Los Mellizos Potter

Sinopsis

No es la típica historia de la hermana de Harry, en esta versión verán como Lily debe aprender a controlar un gran poder y defender a los que ama. Los mellizos Potter han crecido con sus horribles tíos los Dursley en Privet Drive, siempre sucedían sucesos extraños cerca de ellos y ya a los 11 años les llegara la respuesta en forma de carta, pues son admitidos en el colegio Hogwarts de magia y hechicería. Además Lily poseerá un gran poder que proviene de una larga línea de magos. Y descurbriran el verdadero motivo de su tía de odiarlos y un gran secreto de ella.

Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1


Narrador Omnisciente

Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a sus sobrinos en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la puerta de los Dursley y avanzaba en su sala, que era casi exactamente la misma que aquélla donde el señor Dursley había oído las ominosas noticias sobre los búhos. Sólo las fotos de la repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores, pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño, y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un carrusel en la feria , jugando con su padre en el computador, besado y abrazado por su madre. La habitación no ofrecía señales de que allí viviera otros dos niños.

Sin embargo, Harry y Lily Potter estaban todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.

- ¡Arriba!¡A levantarse los dos!¡Ahora!

Harry y su hermana se despertaron con un sobresalto. Su tía llamó otra vez a la puerta.

- ¡Arriba!- chilló de nuevo.

Ambos hermanos oyeron sus pasos en dirección a la cocina, y después el roce de la sartén contra el fogón. Harry se dio la vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Pero su hermana por otro lado se destapo y se dispuso a levantarse pues sabía que sus tíos eran capaces de castigarlos sin comer si no hacían caso.

- Vamos, Harry. Tía Petunia se molestará si nos demoramos, recuerda que hoy es el cumpleaños de Dudley.

Ante eso Harry resoplo.

- Me había olvidado..... Sabes Lily, soñé con una moto voladora.

- Yo también, pero no lo menciones delante de nuestros tíos porque.....

Su tía volvió a la puerta.

- ¿Ya están levantados? - quiso saber.

- Si, tía Petunia- se apresuro a responder la niña.

- Bueno, dense prisa, quiero que Harry vigile la tocineta. Y no te atrevas a dejar que se queme. Y Lily prepara el café de tu tío y no lo sirvas frío de nuevo. Quiero que todo sea perfecto el día de cumpleaños de Duddy.

Harry refunfuñó.

- ¿Qué has dicho? - preguntó bruscamente su tía desde el otro lado de la puerta.

- Nada, nada....- responde Harry.

Oyeron como la puerta de la cocina volvía a sonar, lo que significaba que su tía había vuelto a la cocina.

- Harry, ten cuidado para la próxima vez.

- Lo siento, hermanita. Pero no soporto a Dudley.

- Te entiendo, pero si nos quejamos nos castigaran sin cenar otra vez.

Y haciendo caso, Harry se levantó lentamente ante la mirada de su hermana que lo esperaba, y comenzó a buscar sus medias. Lily encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de una, se la paso a su hermano. Estaban acostumbrados a las arañas, porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y allí era donde dormían.

Cuando Harry termino de vestirse, ambos salieron al vestíbulo y entraron en la cocina. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de cumpleaños de Dudley. Parecía que éste había conseguido el computador nuevo que quería, por no mencionar el segundo televisor y la bicicleta de carreras. La razón exacta por que su primo podía querer una bicicleta era un misterio para ambos hermanos, ya que Dudley estaba muy gordo y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba pegar a alguien, por supuesto. El saco de boxeo favorito de Dudley era Harry, mientras su hermana era sujetada por uno de los amigos de su primo, pero no podían atraparlos muy a menudo. Aunque no lo parecía, Harry y Lily eran muy rápidos.

Tal vez tenía algo que ver con eso de vivir en una oscura alacena, pero ambos hermanos habían sido siempre flacos y muy bajos para su edad. Además, parecían más pequeños de lo que realmente eran, porque todas las ropas que llevaban eran prendas viejas de Dudley, y su primo era cuatro veces más grande que ellos. Harry tenía el rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante. Llevaba gafas redondas siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que su primo lo había golpeado en la nariz. Lily a diferencia de su hermano su cabello era pelirrojo y ondulado, rostro perfilado, lo único que compartía con Harry eran sus ojos verdes. La única cosa que a Harry le gustaba pero a Lily no tanto, era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un relámpago. Que ambos supieran, la tenían desde siempre, y lo primero que recordaban haber preguntado a su tía Petunia era cómo se la habían hecho.

- En el accidente de automóvil donde tus padres murieron - había dicho - Y no hagas preguntas.

<No hagas preguntas>: Ésa era la primera regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila con los Dursley.

Tío Vernon entró en la cocina cuando Harry estaba dando la vuelta a la tocineta.

- ¡Péinense! - bramó como saludo matinal.

Una vez por semana, tío Vernon miraba por encima de su periódico y gritaba a los hermanos que necesitaban un corte de pelo. A Harry le habían cortado más veces el pelo que a todos los niños de su clase juntos, pero no servía para nada, pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, por todos lados.

Harry estaba friendo los huevos y Lily sirviendo el café a su tío cuando Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía la cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su gruesa cabeza. Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harry y su hermana decían a menudo que Dudley parecía un cerdo con peluca.

Harry puso sobre la mesa con ayuda de su hermana los platos con huevos y tocineta, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.

- Treinta y seis - dijo, mirando a su madre y a su padre - Dos menos que el año pasado.

- Querido, no has contado el regalo de tía Marge. Mira está debajo de este grande de mamá y papá.

- Muy bien, treinta y siete entonces - dijo Dudley, poniéndose rojo.

Ambos hermanos, que podían ver venir un gran berrinche de Dudley, comenzaron a comerse la tocineta lo más rápido posible, por si volcaba la mesa.

Tía Petunia también sintió el peligro, porque dijo rápidamente:

- Y vamos a comprante dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo bien?

Dudley pensó durante un momento. Parecía un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente:

- Entonces tendré treinta y ... treinta y ...

- Treinta y nueve, dulzura - dijo tía Petunia.

- Oh. - Dudley se dejó caer pesadamente en su silla y cogió el regalo más cercano - Entonces está bien.

Tío Vernon rio entre dientes.

- El pequeño diablito quiere que le den lo que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! - dijo, y revolvió el pelo de su hijo.

En aquel momento sonó el teléfono y tía Petunia fue a contestar, mientras los hermanos y tío Vernon miraban a Dudley, que estaba desembalando la bicicleta de carreras, la filmadora, el avión con control remoto, dieciséis juegos nuevos para el computador y un video. Estaba rompiendo el papel de regalo de un reloj de oro cuando tía Petunia volvió, enfadada y preocupada a la vez.

- Malas noticias, Vernon - dijo - La señora Figg se ha fracturado una pierna. No puede cuidarlos. - volvió la cabeza en dirección a Harry y Lily.

La boca de Dudley se abrió con horror, pero el corazón de ambos hermanos dio un salto. Cada año, el día de cumpleaños de Dudley, sus padres lo llevaban con un amigo a pasar el día un parque de atracciones, a comer hamburguesas o al cine. Cada año, Harry y Lily se quedaban con la señora Figg, una anciana loca que vivía a dos manzanas. Harry no podía soportar ir allí. Toda la casa olía a repollo y la señora Figg la hacía mirar las fotos de todos los gatos que había tenido, mientras que a Lily la dejaba que cuidara su jardín porque era muy buena con las plantas, y después la dejaba jugar con sus gatos, por lo que ha ella no le molestaba tanto.

- ¿Y ahora qué hacemos? - preguntó tía Petunia mirando con ira a sus sobrinos, como si ellos lo hubieran planeado todo.

Harry y su hermana sabían que deberían sentirse mal por la pierna de la señora Figg, pero para Harry no era fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver otra vez aTibbles, Snowy, el Señor Paws o Tuffy.

- Podemos llamar a Marge - sugirió tío Vernon.

- No seas tonto, Vernon, ella no los aguanta, sobre todo al chico.

Los Dursley hablaban a menudo sobre Harry y Lily de aquella manera, como si no estuvieran allí, o más bien como si pensaran que eran tan tontos que no podían entenderlos, algo así como gusanos.

- ¿Y qué dices de tu amiga ... cómo se llama ... Yvonne?

- Está de vacaciones en Mallorca - respondió enfadada tía Petunia.

- Pueden dejarnos aquí - sugirió esperanzada Lily. Podrían ver lo que quisieran en la televisión, para variar, y tal vez incluso hasta jugaría con el computador de Dudley.

Tía Petunia la miró como si se hubiera tragado un limón.

- ¿Y volver y encontrar la casa en ruinas? - rezongó.

- No vamos a quemar la casa - dijo Harry, pero no lo escucharon.

- Supongo que podemos llevarlos al zoológico ... - dijo en voz baja tía Petunia - y dejarlos en el auto ...

- El auto es nuevo, no se quedarán allí solos ...

Dudley comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacia años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.

- ¡Mi pequeñito Dudley, no llores, mamá no dejará que ellos estropeen tu día especial! - exclamó, abrazándolo.

- ¡Yo .. no ... quiero ... que ... ellos vengan! - exclamó Dudley entre fingidos sollozos - ¡Siempre lo estropean todo! - Les hizo una mueca burlona a Harry y Lily desde los brazos de su madre.

Justo entonces, sonó el timbre de la puerta.

- ¡Oh, Dios, ya están aquí! - dijo tía Petunia en tono desesperado, y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre.

Piers era un chico flacucho con cara de rata en opinión de Lily. Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba. Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato.

Media hora más tarde, ambos hermanos, que no podían creer su suerte, estaban sentados en la parte de atrás del auto de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en sus vidas. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se llevó aparte a Harry y Lily.

- Se los advierto - dijo, acercando su rostro grande y rojo al de los hermanos - Les estoy avisando ahora, niños: Cualquier cosa rara, lo que sea, y se quedarán en la alacena hasta Navidad.

- No vamos a hacer nada - dijo Harry.

- De verdad ... - completo Lily.

Pero tío Vernon no les creía. Nadie lo hacía.

El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harry y Lily, y no servía de nada decirles a los Dursley que ellos no los causaban.

En una ocasión, tía Petunia, cansada de que Harry y Lily volvieran de la peluquería como si no hubieran ido, cogió unas tijeras de la cocina y le cortó el pelo a Harry casi al rape, exceptuando el flequillo, que le dejó, y a lily de manera desprolija se los cortó hasta los hombros y le hizo un horrible cerquillo, <para ocultar las horribles cicatrices>. Dudley se rio como un tonto, burlándose de ambos hermanos, que pasaron la noche sin dormir imaginando lo que sucedería en el colegio al día siguiente, donde se reían de sus ropas holgadas y las gafas remendadas de Harry. Sin embargo, a la mañana siguiente, descubrieron al levantarse que sus pelos estaban exactamente igual que antes que su tía se los cortara. Como castigo, los encerraron en la alacena durante una semana, aunque intentaron decirles que no podían explicar como había vuelto a crecerles tan deprisa.

Otra vez, tía Petunia había tratado de meter a Lily dentro de un repugnante suéter viejo de Dudley (marrón, con pompones naranjas). Cuanto más intentaba pasárselo por la cabeza, mas pequeña se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado como un guante a una muñeca. Tía Petunia creyó que debía haberse encogido al lavarlo y, para su gran alivio de Lily, no la castigaron.

Por otra parte, habían tenido un problema terrible cuando los encontraron en el techo de la cocina del colegio. El grupo de Dudley los perseguían como de costumbre cuando, para sorpresa tanto para Harry y Lily como de los demás, se encontraron sentados en la chimenea. Sin embargo, lo único que trataban de hacer (cómo les gritaron a tío Vernon a través de la puerta cerrada de la alacena) era saltar los grandes cubos que estaban detrás de las puerta de la cocina. Harry y Lily suponían que el viento los había levantado el medio de su salto.

Pero aquel día nada iba a salir mal. incluso estaba bien pasar el día con Dudley y Piers si eso significaba no tener que estar en el colegio, en su alacena o en la sala de la señora Figg, con su olor a repollo.

Mientras conducía, tío Vernon se quejaba a tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas: Compañeros del trabajo, Harry y Lily, el ayuntamiento, Harry y Lily, el banco y Harry y Lily eran algunos de sus temas favoritos. Aquella mañana les tocó a los motociclistas.

- ... haciendo ruido como locos esos vándalos - dijo, mientras una moto los adelantaba.

- Hemos tenido un sueño sobre una moto - dijo Harry, recordando de pronto - Estaba volando.

Tío Vernon casi chocó con el auto que iba delante del suyo. Se dió la vuelta en el asiento y gritó.

- ¡LAS MOTOS NO VUELAN!

Su rostro era como una gigantesca remolacha con bigote. Dudley y Piers se rieron disimuladamente.

- Ya sabemos que no vuelan - dijo Lily - Ha sido solo un sueño.

Pero desearon no haber dicho nada. Si había algo que desagradaba a los Dursley aún más que las preguntas que Harry y Lily hacían, era que hablaran de cualquier cosa que no se desarrollaran de la forma adecuada, ya fuera un sueño o un dibujo animado; parecían pensar que podían llegar a tener ideas peligrosas.

Era un sábado muy soleado y el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a Piers unos grandes helados de chocolate en la entrada, y luego, cómo la sonriente señora del puesto preguntó a Harry y Lily que querían antes de que pudieran alejarse, les compraron unas paletas de limón baratas. Aquello tampoco estaba mal, pensaron, chupándolas mientras observaban a un gorila que se rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio.

Fue la mejor mañana que ambos hermanos habían pasado en mucho tiempo. Tuvieron cuidado de andar un poco alejados de los Dursley, para que Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales cuando se acercaba la hora de comer, no empezaran a practicar su deporte favorito, que era pegarle a Harry. Comieron en el restaurante del zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su sandwich no era lo suficientemente grande, tío Vernon le compró otro y Harry y Lily tuvieron permiso para terminarse el primero.

Más tarde, Harry y Lily pensaron que debían haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar.

Después de comer fueron a ver los reptiles. Estaba oscuro y hacía frío, y había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande. Podía haber envuelto el auto de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.

Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vidrio contemplando la brillante espiral marrón.

- Haz que se mueva - le exigió a su padre.

Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió.

- Hazlo de nuevo - ordenó Dudley.

Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal siguió dormitando.

- Esto es aburrido - se quejó Dudley, y se alejó arrastrando los pies.

Harry y Lily se movieron frente al vidrio y miraron intensamente a la serpiente. Si ellos hubieran estado allí dentro, sin duda se habrían muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de gente estúpida golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener por dormitorio una alacena dónde la única visitante era tía Petunia, llamando a la puerta para despertarlos: Al menos, ellos podían recorrer el resto de la casa.

De pronto, la serpiente abrió sus ojitos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los ojos de ambos niños.

Guiñó un ojo.

Harry y Lily la miraron fijamente. Luego echaron un vistazo a su alrededor para averiguar si alguien los observaba. Miraron de nuevo a la serpiente y también le guiñaron un ojo.

La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry y Lily una mirada que decía claramente: <Esto me pasa todo el tiempo.>

- Me pasa esto constantemente.

- Lo sabemos - murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo.

- Debe de ser realmente molesto - termino de decir Lily.

La serpiente asintió vigorosamente.

- A propósito, ¿De dónde vienes? - preguntó Harry.

La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry y Lily miraron con curiosidad.

<Boa constrictor, Brazil.>

- ¿Era bonito aquello? - pregunta Lily.

La boa constrictor volvió a señalar con la cola y leyeron: <Este espécimen fue criado en el zoológico.>

- Oh, ya vemos. Entonces, ¿Nunca has estado en Brazil?

Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry y Lily los sobresaltó.

- ¡DUDLEY!¡SEÑOR DURSLEY!¡VENGAN A VER ESTA SERPIENTE!¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!

Dudley se acercó contoneandose, lo más rápido que pudo.

- Quitense de en medio - dijo, golpeando a Lily en las costillas.

Cogidos por sorpresa, ambos cayeron al suelo de cemento. Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio.

Harry se incorporó y vio como su hermanita se cogía del lado de las costillas debido al golpe, molesto dirigió su mirada hacia su primo y amigo, pero se quedó boquiabierto: El vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había desaparecido. La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas.

Mientras la serpiente se deslizaba ante ellos, Harry que ayudaba a su hermana a pararse, habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:

- Brasil, allá voy ... Graciasss, amigos.

El encargado de los reptiles se encontraba totalmente conmocionado.

- Pero ... ¿Y el vidrio? - repetía - ¿Dónde está el vidrio?

El director del zoológico en persona preparo una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia mientras se disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry y Lily habían visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del auto de tío Vernon, Dudley les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers juraba que había intentado estrangularlo. Pero lo peor, para ambos hermanos al menos, fue cuando Piers se calmó y pudo decir:

- Harry y Lily le estaban hablando. ¿Verdad, chicos?

Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con ambos niños. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.

- Vayan ... alacena ... quédense ... no hay comida - logró decir, antes de desplomarse en una silla.

Tia Petunia tuvo que servirle una copa de brandy.

Mucho más tarde, Harry y Lily estaban acostados en su alacena oscura, deseando tener un reloj. No sabía que hora era y no podía estar seguro de que los Dursley estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran, no podían arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.

Habían vivido con los Dursley casi diez años, diez años desgraciados, hasta donde podían acordarse, desde que eran niños pequeños y sus padres habían muerto en un accidente de auto. No recordaban haber estado en el auto cuando sus padres murieron. Algunas veces, cuando forzaban su memoria durante las largas horas que pasaban en su alacena, tenían una extraña visión, un relámpago cegador de luz verde y un dolor como el de una quemadura en sus frentes. Aquello debía de ser el choque, suponían, aunque no podían imaginar de donde procedía la luz verde. Y no recordaban nada de sus padres. Sus tíos nunca hablaban de ellos y, por supuesto, tenían prohibido hacer preguntas. Tampoco había fotos de ellos en la casa.

Cuando eran más pequeños, ambos hermanos soñaban una y otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlos para llevárselos pero eso nunca sucedió: Los Dursley eran su única familia. Sin embargo, a veces pensaban (tal vez era más bien que lo deseaban) que había personas desconocidas que se comportaban como si los conocieran. Eran desconocidos muy extraños. Un hombrecito con un sombrero violeta los había saludado cuando estaban de compras con tía Petunia y Dudley. Después de preguntarles con ira si conocían al hombre, tía Petunia se los había llevado de la tienda sin comprar nada. Una anciana con aspecto estrafalario, toda vestida de verde, también los había saludado alegremente en un autobús. Um hombre calvo, con un abrigo largo, color púrpura, les había estrechado la mano en la calle y se había alejado sin decir una palabra. Lo más raro de toda aquella gente era la forma en que parecían desaparecer en el momento en que Harry o Lily trataban de acercarse a ellos.

En el colegio, Harry y Lily no tenían amigos. Todos sabían que el grupo de Dudley odiaba a aquellos extraños, Harry y Lily Potter, con sus ropas viejas y holgadas y las gafas rotas de Harry, y a nadie le gustaba llevarle la contraria a la pandilla de Dudley.

Pero a pesar de todo, se tenían el uno al otro, eran ellos contra el mundo, y se prometieron que siempre estarían juntos.