Capitulo Único.
#ZoSan #AU #OnePiece
🔞A Oscuras.🔞
Sanji puede afirmar con total seguridad que los 2 años en la isla de los Okamas fue un auténtico infierno con ese montón de imbéciles persiguiendolo día tras día, tras día.
Lo consideraba por lo mínimo una pesadilla que no podía olvidar.
°
Era ya entrada la noche, Robin hacia la guardia y Usopp le reemplazaría luego, habiendo terminado de hacer la comida y alimentarlos a todos, decidió relajarse un poco.
Tomó una ducha caliente y luego volvió a su camarote, paso seguro a la puerta y se sentó en su cama.
Después de fumar algunos cigarrillos y sentirse más relajado saco un baúl bajo llave que tenía bajo la cama.
Respiro profundo y lo abrió.
Moriría afirmando que odió cada día en aquella isla, pero mentiría si dijera que algo en el no cambio.
Observó los lindos vestidos rosas con encajes de tul y lazos de seda que con mucho cuidado guardaba allí, sus manos temblaron un poco mientras sacaba un vestido y se levantaba para mirarse en el espejo.
Sus mejillas se pintaron de rosa cuando se vio a si mismo y recordó cuando uso aquellos vestidos.
Odiaba a los Okamas, si, pero en su corazón había comenzado a querer aquella parte de él que era tierna, dulce y femenina.
Sabía que estaba mal y que se contradecía cada vez que hacía eso, pero no podía evitarlo.
Con delicadeza se deshizo de sus ropas hasta quedar desnudo y con cuidado se coloco aquellas prendas femeninas, adorno su cabello con extensiones y se acercó al espejo para maquillarse.
-Eres la más bonita. -dijo para si mismo mientras lentamente colocaba un suave labial que había robado a Nami. -La más bonita de todas.
Luego de mirarse varias veces en el espejo dio un giro para admirar el trabajo que había hecho y de un momento a otro la sangre bajo de sus mejillas hasta dejarlo pálido cuando notó la presencia de alguien más en ese lugar.
Zoro se había dormido en el fondo del camarote tras un estante y cuando Sanji entro lo miro en silencio mientras hacía todo, observando detalladamente el cuerpo del cocinero, se deleitó con la blancura de su piel; la cual siempre cubría en su totalidad por aquel traje.
El rostro de Sanji mostraba por completo el terror que tenía al entender que había sido descubierto por quien menos el quería.
-¿Cómo llegaste aquí, maldito marimo? -Mierda, su tono de voz se había vuelto más suave debido a que había entrado en su papel femenino, se sintió avergonzado y muy nervioso cuando este no respondió y solo se acercó a él con lentitud.
-¿Esto es lo que haces cuando te desapareces, cocinero? -Zoro miraba con seriedad y mucha atención las expresiones de Sanji, el nunca se había mostrado débil, solo aquella vez que no pudo luchar contra Kuma, pero esta vez era distinto.
Sanji lo miraba avergonzado y nervioso, una faceta de él que nunca había visto antes y que de alguna manera le gustaba bastante.
El rubio parecía querer cubrir sus piernas con el vestido pero se notaba reacio a dañar el mismo, estaba en una encrucijada, Zoro seguramente se burlaria de el.
-¿Q-que quieres.. para no decir nada de esto.. a nadie? -Sanji temblaba de vergüenza, ser visto por otros Okamas no le molestaba, pero Zoro era distinto, su mirada parecía siempre juzgar cada cosa que hacía y en esta situación el espadachín lo tenía en sus manos.
Zoro tomó una pequeña esquina del vestido y lo levanto un poco, viendo el fin de las medias altas de encaje que usaba el cocinero las cuales llegaban a sus muslos, al levantarlo un poco más pudo ver la femenina ropa interior que usaba, con tirantes ajustables de los lados anudados en delicadas lazos.
El espadachín podía notar como Sanji temblaba mientras sus ojos estaban clavados al piso.
-¿Porque no me miras, cocinero? -Zoro dejo salir una casi imperceptible risa de burla para luego acercar su rostro al oído del rubio y hablar con voz ronca. -O debería decir: ¿Señorita?
Al alejarse un poco Zoro pudo ver algo que nunca espero en el cocinero, este lo miraba desde abajo, sus ojos azules como el mar le miraban acuosos por la vergüenza, su rostro estaba rojo hasta las orejas y sus labios temblaban de impotencia.
O eso creía el espadachín.
-D-dilo otra vez.. -Sanji hablo en un hilo de voz, casi como un susurro pero en un tono de súplica. -Por favor. -coloco sus manos suavemente en el pecho del espadachín. -Llamame así otra vez.
El marimo estaba sorprendido, no por la acción sino por el comportamiento del rubio, tan delicado y suave, nada que ver a como siempre lo trataba, quería seguir su burla pero algo en esa imagen del cocinero lo atraía demasiado, entonces con una gran sonrisa hablo.
-Señorita. -dijo con claridad presenciando el peso de sus palabras en el cocinero, era sorprendente la expresión de alegría que tenía el rubio, como si le hubieran dado el halago más bonito.
Zoro no lo entendía, y era que para Sanji en vez de recibirlo como una burla era toda una ilusión que al estar vestido asi alguien que no fueran los jodidos Okamas lo considerara una chica, era algo que no sabía que necesitaba pero que el marimo había atinado por mera casualidad.
Era divertido ver cómo los ojos del rubio brillaban con alegria mientras una sonrisa nerviosa era tratada de disimular en su rostro.
Sanji coloco sus manos en su rostro intentando comprender ese sentimiento que ahora lo llenaba, esa extraña felicidad que nunca logro en aquella isla aunque lo vistieran de mujer.
Al mirar a Zoro lo entendió.
La isla de Okamas era una isla llena de hombres travestis fingiendo ser mujeres y lograndolo gracias a Iva-chan, pero Zoro no era un Okama, era un verdadero hombre llamándolo a el, como Ella.
Por otra parte el marimo lo observaba hipnotizado con aquellas expresiones, unas que nunca había podido presenciar en el rubio, alegría genuina, delicadeza, debilidad.
Zoro se relamio los labios al seguir subiendo el vestido ahora que Sanji lo había soltado, encontrándose con algo curioso.
-Tienes una erección, señorita. -Comento el espadachín sin soltar el vestido.
-¿Eh? -Sanji miro hacia abajo encontrándose con la evidente erección atrapada en sus pantis que ya comenzaban a humedecerse por la excitación.
Esta vez no tuvo tiempo de bajar el vestido porque Zoro había colocado su mano para evitarlo.
-N-no te burles de mi. -estaba mal, Sanji sabía que no debía sentirse así, pero ¿Cómo evitarlo? Al intentar bajar el vestido y tocar la mano del espadachín una descarga eléctrica recorrió su cuerpo, el calor de esa mano era intenso.
Ahora que lo piensa el estupido marimo en más de una ocasión estuvo en temperaturas bajo cero solo con los pantalones puestos, ahora entendía porque podía hacer eso.
-No me estoy burlando. -respondio con seriedad el espadachín mientras tomaba la erección de Sanji con su mano libre y comenzaba a estimularla, escuchando un quejido de sorpresa ante la acción. -Solo te ayudo con tu problema.
Zoro tomó el vestido y lo subió a la altura del pecho del cocinero para que esté lo sostuviera allí y que no se manchara.
-¿P-porque haces esto? -la voz de Sanji apenas se escuchaba pues luchaba por ahogar los gemidos que se escapaban de sus labios por el placer que sentía.
No recuerda cuando fue la última vez que se masturbo, en esos 2 años en la isla jamás lo hizo y al regresar con sus Nakamas siempre había algo que hacer, así que esas sensaciones eran tan intensas como si se tratase de la primera vez.
Aunado a todo eso la calidez de la mano de Zoro junto a los movimientos de esta lo hacían perder la razón fácilmente hasta que sin remedio se vino manchando esa cálida mano con su semilla.
-Eso fue rápido. -El espadachín sintió como Sanji se deslizaba desde su pecho hasta caer de rodillas en el suelo, respirando con dificultad, parecía atontado por el placer. -Bien, es mi turno.
Dicho esto se deshizo de su cinturón colocando suavemente sus katanas en el piso, deshaciéndose de la parte superior de su ropa, dejando expuesto sus pectorales junto al resto de su musculatura.
Los ojos del cocinero se abrieron con algo de nervios al ver esta acción y soltó un jadeo de sorpresa cuando el descarado marimo saco de sus pantalones la erección que había estado dolorosamente escondida todo este tiempo presentándola a solo escasos centímetros del rostro de Sanji.
-¿Sabes lo que tienes que hacer? -Esta pregunta en tono de burla tenía más necesidad que otra cosa.
El rubio aún se mantenía estático mientras observaba el miembro palpitante del espadachín, podría jurar que se le hizo agua la boca.
Zoro tomó el brazo de Sanji y lentamente lo deslizó por su mano hasta que tomo la del cocinero y le hizo sujetar su miembro caliente, el cocinero sintió que salía vapor de esa entrepierna.
Aunque no tuviera ninguna experiencia manipulando miembros ajenos Sanji no pudo evitar mover su mano de arriba hacia abajo para bombear aquella dura y caliente virilidad.
Zoro dejo escapar un leve gruñido de aprobación tomando con algo de fuerza al cocinero por el cabello para que su rostro se acercara a su miembro.
Sanji se sintió dominado por aquella acción, y pese a que en su sano juicio podría negarse, en ese momento le gustaba aquella situación. Abrió su boca que desde hace un rato salivaba con la sola idea de saborear aquel jugoso manjar y sin muchas quejas comenzó una lenta felación, se tomó su tiempo para saborearlo, para conocerlo y recorrerlo con su lengua.
Para Zoro era más que un espectáculo exquisito, placentero tanto física como psicológicamente.
Era cautivadora y erótica la manera en que él rubio engullida toda la longitud de su miembro con atención y deseo, lanzándole una que otra mirada desde abajo. Pero no era suficiente. Zoro tomó con ambas manos el rostro del rubio evitando que huyera para así poder arremeter contra esa caliente y resbalosa cavidad.
Sanji intentaba detenerlo, sentía como su boca era violada por esa acción carente de delicadeza, sufría de una que otra arcada cuando la punta de ese gran miembro chocaba contra su garganta dejándolo sin aire, era tan jodidamente bueno, jamás pensó que el ser usado de esa forma podría excitarlo así.
Sus miembros estaban adormecidos mientras sentía como Zoro llegaba a su clímax gruñendo algo a lo que no le prestó atención para luego liberarse en lo más profundo de su garganta casi ahogandolo.
-M-maldito marimo.. Casi me matas. -Sanji respiraba con dificultad intentando que la sensación de náuseas no le hiciera vomitar. -Tu semen sabe asqueroso.
-No estabas obligado a tragarlo. -Fue la respuesta del marimo mientras tomaba a Sanji del brazo para levantarlo y lanzarlo en la cama.
-Oh no. Nonono, no estarás pensando en eso, ¿verdad? -el rubio se sintió nervioso nuevamente, jamás lo había hecho con nadie siendo él la chica, ni siquiera en la isla de los Okamas se trataba ese tema.
-Tranquila señorita, la trataré lo mejor que pueda. -La expresión de Zoro era de todo menos de alguien que quería tratarlo 'lo mejor que podía'.
Sanji realmente quería huir y lo hubiera hecho si no tuviera al corpulento espadachín sobre él, aprisionandolo con sus piernas, evitando su escape.
Las grandes y ásperas manos del marimo se colaron bajo el vestido levantandolo para recorrer el abdomen y pecho del cocinero con suma dedicación.
Sanji sentía como su corazón se agitaba ante ese nuevo contacto, como las caricias aunque rústicas lo palpaban para conocerlo y de alguna manera ese contacto le gustó.
De un momento a otro sintió como sus pezones eran estimulados y se tuvo que cubrir la boca con la mano para evitar gemir, Zoro solo sonrió ante esto y comenzó a repartir besos en el cuello de Sanji quien se estremeció ante esa sensación.
-N-no... E-eso es raro. -Sanji suspiraba ante cada beso, no entendía porque se sentía así ¿Era por el marimo? ¿Era porque actuaba como una chica? ¿Que había cambiado para que todo llegará a ese punto?
Pero Zoro ni siquiera prestó atención a sus quejas, siguió bajando y repartiendo besos por su caminó, lamió sus pezones y jugó con ellos un rato observando las expresiones del cocinero las cuales eran de vergüenza, confusión y placer.
Siguió su camino por su vientre hasta llegar a las pantis mojadas por los juegos previos, notando la nueva erección que en esa posición el cocinero no podía esconder.
Con una sonrisa levantó la mirada encontrándose con la de Sanji quien miraba con atención sus acciones.
Zoro se acercó a uno de los costados de la cintura de Sanji para tirar de los tirantes de las pantis con los dientes causando que el nudo se suelte haciéndola más fácil de quitar.
Sanji trago grueso ante esto. ¿Cómo ese idiota podía actuar de forma tan masculina y dominante? Lo tenía en sus manos, totalmente.
-Dime algo, señorita. -Zoro levantó la mirada con una sonrisa. -¿Perdiste condición? -saca una especie de cinta de papel de su bolsillo, había sido un regalo de Perona, pero nunca espero usarlo con el cocinero.
-Soy más resistente de lo que crees. -Sanji hacia esa afirmación aún cuando todo su cuerpo se sentía débil y tembloroso ante aquella situación.
-Bien, eso lo veremos. -dicho esto metió la cinta en su boca, asegurándose de empaparla bien con su saliva.
El rubio miraba la situación sin comprender a lo que quería llegar hasta que notó que había soltado el otro tirante de sus pantis dejando su intimidad totalmente expuesta, con vergüenza y nervios intento cubrirlos con ambas manos, pero una sola mano del espadachín fue suficiente para retirar ambas.
-N-no mires. -Ahora lo entendía, sabía lo que el maldito marimo quería hacer y la vergüenza subió a su rostro cuando lo vio abrir la boca y vertir el contenido de esta en su mano, era sinceramente erótico aunado a esa sonrisa de superioridad que lo hacía totalmente atractivo.
Espera. ¿Sanji acababa de pensar que el marimo idiota era atractivo?
Se dio una bofetada mental al pensar eso pero inmediatamente sus pensamientos se fueron a esa extraña sensación entre sus piernas, y es que Zoro no había perdido tiempo mientras el cocinero divagaba mentalmente, en ese tiempo ya había introducido un dedo en el estrecho interior del rubio el cual al sentirse invadido dejó escapar un pequeño gemido de sorpresa.
Zoro respondió a ese gesto con otra sonrisa, Sanji quería protestar pero al notar que no se podía mover levantó su mirada encontrándose con sus manos inmovilizadas con la pañoleta del espadachín, al volver a mirarlo este entendió su expresión.
-Tendrías que quedarte quieto, no querrás lastimar tus manos, ¿Verdad, señorita? -esas palabras Sanji no podía entenderlas, ¿era una burla? ¿Se preocupaba por él?
Zoro introduce otro dedo en el interior de Sanji y este reprime un gemido, se estremecer, aquellos dedos ásperos se mueven con sorprendente delicadeza y lo preparan rozando una zona que hace que sus piernas tiemblen y vuelve a gemir.
Sanji sigue replicando y quejándose por lo bajo, sabe que otros podrían escucharlos, pero realmente no está luchando mucho, siente que su cuerpo cede demasiado rápido ante ese contacto y aunque no lo admita; quiere que siga.
Puede ver a Zoro pasar su lengua por la parte interna de sus muslos y contiene el aliento por un instante para segundos después reprimir otro gemido, el espadachín lo había mordido con suficiente fuerza para marcar su blanca piel.
-D-Duele.. -se quejo Sanji siendo ignorado por el marimo que seguía muy concentrado en su labor, agregando un tercer dedo al trabajo. -Se siente raro...
-Relajate, eso me ayudaría bastante. -Zoro continúa su labor entre las piernas del cocinero, lo ve estremecerse, con su rostro manchado de carmín, lo escucha gemir, jadear y balbucear algunas cosas.
Entonces nota como el líquido pre seminal comienza a salir del miembro del cocinero para segundos después observar derramarse sobre su vientre y pecho una segunda eyaculación.
Zoro puede observarle intentando recobrar la compostura, con su respiración agitada y sus ojos cristalizados por el efecto post orgasmo.
Pero no está satisfecho solo con eso, entonces posiciona su miembro en aquella entrada alertando a Sanji el cual antes de poder quejarse es penetrado profundamente y para que no hiciera ruido al mismo tiempo fue besado por el espadachín, este último devoró sus labios notando como el cocinero temblaba entre sus manos al sentir aquella agresiva invasión.
Mientras el aceite de la lámpara se acababa sumiéndolo todo en una suave oscuridad el beso se daba con salvaje pasión ignorando cualquier duda o muestra del raciocinio con el que generalmente actuaban.
Zoro no desaprovechó la situación para comenzar un vaivén para nada amable, era tosco, fuerte y preciso, tanto así que en cada movimiento su generoso miembro golpeaba con fuerza el punto de dulce placer que comenzaba enloquecer al cocinero.
Sanji reprimía los gemidos tanto como podía, la idea de detenerse en ese punto ya había sido desechada y mientras más se movía el espadachín más necesidad tenía el rubio de ser devorado.
En un momento sus miradas se encontraron notando con claridad como los ojos contrarios brillaban en éxtasis ante tales sensaciones, los ojos de Sanji brillaban por las lágrimas y el ultraje que ahora disfrutaba mientras Zoro se relamía los labios y gruñía levemente al ser arrastrado por la maravillosa sensación que le causaba estar dentro del cocinero.
Los movimientos se volvían más frenéticos, las sensaciones aumentaban; llenando el pequeño camarote de vapor generado por el calor de ambos cuerpos, en algún momento de su faena Zoro había desatado a Sanji y ahora este último se aferraba con las uñas a la espalda del espadachín.
El vestido había sido hecho a un lado para no dañarlo dejando expuesto el cuerpo del rubio quien a ojos del marimo era más que erótico y provocativo.
Las gotas de sudor bajaban por la barbilla de Zoro y aterrizaban en el pecho del cocinero, maldecian en susurros y se besaban, se devoraban con gula y lujuria siendo presas de una pasión ardiente y asfixiante que hasta ese momento jamás habían sentido.
Entonces ocurrió, el clímax llegó tan violento como un maremoto, los sacudió a ambos y el primero en llegar fue Sanji derramándose nuevamente sobre su pecho entonces Zoro se puso serio y levantó las piernas del rubio hasta que sus rodillas tocaran su pecho y sosteniendo aquellas piernas con fuerza arremetió para penetrarlo en cada embestida tan profundamente que el pobre cocinero solo pudo atinar a cubrirse la boca para evitar que sus gritos de placer alertaran a sus compañeros.
Y con esto; otro orgasmo se hizo presente haciendo que todo el cuerpo del rubio se sacudiera por los espasmos de aquel orgasmo extendido, sintiendo como el espadachín aumentaba la fuerza de sus embestidas para luego derramarse con una abundante carga dentro del cocinero.
Ambos se quedaron unos segundos así, sin moverse, sintiendo los efectos post orgasmo, al aclararse la vista de Zoro a parte de ver a Sanji vuelto un desastre su mirada se fue rápidamente a la pared creyendo haber visto algo, al confirmar que solo era su imaginación se desplomó al lado del cocinero, ya mañana hablarían de lo que pasó.
Mientras cubría el cuerpo del rubio con una sábana beso su mejilla y tomó su mano para dormí junto a él.
°
Esa mañana Sanji no podía caminar y apenas podía con el desayuno de sus Nakamas, en silencio y con paso lento se movía de un lado para otro, luego de atender se sentó en una silla y fumó un rato, cuando todos desalojaron la cocina Zoro entró de nuevo.
-¿Que mierda quieres? Ya estoy bastante jodido por como me dejaste. -Sanji estaba notoriamente irritado pero el marimo solo se acercó a él con calma.
-Vine para ayudarte a lavar los platos. -fue su respuesta, simple pero sería, Sanji lo miro un poco sonrojado y feliz mientras se colocaba a su lado y comenzaban a limpiar.
-Gracias.. -susurro bajito esperando no haber sido escuchado.
-La próxima vez… -Zoro guardo silencio unos segundo como meditando lo que iba a decir. -La próxima vez seré más cuidadoso.
-¡Ja! Eso ni tú te lo crees. -Se quejo el cocinero mientras limpiaban acercándose lo suficientemente para que sus hombros se tocaran. -Pero no me disgusto que fueras, así… Para nada. -las mejillas del cocinero estaban levemente manchadas de carmín mientras seguían el trabajo en silencio, pero juntos.
°
-Que raros están esos dos. -Comentó Nami mientras estaba sentada junto a Robin comiendo unos bocadillos en la proa del Sunny.
-Bueno, tienen mucho que conversar. -respondió Robin con una sonrisa mientras un hilo de sangre escapaba de su nariz.
-¡¿Robin?! ¿Estás bien? -ante la pregunta de la pelirroja la mujer solo asintió con la cabeza recordando que la noche anterior al no encontrar al par discutiendo los busco encontrándose con una escena peculiar, prefiriendo guardar el secreto mintió a su amiga diciendo que estaba cansada para luego recostarse y pensar en lo rápido que podían avanzar esos dos escondidos en un camarote a oscuras.
Fin.
Bueeeeeno resultó más largo y suculento de lo que pensé, no me odien, espero les guste.
Pd: Está idea no es mía, fue tomada de un grupo y pedí permiso para hacerla, créditos a quien corresponda.Los quiero mucho ositos.
-Kuma🐻