1./ Todo siempre comenzará con un corazón roto.
A todas las almas gemelas. Y a todas esas personas que tienen miedo
De volver a amar. 🌷
Martes 15 de septiembre del 2015.
— Odio a Stephen Klein.— Chloë le dá un leve golpe a la mesa.— .Solo fuí un simple reto para él.
— Te lo dije, Chloë. — Le contesté, dándome la razón. — Es un completo capullo. — Apreté los dientes. También lo odiaba, tanto que de tan solo verlo me daban ganas de tirarle algo por la cabeza.
Stephen Klein. El típico engreído y el "todas mías" del instituto. Cabello negro azabache y ojos con Heterocromía, uno de sus ojos era gris y el otro verde, con un montón de tatuajes por los brazos. Él era el tipo que todas querían, excepto yo.
— ¿No crees que hora de que pague por todo lo que ha hecho? — Pregunta ella con una sonrisa en los labios.— Es hora de que te pague las bromas pesadas y los golpes "accidentales."
— Podemos hacerle una grandísima broma. — Sugerí con una sonrisa burlona. — Aunque creo que se dará cuenta muy rápido. — Fruncí los labios. — La chica desafortunada tendrá que fingir lo mejor posible para que él no se de cuenta de nada.
— No creo que con eso baste — Me contestó mientras se relamía los labios. — Tenemos que darle dónde más le duele. Su queridísimo ego; — Chloë hizo una pausa y al ver que yo no me negaba, prosiguió. — haremos que una chica lo seduzca y lo enamore completamente, y al final de todo decirle a la chica que diga frente a todo el instituto que todo había sido una farsa, así por fin dejarles en claro a los chicos de aquí que las mujeres no somos del sexo débil y dejar a Stephen Klein como un completo idiota frente a todo el instituto.
La Miré, divertida.
— Tu plan es mucho más cruel — Le contesto. — Además, estamos hablando del mellizo de nuestra mejor amiga.
—.Pero es nuestra única forma de hacerle pagar por todo.
— De cualquier forma, Chloë. Creo que algo en tu plan está fallando — Coloqué mí mejilla en la palma de mí mano — ¿Quien sería la indicada para esto? — Le pregunté yo mientras la miraba.
— Oh estate tranquila linda, tengo a la chica perfecta para este caso — Me sonrió — Tú, eres perfecta para este plan.
— Ja, no.— Le contesté irónica. Me levanté de la silla.
— Jamás sospecharía de ti, Alexa — Ella me miró — Además, él piensa que no eres lo suficientemente fuerte e inteligente como para hacerle esto.
— Tendrás que encontrar a otra chica.— Me niego, mirando hacia otro lado.— Porque no lo haré.— suspiro — Tú sabes que haría todo por ti, pero esto ya es cruzar mis límites.— reposo mí mentón sobre la mesa de la cafetería.— Y tú muy bien sabes que a mí se me dificulta mentir y fingir.
—.Bien.— Chloë, largó un corto suspiro.— Encontraré a otra chica para que lo haga.
—¡Hola, chicas!— Stella, la melliza del demonio de tres cabezas.
Bufé.
—¿Cómo te van en tus clases?— Le pregunto Chloë.
—. Bastantes aburridas. — confesó con cierto desinterés. — Además todavía no encuentro a mí castaño de ojos azules que choca conmigo por accidente, tirando mis libros al suelo.
Me reí levemente.
— No creo que suceda Stella. — Le contesto mientras juego con los anillos que se encontraban en mis dedos.
— Bueno, pues yo planeo enamorarme de algún chico antes de que este antepenúltimo curso termine.
— ¿Te doy un consejo? — Le pregunto, la cual me dice que sí, con un leve asentimiento de cabeza. — No te enamores de ninguno de aquí, el único objetivo que tienen los chicos de aquí es jugar contigo.
— Desde que te conozco, Alexa. Siempre haz dicho lo mismo. Que no hay que confiar en nadie, que esto y que lo otro — Dice ella mirándome fijamente. — Es esa la razón por la que no tienes novio.
— ¿Y las otras razones cuáles son?— Enarqué una ceja.
— Tu apariencia y actitud — Dice ella lo más tranquila posible. — Eres muy seria y no demuestras cariño, además tu ropa parece de la década de los 80's.
Lo pensé todo por un minuto. Stella es De cabello oscuro, ojos con Heterocromía igual que Stephen, aunque un poco más baja que él. Hace unos días se había cortado el cabello. Siempre vestía con minifaldas y vestidos escotados sin importar el clima.
A Stella se le consideraba una chica muy atractiva por el instituto. Su cualidades eran el optimismo, orgullo y carisma. En cambio Chloë era castaña de cabello lacio y ojos miel, era bajita pero con mucha fuerza y caracter fuerte. Y luego me encontraba yo; Castaña de ojos verdes, mi cabello me llegaba hasta la cintura, era ondulado y brilloso, también tenía pecas por mí nariz y mejillas. Y por último era más alta que Chloë y Stella.
Las tres éramos diferentes, tanto físicamente como personalmente. Pero había algo que nos unia a las tres. Un corazón roto.
La primera en sufrir una desilusión amorosa fue Chloë, ella no conocía el nombre del sujeto, pero la pobre había quedado devastada. De hecho siempre traté de descubrir quién fue el desgraciado pero no hubo caso, ya que Chloë me pidió que no hable más del tema.
La segunda fue Stella y el nombre del Sujeto era Carlos, Recuerdo que Stephen se hizo cargo de él. Recuerdo como los padres de ellos dos tuvieron que pagar la fianza y los medicamentos del pobre chico.
Y por último mí desilusión amorosa. Sinceramente no quería verlo ni en pintura, pero gracias a ese chico me dí cuenta que no quería saber más nada de nadie.
— La persona que en verdad quiera algo conmigo, me aceptará tal y como soy. — Contesté al fin, Me escogí de hombros. — Además los chicos que a mí me gustan o mejor dicho me gustaban solo se querían divertir de cierta forma conmigo.
— Es porque le pareces muy inocente, además siempre atraes a los chicos malos. — Dice Stella — Sin mencionar que todo el santo día estás con esos audífonos puestos — Ella señala mis audífonos, los cuales se encontraban descansando en mí cuello.
Miré a Chloë en busca de ayuda pero lo único que hizo fue mirar a Stella para después mirarme a mí.
— Tiene razón.
— Tú vida es, completamente opuesta a las chicas que leo — Me dice Estella, llamando mí atención. — Aquí tú eres la chica mala que no quiere enamorarse pero que espera que su chico malo venga y le cambié de parecer.
— Creo que deberías dejar de leer esas cosas. — Espeté. — No quiero esperar nada, yo soy la que no quiere enamorarse.
— El amor nunca se elige, Alexa. — Río ella.
—. Quizá no, pero eso no cambia mí opinión. El amor es algo bonito, si lo admito pero; — Comento, haciendo una pausa para después continuar. — No todo es color de rosa, las relaciones siempre son narcisistas y casi todo el tiempo te manipulan. Básicamente estás buscando a alguien que te ame tanto como tu mismo te amas a ti. Y eso está bien porque nunca te tienes que conformar con algo menos, Pero las relaciones siempre serán complicadas y poco a poco el sentimiento bonito que tienes por esa persona en especial va desapareciendo.
—. Wow, tu pesimismo es completamente alarmante, Alexa. — Dice Stella cruzándose de brazos y con una mirada sorprendida.
— Si ustedes lo dicen. — Le contesté mirando hacia otro lado.
—. Se que habrá alguien que te hará cambiar de opinión, Alexa. Estoy completamente segura de ello. — Ambas me sonrieron.
las ignore. No quería nada con nadie justamente ahora.
Mis amigas comenzaron a charlar sobre el amor y todas esas cursilerías, y sinceramente no las entendía, ¿Cómo después de una desilusión amorosa ellas querían volver a enamorarse? Yo no lo podía creer, después de todo lo que pasó con esos chicos, ellas querían volver a experimentar que era el amor.
Empecé a guardar mis cosas en mí mochila y me fui sin avisar. No quería llegar tarde a mí siguiente clase.
Había varios chicos jugando al fútbol en el pasillo y mí hermano mayor era uno de ellos. Me puse los audífonos y comencé a caminar. Odiaba el abucheo que me daban cuando pasaba cerca de ellos.
—¡Cuidado!— Escuché como alguien gritaba hacia mí dirección.
Me gire y me encontré con un balón dirigiéndose a mí cara. Sin tiempo para reaccionar el balón me había dado en la cara echándome al suelo. Me tocó la cara y siento un sabor metálico en mí boca. Sangre. Toco mi labio con un dedo y puedo ver mejor. Me habían roto el labio de un balonazo. En eso un chico se acerca a mí y me extiende la mano para levantarme. Estaba a punto de agarrar su mano hasta que elevo mí mirada y lo veo a él.
Al diablo andate llamado Stephen Klein. El ser más detestable que se encontraba en mí vida.
Stephen al ser el capitán del equipo tenia una perfecta condición física, y, usaba esa ventaja, para acostarse con casi todas las chicas de aquí, Aunque él tenía una regla muy respetada por las chicas de aquí: Jamás repetía.
— ¡Tenías que ser tú! — Le Grité sacándome la suciedad de mis pantalones.
— Ven, te llevo a la enfermería. Tus labios no se ven para nada bien. — Se ofreció él, tratando de Agarrarme la mano, pero yo hago un ademán de pegarle un manotazo, haciendo que Stephen rápidamente saque la mano.
— Mira, Klein. Por tu bien espero que mis labios se encuentren bien. — Lo amenazó con mí dedo índice. — Este último mes ya me haz roto el labio más de tres veces.
— ¿Por mí bien? — preguntó en ese acento italiano que tiene. Bajó mí dedo índice para que ya no lo señale.
— Siempre que yo voy caminando lo más tranquila posible TÚ te apareces y me pegas Accidentalmente con cualquier cosa. — Le reprocho cruzándome de brazos.
— No es mí problema que cuando yo arroje algo tu lo detengas con tu estúpida cara. — Me responde este, también cruzándose de brazos.
— Él único Estúpido aquí eres tú .— Le espeto cabreada.
— Ya deja de quejarte y déjame llevarte a la enfermería. — Él intentó agarrarme del brazo pero yo me hice a un lado.
— No necesito tu maldita hipocresía, Klein. — Le contesté y le lancé una mirada fulminante de mí parte.
—¿Ahora soy yo el hipócrita?
— Claro que lo eres. Siempre lo has sido. —Le contesto, con odio. — Ambos sabemos muy bien que yo jamás te caí bien. ¿Y ahora vienes y te ofreces a llevarme a la enfermería?
— Se llama amabilidad, Morgan. — Me contestan con una sonrisa forzada. — Búscalo en un diccionario si no entiendes esa palabra.
— Vete a la mierda.
— Por tu casa no paso ni aunque me paguen.
Exploté.
— ¡Tú jamás fuiste amable conmigo y mucho menos ahora! — Alcé la voz. — Y desde que somos vecinos vives molestándome y haciéndome bromas.
—. Es divertido molestarte. — Admitió, volviendo a su lugar, frente a mí.
Yo aún mirándole mal empecé a sacar un pañuelo de mí mochila para después sujetarme el pañuelo con la nariz.
— ¿Que les pasa? — Preguntó Augusto mí hermano mayor. Augusto y yo nos parecíamos casi en todo, me decían que yo era como una versión de él pero en femenino y no estaban equivocados.
— Es por la culpa del muy idiota de tu amigo. — Le espeté haciendo seña con mí menton que estaba cubierto de sangre seca.
— Fue un accidente, Alexa. — Me contestó él intentando colocar una de sus manos en mí hombro.
—. Augusto date cuenta, de que este idiota no hace las cosas por accidente, las hace a propósito. — Saque la mano de Stephen de un manotazo.
— Deja el drama y vete a la enfermería. — Espetó él, bufando.
— Eres un jodido idiota. — Le espeté, sacándole el dedo del medio antes de irme a la enfermería, al mismo tiempo que sonaba la campana, anunciando el cambio de clases.
⚡
— ¿Que te ha pasado? — Pregunta Danna, la enfermera. Ella se acercó a mí para ayudarme a sentarme en la camilla. Después de varias visitas aquí por culpa de Stephen, Danna y yo nos hicimos buenas amigas.
— Capullo Klein. — Me límite a decirle.
Danna sacudió la cabeza divertida pero no dijo nada, después de unos minutos ella se separó de mí y me miró.
— Bien creo que con eso bastará. — Finaliza ella, tirando el pedacito de algodón con sangre a la basura.
Estaba apunto de tocarme el labio pero un manotazo por parte de Danna me hace cambiar de opinión.
— No te lo toques. — Sus ojos saltones me miran con advertencia.—¿Quieres?— Pregunta ella mientras sostiene el bote con alcohol en gel, en su mano.
Asentí.
— Extiende tus manos. — Le hago caso y ella pone en el medio de la palma un poco de alcohol en gel.
Le agradecí de Danna y con una sonrisa de cortesía me encaminé hasta la puerta de la enfermería.
Un carraspeo me detiene.
— Toma. — Ella Me entrega una tarjeta al darme la vuelta.— Es para que él profesor te deje ingresar al aula.
— Gracias, Danna. — Le sonreí una última vez antes de salir definitivamente de allí.
Salí corriendo de la enfermería. Tras pasar el largo pasillo, llego el momento de subir escaleras arriba para llegar al salón de química. Golpeé un par de veces la puerta para que el profesor Valentín me abriera.
— Llega tarde. — Es lo primero que dice el profesor al abrir la puerta.
— Estaba en enfermería.— Me defendí, dándole la tarjeta.
Con un suspiro, el profesor se hizo a un lado para que yo pasase. Observo el salón, todos estaban sentados en parejas y el único asiento libre estaba al lado de...
Y que me lleve el... Pepino.
—.Tienes un aspecto espantoso.— Susurra él ni bien me siento a su lado.
— Quien tendrá la culpa. — contesté con sarcasmo.— Además ya cállate.— Le espeté, tratando de concentrarme en la clase.
Me giro a ver al salón y todos se encontraban mirándonos fijamente y sin disimulo.
— ¿Por qué nos miran tanto?
— Quizás Porque es la primera vez que dejo que una chica se siente a mí lado. — Me contestó sin dejar de observar al profesor.
— Bien, ahora ahora necesito silencio y que pretendas que no estoy aquí, así se me hace más fácil pasar de ti.
— Voy a fingir que eso no me dolió.— Fingió estar ofendido y se tocó el pecho de manera exagerada — Además, no hablarte es casi imposible, cariño. Estamos juntos en esta asignatura y para hacer este trabajo tenemos que tener una buena comunicación.
— Ni se te ocurra decirme cariño otra vez. — Lo apunté con mi dedo índice por segunda vez. Él levanto las manos en señal de paz.
Levanté la mano.
—¿Sí, señorita Morgan?
—¿Podría cambiarme de lugar?
— Todos eligieron a sus compañeros, así que eso es técnicamente imposible, además como Klein no tenía compañero y usted llego tarde no tendrá de otra que hacer el trabajo con él.
Me hundí en mí lugar.
— Tranquila Morgan, solo será esta asignatura. — Volvió a susurrar él.— Además, mientras estemos juntos aquí prometo no arrojar cosas para que tu rostro no vuelva a resultar herido.
⚡
Al llegar a casa me encuentro con mí tío Víctor y un chico a su lado que reconocería a metros de distancia.
Abrí la boca para hablar pero Augusto se me adelantó.
—¿Jaxson?
Jaxson es nuestro hermano mayor, el cual se fue a vivir a Italia por asuntos de estudio, y que desde ese entonces no venía de visita.
Jaxson era como una combinación de Augusto y mía. Jaxson era serio pero muy amable. De cabello negro y ojos verdes. Tatuajes y cejas con rayas. También era reservado y casi no confiaba en nadie, como yo, pero cuando agarraba confianza te contaba su vida en cinco minutos.
En cambio yo no lo hacía, yo no confía en nadie y tampoco hablaba mucho.
La linda sonrisa de dientes blanco de Jaxson se desvaneció cuando le dije lo siguiente.
—¿Que haces aquí?— Le pregunté.
— ¿No estás feliz de verme? — Pregunto alzando una ceja.
— Por supuesto qué me alegro de verte — Dije para acercarme y abrazarlo.— Es que estoy sorprendida, pensé que no vendrías aquí hasta navidad.— proseguí.
—¿Y perderme el cumpleaños de ustedes? — Pregunta con una sonrisa.— Jamás.
—.Aún falta mucho.— Le contesto Augusto.
— Estoy de vacaciones y sinceramente me aburro en Italia.
— ¿Cómo te puedes aburrir allí? — Le pregunté, mirándole como si de un Alien se tratase. — Yo mataría para irme a Italia por una semana al menos.
Él se rió.
— ¿Pero las vacaciones no empezaban dentro de unos meses? — Pregunto Augusto con el seño fruncido.
— Las mías comenzaron antes, por tener unos de los mejores promedios.
— Mí Sobrino será el mejor Doctor — Comentó el tío Víctor, orgulloso.
— ¿Pero tú no me habías dicho que estabas estudiando arquitectura? —Le pregunté con confusión. Ya qué eso era lo que él nos decía a Augusto y a mí cada vez que hablábamos por teléfono o por chat.
— Su hermano sabe que toda la familia es reconocida por ser una familia partidaria de la medicina.— Mí tío se puso serio. — Su hermano sabe que la carga de firmas de Doctores recae sobre sus hombros y Es por eso que se decidió estudiar medicina. Eso de Arquitectura era solo un capricho inmaduro.
Miré a Jaxson, estaba serio y con la mandíbula apretada. Ya no era el mismo chico de antes, con una sonrisa en los labios. Ahora estaba con una mirada seria y sombría pareciendo infeliz con su carrera.
— Y espero que ustedes sigan el ejemplo de su Hermano. — Dice el tío Víctor mirándonos a Augusto y a mí con una mirada seria.— Y Espero que se graduen con las mejores notas.
— ¿Y que hay de nuestros sueños?
— No importan.
—¿Como que no importan?— Alcé la voz.
— Si este es un intento de convencerme de que te deje estudiar la carrera de Música estás muy equivocada, Alexa — Dice él señalándome con su dedo índice.— Augusto y tú también estudiarán medicina.
— No puedes decirnos que hacer.- Exclamé, molesta. — No eres nadie para decirnos que hacer. Nosotros ya somos mayores de edad.
— No pienso volver a discutir de esto contigo, Alexa.
— Yo jamás permitiré que me arruines mis sueños como lo estás haciendo con Jaxson — Dije como último para después lanzarle una mirada de odio.
Subí a mí habitación y cuando entre cerré la puerta de un portazo. Después me dirigí a la terraza para tomar un poco de aire y también para mirar al cielo mientras lágrimas empezaban a salir. Arrojé mí mochila a un rincón de mí habitación.
Stephen también estaba en su terraza pero sus razones eran otras.
Rápidamente limpié mis lágrimas.
— ¿En tú casa o en la mía? — Preguntó Stephen de pronto.
— ¿Perdón?
— Perdonada — Stephen exhala el humo de su cigarrillo. — Tenemos trabajo de química, ¿No te acuerdas?
— Mierda — Susurre por lo bajo.— ¿Tu melliza está en casa?
—No, salió con unas amigas.— Me contestó él.
— Espérame en la parte trasera de tu patio. —Dije para después ir a buscar mí mochila.
— ¿Que carajos estás haciendo? — Preguntó este con el seño fruncido.
—.Ya deja de hablar.— Desaté las cuerdas para que una escalera caiga al piso sin hacer mucho ruido.
Me coloqué la mochila, para acto seguido sacar una pierna por la barandillas, después saque la otra y, después de eso empecé a bajar por las escaleras.
— ¿Salir? — Le conteste por fin mientras bajaba por las escaleras.
—¿Y por qué no bajas por las escaleras principales de tu casa?
— ¿Y por qué no te callas de una vez y haces lo que te pedí?
Este no dijo nada y de un momento para otro desapareció de mí vista.
Al bajar la escaleras por completo, cruzo la calle y me dirijo al patio trasero de los Klein. Donde se encontraba Stephen Con un cigarrillo en la mano.
— Cómo odio el olor del cigarrillo — hice mala cara y tomé el cigarrillo que tenía en la mano para tirarlo al suelo y pisarlo. — Si sigues así terminaras con cáncer de pulmón.
— Solo fumo cuando estoy estresado.— me contesta, entrando a su casa. — Oh cuando tengo ansiedad.
— Por si no lo sabes el cigarrillo te aumenta la ansiedadm— Le contesté siguiéndolo.
— Por si no lo sabes, me importa una mierda tu opinión.
Al llegar a la sala puedo ver los sillones de siempre, eran en forma de L y también vi la mochila de Stephen en un rincón de la sala.
Los dos tomamos asiento.
— Debemos hacer un ensayo de todas las reacciones químicas. — Dice él mientras saca su laptop de la mochila y la colocó sobre su regazo.
— Ya sé que es lo que tenemos que hacer. — Suspiré, revoleando los ojos.
— ¿En serio? Eso no parecía cuando te dije que teníamos tarea hace un par de minutos.
— Estaba pensando en otra cosa.
— Bien será mejor que eso no influya en nuestro trabajo, no quiero sacarme un alcanzo por tu desconcentración.
⚡
Cuando ya habíamos terminado de hacer el trabajo mí teléfono había empezado a sonar como loco, yo le cortaba pero este a los pocos minutos volvía a llamar.
— Si no le contestas tú, lo haré yo.— Me advierte, mientras seguía con la vista en su laptop. Le estaba mandando el trabajo al profesor.
Al ver que no tenía opción, opte por contestar la llamada.
— ¿Sí?
—¿Alexa dónde carajos estás? — Era Augusto.— entre en tu habitación y no estabas.
— es que me torcí el tobillo .— Le contesté, captando la atención de Stephen.— Intenté bajar la terraza por las escaleras y sin querer hice un mal movimiento.— Me cubrí la nariz con un dedo para no empezar a estornudar ya que cuando mentía siempre me agarraban ataques de estornudo.— Estoy en el hospital.
Stephen se rió por lo bajo y negó con la cabeza, pero no dijo nada.
—¿Y por qué no me llamaste?— Pregunto él mientras suspiró a través del teléfono.
—.Porque estaba ocupada.—Me levanté del sillón y mire por la ventana de la sala.— Ya sabes: Torcerse el tobillo es algo serio, además la enfermera tardo en vendarme el tobillo.
— Voy para allá. — Y en ese momento, Augusto y Jaxson salieron rápidamente de la casa y se subieron al auto.
Regresé a mí lugar con una amplia sonrisa.
— Eres mala.— Stephen sonrió.
Me escogí de hombros, no me importaba, Necesitaba ser mala aunque sea una vez con mí hermano, además él siempre lo era conmigo.
— Ya le envié el trabajo al profesor Reed. — Dice él levantándose del sillón. — Me voy a la cocina, ¿quieres algo?
—¿ Desde cuándo eres amable conmigo?
— ¿Quieres algo o no?
Me quedé callada.
— Tú silencio es un sí.— Se levantó del sillón para ir a la cocina — Ahora levanta tu trasero y sígueme.
Stephen Klein, no era mí persona favorita, es por eso que no quería pasar tiempo de calidad con él. Sin embargo no era buena idea regresar a casa, además estaba hambrienta, y ese fue uno de mis principales pensamientos, para empezar a seguirlo hasta la cocina.
Al terminar de hacer los sándwiches, Stephen y yo nos acercamos a la mesa para sentarnos a comer. Antes de que yo acerque el sándwich a mí boca, mí teléfono empieza a sonar. Era Augusto, espere y conteste al quinto timbre.
—. Ahora sí cruzaste la línea Alexa Morgan.
— Ni siquiera sé cómo te lo pudiste llegar a creer. — Le contesté mientras tenía el sándwich en mí mano. — Solo piensa hermanito: Si yo me hubiese torcido el tobillo medio mundo se hubiera enterado por mí grito, además como me iría con el tobillo torcido hasta el hospital.
— Pudiste llamar a una ambulancia.
—Si mí memoria no falla las ambulancias no aparecen de la nada y mucho menos sin hacer ruido — Le contesto mientras mastico un pedazo de mí sandwich.
— ¡¿Cómo mierda se te ocurre hacerme esto, Alexa?! — Grito Augusto a través del teléfono. Alejé el teléfono de mí oreja por unos segundos.
— Me debes demasiadas cosas, Augusto. — Le contesto. — El que yo te devuelva una de las doscientas cosas que me debes no es para tanto.
— Estás loca.
— Vaya, lo anotaré en mí libretita de cosas que me valen mierda — Le contesto para acto seguido colgarle.
— ¿Ahora por qué estás enojada con Augusto? —Me pregunta con su último trozo de sandwich en la mano.
— Por colocarle tintura amarilla a mí acondicionador. — Lo mire. — Y por no respetar mí espacio personal.
— ¿Que le haz hecho tú para que le pusiera tinte amarillo a tu acondicionador?
— ¿También quieres que te haga la guerra fría? — Invadi su pregunta.
El alzó las manos en señal de paz.
— Retiro lo dicho.
Bufé.
— Sobre bromas pesadas. — Le comenté captando su atención. — Ya que tú sabes sobre eso ¿me podrías decir alguna?— Le pregunté.
— Y que me devuelvas todas las que te debo, de ninguna manera. — Se niega él mientras le da un sorbo a su malteada.
— En realidad, no son para ti. — Le contesté.— Son para mí hermano.
— En ese caso, lo pensaré.
— Bien.
Después de unos cuatro minutos en silencio por fin me animé a volver a hablar.
— ¿Listo?
— ¿Listo, qué?— Frunció el entrecejo.
— Ya han pasado cuatro, casi cinco minutos. Creo que ya te dí demasiado tiempo para pensar.
— Si que eres insistente.— Masculló.
— Lo que pasa es que yo si sé que es lo que significa la palabra "lo pensaré." Las personas lo dicen cuando no piensan hacer lo que le pides — Le contesto cruzada de brazos.
— Entonces en tu caso, cuando tú le pides a un chico salir, ellos te dicen, "lo pensaré." Creo que eso te pasa con frecuencia.
— No estoy interesada en los chicos. — Le contesté mientras miraba al suelo.
—¿Eres un Alien? — Preguntó él abriendo los ojos de par en par.
— No seas idiota. Solo que me cansé de ustedes. Son muy imbéciles.
— No todos somos iguales, Morgan.
— Claro que no lo son, unos son peores que otros.
— Eres muy pesimista.
— Lo sé, tu melliza me lo dijo hoy — Le contesto mientras reviso mí teléfono, había una cantidad de mensajes por parte de Augusto y Jaxson. — Además te diré algo, no pienso cambiar como soy para gustarles a un chico, el indicado me aceptará tal y como soy. — Le dije para esta vez apartar la vista de mí teléfono y mirarlo a él. — Además odio los estereotipos que está sociedad de mierda que han creado tanto para hombres y mujeres. Y ni hablar de los prejuicios.
Sobre los mensajes de mis hermanos, contesté a uno solo, que fue el de Jaxson preguntándome dónde estaba.
Le respondí y le dije que me encontraba en la casa de Stephen haciendo un proyecto.
— Pareces cansada de la sociedad.— Dijo él elevando ambas cejas.
— Estoy cansada del amor. — Le corregí dejando mí teléfono de lado. — Eso no es lo mío.
— ¿Y que es lo tuyo?
— La música.— Le contesté. Sonreí sin mostrar mis dientes — Yo no puedo hacer nada sin la música.
— Ya veo, se ve que amas la música.— Comentó, señalando mis audífonos, los cuales se encontraban en mis hombros.
— Uso la música para todo. — Le informé. — A veces no puedo creer que una simple canción me cambié mí estado de ánimo. Se que pensaras que estoy loca pero yo no puedo estar sin música.
— Se que estás loca pero no sabia que por eso. — Me miró de forma divertida.
Le miré mal.
— Estoy de acuerdo contigo.— Comentó segundos después, mientras me miraba.— A mí también me gusta mucho la música, como a ti.
— ¿Tocas algún instrumento? — Le pregunté con interés.
— Sí, la batería y la guitarra eléctrica. — Me contestó él con una sonrisa. — ¿tú Tocas algún instrumento?
— Algo de piano y guitarra eléctrica también, aunque tengo que mejorar.
— Déjame adivinar, te gusta el Rock y si le Acierto "The Queen."
Asentí con la cabeza.
— Bueno creo que es en lo único que tenemos en común. A mí también me gusta Queen. — ¿Que tipo de rock te gusta?
— El alternativo. — Le contesté.— Como The Neighbourhood y Arctic Monkeys.
— Si, a mí también me gustan esas bandas. — Me contestó en un Susurro.
— Bien, ya nos desviamos del tema.— miró hacia la nada. — Si quieres que te diga las bromas tendrás que venir dos veces por semana aquí. De preferencia cuando no venga mí novia aquí y no esté mí hermana. O también puedo ir a la tuya.
« ¿Novia? ¿Desde cuándo? »
—Vendré cuando, ni mí hermano, ni tu melliza y mucho menos tu novia estén aquí.— Asentí. — ¿Pero por qué solo dos veces por semana?
— El hecho de que tú no tengas vida social no dice que yo no lo tenga.— Contestó este mientras se escogía de hombros.
— Perdona por no conformarme con cualquiera. En ese caso no nos parecemos en nada, tu prefieres cojer con tu novia o con cualquier chica y yo prefiero una y millones de veces estar encerrada en mí habitación leyendo o escuchando música. — Le espeté abrazándome a mí misma.
— Tampoco soy muy mujeriego ahora, Alexa. — Me sonrió. — Ahora me interesa alguien y no la quiero embarrar.
« Ajá y yo vuelo »
— Si tú lo dices.— Le contesté tratando de no reírme.
— ¿No crees que deberías quitarte eso de tu rostro? — Preguntó, señalando mi rostro.
— Tú tienes la culpa por lanzarme un balonazo
— Dije mientras me levantaba de la silla para ir al baño de la planta alta.
Stephen me siguió.
— Entonces no te molestaría si te ayudo.
Nosotros entramos al baño y nos paramos frente al espejo para lavarnos las manos.
— Espérame aquí. — Stephen sale del baño en busca de algo, para Después de unos minutos volver, pero con un botiquín en las manos.
Este deja a un lado el botiquín y se acerca a mí, para sacarme la gasa que tenía en mí labio pegada con una cinta de papel.
— Ni se te ocurra. — Le advertí, al ver como tenía cierta intención de sacarme la gasa con la cinta de un tirón.
— Tranquila no te haré nada. — Sonrió mientras se acercaba cada vez más a mí. Stephen era más alto que yo, tanto que tenía que alzar las barbilla para mirarlo.
Stephen me sujetó del mentón y con cuidado empezó a sacar la gasa.
—¿Ves? — Me observó con una sonrisa después de sacarme la gasa.— No te he hecho nada y dudo que hayas sentido algo.
Me miré al espejo, no había sentido nada.
— No sentí nada.
— Bien, entonces para la otra te saco la gasa de un tirón. — Este miró hacia otro lado, tratando de no reírse.
— ¡¿Cómo que para la otra?! — Le espeté cruzando mís brazos. — Me llegas a golpear de nuevo con cualquier otro objeto y te juro que te rompo algo por la cabeza.
— Hey, calma. — acomodó sus dos manos en el aire mientras me sonría.— Trataré de no arrojar más cosas por los aires para que tu no resultes herida.
Me mire en el espejo. Mí labio estaba sangrando un poco, yo me volteo y miro a Stephen él cual se encontraba mirándome con un pedazo de gasa en la mano.
— Toma. — Me extendió su mano con un pedazo de gasa. — Trata de Presionarte la gasa en la herida.
Y eso hice mirándome en el espejo, Stephen saco su teléfono del bolsillo y empezó a revisarlo, se apoyó en el marco de la puerta y su cabello oscuro cayó por la posición en la que se encontraba
— ¿Sabes a qué hora viene Stella? — le pregunté haciéndome la desentendida, mirando hacia otro lado.
Él se escogió de hombros.
— No lo sé. — Me contestó Stephen sin importancia. — ¿Quieres ir a mí habitación a....?
— No, respeta un poco a tu novia, Klein.
-¿.....Enseñarte mí guitarra?— Preguntó él terminado la frase.
Me doy una cachetada mental, que idiota me he vuelto últimamente.
— Claro. — Fue lo único que dije antes de tirar la gasa en el tacho de basura.
Cuando entramos a su habitación la pude ver mejor. Las paredes eran negras y había una cama matrimonial en el medio del lugar, también había algunas guitarras eléctricas colgadas en la pared y varios pósters de The Queen y The Neighbourhood. Había un armario enfrente de la cama y un sillón de color gris que se encontraba en la esquina de la habitación. También había un gran ventanal. Apuntando los últimos rayos del sol al sillón.
Al entrar oigo cómo Stephen cierra la puerta detrás de él. Él cruza la habitación a grandes pasos hasta que toma una de sus guitarras y vuelve hacia mí con una de color rojo en sus manos.
— Ven, siéntate.— Me dijo él, palmeando el lado vacío que se encontraba al lado suyo.
Me senté a su lado y él me entrego la guitarra poniéndola en mí regazo.
— Venga, toca una canción.— Dijo él, recostando en el cabecero de la cama.
— Nunca había tocado frente a alguien.
— Entonces cierra tus ojos e imagina que estás sola en tu habitación.— Sugirió, mientras me miraba con atención.
Asentí un poco dudosa, yo cerré mis ojos y respiré profundo para después Exhalar y armarme de valor para poder tocar de una vez.
Después de unos minutos empecé a cantar y tocar la guitarra con la púa de color vino que me había dado Stephen hace unos minutos antes de empezar a tocar la guitarra.
Al terminar de tocar abrí los ojos y me encontré con Stephen mirándome fijamente con una sonrisa.
— Debo de admitirlo, cantas muy lindo...
-— ¿Pero?
— Debes afinar un poco más las cuerdas, no es algo que tú no lo puedas lograr, es solo cuestión de práctica;- Stephen hace una pausa muy larga, tanto que me hizo creer que no iba a agregar más nada. — Tampoco sabías que cantabas.
— Es algo muy reservado para mí. — Le contesté mientras admiraba la guitarra con fascinación. Mientras observaba a la guitarra podía sentir la mirada pesada de Stephen sobre mí, pero no le tomé importancia.
Dejé la guitarra en la cama y me dirigí a la ventana de la habitación. Enfrente se encontraba mí habitación. Y ya casi era de noche. Las luces de mí habitación estaban apagadas y el tono anaranjado del sol era lo único que alumbraba un poco mí habitación.
— Espero y no me estés espiando mientras me cambio o canto como loca alguna de mis canciones favoritas.- Le dije bromeando mientras me giraba a verlo. Stephen se encontraba parado detrás de mí.
— Espiar a la hermana de mí mejor amigo no está en mis planes. — Me contesta poniéndose a mí lado. — Eres mí vecina, sí. Pero no eres mí tipo. — Prosiguió mientras metía sus manos en los bolsillos de su pantalón. — Además, no estoy casi siempre en casa y cuando no salgo me limito a escribir canciones o tocar mí guitarra.
— ¿Puedo leer tus canciones?
— Ni lo pienses.
— ¿Alexa? — La Voz de Augusto hace que mire por la ventana. A lo lejos se le podia ver, tenía el seño fruncido y una mirada confusa.
Stephen y yo miramos por la ventana y vimos como Augusto se encontraba en la terraza de mí habitación.
— ¿Se puede saber que carajos haces chusmeando en mí habitación? — Le pregunté de brazos cruzados y con el seño fruncido.
— ¿Se puede saber que carajos haces en la habitación de mí mejor amigo?— Contraataco él, también de brazos cruzados. Yo deje de fruncir el seño y puse una cara enojada.
— Sabes que odio que invadas mí privacidad, Dante. — Le contesté llamándolo por su segundo nombre. — Así que salte de mí habitación, ¡pero ya! — Le dije levantándole un poco la voz. Yo me di vuelta y salí de la habitación.
Stephen bajó detrás de mí.
— ¿Dante? — Preguntó Stephen con una mirada confusa.
— ¿Nunca te dijo su segundo nombre?— Le pregunté con una sonrisa burlona.— Gracias por ayudarme a sacar la gasa de mí labio y por no juzgarme al tocar tu guitarra y cantar.— Le agradecí, soltando una pequeña risa. Yo guarde mis cosas en la mochila me la colgué en el hombro.
—.Gracias por tenerme paciencia.— Me sonrió.
—.No te tengo paciencia, solo fue por el proyecto. — Le contesté. — Mañana seguiré siendo la misma contigo.— Le contesté saliendo de su casa a paso lento y tranquilo. Podía sentir la mirada punzante de Stephen, deformando mí espalda.
— ¿Estás saliendo con mí mejor amigo? — Preguntó Augusto ni bien cerró la puerta detrás de mí. Yo pegue un brinco por el susto.
— ¿Cuántas veces te dije que no te escondas atrás de la puerta? —Le pregunté tocando mí pecho de manera exagerada.
— No te hagas la tonta y contéstame.— Su mirada me analizó con detenimiento aunque después su mirada cambió a una amenazante.
— Claro que no. — Le contesté mientras subía las escaleras, rumbo a mí habitación.— Y si salgo con él o no, no es tu problema — Le espeté.
— Alexa, espérame. — Me pidió, mientras me sujeta del antebrazo, yo me zafo de su agarre y le cierro la puerta en la cara. Al cerrar la puerta detrás de mí puse mi oreja en la puerta, para escuchar la conversación que tienen Jaxson y Augusto, pero después empecé a mirar por el pequeño agujero del cerrojo de la puerta.
— ¿Que pasa? — Pregunta Jaxson acercándose a Augusto de forma lenta.
— Creo que Alexa y mí mejor amigo tienen algo. — Dijo Augusto cruzándose de brazos mientras esperaba la respuesta de Jaxson.
— No es así. — Le contestó Jaxson imitando la acción de Augusto. — Ella me dijo que estaba en casa de Stephen haciendo un proyecto.& Además tu sabes cómo es Alexa, ella no cree en él amor después de lo que él le hizo. — Prosiguió Jaxson. — Además, también sé que Stephen y Alexa se odian.
— Como digas. — Eso fue lo único que le contestó Augusto, un silencio grande inundó el pasillo de la planta alta, pero Augusto habló de nuevo.— Además, no creo que sea buena idea de que Alexa y Stephen salgan, aparte no creo que Stephen sienta algo por Alexa, lo conozco, él no sabe que es el amor.
— Stephen es tu mejor amigo, ¿No? — Le preguntó Jaxson con una sonrisa burlona.
Augusto asintió.
— ¿Y tu mejor amiga su melliza? — Le volvió a preguntar Jaxson con la misma sonrisa de antes.
Augusto jamás me había dicho que era amigo de Stella, ni Stella tampoco. Se me hacía raro ya que cuando nos juntábamos en mí casa ellos dos ni se miraban y ni se dirigían la palabra.
— No, mí mejor amiga siempre será Chloë.
¿Me había perdido de algo o que?
— Ya veo. — Le contestó Jaxson con la mandíbula ligeramente apretada.
— Bien, Chloë se alegrará cuando le diga que regresaste. — Augusto centró su mirada en Jaxson.— Te dejo, quedé con Stephen hace unos minutos. Nos vemos más tarde.— Le informó a mí hermano, como último para después bajar por las escaleras.
Salí de mí habitación.
— ¿Tuviste problemas con Chloë antes de irte? — Le pregunté mientras lo miraba con cierta curiosidad.
— No sé de qué me hablas — Me contestó Jaxson mientras se hacía el desentendido.
«De los dos no consigo ni cinco euros »
—¿Quieres dejar de mentirme?, lo haces muy mal. — Le espeté mirándole mal.
— No te estoy mintiendo, ¿De que estás hablando? — Contestó, sin mirarme a la cara. Estaba nervioso.
— Nunca fuiste disimulado, Jaxson.
— Solo estoy un poco cansado. — Me dijo mientras se rascaba la cabeza con pereza.— el vuelo se me alargó mucho, lo mejor será que me vaya a dormir.
— ¿No cenaras? — Le pregunté, yo eleve mis cejas.
— No tengo hambre, pero gracias.— Me contestó para acto seguido encerrarse en su habitación.
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¡Holaaa! Soy Fiore y Espero que les haya gustado el primer capítulo de mí novela.
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Gracias. 🫂