Capítulo 1
Leah se siente bien, a pesar de todo lo que tomó el día anterior.
Se pone sus lentes y sale de su cuarto. En la cocina está su mejor amiga, Emily, leyendo algo en su tableta. Cabello rojo, ondulado, pecas, piel blanca. Levanta la mirada a Leah con una sonrisa. Ojos verdes.
Electrizantes y brillantes.
-¿Cómo andamos? -pregunta la pelirroja alzando una ceja e inclinando la cabeza.
Leah se encoge de hombros con un puchero.
-Bien.
Se sienta en la mesa y Emily la mira conocedora.
-¿Te arrepientes de no haberlo besado? -sonríe Emily entrecerrando los ojos.
Emily conoce a su amiga. La conoce bastante bien. Es algo que siempre hace. Conocer a un chico lindo, coquetear, y cuando el chico quiere iniciar algo, Leah huye.
Leah la mira fastidiada y triste, como un niño chiquito, y grita.
-¡Sí! Emily, ¿por qué soy así? Era el hombre de mi vida.
- ¿Amor de tu vida no?
Emily se había parado a servirle una taza de té a Leah, quien no se había percatado del agua que se estaba calentando.
-No, no lo conozco. Pero estaba muy guapo…
Leah seguía lamentándose y se lamentaría todo el día como siempre hace. Pero Emily tenía más planes que ver a su roomie quejarse todo el día. Planes que incluían comer.
-Como dicen -puso la taza en frente de Leah en la mesa- siempre te arrepientes de las oportunidades que no tomas – Acarició la cabeza de su amiga en un gesto de empatía, pasando sus dedos por el pelo de ella, y tomó asiento de nuevo.
Leah mira su té. A pesar de que sus orejas no eran visibles en ese momento, Emily las pudo imaginar recargándose sobre su cabeza en muestra de abatimiento. Emily se rasca el cuello, un poco irritada de un momento a otro.
-¿Ni siquiera le pediste su Instagram?
Leah niega con la cabeza.
-No…
Emily niega con la cabeza también. Acostumbrada a su mejor amiga y sus particularidades.
-Te dormiste.
Leah asiente. Mirada en el suelo.
-Me dormí.
Emily le da a su amiga un momento, luego aplaude fuertemente y se levanta de un salto de la silla.
-Bueno, ve a bañarte, o haz ejercicio, o no lo sé. Pero quiero que salgamos lo antes posible a desayunar porque me muero de hambr y no hay nada de comer. ¡Vamos, vamos, vamos!
-¡Oye, pero mi té…!
Leah no pudo terminar de articular su queja ya que Emily la estaba jalando de la silla y aventando al pasillo de donde llegó.
-¡RÁPIDO! -grita Emily para demostrar su hambre.
Toman el metro y caminan unos cuantos minutos para llegar a un café que Emily había visto en su teléfono y había marcado para que fueran algún día. Al verlo en la lejanía notan que hay un poco de fila. Pueden verlo a través de la ventana.
-Hay un poco de fila -le dice Leah a su amiga- ¿No hay problema?
Leah, siempre ansiosa.
Siempre preocupada.
-No me importa -le asegura Emily- ya estamos aquí. A comer.
-A hacer fila -le corrige Leah.
Entran al café, causando que un pequeño arreglo choque con la puerta, provocando un sonido de campana. El café no era ni grande ni pequeño, pero casi todas las mesas estaban llenas, así que Emily rápidamente fue a la mesa cerca de la ventana a poner sus cosas, y volvió a hacer fila con su amiga de lentes.
Era color beige. Minimalista. Con flores decorando las paredes y la pared que era en gran parte una ventana dando a la calle.
Había cuatro personas en frente de ellas. Parejas. Como siempre había en la ciudad.
-Emily, dime, ¿por qué hay tantas parejas en esta ciudad?
Leah finge secarse una lágrima de la mejilla.
-Dime de qué te quejas, estás conmigo. ¡No necesitas a nadie más! -Emily grita, fingiendo estar enojada y haciendo puños con sus manos.
Leah actúa con sorpresa. Rodea el cuello de su amiga con sus brazos y aparenta llorar.
-¡Tienes razón, amiga mía! ¡Perdón si con mis palabras te he roto el corazón!
Leah se inclinó para besar a su amiga, Emily le gruñó, alejándose de ella, y ambas rieron. Leah siempre había sido una persona que demostraba su amor con contacto físico. Emily, por otro lado, aborrecía este. Como quiera, Leah había logrado hacer que Emily aceptara más el contacto, especialmente de ella, pero cuando Leah se ponía más cariñosa, como intentar besar a su amiga, Emily aún mostraba rechazo.
Nadie del café les tomó atención. Al menos, no directamente.
Cuando solo había una pareja en frente de ellas, Leah logró ver los postres que tenían en la vitrina. Un pastel de red velvet capturó su atención.
-No vas a desayunar dulce. Pide esto, al menos.
Emily le mostró una imagen en su teléfono de hot cakes con fruta alrededor del plato. Leah apreció a su amiga por asegurarse de que al menos consumiera algo saludable. Aunque viniera acompañado de algo no tan saludable.
Cuando la pareja en frente de ellas terminó de ordenar y se fue, Leah levantó su mirada para ordenar, cuando sus ojos lo miraron a él.
El chico de ayer.
-Juro que no sabía que trabajaba aquí -escuchó la voz de Emily.
Leah, cualquier otro día, no le hubiera creído a su amiga, si no hubiera sido porque se veía igual de sacada de onda que ella.
-Um -Leah intentó articular palabra.
El chico no parecía particularmente asombrado de verla. Mantenía una cara relajada. La miró con paciencia unos segundos, luego movió su cabeza.
-¿Qué desea ordenar?
Emily le dio un golpetazo a su amiga con su hombro, causando que Leah saliera de su shock.
-Um, sí, sí -Leah sacude su cabeza- Quiero ese plato de hot cakes -dijo apuntando a la foto en el teléfono de Emily.
Emily le enseñó la foto al chico cajero. Mirándolo fijamente. Cautelosa. Siempre protectora de su amiga. El chico miró la foto, asintió y anotó.
-¿De beber?
Leah no había visto el menú de bebidas. Todavía. Su ansiedad habló por ella.
-Agua está bien.
El chico asintió otra vez. Leah dio su tarjeta para pagar. Luego Emily pidió su platillo. Un brunch estadounidense que se supone sirve para dos personas.
Emily y Leah se sentaron en su mesa, esperando el sonido del aparato que marcaba que su orden estaba lista.
-Chica, estás sudando.
Emily se paró por servilletas y se las dio todas a Leah. Leah las tomó todas y empezó a secarse el sudor de su cara. Miró a su amiga. Leah no podía evitar que una sonrisa se asomara por su cara.
-¿Juras que no sabías que trabajaba aquí?
Emily levantó las cejas y sus manos.
-Lo prometo. Es el destino.
Leah soltó un gritito para sus adentros. La emoción que sentía era demasiada que de haber sido más joven, se habría convertido en un híbrido en un segundo. Ella y su amiga se miraron con una sonrisa.
-Ahora, ¿Qué vas a hacer? -la cuestionó su amiga posando su cabeza sobre sus manos.
La sonrisa de Leah desapareció.
-Oh no. No sé. Pero, pero no lo puedo dejar ir esta vez… El universo me ha dado una segunda oportunidad…
Emily hizo una cara de asco dirigida a su amiga que estaba sonriendo y riendo toda sonrojada.
-Basta.
Leah se incorporó de golpe después de que su amiga rompiera su burbuja.
El aparato sonó.
-Gobiérnate, Leah.
Emily regañó a su amiga antes de que ambas se pararan por sus alimentos. Leah intentó mirar al chico cajero rápidamente, pero ya no estaba ahí.
-Oh no… -susurró para sí misma antes de ir a sentarse rápidamente.
Emily empezó a comer un segundo después de sentarse. Leah miró sus hotcakes ansiosa.
-Emily, Emily, ya no está en el cajero. ¡Se fue!
Emily tragó y después habló.
-Seguramente está en su descanso. Respira.
Leah levantó su cabeza para mirar por todo el café, pero no lo encontró. Soltó un suspiro y empezó a comer.
Estaba en su segundo hotcake comiendo en silencio con Emily (que estaba devorando su plato) cuando un mesero llegó a poner un vasito de agua sobre su mesa. Leah levantó la mirada confundida.
El mesero era nada menos que el chico del cajero.
-Pediste agua ¿no?
Luego le sonrió.
Y se fue.
Pero le sonrió.
Leah miró el vaso de agua asombrada. Luego a Emily. Luego al vaso. Luego a Emily de nuevo.
-Me… me trajo…
Emily casi veía las lágrimas de alegría en los ojos de Leah. Hubiera puesto otra cara de asco, pero no podía evitar sentirse feliz por su amiga. Después de todo, eso sí fue inesperado.
-Eso significa que sí se acuerda de ti, ¡Sí, se acuerda de ti! -gritó Emily para ellas mismas.
Leah estaba echándose aire con su mano. Acababa de entrar al paraíso.
Después de comer, Emily estaba tomando su café tranquilamente, mientras Leah tenía un infarto.
-Ahora sí, que hago. ¿¡Qué hago?!
Emily tomó un sorbo de su café, y le dijo.
-Cuando pase, dile, “¿Disculpa, tienes Instagram?”
Leah miró a su amiga con escándalo. Negó su cabeza, haciendo que su melena se moviera de un lado a otro.
-No es tan fácil.
-Uhm, es así de fácil.
Justamente pasó el chico a lado de su mesa. Emily lo llamó, y él asintió y se paró a lado de su mesa.
-¿Qué necesitan?
Emily asintió casualmente.
-Sí, uhm, ¿te podemos pedir tu Instagram, por favor?
Leah pateó a su amiga debajo de la mesa por la sorpresa, pero Emily solo le lanzó una rápida mirada.
El chico no pareció muy sorprendido. Alguien así de guapo, con ese pelo largo y obscuro, y esos tatuajes en los brazos, debía de conseguir personas coqueteando con él incluso mientras trabajaba. Soltó una sonrisa humilde, pero Leah presentía un rechazo.
-Lo siento, pero…
La ansiedad de Leah tomó lo mejor de ella, y habló sin pensar.
Más bien gritó.
-¡Yo sé algo sobre ti!
Las mesas alrededor de ellos voltearon a mirarlos brevemente, pero resumieron con lo suyo, aunque para Leah se sintió como una eternidad.
El chico no se sorprendió por su arrebate, pero no se veía contento. Estaba un poco confundido, Leah podía notarlo. El chico apuntó a la puerta con su cabeza, y se fue. Quería que Leah lo siguiera.
Antes de salir, él sacudió una caja de cigarrillos que sacó de su pantalón, indicando a la persona que se encontraba en la caja que saldría a fumar.
Leah miró a Emily. Emily a ella. Se notaba confundida. Después de un segundo de mirarse, Emily habló.
-¿Qué planeas?
Leah podía sentir su cara en llamas. No podía hablar. Estaba temblando de pies a cabeza.
-No… no sé qué me pasó.
Emily se asomó por la ventana.
-El chico ya va a mitad de cigarro. Es mejor que salgas.
Leah asintió y sacudió su cabeza levemente, pero al dar un paso Emily la tomó del brazo y la detuvo.
-Estaré cuidándote. Si te noto levemente incómoda...
Leah asintió, sintiéndose cálida y tranquila por lo protectora que podía ser su amiga, y salió del café.
Cuando el chico notó que Leah salió del café, esperó a que lo viera para adentrarse al callejón a lado del café. Un pequeño pasillo entre edificios. Ahí podrían hablar sin ser molestados.
Leah notó a donde se metió. Le lanzó una mirada a Emily a través de la ventana, preocupada. Emily la miró de vuelta, pero le levantó un pulgar. Estará bien. Leah avanzó hasta adentrarse al callejón.
El chico estaba fumando recargado sobre la pared de ladrillos. Leah sintió un calor en su cuerpo. De haber sido de noche, con mejor ropa, y algo de alcohol en su sistema, Leah hubiera intentado, de nuevo, coquetear con él.
Pero era muy tarde para el coqueteo. Ahora eran conocidos.
Leah dio cuatro pasos hasta llegar a él. Cuando estuvo frente a él, se dio cuenta de lo alto que era. Leah le llegaba debajo de los hombros. Tomo un profundo respiro de valor, y habló.
-Hola.
El chico juntó sus cejas, y se sacó el cigarro de la boca.
-Hola.
Leah asintió, mirándolo a los ojos para imitar ser valerosa.
-Soy Leah.
Él asintió, tirando el cigarro en el suelo.
-Viktor.
Eso no estaba yendo como Leah había planeado. Aunque ella en realidad no hubiera planeado nada.
-Um…
Leah miró al suelo. Los ojos negros de Viktor se sentían demasiado pesados sobre ella. ¿Qué estaba pensando Leah al decirle que sabía algo de él? ¿Por qué no simplemente aceptó el rechazo y lo dejó ir?
Estaba por disculparse por gastar su tiempo, pero él habló antes.
-¿Eres la chica de ayer, no? Ahora te reconozco.
Había dado un paso al frente, infiltrando el espacio personal de Leah. Leah alzó su mirada, y lo vio. Tan cerca como lo había tenido ayer. Viktor estaba sonriendo.
Olía bien.
Leah asintió solamente.
-¿Quieres terminar lo que empezamos ayer?
Apenas Leah sintió que el chico movía sus brazos, ella saltó hacia atrás.
-¡No! No, no, no, no…
Viktor soltó una carcajada y levantó sus brazos en afán de derrota.
-Está bien. Entonces, ¿Qué quieres?
Leah intentó que el sonrojo de su cara bajara un poco, pero no lo logró.
-Conocerte. Quiero… ser tu amiga.
Viktor cruzó los brazos y arqueó una ceja. Hubo un silencio.
-…¿Por?
Leah se mordió el interior de su mejilla. ¿Cómo explicar? “Me gustas, pero no te conozco, entonces quiero conocerte, para validar mis sentimientos o refutarlos completamente”.
-¿Es por lo que te dije ayer? ¿Lo que… dijiste que sabes sobre mí?
Leah volvió al momento presente por el tono de Viktor. Por vez primera se veía dudoso. Preocupado. Leah negó con la cabeza. Nunca fue su intención asustarlo. Ni mucho menos chantajearlo para ser su amiga.
-No, no, no es eso. No sé por qué lo dije, perdón, yo…
-¿Crees que es cierto?
Leah lo miró confundida.
-Lo que dije -Viktor la miró a los ojos- ¿Me crees?
Leah asintió.
-… ¿Por qué?
Viktor había recobrado algo de su original compostura relajada.
-Porque…
Leah dudó mucho en hablar. Se miró sus tennis. Si hablaba, estarían vinculados para siempre. Tendrían que ser amigos. Tendrían que…
Que Viktor le dijera podría haberse tomado como un desliz a causa del alcohol. Pero Leah sabía que él no estaba borracho, estaba fingiendo, al igual que ella.
-¿Tú… tú también…?
Leah negó. Recobrando algo de compostura. Relajándose.
Viktor no entendía por qué se sentía tan ansioso. Lo que dijo podía hacerlo importar menos. Fingir que solo quería asustarla. O que era parte de un kink suyo. Que era fan de Crepúsculo. Algo. Pero esa chica, Leah, lo estaba haciendo sudar de lo acorralado que se sentía.
Había metido la pata.
Leah respiro profundo otra vez. Contó hasta diez, y habló.
-Yo…
-Pruébalo -le exigió Viktor.
Leah levantó sus brazos en duda.
-¿Cómo? ¡Estamos en público! -le gritó.
Viktor negó con su cabeza.
-No me importa. Haz algo. Alguna gracia de lobo.
-¡No tengo que probarte nada!
Viktor caminó en círculos.
-Me niego a creerlo. Me niego. -Negó con la cabeza de nuevo- No puede ser.
-Es en serio. -Le dijo Leah cruzando los brazos.
Viktor la tomó de los brazos y la sacudió.
-¡¿Por qué me dijiste?! -la acusó paniqueado.
-¡Tú me dijiste que eras vampiro! -le reprochó Leah de regreso con un puchero.
-¡Pensé que estabas borracha!
Leah resopló cuando Viktor la soltó. Le tomó unos instantes, pero al final dejó de moverse y se recargó de nuevo en la pared. Leah lo miró preocupada, le dio un segundo más y luego habló.
-Acaso tú… ¿Siempre le dices a las chicas que eres un vampiro?
Viktor estaba mirando al suelo. Se encogió de hombros.
-Las chicas aman a los vampiros -Levantó su mirada a ella- Pero usualmente están borrachas, así que obviamente creen que estoy jugando.
-Oye, no me reclames con ese tono -le exigió Leah- Debiste guardártelo. ¡¿Acaso parece que me gusta Crepúsculo o Vampire Diaries?!
Viktor rodó sus ojos.
-Cómo sea. Está hecho. Tú me dijiste que eres un… una mujer lobo así que… Se cumplió tu deseo. -Avanzó a ella hasta quedar frente a frente- Vas a conocerme.
Leah lo miró confundida. Viktor la miró, hasta que lanzó su cabeza hacia atrás en impaciencia.
-Tu teléfono.
-Oh. Claro.
Leah sacó su teléfono de su bolsa, lo desbloqueó y se lo dio. Viktor se tomó unos segundos y luego se lo entregó de vuelta.
-Ya tienes mi Instagram.
Le dio una sonrisa cínica y se encaminó hacia la calle principal.
-Debí presentir que eras diferente. -Le dijo mientras avanzaba- Eres rara. Pero no rara “diferente a las demás”, eres rara “rara”. -Volteó hacia atrás para verla con una sonrisa burlona- Como una furry.
Leah se quedó quieta un segundo mientras los veía avanzar. Momentos después logró reaccionar.
-¡No te burles de los furries! -le gritó ella- Que yo parezco uno cuando estoy en modo híbrida…
Viktor ya estaba demasiado lejos para escucharla. Pero ahora Leah, con su conocimiento de que es vampiro, supo que él solo fingió no escucharla.
Ella empezó a caminar al café cuando el sonido de notificación sonó en su celular. Tenía un nuevo seguidor.