Psíquico

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Sinopsis

Lenny un joven universitario cuya vida solo gira entre sus estudios, su madre y amigos, quien, a falta de tener más familia, siempre ha podido contar con su mejor amiga para absolutamente todo, incluso para su vida amorosa. Hasta que la vida de Lenny da un giro completo cuando un accidente lo deja al borde de la muerte, pero este más que ser un accidente es la puerta a una guerra de la que él ha sido parte desde antes de su nacimiento. Ahora Lenny tendrá que aprender a usar sus recién descubiertos poderes psíquicos y todo lo que puede hacer con ellos, para enfrentarse a los demonios que amenazan su de por sí maltratada ciudad. Lenny deberá luchar con todas sus fuerzas contra un enemigo que desconoce, pero que tiene la mitad de la guerra ya ganada, él es quien deberá poner fin, pero será que lo logrará o su enemigo será tan poderoso que nuestro protagonista se sumará la larga lista de guerreros derrotados. El amor, el pasado, y el valor se unirán en esta emocionante historia que abrirá las puertas a un mundo completamente nuevo.

Estado:
Completado
Capítulos:
15
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prologo


El sol apenas se estaba ocultando, el atardecer que se cernía sobre su cabeza le producía más nostalgia que alivio, el final de una pequeña vida feliz se acercaba, y lo que más deseaba era que el tiempo se detuviera para tener más horas junto al pequeño niño que sonreía feliz entre sus brazos, agitando sus pequeños bracitos para llamar su atención, bajo su mirada y le sonrió a su hijo la única razón en el mundo para hacer todo lo que estaba a punto de sacrificar. Frente a él se levantaba esa pequeña casa de jardín amplio que se había vuelto familiar en los últimos meses, ella la había comprado solo para estar cerca de ese niño que vibraba de felicidad sin saber que el destino que le aguardaba era quizás el principio del fin de demasiados eventos acumulados por demasiados miles de años. Muchas veces se preguntó cuál era el motivo de su existencia, cuál era el motivo por el cual ese hombre que tal vez era lo más cercano a un padre por horrible que sus recuerdos pudieran describir, pero tal vez así era, en aquel momento, claro está. Pero ahora con su hijo en brazos y con una sola posibilidad en mente; el fin de una pesadilla que había durado ya demasiado tiempo.

Mientras esperaba que las personas que estaban dentro de la casa salieran y pudiera entrar para por fin dejar su última pieza en este siniestro tablero de ajedrez que ese hombre había armado. Quizás irse y desaparecer tal vez para siempre no era lo más apropiado, pero hasta los momentos ese era el único buen plan que de verdad tenía en mente, aunque desparecer y dejar a su único hijo a la deriva sin saber si de verdad va a poder lograr el fin por el cual nació ¿era buena idea?

"- Ella abrió la puerta para el final de esta guerra, pero es una puerta con doble camino. – le había dicho la vidente que consulto hace casi cuatro años.

- ¿Qué clase de puerta tiene dos caminos? – le había preguntado.

- La que tiene dos cerraduras, esta puerta debe ser abierta por la llave correcta.

- ¿Y cuál es la llave correcta?

- La que aún no has creado."

Al principio no sabía de lo que estaba hablando incluso creyó que era una puerta real, creyó que era una puerta física o que por lo menos era un arma que tendría que aprender a forjar. Pero ese catorce de marzo lo entendió todo, supo que su hijo era la llave que el mundo estaba esperando para por fin ganar una guerra contra el ser más oscuro y perverso del mundo.

Por divagar en sus pensamientos no se dio cuanta cuando la pareja que había entrado a la casa de su amiga de años había salido, la mujer llevaba puesto un hermoso vestido rojo sencillo como de una ama de casa, pero muy bello. Ella llevaba un niño en brazos y su expresión era de tristeza de pena, el niño parecía dormido, esperaba que estuviera dormido porque de lo contrario, quizás la visita que le hicieron a la psíquica que vivía en aquella casa era seguramente una visita muy triste. La pareja salió de aquella casa, casi como queriendo desparecer como si les hubieran dado muy malas noticias.

- Es triste todo lo que uno llega a saber en esta vida. – volteó su rostro para ver a Liseth, eran amigos desde hace años cuando se conocieron en Praga, al principio no confiaban uno en el otro, pero con el paso del tiempo aprendieron a ser casi como hermanos.

- ¿Que les paso a ellos? El niño parecía dormido, pero…

- Está dormido, pero el niño es especial y los padres quieren reprimir eso que lo hace especial, no para todos es fácil tener un hijo psíquico.

Y era cierto, en un mundo dominado por lo religioso, las antiguas costumbres que aun prevalecen son bastante mal recibidas. En otra época tener un hijo especial como lo era ese niño hubiera sido una alegría porque eso le aseguraba a la familia un cambio de vida para mejor, pero en la actualidad, recibir una noticia como esa era tan desagradable como que te digan que tu hijo es un potencial asesino.

- Vine a despedirme, y a que lo conocieras. – dijo mientras señalaba de manera expresiva su hijo.

- Sigo pensado que irte no solucionará nada, él te encontrará, podría matarte, y sabes que no tienes el poder para enfrentarlo, no directamente.

- Lo sé, pero será la única forma de que me siga a mí y no vaya tras mi hijo. Lo último que quiero es que mi hijo sufra por mi culpa.

- Igual sufrirá, cuando perdí a mis padres sentí que el mundo se me venía abajo, sé por experiencia que perder tan solo a uno de tus padres es quizás una de las cosas más dolorosas que un hijo pudiera pasar.

- Sabes lo que me dijo Baba Vanga. – Liseth ladeó la cabeza respondiéndole de manera negativa. – Que él era el único que podría acabar con esta guerra, que tú creaste la puerta para su destrucción y que yo crearía la llave.

- ¿Debería sentirme consternada por el hecho de que ves a tu hijo como un arma?

- No me malinterpretes, Liseth. No veo a mi hijo como un arma, lo veo como una esperanza. Esa es otra razón por la cual he venido. Tú creaste la profecía. Quiero que me la repitas por favor.

Liseth no sabía muy bien porque quería escuchar una profecía que tal vez ni siquiera tuviera un verdadero efecto, ella la había creado como último recurso en esta interminable guerra, pero realmente no estaba segura de que de verdad funcionara, pero aun así se la repitió.

- El día de su muerte Aqueronte no vendrá por su alma, pues está destinada regresar como espectro de venganza, sin cuernos, pero venido de entre el infierno, se convertirá en la espada que atravesará el corazón del demonio que camina entre los hombres, y mil días después reclamará su eterna victoria. Pues su enemigo desde antes de su vida y muerte lo habrá marcado como su rival, y como su igual.

- Este niño aún le falta mucho por saber, pero prométeme que cuando sea el momento tú le enseñaras todo lo que debe saber.

Aún con todas las dudas y sintiendo el peso de las palabras que acababa de mencionar tomó por primera y única vez al niño que feliz e inocente de todo lo que ambos adultos hablaban sonreía como si nada malo pasara, al verlo a los ojos, esos ojos castaños que ella rogaba que no se empañaran con la tristeza de los días tan difíciles que se aproximaban.

- ¿Qué harás ahora?

- Iré al Salvador, un amigo dice que tiene algo que yo he estado buscando.

- ¿Y eso es?

- Creo que has escuchado hablar de la daga de San Bernandino.

- Sí, la llaman la daga del verdadero amor. ¿pero qué quieres con eso?

- Un conocido me la cambiará por un favor.

- ¿Qué clase de favor?

- Digamos que es como un seguro de vida, para que nunca logre poner sus manos encima de mí o de mi familia.

- Dime una cosa ¿Qué pasara con tu familia? ¿Qué les dirás sobre tu partida?

- Nada, para eso necesito que me des unos de tus encantamientos, para modificar la memoria, así creerán que me fui por otros motivos. Es lo mejor, ellos no deben saber la verdad, por lo menos no ahora, en especial él. – decía mientras veía al niño que aún estaba en los brazos de su mejor amiga.

- Veo que no te podré persuadir. Quizás tenga algo de eso, pero de los efectos adversos no me hago responsable, el cambio de memoria no es algo que se pueda hacer a voluntad, la mente decide que creer y como rellenar los espacios vacíos.

- Lo sé y no me importa lo que terminen creyendo, con tal de que estén bien, seré feliz. – se quedó mirando al horizonte, viendo como la pequeña zona que en un futuro se vería completamente urbanizada, pero que ahora solo estaba en construcción, con unas pocas casas ya terminadas, se alzaba de manera simple pero esplendorosa. – Esta ciudad es hermosa, al igual que el resto del país. Me parece increíble que hubo un tiempo en que no quisieras estar aquí.

- Venezuela sigue sin ser para mí el país ideal.

- ¿Y cuál sí?

- Ninguno, sentir apego a algo no es mi estilo y lo sabes, me quedo aquí porque soy de utilidad, y ahora que tu hijo según tú es nuestra última esperanza, debo quedarme más tiempo.

- Que cruel eres, yo sigo pensando que es un hermoso lugar para vivir.

Los dos se quedaron observando como al fin, la noche tomaba posesión de la ciudad, y como los sonidos de la misma cobraban vida en la penumbra, quizás para otras personas el lugar a esas horas de la noche les daría miedo, pero para personas como ellos que han enfrentado demonios y seres espectrales, lo menos que les preocupaba era la infinita obscuridad nocturna, pues sabían que los verdaderos males del mundo caminaban a plena luz del día.

Tomó a su hijo en brazos y se encaminó a su hogar, mientras tranquilamente tarareaba una canción que evocaba sentimientos que incluso para Liseth una mujer sin ningún tipo de apego a nada provocaba una emoción entre felicidad y nostalgia. Quizás ese país no fuera su tierra natal, pero era la tierra que le dio a luz a su hijo, lo que más amaba en todo el mundo, y tan solo por eso amaba esa tierra como nunca amó la suya propia.