Gourmet

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Sinopsis

La carne de la mejor calidad está reservada sólo para los mejores restaurantes de la ciudad. Si tienes suficiente dinero, elige tu platillo favorito y disfruta del singular espectáculo que ofrecen las calles de París, cuna de la mejor gastronomía del mundo según los críticos.

Estado:
En proceso
Capítulos:
140
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Un café frío acompaña a un insípido croissant sobre la mesa del comedor para empleados del aeropuerto de París.

Gustave Dubois permanece sentado frente a ellos, sin muchas ganas de terminar lo que ha iniciado. El pan no está fresco, pues ha dejado un desagradable regusto rancio en el paladar del hombre.

Mira casi con asco el vaso desechable lleno de café agrio, que ha perdido su encanto inicial junto con su temperatura ideal. El almuerzo perfecto para una nublada tarde de noviembre. Gustave da un último trago a la espantosa bebida, antes de verterla en el fregadero.

Está por cumplir siete años como agente aduanal, a cargo de la revisión de la calidad de alimentos. No es un trabajo excepcionalmente emocionante, pero tiene sus días.

Se para cerca del inmenso ventanal, observando despreocupadamente los aviones que despegan o que aterrizan. Se pregunta qué le estará deparando la jornada. ¿Frutas con plaga? ¿Carne en mal estado? Posiblemente contrabando.

Suspira, dejando que el vaho se extienda por el cristal. Cuando la imagen vuelve a aclararse, le devuelve la vista de su propio reflejo. Cuarenta y dos años, metro setenta y dos de alto, ochenta y ocho kilos de peso. Un tipo normal.

Ojos de un marrón intenso, algo regordete, con la barba mal rasurada. Al menos todavía conserva el cabello rubio cenizo. Lo ha dejado crecer demasiado. Pronto deberá cortárselo.

Mientras regresa al trabajo piensa que no todos pueden ser héroes. Aunque él mismo se considera uno. A su manera, por supuesto.

Él es lo único que se interpone entre una salmonelosis y los restaurantes más reconocidos de la ciudad de las luces. De no ser por su trabajo, cualquiera podría ingresar ingredientes de cocina adulterados o que no cumplieran con los estándares de calidad. Acaso algo más.

Los restaurantes con estrellas Michelin sólo sirven lo mejor de lo mejor, la mayor parte de las veces. Porque cuando los suministros de alta cocina escasean, siempre envían a un “negociador” a tratar de convencer a los agentes aduanales para que sean un poco más flexibles en sus inspecciones.

Gustave es uno de los pocos que no acepta los gentiles regalos de dichos “negociadores”. Él desprecia todo lo que tiene que ver con lo gourmet, ya que él lo ve de primera mano.

Camina hacia las grandes bodegas, donde se almacenan los inmensos contenedores de carga con sus valiosos contenidos.

En su lista aparece un cargamento de carne destinado a los restaurantes Le Bistro Parisien, Le Jardin y Delicatessen. Éste último le ha dado dolores de cabeza a Gustave desde que se endurecieron las normas de control de calidad alimentaria.

En múltiples ocasiones sus “negociadores” incluso han recurrido a amenazar a Gustave. Sin embargo, él se echó a reír a carcajadas en sus caras.

— Un hombre divorciado, que paga la mitad de su sueldo en renta y la otra mitad en pensión a su exesposa, no tiene nada que perder, caballeros. — Declaró la última vez que la gente de Delicatessen fue a buscarlo.

Luego de eso, cumplieron con lo prometido. Emboscaron a Gustave cuando salía de su turno, golpeándolo hasta dislocarle la mandíbula y romperle el brazo derecho en tres partes. Hace pocos meses que terminó de pagar las cuentas del hospital.

Observa las cicatrices de la cirugía en su brazo. Debería dejar que alguien más le eche un ojo a la carne de importación. Aunque si lo hiciera, perdería el último ápice de emoción que le queda a su inútil vida.

Les pide a los intendentes que abran el contenedor. A primera vista, se ve adecuadamente ventilado. Sin perder el tiempo, procede a examinar el producto. Parece fresco, en buen estado y libre de parásitos.

Necesitará algunas muestras aleatorias para enviar al laboratorio, sólo para estar cien por ciento seguro de que no hay peligro alguno para su consumo o drogas ocultas.

Los colores de la carne son variados, al igual que sus tamaños. Despide un aroma bastante característico. Gustave lo encuentra desagradable, lo que resulta irónico, considerando que se convertirá en los manjares más cotizados de París.

Se abre paso empujando las piezas, unas contra otras, sin el más mínimo miramiento. Todo se encuentra en orden. De ser por él, podría dar luz verde en ese mismo momento para comenzar la distribución. Pero nunca se salta los protocolos del laboratorio, para eso es que le pagan.

Revisa con cuidado el papeleo que debe llenar con sus observaciones. Detesta todo el asunto de las formas, aunque no dejan de representar un seguro para él, en caso de que haya problemas relacionados con el cargamento.

Varios de sus compañeros no suelen durar mucho tiempo en su empleo. Se dejan corromper pronto por los jugosos sobornos, dejando pasar todo tipo de alimentos de dudosa procedencia.

Cuando se presentan las enfermedades o cuestiones legales relacionadas con la mercancía, las autoridades siempre comienzan por rastrear al emisor de los productos y al agente responsable de dar el visto bueno para permitir su circulación.

Afortunadamente, Gustave no tenía que preocuparse por eso. Al terminar de hacer sus anotaciones, le dio indicaciones al personal de mantenimiento para que mantuvieran la carne en condiciones óptimas. Ya que se encontraba en perfecto estado, no podían permitirse ser ellos quienes la echaran a perder. ¡Así es como se vive otro glorioso día de trabajo!