ella? ¿Acaso no ves? ¡Bill es bien hombre para que tú lo vengas a confundir con una mujer! jodido mal educado ¡pídele disculpas a mi novio!
— Isaac, basta. — coloqué la mano sobre su hombro para calmarlo. Lo bueno es que accedió rápido y se calló al instante.
Había algo en el rostro de ese hombre que me da una maldita incomodidad, no puedo seguir mirándole y mucho menos estar en frente de él, me da como un poco de miedo.
— ¿Qué es lo que se te ofrece?
— Solo venía a invitarte a tomar lo que te dije pero ahora ya no va a ser posible, todo fue un mal entendido. Creí que por el rostro y el atuendo eras una mujer, muy preciosa, ¿para qué voy a mentir? pero no esperaba un tiro por culata así de frente y sin anestesia.
— ¿Y tienes algún problema con eso?
— Sí. — sonrió. — Que odio a los homosexuales.