Prólogo
Las personas viven engañadas, no hay verdad que no lleve una mentira, o viceversa no hay mentira que no tenga una pizca de verdad.
¿Es real? o solo una triste ilusión.¡Nunca lo supe!, no tuve el tiempo para pensar si todo fue parte de mi imaginación. Solo me di cuenta que caí en la tentación, fue demasiado tarde para mi porque caí ...
tan bajo como si del subsuelo se tratase.
Ignorar las señales es algo de lo que no puedes dar lujo, el peligro a la vuelta de la esquina siempre está. No, no lo mires, mantente lejos que siempre al acecho se encuentra.
Dicen que la curiosidad del ser humano puede llevarlo a hacer actos que lo pongan en riesgo, sí, como aquella frase que dice "La curiosidad mató al gato" y lo cierto es que así es, nos empeñamos en llegar la contra a todo con tal de saber, que no nos importa nada más que ello, porque "Al menos el gato murió sabiendo".
Nuestra curiosidad puede ser un vicio tan grande e insaciable que nos ciega la racionalidad, nos vuelve un mar de dudas, de preguntas esperando por responderse.
Tenía tanta curiosidad de él, sobre "su mundo" que no me importó perderlo todo con tal de vivir la emoción de conocerlo. De saberlo todo sobre él.
Bien lo dicen, que las reglas existían por algo, solo un par de reglas para evitar caer en el juego de la perdición.
1. No subir a la montaña.
2. No nombrarlo.
3. No pensarlo.
4. Huye si está cerca.
Y es que nadie lo conoce, nadie sabe que nada en absoluto sobre el ser de ojos hermosos, dientes con filosos colmillos y piel tan pálida. Solo sé sabe que cuando lo tienes cerca caes rendido ante él, sediendo a todo, como si bajo un efecto se tratara.
Siempre dicen:
¡Cuidado! Podrías caer en el efecto Raghnall.








