Roce
Lo único que podía mirar, eran aquellos ojos avellanas. Lucía desconcertado por mi repentina cercanía, era bastante claro que no se esperaba que yo estuviera acercando mi rostro hacía él.
Era algo que fue un repentino impulso que no pude controlar. Terminé de cerrar la distancia entre nosotros, para rozar mis labios contra los de Furihata. Solo fueron unos segundos de aquel contacto, pude percibir la suavidad de ellos y la respiración agitada del castaño sobre mi rostro era en lo que podía concentrarme.
El no se movió ni un poco. Simplemente se había quedado estático y mirándome sorprendido por aquel movimiento.
Al separarme, lo mire divertido por aquella expresión de confusión que venía acompañada de su usual expresión de encontrarse espantado.
― Será mejor que alcancemos a los demás o se preocuparan por ti ― mencione y le indique que nos movieramos hacia el camino donde se encontraban los puestos de comida del festival
Había tomado a Furihata de manera repentina lejos del grupo de Seirin y Rakuzan, en específico lo acorrale sobre el tronco de un árbol del templo donde nos encontrábamos paseando en el festival de verano en Kioto.
Desde hace unos meses, después de la fiesta de cumpleaños de Kuroko, habíamos mantenido contacto frecuentemente por mensajes. De alguna manera nos habíamos vuelto cercanos, pero me estaba enfrentando a sensaciones que comenzaba a generar Furihata Kouki en mi.
Cuando nos encontramos en la entrada del templo, con todo su equipo y el mío, el verlo en yukata, provocó algo en mi, que actúe por impulso. Sabía que le debía miles de explicaciones al respecto sobre lo que acababa de pasar, pero en este momento ni yo sabía que había hecho del todo.
Solo sabía que aquel roce había sido suficiente para desear hacerlo otra vez.