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Relatos de una mente revuelta

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Sinopsis

Colección de relatos cortos de tematica variada

Genero:
Other
Autor/a:
Sara Vega
Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Crímenes en la parte alta

Una oleada de crímenes sin precedentes azota la ciudad de Tarragona, la antigua Tarraco romana. Los habitantes se refugian pavorosos en sus casas a la espera de una solución lo más rápida posible. Las calles están sin vida, vacías al completo, nunca antes se habían visto en este estado.


Las únicas personas que se atreven a pisarlas son los diferentes cuerpos de seguridad del estado que se han involucrado en resolver el caso, como la guardia civil, la policía nacional y los mossos d’esquadra. Todos cooperan con un objetivo común, librar a la ciudad de Tarragona del sangriento criminal.


Estamos en pleno otoño, aunque las gélidas temperaturas dan la sensación de estar ya a principios de invierno. Tomás, abre el gas de la estufa con la intención de calentar su comedor, así que cierra la puerta que da al pasillo para que el calor no se escape y se echa en el sofá, enrollándose en la manta para entrar en calor en lo que la estufa hace su trabajo. Decide encender la televisión con la intención de pasar el rato, pero ponga el canal que ponga, están en especiales 24 horas sobre la situación en Tarragona, acaba rindiéndose y deja el primer canal que pilla.


Pasan diferentes imágenes de la parte alta de Tarragona, que es como llaman a la zona del ayuntamiento y de la catedral. La mayoría tomadas desde el cielo gracias a drones, ya que la prensa no ha querido acercarse a la ciudad, todos ellos están en pueblos cercanos a la espera de alguna actualización del caso.


Voces de reporteros acompañan estas imágenes, todas repitiendo lo mismo una y otra vez:


La identidad del criminal es aún desconocida, no tenemos ningún dato sobre su físico, aunque los cuerpos de seguridad del estado creen que pueda ser un varón caucásico de entre 20 y 35 años aproximadamente. Secuestra a sus víctimas a plena luz del día sin ser detectado.

Todas sus anteriores víctimas no tienen relación alguna entre ellas, por lo que se presume que es un varón físicamente atractivo, persuasivo y con un don para la palabra, por lo que engañaría a sus víctimas previamente, para que confíen en él y llevarlas a un lugar apartado en donde acabar con sus vidas, lugar que aún no se ha podido localizar.

Se cree que actúa en algún lugar en donde se siente cómodo, ya sea su propia residencia, la de un familiar o conocido que esté habitada o otro local de su posesión, para luego deshacerse de los cuerpos, como desgraciadamente todos hemos podido ver, en diferentes puntos de Tarragona, sobre todo en denominada parte alta, en donde podría residir el criminal.


Tomás apaga la televisión, cansado de oír una y otra vez la misma información sobre los homicidios múltiples y su perpetrador. Lanza la manta con la que se tapaba al otro extremo del sofá, apaga la estufa y sale del comedor, manteniendo de nuevo la puerta cerrada para preservar el calor en la estancia.


Entra a su habitación que está completamente a oscuras, gracias a la luz apagada y las persianas totalmente bajadas que impiden que entre luz del exterior. Presiona el interruptor de la luz para iluminar por fin toda la habitación y se acerca a su cama. En ella se encuentra una joven semidesnuda, cubierta únicamente por la fina tela de su ropa interior, amarrada por sus cuatro extremidades al cabezal y los pies de la cama. Gracias a ese nivel de desnudez, se puede apreciar en su piel las múltiples marcas de golpes que le han propiciado. En su estómago hay un moratón tan grande que ocupa por completo la superficie de su barriga, el interior de sus muslos están prácticamente negros, como si la piel que los recubre estuviera gangrenada.


En su cara, unos labios secos y azulados a causa del frío extremo de la habitación, quedan opacados por los dos grandes círculos que rodean sus ojos, por los cuales es imposible ver algo, ya que la severa inflamación provoca que estén cerrados casi al completo.


— ¡Hola! ¿Cómo estás hoy? ¿Ya estás lista?

—No por favor… — La chica suplica en vano — No quiero morir aún.

— Lo lamento, pero tu hora ha llegado. ¿No lo oyes?— Tomás alza los brazos con las palmas encaradas al cielo y levanta la mirada. Hablando con un tono delirante— Los ángeles te están buscando. Te llaman, quieren que te lleve con ellos.

— ¿Ángeles?— La chica lanza un escupitajo a la cara de Tomás, acertando de lleno. — Tú lo que eres es un puto psicópata. Estás demente, loco, un maldito perturbado, ¡Un lunático! Eso es lo que tú eres.

— ¡Yo no estoy loco, maldita zorra! —Tomás dice esto último vociferando mientras le suelta una aguantada en la cara.


Se aleja de la cama, quedando de espaldas a la chica, mientras sujeta su cara con ambas manos susurrando.


— No estoy loco. No estoy loco. No estoy loco. No estoy loco.— Susurra sin parar, aumentando gradualmente el tono de voz. — No estoy loco. No, estoy, loco. ¡No estoy loco! Esto es una prueba, una prueba divina. Ya he purificado tu cuerpo y tus entrañas, ya estás lista. Los ángeles te reclaman, cada vez son más ruidosos, tengo que mandarte con ellos, apenas oigo ya mis propios pensamientos.


Tomás golpea sus orejas mientras vocifera sin parar sobre su estado de cordura total. Sale de la habitación dando un portazo, volviendo al comedor. Donde se echa en el sofá de nuevo, esta vez estirado boca abajo, gritando sin parar, ahogando los gritos contra el relleno del sofá, gritando hasta quedarse completamente dormido.


En sus sueños se ve a él mismo en el cielo, o al menos su interpretación del cielo. Unas praderas infinitas con hierba del verde más verde que uno pueda imaginar, con flores de múltiples colores, colores inimaginables. Por todos lados hay animales de todo tipo que cohabitan en completa armonía, pero no hay ni una sola persona, salvo él mismo. Eso lo hace preocupar, ya que él había mandado a muchas mujeres al cielo, los mismísimos ángeles así se lo habían ordenado.


Tu destino está escrito, cuando llegue tu momento estarás completamente solo. Pero aún tienes tiempo de cambiar ese destino, solo tienes que traernos un grupo de mujeres, cuando las veas sabrás cuáles son y lo que tienes que hacer con ellas, no temas porque ya nunca más estarás solo.



Pero a pesar de haber traído a tantas mujeres al cielo durante el último mes, Tomás se pregunta dónde están todas ellas ahora. Así que se pone en marcha y decide explorar la infinita pradera, con la esperanza de encontrarlas por algún lugar. Anda lo equivalente a dos días terrestres, pero el tiempo se contrae para poder recorrerlo en dos minutos, cosa que Tomás adjudica a los poderes divinos de los ángeles salvadores.


Por fin llega a una parte nueva de la pradera, un idílico lago en donde múltiples mujeres se encuentran bañándose y jugando con el agua mientras ríen y cantan conjuntamente armonizando entre ellas. Algunas de ellas salen del agua mostrando sin pudor algunos sus cuerpos desnudos, no solo en presencia del resto de mujeres, sino con el conocimiento previo de la presencia de Tomás en el lago.


Se acerca paso a paso al lago, en donde al verlas de más de cerca reconoce sus rostros.

— Tomás por fin llegas, estábamos todas esperándote. Gracias a ti somos más felices que nunca, tú purificaste nuestros cuerpos y nos libraste del pecado, te estamos profundamente agradecidas.


Tomás se sonroja mientras se rasca la nuca.


— No hay de qué hombre, yo solo hacía lo que era necesario.


Todo el grupo de mujeres se acerca a él corriendo, envolviéndolo con sus brazos, haciendo cada vez una envoltura más grande de mujeres, restregando sus cuerpos desnudos contra él, provocando que Tomás se sonroje al máximo.

Todas ellas se ven felices, profesando su amor por el joven. Pero de repente el cielo oscurece y el agua del lago se enturbia. Del centro del lago sale una nueva figura femenina, ella también está desnuda, pero su piel tiene un ligero tono de putrefacción. La chica se acerca con largas zancadas hasta la posición de Tomás, asustando al resto de mujeres que huyen despavoridas hacia los laterales, dejando a Tomás completamente solo ante la presencia de la chica nueva. Tomás reconoce rápidamente de quién se trata.


— Por tu culpa maldito psicópata. ¿Por qué nos has hecho esto? Eres un maldito asesino.


Tomás se despierta del sueño a la mañana siguiente, con un propósito en mente, acabar de una vez la tarea divina que se le ha encomendado para poder ayudar a la chica a llegar al cielo. Así que se dirige de nuevo a la habitación y entra de golpe asustando a la chica que dormía hasta ese momento.


Rápidamente, saca de debajo de la cama una daga con simbología religiosa en la empuñadura, retira la vaina que cubre la hoja y se sube sobre la cama poniéndose de rodillas de cara a la chica, alzando la empuñadura de la daga al cielo. Reza entre susurros mientras se mece ligeramente, al ritmo de sus plegarias. Pero de repente deja caer la daga sobre la cama entre los muslos de la chica, y rápidamente tapa sus oídos con ambas manos gritando sin parar, aumentando la velocidad de sus tambaleos.


— ¡Callaos! La voy a mandar con vosotros en un momento, me estáis haciendo daño con vuestras celestiales voces, dejadme un segundo de silencio, por favor. Me hacéis mucho daño.


Tomás se balancea sin parar mientras golpea sus orejas con las manos y grita una y otra vez, moviéndose progresivamente más rápido, lo que provoca que pierda el equilibrio y caiga sobre la chica, y lo que es aún peor, sobre la daga que la chica había estado moviendo estratégicamente para poder levantarla entre sus muslos, clavándose gracias a eso en el pecho de Tomás, que en cuestión de segundo deja de gritar y fallece.


— ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Lo he matado! ¡Lo he matado! — la muchacha, aun incrédula de lo ocurrido, grita desconsolada. Liberando el estrés y la desesperación que contenía por culpa de todo lo ocurrido, sino porque ahora estaba atada, en un lugar donde nadie podía encontrarla, con el cadáver de la persona que intentaba matarla, encima de ella.


La chica, llamada Laura, aunque para Tomás solo era la chica número doce, tira de las cuerdas que sujetan sus brazos con toda la fuerza que le queda, la cual es poca, sobre todo para lograr liberarse de ellas. Al ver que no logra nada, rompe a llorar completamente desolada, siente que la muerte llama a la puerta y lograra entrar en cualquier momento, solo le queda esperar pacientemente a que eso ocurra.


Laura intenta relajarse, pero el peso de Tomás sobre su cuerpo es un constante recuerdo de que tiene un cadáver encima de ella. Y que como no haga algo empezará a descomponerse ahí mismo.


Así que Laura empieza a inclinar su cuerpo de derecha a izquierda, con un movimiento acompasado, logrando así que poco a poco el cuerpo de Tomás vaya moviéndose y resbalando hacia la izquierda. Sigue moviéndose sin rendirse hasta por fin lograr tirar su cuerpo al suelo, con la daga aún clavada en el pecho, cayendo fuera del campo de visión de Laura.


Ella llora en el momento en el que el cuerpo de Tomás impacta contra el suelo, por fin va a poder esperar pacientemente a su momento de muerte, el cual esperaba que fuera pronto, ya que llevaba días atada a la cama sin comer ni beber. Decide cerrar los ojos para descansar un rato, puesto que el exceso de esfuerzo que ha tenido que realizar la ha dejado sin fuerzas.


Cuando los abre, Laura ya no está atada a la cama, ni siquiera está en la habitación en la que se encontraba. Está en su pueblo, en donde ella nació y vivió toda su juventud hasta que se mudó a Tarragona.


Recorre varias calles sin saber muy bien por qué, como por instinto, hasta que llega al campanario de su pueblo. Su imponente altura siempre la ha fascinado, es tan alto que se puede ver desde pueblos cercanos.

Verlo en ese momento, después de pasar por lo que ha pasado, la reconforta, ya que le provoca un sentimiento de familiaridad, es como sentir el calor de un hogar. Lo curioso es que nunca lo ha visto por dentro, para ella la majestuosidad de la construcción está en el exterior.


El portón de madera de la iglesia se abre de par en par de un movimiento brusco, y un viento cálido impacta contra Laura a gran velocidad, haciendo que se zarandee hacia atrás levemente, perdiendo el equilibrio.


Cuando el viento por fin ha amainado, Laura avanza para atravesar el portón e introducirse en la iglesia. En donde se encuentra con un hombre arrodillado frente a la figura de la virgen y el niño que hay al fondo del edificio. Se acerca intentando no hacer mucho ruido, dado al lugar en el que se encuentra y por respeto al señor que parece estar rezando. Sus esfuerzos por no molestar resultan en vano, ya que la persona se alerta de la presencia de la chica y se gira bruscamente sorprendido.


Aunque la sorpresa se la lleva Laura, que al verle el rostro se queda patidifusa. Él da un paso hacia ella, provocando que ella caiga de culo al suelo, poniendo los brazos frente a su propio rostro en forma de defensa.


— ¡Aléjate de mí! ¡Tú estás muerto!

— Claro, lo estoy. Y tú lo sabes muy bien, ya que fuiste tú la que acabaste con mi vida.

— No, eso fue un accidente. Tú te caíste encima tu propio puñal, ¡ibas a matarme!

— A ver, primero que todo, eso era una daga, no un puñal, un poco de cultura por favor. Y segundo, que digas que quería matarte me ofende un poco. ¡Iba a liberarte! Deberías habérmelo agradecido, pero no, ahora estamos los dos aquí atrapados.

— ¿En la iglesia de mi pueblo? No sé qué hacemos aquí…

— No inútil, en mi habitación.


Laura abre los ojos de golpe, mueve su cuerpo intentando levantarse involuntariamente, pero las cuerdas se lo impiden. Aún está atada a la cama, con el cadáver de Tomás en el suelo.


— Tienes razón, hijo de puta, estamos tú y yo aquí atrapados. ¡Pero, te jodes! Maldito psicópata de los cojones… Tienes lo que te mereces, yo iba a morir igualmente, tú me ibas a matar. Así que mucho mejor si tú mueres también, así al menos podré salvar las vidas de otras mujeres que seguramente habrían caído en tus garras.


Nadie contesta a sus palabras, lo que es normal, aun así, de alguna forma, Laura esperaba algún tipo de respuesta por su parte. Como si el cadáver de Tomás fuera a levantarse gritando que él no está loco, e intentara matarla de nuevo. Igual así podría acabar de una vez con esta tortura.


A Laura, solo le quedaba tener paciencia, porque la esperanza se le había acabado hacía días.

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