1: NO LO HARÉ
«Maldita sea. Jodida y maldita sea. Odio esto. Odio todo. Una puta mierda, voy a matar a todo el mundo», murmura Skylar Hall para sí mismo, mientras vuelve a echarle un vistazo a su boletín de notas.
C, D, F, F, D. Skylar ha suspendido dos asignaturas y no le importa lo más mínimo. El colegio le da igual, pero las consecuencias a las que se enfrentará en casa hacen que quiera romper este estúpido y jodido papel por la mitad. Está sentado en su coche, aparcado en el instituto. Los exámenes fueron hace una semana y hoy ha sido el último día de clase, donde nadie hace nada y te entregan las notas.
«¿De verdad les va a importar a tus padres?», pregunta Carlos desde el asiento de al lado, y Skylar mete la marcha atrás. Comprueba los retrovisores para asegurarse de que no viene nadie y sale de la plaza de aparcamiento. «Si casi nunca están en casa».
Esto no es cierto. Bueno, solo en parte. Danica, la madrastra de Skylar, trabaja desde casa. Sin embargo, aunque prácticamente siempre está allí, se pasa el 90 por ciento del tiempo en su despacho. Vince, el padre de Skylar, es un adicto al trabajo de manual. Skylar apenas les ve, pero no es por ellos por lo que está preocupado.
Skylar sabe que a su madre, Tasha, le va a decepcionar muchísimo. Skylar nunca ha tenido las mejores notas, pero ¿esto? Es lo peor que ha sacado en mucho tiempo, y sinceramente se alegra de que su madre viva a varios estados de distancia. No tendrá que lidiar con demasiadas consecuencias por parte de Danica o Vince, y cree que puede mantenerlo en secreto ante el resto.
Bueno, vale, a Vince quizá le importe. Pero ¿su madrastra? Ella siempre ha sido muy de no meterse en la vida de los demás.
«Sí, pero mi madre se va a cabrear», dice Skylar mientras sale a la carretera principal. Va a dejar a Carlos en el taller de coches de sus padres.
«Pues simplemente no se lo digas», le aconseja Carlos, siendo la buena influencia que es.
«No voy a mentirle», responde Skylar, porque es la jodida verdad. Se va a enterar tarde o temprano, y aunque podría librarse por ahora, no le serviría de nada a largo plazo.
Skylar se alegra mucho de que todavía le quede un año de instituto. Puede recuperar las dos asignaturas suspendidas, además de otra que suspendió el año pasado. ¡Puede recuperar todo! La verdad es que ayuda un poco el hecho de que ya repitió curso una vez, aunque fue cuando estaba en primero.
Skylar llega por fin al taller. Carlos se despide rápidamente antes de bajarse del vehículo, y ahora Skylar empieza a sentir pavor. Nunca le hará ilusión mostrar sus notas a sus padres. Y es que no recuerda ni una sola vez en la que fueran aceptables.
La casa de Skylar no está lejos del centro, por eso conduce en piloto automático hasta llegar, sumido en sus pensamientos.
Skylar no ve el coche de su padre, y su humor mejora por un segundo. Luego, se da cuenta de quién sí está aquí.
En cuanto ve la camioneta negra y el Corvette plateado, siente pavor. El Corvette está bien, no tiene problemas con el conductor —su hermano—, pero le rayaría la estúpida camioneta negra ónice si tuviera la oportunidad.
Skylar suelta un gemido audible, agarra su mochila y sale del vehículo. Siente ganas de pincharle las ruedas, lo cual atribuye en parte al hecho de que ya está de muy mal humor. Aun así, ignora esos pensamientos y entra en su casa.
Por desgracia, nada más entrar se topa con la persona que le causa la mitad de sus emociones negativas. Skylar no ve a su hermano por ninguna parte, y maldice el hecho de tener que hablar con este tipo.
«¿Dónde está Jessie?», pregunta Skylar al chico de veinte años, que está sentado en la encimera bebiendo una bebida energética. Antes estaba mirando el móvil, pero ha levantado la vista al entrar Skylar. Tiene esa mirada en la cara, como si estuviera listo para ser absolutamente irritante. Pero claro, siempre tiene esa mirada.
«¿Para qué?», pregunta Ashton Rivera, y Skylar intenta no cabrearse. Odia que la gente responda a sus preguntas con otras preguntas. Ashton lo sabe.
Skylar ni siquiera se molesta en responder, en su lugar pone los ojos en blanco y grita:
«¡¿JESSIE?!»
Ashton ni siquiera se inmuta, ni hace un gesto de dolor ni se tapa los oídos; no tiene ninguna reacción física ante el volumen de Skylar, y eso es frustrante. Skylar espera hasta que su hermano entra en la habitación. Jessie le mira un poco alarmado antes de preguntar: «¿Qué?»
«¿Dónde está Danica?», pregunta Skylar, porque necesita una firma en su boletín de notas, y con ella es con quien mejor se puede negociar.
Jessie mira la mano de Skylar, que sujeta el papel arrugado causante de su angustia. Parece que lo entiende y dice: «Ah, en su despacho. Aunque dijo que estaba ocupada y que no la molestáramos».
«Bueno, necesito que me firme esto», responde Skylar, agitando el papel en el aire.
«¿No necesitas a un padre?», pregunta Ashton, porque es incapaz de no meterse donde no le llaman.
Skylar desvía la mirada hacia él, entrecerrando los ojos. «O a un tutor».
«Voy a comprobar si puede ahora», dice Jessie, mirando a los dos y saliendo de la cocina. Skylar no está contento con eso, porque le deja a solas con Ashton. Otra vez.
«Tienes una cara de mierda», comenta Ashton, y Skylar le lanza una mirada asesina. «Peor de lo normal, digo».
Para ser justos, tiene algo de razón. Obviamente Skylar nunca lo admitiría en voz alta, pero casi siempre tiene un aspecto lamentable. Su pelo es indomable y duerme una media de cuatro horas por noche. Suele estar cubierto de moratones o barro —o ambas cosas—, debido a que es torpe y siempre se está metiendo en líos. Además, se pelea mucho con la gente. Esto se debe principalmente a su actitud, ya que no recuerda la última vez que sonrió sinceramente o fue amable con alguien fuera de sus amigos y familia, a menos que fuera por obligación de su trabajo.
«Al menos yo no tengo esa cara», dice Skylar, señalando vagamente a Ashton, quien arquea una ceja.
Ashton parpadea hacia él. «¿Qué cara?»
«De feo», dice Skylar, inexpresivo. A pesar de ser una respuesta genial y astuta, desgraciadamente no es verdad.
Es una putada, y a Skylar le cabrea hasta el infinito, pero Ashton creció siendo bastante atractivo. Tiene el ego que le acompaña, por supuesto, así que los insultos de Skylar nunca le molestan realmente, pero sigue siendo lo mejor que tiene. Por supuesto, eso no cambia el hecho de que no soporta a este tipo.
«Ay», dice Ashton con sarcasmo, volviendo a lo que hacía antes. Desplazarse por su teléfono y beber una bebida energética. En realidad, parece un Monster. Hay otro al lado. ¿Va a beberse los dos?
Danica entra de repente en la habitación, frunciendo el ceño. Skylar no ve a Jessie por ninguna parte, pero le importa un carajo. Le entrega el boletín de notas a la mujer y se cruza de brazos, observando cómo lo alisa.
Ella escanea las notas con el ceño fruncido antes de decir: «¿Puedes recuperar esto?»
«Sí. Haré los cursos de recuperación el año que viene».
La mujer tararea, luego lo deja sobre la encimera —justo al lado de Ashton— y lo alisa aún más para que apenas se note que estaba arrugado. Saca un bolígrafo de detrás de la oreja y firma en la parte inferior. Luego, se gira para dejarlo en la parte de la encimera donde están todas las cosas de Vince.
Espera, no. Si lo deja ahí, el padre de Skylar seguro que lo ve cuando llegue a casa.
«Vale, eh, me lo puedes devolver», dice Skylar, caminando hacia ella y alargando la mano para cogerlo. Ella se gira y le lanza una mirada de desaprobación.
«No, tu padre necesita verlo. Voy a volver al trabajo, no me molestes más».
Skylar mira a la mujer con rabia mientras sale de la habitación, no sin antes coger algo de la nevera. Skylar no mueve el papel. Sabe que su padre lo verá de todas formas, y quizás si es obediente sean más suaves con él.
Sinceramente, Skylar probablemente debería haberlo falsificado.
«Me sorprende que no lo haya puesto en la nevera».
Skylar se gira para fulminar con la mirada a Ashton, que parece encontrar toda esta situación más que cómica. Dios, si a Skylar le dieran una puta moneda por cada vez que ha querido darle un puñetazo a este tipo hasta dejarlo inconsciente. Oh, no tendría que volver a trabajar en su vida.
«Me sorprende que no tengas nada mejor que hacer», espeta Skylar, y odia tener que mirar hacia arriba para hablarle. Y no solo cuando está sentado en la encimera. Ashton es simplemente más alto que él en general, y que Jessie, de hecho.
Ashton salta de la encimera. Por desgracia, Skylar estaba parado casi justo delante de él. Termina demasiado cerca, alzándose sobre él, y Skylar intenta recordar siquiera por qué estaban discutiendo.
«No tengo», dice en voz baja, antes de pasar por el lado de Skylar. Después de que Ashton sale de la cocina, por fin recupera el juicio.
Parpadea rápidamente y empieza a maldecir a ese estúpido y jodido idiota por ser, bueno, un idiota. Mientras lo hace, Jessie vuelve a entrar. Mira hacia atrás, presumiblemente a la figura de Ashton que se aleja. Se da la vuelta y se detiene al ver a Skylar. Parece que va a decir algo, pero Skylar habla antes de que pueda.
«¿Por qué está aquí?», pregunta Skylar, señalando más allá de Jessie hacia donde se fue Ashton.
Jessie solo suspira, pasa al lado de Skylar y le revuelve el pelo. Recoge el boletín de notas de Skylar y lo examina.
«Le invité yo», responde Jessie. Se da la vuelta al cabo de un minuto y le mira a los ojos a Skylar. «Por favor, no repitas curso otra vez».
«No lo haré», murmura Skylar, aunque ni siquiera él mismo está seguro de creérselo. Jessie asiente, antes de revolverle el pelo por segunda vez ese día y marcharse en la misma dirección que Ashton. Skylar frunce el ceño, se lleva la mano a la cabeza para arreglarse el pelo y observa cómo su hermano se aleja.
Skylar toma la decisión de quedarse en su habitación el resto del día, aprovechando lo que le queda para relajarse. La verdad es que no le hace ninguna ilusión enfrentarse a las consecuencias.








