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Sinopsis

Historias inéditas de creación propia

Estado:
Completado
Capítulos:
18
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1. Almas

Con un ritmo casi perezoso, el sol comenzó a desaparecer, deslizándose lentamente detrás del horizonte y convirtiendo las sombras en criaturas horrendas que parecían cobrar vida en la oscuridad. Este era el momento que Jaime más temía, el comienzo de sus pesadillas. Las sombras, con sus formas amenazantes, se apoderaban de su mundo cuando el día cedía paso a la noche. Todos a su alrededor insistían en que simplemente tenía una imaginación desbordante, pero Jaime sabía que había algo más. No eran solo imaginaciones suyas, eran reales, igual que los ruidos espeluznantes, los gritos desgarradores y los lamentos que parecían surgir de la nada y llenaban el aire junto a estas sombras.

Por esa razón, había desarrollado una rutina muy precisa y definida para cuando el sol comenzaba a desvanecerse. Antes de que las sombras comenzaran a alargarse, ya tenía todo cerrado con llave, con dos pequeños montones de sal blanca y pura colocados con cuidado al lado de la puerta y las ventanas. Esto era una precaución que había adoptado hace tiempo, una barrera contra lo desconocido. Finalmente, sacaba de su escondite secreto una botellita de agua bendita, cuyo contenido había robado sigilosamente de varias iglesias. Era la reliquia que más importancia y cuidado daba de su arsenal de protección. Su última medida de protección, que a diferencia de las otras siempre llevaba en su cuello, era un rosario, el cual rezaba casi de forma automática. Nunca había sido un hombre de fe, pero en tiempos desesperados, necesitaba medidas igualmente desesperadas.

Jaime cerró los ojos y comenzó a rezar, intentando ignorar los lamentos, gritos y súplicas que parecían salir de entre las paredes. Siempre cerraba los ojos para evitar ver esas sombras, aunque parecían muy similares a las de las personas en su apariencia básica, estaban llenas de un sufrimiento y una angustia que no se podía comparar con nada humano. El dolor que se podía percibir en ellas era inmenso, como si cada sombra estuviera sumergida en su propio tormento personal.

La noche seguía avanzando y las sombras parecían crecer con ella. El terror que Jaime sentía hacia estas almas se convertía en una angustia insoportable que le ahogaba por dentro. Pero después de tanto tiempo, algo en su interior le dijo que esa noche sería diferente. Se dio cuenta de que, a pesar de su miedo, había estado ignorando una conexión con estas sombras, un lazo con el profundo sufrimiento. Decidió que esa noche se daría la oportunidad de entenderlas, ayudarlas si podía. Por ese motivo abrió los ojos, enfrentándose a sus mayores miedos y, por primera vez, miró a las sombras. Al principio vio los monstruos de siempre, pero con los minutos estos se convirtieron en simplemente seres perdidos y atormentados. Su miedo aún estaba ahí, pero ahora estaba acompañado de algo nuevo. Una curiosidad por entender por qué él y qué pasaba con estas.

Con cuidado, se acercó a una de las figuras misteriosas. Desconocía si la entidad le atacaría o si su vida se extinguiría con el mero hecho de tener contacto con ella. Pero, después de tantos años aterrorizado por ellas, la idea de la muerte no le infundía miedo. Cuando su dedo tembloroso rozó la figura oscura, una corriente helada sacudió su cuerpo desde la punta de los pies hasta la coronilla. Para su asombro, comenzaron a desfilar ante sus ojos recuerdos que no eran suyos, imágenes que pasaban a una velocidad vertiginosa. La historia de aquel ente se remontaba a la Edad Media; era recuerdos de una mujer que fue quemada viva tras ser acusada de brujería. Cuando sintió en su propia piel el dolor abrasador de las llamas, se separó de la entidad, jadeando y sudoroso, y miró a su alrededor. Todos los lamentos habían cesado. Todo a su alrededor había quedado inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido. Tragando saliva, se acercó de nuevo a la entidad. Llevado por un impulso, hizo lo que su corazón le decía que era lo correcto. Recitó una de las oración que había encontrado hacia un tiempo, en una de sus innumerables búsquedas.

Se encontró sorprendido, casi conmocionado, al presenciar cómo la entidad oscura y misteriosa asumía la forma de la mujer que solo vivía en sus recuerdos. Cómo ella, o la sombra de ella, le regalaba una sonrisa antes de desvanecerse en la nada de su habitación, dando paso de nuevo a los lamentos que parecían ser su única compañía. Esto lo había dejado no solo sorprendido, sino en un estado de incredulidad. Nunca había sido un creyente en lo sobrenatural, pero lo que estaba experimentando… eso estaba siendo demasiado, incluso para su escepticismo. Miró por la ventana y suspiró profundamente al ver el amanecer, el sol comenzando a despuntar en el horizonte. Con los primeros rayos de luz que se filtraron por su ventana, las entidades oscuras comenzaron a desaparecer, como si tuvieran miedo a la luz del día. Y con su desaparición, el cansancio y agotamiento que había estado suprimiendo finalmente lo golpeó. Sin más que hacer, simplemente se acercó a su ordenador y realizó una rápida búsqueda en internet, apuntó una dirección en un trozo de papel. Después de darse una rápida ducha para refrescarse, subió a su coche y se puso en marcha. Quería hablar con alguien, cualquier persona que pudiera darle alguna explicación o una nueva perspectiva. Aparcó delante del viejo consultorio de adivinación, vio la reja aún cerrada, así que se reclinó contra el asiento, decidido a esperar hasta que abrieran, sin importar cuánto tiempo tomara.

Cuando la mujer empezó a abrir la persiana, él salió de su coche estacionado en la esquina y se acercó para hablar con ella. Al notar su acercamiento, ella se tensó y lanzó una mirada cautelosa por encima de su hombro, claramente indecisa sobre las intenciones de este desconocido. No tenía ninguna cita agendada por la mañana, por lo que su presencia le resultaba extraña.

— ¿Desea algo? — preguntó con cierta desconfianza, manteniendo la persiana a medias. Tenía claro que no seguiría abriendo si su motivo era entrar a robar.

— Hablar con usted, necesito un poco de guía. — murmuró, rascándose el cuello en un gesto de indecisión.

La mujer lo miró de nuevo, esta vez evaluando su sinceridad antes de asentir lentamente y permitirle pasar, su actitud seguía siendo cautelosa pero decidida. Se acercó con paso firme y decidido al mostrador. Encendió las luces del local, inundándolo con un brillo tenue. Apoyó sus brazos en el mostrador, pero no quitó su penetrante mirada del hombre que estaba al otro lado, quien observaba cada detalle con una curiosidad casi palpable.

— Dígame. — Pidió con voz suave pero firme, mientras intentaba leer las energías que este desconocido emitía, buscando cualquier indicio de su verdadera intención.

— ¿Puedo tutearla? — Preguntó con cierta indecisión, dando unos pasos cautelosos hacia ella, como si temiera que pudiera espantarse. La mujer asintió levemente con su cabeza, dándole permiso. — Bien, sé que lo que voy a decir puede sonar completamente a locura, pero creo que esta noche he liberado un alma del purgatorio. — La mujer frunció el ceño ante esta afirmación, se enderezó y caminó con paso decidido hacia la puerta para volver a poner el cartel de cerrado, asegurándose de que no fueran interrumpidos.

— Sígueme, por favor. — Pidió la mujer, girándose para dirigirse hacia la puerta del fondo de la tienda. Jaime la siguió con cautela, cada paso teñido con una mezcla de ansiedad y curiosidad. — No eres la primera persona que viene a mí con esa afirmación, pero sí eres la primera que parece tan asustada. — Dijo, encendiendo una lámpara antigua que colgaba del techo, iluminando las escaleras que se adentraban en la oscuridad.

Jaime la siguió con cierta indecisión, observando cada movimiento de la mujer. Al notar las mismas vibraciones que llevaba sintiendo en su habitación durante las noches, decidió seguirla, a pesar de su miedo. El sótano era oscuro y húmedo, y estaba lleno de estanterías que albergaban libros antiguos y desgastados. El olor a polvo era intenso, y le hizo toser, pero no dejó que eso le detuviera. Siguió a la mujer que, sin decir una palabra, sacó un libro y se lo tendió.

En la portada del libro, estaban escritas con letras doradas las palabras Puertas al más allá. Jaime acarició las letras con los dedos, sintiendo la textura del relieve bajo sus yemas. Abrió el libro con cierto temor, y al leer el índice, su mirada se detuvo en un punto particular. Personas sensibles a las almas.

— Esto… — Jaime no pudo formular una frase coherente, su mente estaba en blanco. La mujer le sonrió, con una expresión de comprensión en sus ojos.

— Son pocos, pero existen. — Dijo, abriendo el libro por la página que explicaba ese punto en detalle. — A veces, los portales hacia otros mundos no se encuentran en objetos, sino en personas. Eres una puerta al más allá. — Aseguró, apoyando su mano en el brazo de Jaime para tranquilizarlo.

Jaime leyó con avidez cada línea de esa página, cada palabra. Todo lo que había experimentado, todo lo que había sentido, todo empezaba a tener sentido ahora. Relacionó cada suceso extraño con lo que el libro explicaba, y por primera vez, sintió que no estaba loco.

— ¿Pero cómo es posible? — Preguntó con incredulidad, sus ojos amplios mientras trataba de comprender las palabras en el libro que tenía en sus manos. La mujer, de pie enfrente, suspiró profundamente, apoyándose en un viejo escritorio de madera que se encontraba a sus espaldas.

— No tiene ningún misterio, es una cualidad innata, con la que se nace, como la capacidad para cantar o bailar. Nadie lo ha investigado lo suficiente. — Murmuró con un tono de voz que indicaba una ligera irritación. El tema siempre le había fascinado, le había intrigado al punto de saberse el libro de memoria, pero nunca había tenido la oportunidad de explorarlo en profundidad. — Seguro que has tenido señales en varios momentos de tu vida, pero las ignoraste y las pasaste por alto. — Jaime la miró sorprendido, asintiendo lentamente con su cabeza, comprendiendo poco a poco la realidad de su situación.

— Llevo años sufriendo por las noches, llenas de entes atormentados que parecen perseguirme, pensaba que estaba perdiendo la cordura. — Confesó, mientras sus ojos recorrían las páginas del libro, buscando más información sobre su condición. — Al principio creía que eran solo pesadillas, luego me obsesioné con buscar protección en todo aquello que encontraba por internet. Pero ayer… No sé, algo cambió, simplemente dejé de tener miedo e hice eso… — Murmuró, sus ojos parpadeando rápidamente para evitar que las lágrimas que se estaban formando oscurecieran su visión.

— Quédatelo, en ese libro encontrarás las respuestas que buscas, aprenderás cómo mantener a esos entes a raya y cómo exprimir tu poder a tu favor. — Dijo la mujer, cerrando el libro con un gesto suave y colocando su mano en el hombro de Jaime en un gesto de apoyo. — Si tienes alguna duda, puedes venir a consultarme, o simplemente llamarme. — Dijo, extendiéndole una tarjeta. Jaime la aceptó y la leyó, Pitonisa Amber.

— Gracias Amber, yo soy Jaime. — Dijo a modo de despedida, regalándole una sonrisa a la mujer que había logrado disipar todas las dudas y miedos que habían atormentado su existencia durante años.

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Diálogos potentes

author

Me gustó mucho, aunque fue muy corto y con pocos personajes.

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