Capítulo Único
Liam tenía la mirada perdida por las palabras que Hayden le había dicho hace unos segundos.
—Ya no siento nada por ti —una mirada inexpresiva era lo que le estaba dando—. Lo mejor es terminar.
—Pero.
—Es mejor no hacer las cosas más difíciles, Liam —decía mientras tomaba su bolso—. Adiós.
Se fue de allí, dejando a Liam con el corazón roto, sin explicaciones, sin nada, solo un adiós y nada más. En automático pagó lo que había pedido y se fue a un bar donde pasar sus penas en solitario.
De eso ya habían pasado unos cincos meses, después de unos días se enteró que Hayden fue a otro estado con el amante que tenía inclusive antes de cumplir el año de su relación.
Ahora estaba en su trabajo, viendo todo lo que tenía que hacer. Mason que era su amigo desde la primaria, llegó hasta su cubículo, ambos trabajaban en la misma empresa, pero en áreas diferentes.
—Como es viernes, Corey y yo vamos a ir a un nuevo bar que abrieron en la ciudad —se apoyó en la mesa del escritorio—. Algunos amigos de él van a ir y me gustaría que tú también fueras hoy.
Liam tenía su vista en la computadora frente suyo para apartarla y mirar a Mason.
—Será para la próxima.
Eso fue extraño para su amigo, Liam nunca se negaba cuando era invitado a un bar o alguna fiesta, eso hasta que él y Corey lo obligaron a entrar al gimnasio con el propósito de despejar su mente y tratar de olvidar a Hayden.
—¿Saldrás con alguien?
—Nop —Mason seguía viéndolo—. Iré al gym.
—Eres bien extraño amigo. Antes no querías ir, ibas una que otra vez y ahora vas tres veces a la semana, a la misma hora.
—Bueno, me gustó.
Y vaya que le había gustado ir, no por ponerse en esas máquinas y colocarse a hacer ejercicio, aunque le estaban gustando los resultados.
Después de unas semanas de ir forzando por parte de sus amigos, se dio cuenta de un chico que estaba haciendo sentadillas y que se le hacía familiar de la preparatoria.
Mientras trataba de recordar quién era este se dio la vuelta y le dio la mejor vista que había tenido en su vida, llevaba unos leggings rojos ajustados y si detallaba bien, o no tenía nada debajo o llevaba unos jockstraps.
No podía quitar la vista de ése gran culo de burbuja, ni siquiera Hayden podía hacerle guerra. A partir de allí estuvo toda una semana yendo a “entrenar” nada más para saber cuáles eran los días en los que este chico iba y tratar de ir a la misma hora. Bien sabía que eso era muy acosador de su parte.
—Liam —unos dedos tronaron frente suyo—. Te fuiste por un momento.
—Perdón —trato de ocultar su leve erección causada por el recuerdo de las enormes nalgas—. Te prometo que voy a ir la próxima vez.
—Bien, disfruta de tus ejercicios.
Apenas salió del trabajo fue directo a su casa, darse un corto baño y de allí ir al gimnasio. No pasó ni un solo segundo donde entró y enseguida comenzó a buscar al chico.
—¡Liam!
Alguien lo llamó por detrás suyo y si, era el que lo tenía como un loco por comerle esas nalgas, Theo Reaken.
—Theo ¿Qué tal? —su voz salió un poco entrecortada por los nervios.
—Bien, bien. Un poco cansado por el trabajo, pero nada me va a impedir hacer mi rutina —le chocó el hombro—. ¿Te gustaría unirte?
Liam asintió rápido y ambos pasaron las tres horas haciendo sus rutinas y alternando las máquinas que usaba uno de los dos primeros.
Ahora estaban haciendo sentadillas con mancuernas, uno las hacía y el otro contaba cuántas hacía el otro, Liam fue el primero, logrando hacer unas quince, aún le costaba un poco.
Ahora era el turno de Theo, colocándose detrás empezó a contar, pero a la quinta vio a viva imagen como se le podía notar el culo por los leggings blancos, gracias al sudor y que estos eran muy ajustados se transparentaba, así que con cada sentadilla este era más notable junto con el ojete.
Ya no contaba cuántas veces hacía el ejercicio Theo, no, ahora contaba las veces en que veía la raja aparecer.
—Pa’ llenarle ese culo con mi leche —pensó ya muy caliente.
Se detuvo y Liam se mosqueo para que no se diera cuenta de que le estaba comiendo con la mirada.
Terminaron de hacer la rutina y cada uno fue a los lockers del gimnasio para tomar sus pertenencias. Mientras hablaban Liam ahora veía el enorme pecho que brillaba por el sudor, sin un solo rastro de pelo, únicamente unos lunares.
—Me sorprende tú gran avance, Liam —se sentó junto a él—. Llevas poco tiempo y ya tienes buena resistencia.
—Sí, la verdad es que esto me ha ayudado a despejar la mente y sentirme bien.
—Ven a mi casa mañana —se levantó y en eso se estaba colocando una nueva camiseta—. Te daré unos suplementos que te ayudarán.
—¿A tu casa?
—Sí, a mi casa. Acá no los tengo —se enganchó el bolso—. Llegó a la casa y te paso la dirección ¿Puedes a las once?
Asintió y Theo le sonrió para despedirse, dejándolo solo y pensando en que iría a su casa.
—Controlate Liam, controlate.
Decir que durmió bien esa noche sería mentir. No pudo pegar el ojo hasta las dos y media de la madrugada pensando en ir a la casa de Theo.
Tal y como este le dijo, tuvo la dirección apenas llegó a su casa y ahora estaba en su carro de camino a esta. Cuando logró encontrar la casa por la información que le habían enviado, se aparco y fue directo a tocar a la puerta.
Unos tres segundos y un Theo sudado y con ropa de ejercicio lo recibió. Tenía un crop top y esos leggings que tanto le ajustaban a su figura, seguramente era el mismo con el que lo vió la primera vez en el gym.
—Pasa, justo termine de hacer mis ejercicios en casa.
Se giró y le dijo que lo siguiera. Llegaron hasta la amplia sala bien decorada.
—Espero no fuera molestia que vinieras.
—No, no te preocupes. De igual forma no tenía pensado hacer nada a estas horas.
—Voy por el suplemento, siéntate, ya vuelvo.
Y se fue contoneando sus caderas provocando que sus glúteos saltarán con cada pasó.
—Por Dios, contrólate —llevó sus manos a la cara—. Estás en su casa, respeta.
Sintió unas manos tocar las suyas y reaccionando de forma rápida se las quitó de la cara, fue allí cuando Theo con una sonrisa pícara se le sentó encima y tiró el frasco a un lado, uniendo sus labios en un hambriento beso, Liam al inicio estaba impresionado, pero luego le siguió llevando sus manos a las carnosas posaderas.
En medio del beso Theo se restregaba contra la erección dentro de los pantalones de Liam y antes de soltarse los labios le dio un mordisco.
—Liam Dunbar eres el hombre más condenadamente caliente y estupido que me ha comido con la mirada y no ha hecho nada para meterse en mis pantalones.
—¿Qué? —lo había descubierto.
—Te conozco desde la preparatoria —llevó su mano al pecho de este—. No eres muy bueno ocultando tus miradas y sé que desde la primera vez que me viste en el gimnasio no pudiste evitar verme el culo.
—No, no.
Ni bien dijo algo más, porque unos dedos pasaron por sus labios y luego recibió un pico en estos.
—Es normal que cualquier hombre que me mira cuando estoy haciendo mi rutina llegué y me diga sus guarradas, que me mire para escribirme en mis redes y hacer lo mismo, sin dar la cara —ahora recorrió sus labios con su lengua—, pero tú, nada más podía ver cómo me mirabas, no hacías ninguna de esas cosas, me sentí ofendido, un poco para luego me calentarme y no tuve de otra que provocarte.
—¿Lo supiste todo este tiempo?
—Desde el inicio, cariño —pegó sus frentes—. No me había sentido así de atraído por alguien, tu timidez y hambre silenciosa no hicieron nada más que hacerme desearte más por eso ayer cuando me viste el culo haciendo sentadillas y que no dieras un paso me dije que tenía que ser yo quien lo diera. Ahora relájate y déjamelo a mí.
Theo se bajó de sus piernas y se le arrodilló para quedar en medio de sus piernas, desabotonando su cinturón y bajar la corredera. Grande fue su sorpresa cuando la polla peluda de Liam salió, no llevaba ropa interior y es que a él no le gustaba usarla, sentía que le apretaba los huevos.
—Así que viniste preparado —agarró el palo de carne que se ponía más gordo en sus manos.
—No, no me gusta usar ropa interior.
—Aún mejor para mí.
Así quitando todo el pantalón, tomó las bolas igual de peludas para olerlas primero y luego meterlas a su boca, como le encantaba el olor de esa zona. Las sacó y fue por el premio mayor.
—¡Puta madre!
Liam no podía creer lo que sus ojos estaban viendo en ese momento, su miembro en aquella boca. Theo le estaba haciendo una buena mamada, como si quisiera succionar su alma por medio de su polla.
Esa boca caliente que le estaba brindando un buen momento se sentía fascinante. La baba junto con el precum salía de entre los labios, bañando todo el tronco y sus pesadas bolas. Además, del vello que se quedaba pegado a su piel por el sudor y la saliva.
—Sabes tan rico.
Decía Theo, además de darse golpe en la cara con la polla, dejando en su cara precum y saliva.
Cada vez se metía más y más el miembro en su boca, mirando desde su posición a Liam directo a los ojos, y Liam no podía calentarse de sobremanera con esos ojos azules pidiendo por más, por sentir su espesa esencia en su boca y más.
—Theo, Theo —intentó sacárselo de aquel caliente espacio—. ¡Me voy a correr!
Y como si fuera un botón de encendido, prosiguió a mamar con más rapidez, el sonido que producían las arcadas y por los fluidos era música para los oídos de ambos.
Theo se quedó mirando directo a los ojos de Liam y este no aguanto más. Lo agarró de la nuca y lo pegó hasta la base para terminar llenándole la boca con su espesa y caliente leche.
La cara de Theo estaba de un color rojo por el esfuerzo de tragar toda esa espesa leche, tener ese pedazo de carne y la falta de aire, pero aún así lo disfrutaba por completo. Cuando sintió que terminó de ser “alimentado” la fue sacando, un hilo los unía, incluyendo el que caía en su voluptuoso pecho, dejándolo empapado, agitado y tratando de regular su respiración.
—¡Diablos! Eso fue increíble.
Liam también se escuchaba agitado, tenía una mano en su pecho y la otra sobando a su miembro.
—Aún no hemos terminado.
Ni oportunidad tuvo de decir algo cuando Theo lo tomó de los brazos y lo hizo acostarse en el piso, romper aquellos leggings con sus manos y para sentarse en su cara.
—¡Chupa!
Como le encantaba que sus parejas fueran dominantes en la cama, y sin más hizo lo que le ordenaron.
Pasando su lengua por ese pequeño, pero rico orificio, volvía un manojo de jadeos y gemidos al otro, tanto que no le importaba si los vecinos los escuchaban, era su momento.
Con ayuda de sus manos abría las nalgas para darle más espacio y devorar la entrada de Theo, que se abría y cerraba con su lengua cada que pasaba.
Escupió y dejó que ahora fueran sus dedos los que jugarán, expandiendo aún más el agujero frente suyo. Theo no sabía otra cosa que gemir por la estimulación que estaba recibiendo, esos dedos sabían hacer su trabajo.
Teniendo ya cuatro dedos dentro levantó sus piernas y con su mano libre empujó la cabeza del otro para meterle la verga tan profundo que una espuma de saliva le tenía los huevos mojados.
Sintiendo que lo iban a soltar, cruzó las piernas detrás del cuello y lo hizo quedar pegado más tiempo, con la cara roja, ojos llorosos y un de mocos aguados, Theo se sentía morir por el placer de ser forzado a tragar todo.
Con sus piernas haciendo una especie de pinza pudo quitar su mano darle nalgadas, dejando su mano marcada en la tersa piel, cada vez que lo hacía ese enorme culo rebotar.
Pensando que ya era suficiente soltó a Theo de sus piernas y este levantó la cabeza para que un gran hilo de su saliva empapara la entrepierna de Liam y un poco su abdomen.
Se dio la vuelta y aún sin importar que tuviera toda la cara y boca llena de fluidos pegó sus labios a los de Liam. Restregando sus erección en el abdomen del otro y sintiendo un poco pegajoso.
Theo se sentó en las caderas de él y con su mano guío el miembro a su ya preparada entrada, rozandola primero entre las nalgas todas enrojecidas.
Pegó la cabeza de la verga de Liam en la punta de su agujero y se sentó de golpe, ambos gimieron por el repentino y brusco movimiento. Theo se sentía tan lleno por esa gorda polla y Liam por el calor que recibía al estar dentro de ese culo de burbuja.
El sonido que generaba su culo contra la pelvis de Liam por los constantes sentones eran cada vez más fuertes, podía sentir muy bien como sus entrañas eran perforadas por esa gorda polla, también como sus nalgas estaban sensibles por las cachetadas, cada que sentía el vello púbico de Liam le daba cosquillas.
Liam no pudo resistirlo más, estaba por terminar así que ahora era él quien embestía fuerte a Theo, teniéndolo de su cintura, vio cómo se inclinaba y no pudo evitar meter uno de los pezones del enorme pecho en su boca, mordiendolo.
Aquello no hizo más que calentar a Theo, sentir como dejaba su pezón izquierdo todo mordido, hinchado y que hiciera lo mismo con el otro.
Fue tanto la atención que estaba recibiendo que apretó su entrada y se corrió bañando el pecho peludo de Liam con su semen.
Como sintió la presión aplicada en su verga y la esencia en su pecho, aceleró sus embestidas y terminó llenando el culo su blanca y espesa esencia que salía de entre el agujero bajar por el tronco y llegar hasta sus bolas.
—Ahora eres todo mío, Liam —habló agitado Theo.
—Tú también — se besaron una última vez—. Además, estoy enamorado de tu gran personalidad.
Diciendo eso, agarró fuerte las nalgas de Theo y les volvió a dar un par de cachetadas, sacando risas del dueño.