𝐏𝐑Ó𝐋𝐎𝐆𝐎
Ashley
Lunes, 8 de junio de 2026 (Twin Falls)
Mi vida no tenía nada de especial. Solo era una chica que estudiaba una carrera de tecnología con la esperanza de mejorar la informática del futuro. Pero entonces algo cambió. Algo que jamás habría querido que sucediera.
Aquella noche me fui a la cama preocupada por un examen que debía aprobar sí o sí para poder continuar con mis estudios. El estrés me invadía y, como tantas otras veces, me costaba conciliar el sueño.
Estaba tumbada boca arriba, con los ojos cerrados, dejando que mi mente divagara en una historia inventada en la que yo era la protagonista y, de forma inexplicable, aparecía un chico atractivo para salvarme. Sonreí sin darme cuenta y abrí los ojos para contemplar el techo de mi habitación.
—Qué infantil soy… —murmuré mientras me acomodaba en la cama—. Nunca encontraré a esa persona… —me froté los párpados con ambas manos—. Como se lo cuente a mis padres... — reí en silencio.
En ese instante, un ruido procedente de la planta baja me sobresaltó. Giré la cabeza de inmediato hacia la puerta.
—¿Ya están despiertos? —me incliné hacia la mesilla para mirar la hora—. Pero… si son las cuatro de la mañana… —susurré, extrañada.
Me levanté descalza y avancé hacia el pasillo. El frío del suelo me recorrió el cuerpo, erizándome la piel. Me acerqué con cautela a las escaleras y comencé a bajarlas lentamente. Los ruidos se hacían cada vez más evidentes en la oscuridad de la casa.
—¿Papá? —apoyé la mano en la barandilla y miré hacia la derecha. La puerta del comedor, que siempre manteníamos cerrada, estaba completamente abierta—. ¿Mamá?
Un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Aquella sensación no me gustaba nada.
De pronto, algo de cristal se rompió dentro del comedor. Sin pensarlo, avancé hasta el marco de la puerta y miré al interior.
—Pa…
Una sombra cruzó a gran velocidad delante de mis ojos. Me eché hacia atrás de forma brusca.
—¡Papá! —grité con todas mis fuerzas mientras caía al suelo, sobresaltada—. ¡Mamá!
Una figura humana se detuvo justo bajo el marco de la puerta. Sus ojos, completamente blancos, se clavaron en los míos. Me quedé paralizada al verla avanzar hacia mí. Las manos me temblaban sin control y la respiración se me entrecortaba.
—Ma-mamá… —susurré mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse por mis mejillas.
Cada vez estaba más cerca. Caminaba de una forma extraña y murmuraba palabras ininteligibles. Cerré los ojos con fuerza, esperando que todo terminara.
—¡Ash!
Abrí los ojos de golpe y dirigí la mirada hacia las escaleras. Mi hermano Ethan estaba allí, paralizado, observando a aquella cosa frente a mí.
—¡Ethan, aléjate! —extendí el brazo hacia él.
De repente, una mano se aferró con fuerza a mi hombro.
—¡Aléjate de ellos!
Un grito de mujer resonó por toda la casa, seguido de un golpe seco. Mi madre había golpeado a la criatura en la cabeza con un bate. El impacto lo desestabilizó, pero al soltarme, sus uñas se clavaron en mi piel, desgarrándome el cuello y arrancándome un grito de dolor.
—¡Ashley, huye con tu hermano!
—¡¿M-mamá?! —me llevé la mano al hombro herido—. ¡¿Qué está pasando?!
—¡Hazme caso! —gritó mientras volvía a atacarlo. Pero la criatura reaccionó con rapidez y atrapó el bate entre sus manos.
—Ma…
De un solo movimiento, el monstruo apartó el bate y lo lanzó al suelo. Después, agarró a mi madre por el cuello con fuerza, mientras ella luchaba desesperadamente por liberarse.
—Ashley… corre… — pronunció con dificultad.
Todo sucedió tan deprisa que sentí como si el corazón se me detuviera. Como si algo dentro de mí se rompiera al oír el crujido. Su cuerpo cayó sin vida sobre el suelo de la entrada. Un enorme agujero ennegrecía su pecho.
—M-mamá… — mis labios temblaron al contemplar su cuerpo inerte. Las lágrimas me nublaban la vista.
—Ash…
La voz de mi hermano me sacó del trance. Lo miré, sintiendo cómo la desesperación se apoderaba de mí.
Volví a fijar la vista en mi madre, pero entonces algo en el suelo me heló la sangre. Su corazón. Rodeado de un charco de sangre, palpitaba débilmente, como si aún luchara por seguir con vida.
No podía permitir que Ethan viera aquello. No podía dejar que también le hicieran daño.
—¡Ethan, corre a mi habitación!
Intenté ponerme de pie de inmediato, pero el monstruo se adelantó. Me agarró la cabeza y la estampó contra la pared.
Mi cuerpo se deslizó hasta el suelo. Sentí mi propia sangre resbalar por el rostro y el cuello. Entreabrí los ojos, buscando desesperadamente a Ethan.
—¡Ash! —su grito resonó en mis oídos—. ¡Mamá!
Quise responderle, pero el agotamiento me vencía.
—E… Et…
Ni siquiera pude pronunciar su nombre entero.
—Ayú… da…
Cerré los ojos y me dejé arrastrar por la oscuridad.








