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In another life

Sinopsis

El destino existe. Park Jimin lo sabe. Vino al mundo consciente de algo que no debería; y eso solamente le complicó las cosas. Aun así, nada cambiará la historia que ha venido a vivir, porque incluso él está convencido de que este no es el universo al que vino a ser feliz.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Wrecklish
Estado:
Completado
Capítulos:
36
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Un billete de autobús hacia Seúl en la mano derecha, y una pequeña maleta con apenas unas mudas de ropa en la izquierda. Así era como Park Jimin descendía las escaleras de la estación, con los ojos llenos de lágrimas, la respiración entrecortada por haber hecho todo el camino hasta allí llorando, y un miedo en el cuerpo que amenazaba con ahogarlo y hacerlo regresar por donde había venido.

Aquella pequeña ciudad, no era el lugar en el que había nacido; era un sitio a una hora de distancia de su pequeño pueblo agrícola y ganadero lleno de vastos campos de cultivo y animales que producían un montón de recursos primarios que exportaban a otras zonas. Ese sitio, era solo dónde vivían Namjoon, Yoongi y su novia, en teoría de forma temporal, porque se habían trasladado para poder estudiar en la universidad ya casi cinco años atrás.

Jimin estaba allí para la boda de Min Yoongi y Choi Jina, una cosa que no tomó de sorpresa a absolutamente nadie, porque llevaban saliendo más de siete años. Y ahí estaba él, llorando como un imbécil, sintiendo que le estaban arrancando por la fuerza aquello a lo que más amaba, pero que jamás había sido suyo.

Porque Min Yoongi, nunca fue suyo, por mucho que lo amara; por mucho que se lo gritara. Él iba a marcar a otra omega después de casarse, y ahora sí que ya jamás sería suyo. Por eso lloraba, con el corazón destrozado, desmoronándose con cada paso que daba.

Había decidido que no iba a quedarse a ver a Yoongi siendo feliz con alguien más. Que no podía. Sentía que iba a morir si se quedaba.

—¡JIMIN! —Era de madrugada, apenas había gente allí. La voz de Min Yoongi gritando su nombre, retumbó por todos lados y reverberó hacia el omega, amplificando ese estremecimiento que le causó escuchar la desesperación expuesta en su tono. Cuando se giró, el alfa bajaba las escaleras casi de cinco en cinco, saltando el último tramo en una zancada que hizo a Jimin plenamente consciente de que aquello no lo estaba soñando.

Soltó su maleta. Soltó también el billete al suelo. Aceleró sus pasos para encontrarse con Yoongi a medio camino y se estrelló contra su pecho con un alivio inhumano. Se aferró a la camisa del alfa por la espalda y ahogó un gemido dolorido cuando sintió los brazos a su alrededor, amenazando con romperle cada hueso del cuerpo. En ese instante, todos sus deseos se hicieron realidad, porque estaba convencido de que, por fin, Yoongi le había elegido.

—¿Qué puta mierda estabas haciendo? Nos tienes a todos desquiciados, maldita sea, Jimin. —La tensión de la voz de Yoongi había desaparecido cuando se separó. Sus manos fueron hacia la cabeza del omega y apretó sus mejillas, barriendo el rostro del chico con su mirada en una pasada rápida, como si quisiera cerciorarse de que estaba bien. —Tu madre está como loca. No puedes irte así, sin más. Sin decirle a nadie dónde vas y menos convencer a los estúpidos de tus amigos para que mientan. ¿En qué rayos estabas pensando?

Toda la felicidad que Jimin había sentido al ver a Yoongi venir hacia él, tan muerto de miedo por no saber dónde estaba, se evaporó de golpe. Había pasado toda la tarde lanzándole amenazas; prometiendo irse si el alfa elegía a la omega con la que iba a casarse antes que a él. No había dicho eso a la ligera, ni de forma indirecta, había expuesto sus sentimientos por el miedo y Yoongi todavía no lo entendía.

—Me voy. —le dijo, en voz baja, extrañado. ¿No eran las señales suficientemente obvias?

Le había pedido en la tarde en un arranque de desesperación que no se casara. Jimin le había dicho que se iría a Seúl si continuaba con la estúpida boda. Yoongi solo se había echado a reír, sin tomarlo en serio, como cada vez que alguna amenaza salió de los labios del omega.

Estaba en la estación para cumplir su palabra, porque Yoongi seguía queriendo casarse con otra persona.

—¿A dónde? —La voz de Yoongi ahora era más calmada; el alivio claramente inundaba la mayor parte de su tono.

—A Seúl. —añadió Jimin, tajante. Harto de repetir. Harto de que le ignorara.

—¿Qué demonios vas a hacer en Seúl? —le preguntó el alfa y el tono ligeramente divertido, en el que dejaba claro que pensaba que solo era alguna tontería suya, irritó a Jimin.

—Cualquier cosa que no sea quedarme aquí a ver cómo te casas con otra. Me duele verte. Me duele muchísimo. Y no sé qué hacer.

Yoongi lo soltó y retrocedió con una cara cargada de hastío. Puso los ojos en blanco.

—Deja de decir tonterías, Jimin. Llevas toda la semana así, ¿a qué viene esto ahora? —El alfa levantó ligeramente la voz y se arrepintió en seguida, así que descargó parte de su frustración en un sonoro suspiro. —Sé que Jina nunca fue de tu agrado, pero llevamos siete años juntos. Casarse es lo que se supone que hacen los adultos luego de tanto tiempo juntos.

—¡También te pedí que no la miraras! ¡Que no la besaras! ¡Que no salieras con ella! ¡Que no te fueses a vivir con ella! ¡Llevo siete años pidiéndote que la dejes, pero tú nunca escuchas! —Gritó Jimin, enfadado, frustrado, deprimido, todo al mismo tiempo. Quería llorar, pero no hacerlo; no quería perder la dignidad allí, en medio de una estación, donde la poca gente que había empezaba a fijarse en ellos. Pero estaba perdiendo la guerra contra eso y, en ese instante, no le podía importar menos nada relacionado a su dignidad; porque ese ridículo y estúpido alfa cabezota frente a él, le estaba rompiendo el corazón; despedazándolo hasta convertirlo en jirones que probablemente no le sanaran jamás.

Enamorarse de Yoongi no era algo que Jimin hubiera planeado. Era algo que había estado ahí, desde que tenía uso de razón. Desde antes de eso incluso. Era un hilo brillante que lo ataba a Min Yoongi, pero que, desde hacía algunos años, se le había enredado alrededor del cuello, empezando a ahorcarlo.

—Jimin, basta. Escúchame...

—¡NO! Escúchame TÚ a MÍ. Nunca lo haces. Me he pasado la vida gritándote y jamás escuchas. Estoy aquí. Y soy invisible para ti. —Jimin estaba perdiendo la razón. La rabia tomó el control en el momento en el que otro suspiro escapó de Yoongi y desvió su vista hacia otra parte, atraído por el exceso de atención de algunos desconocidos. —¡MÍRAME! —Yoongi llevó sus ojos de regreso hacia Jimin, siguiendo esa demandante orden por instinto. —Siempre apartas la vista cuando se trata de mí. Siempre escuchas solo lo que te conviene e ignoras lo que es más importante. ¡Lo haces a propósito! ¡lo sé! Y no entiendo por qué. ¿Qué tengo de malo?

—Estás confuso.

—¡Todo el mundo me dice que estoy confuso! Tú, mamá, Seoyoon, pero ninguno de ustedes lo entiende.

—¡Basta, Jimin! Deja de ser terco y caprichoso.

—Esto no es una fase —Jimin continuó a pesar de que la orden de Yoongi fue tajante y su voz lo traicionó, quebrándose. —nunca lo fue. No sé nada sobre el mundo, pero lo único de lo que estoy seguro, es de que vine a este mundo para amarte; para ser tuyo. De nada más seguro he estado en mi vida.

—¡No digas disparates!

—¡NO SON DISPARATES! —Jimin se desgarró la garganta en ese grito. Presionó sus manos con fuerza hasta que se hizo daño. Su teléfono en su bolsillo empezó a vibrar de nuevo, pero lo ignoró. El ruido del de Yoongi sonando en el suyo, ya era suficiente distracción. —Te amo, maldita sea, te amo, ¿por qué te resulta tan difícil de aceptar?

—¡PORQUE TÚ TIENES 15 Y YO 22! —Toda la contención que Yoongi estaba teniendo, se desvaneció en ese momento. Su voz retumbó contra las paredes y acentuó más el silencio posterior.

Conforme la angustia se hizo más pronunciada en Yoongi, la tristeza lo hizo en Jimin. ¿Los siete años de distancia que siempre había habido entre ellos, habían creado un abismo insalvable? ¿De verdad iba a perder por eso?

—¿Ese es el problema? —preguntó Jimin en voz baja. Apenas audible. —¿Crees que, porque soy más joven que tú, lo que yo sienta no importa? ¿Qué tienes el derecho de anular mis sentimientos bajo la excusa de que me sacas siete años?

La forma en la que el omega soltó una risa ligeramente cálida y triste de forma repentina tras aquello, hizo a Yoongi fruncir el entrecejo.

—Yo te vi crecer. —susurró el alfa, sintiendo resquebrajarse gradualmente una pared que había retenido algo en su interior.

—No me importa.

—A mí sí. —respondió Yoongi de forma apresurada.

—Yo no tengo la culpa de eso. Ni de que mi madre y la tuya sean amigas. De que nuestros padres salgan siempre juntos. Ni de que vivieras a tres minutos de la casa en la que crecí. —explicó, con un tono de voz que profesaba una calma que el omega, en el fondo, no sentía. Intentaba sonar como una persona madura y sensata, que merece ser oída por la persona a la que más ama. —Siete años no son nada en esto; y la edad solo es un número. —continuó Jimin y dio un paso hacia Yoongi, frenándose al verlo retroceder. —Yoongi hyung...

—Sube al coche, Jiminie. —Le ordenó Yoongi, negándose a continuar con esa conversación ahí, en medio de un público cada vez más creciente, a pesar de ser de madrugada.

—No me llames Jiminie. No me llames Jiminie ahora. —Algo tan simple como eso, casi lo parte por la mitad. Que lo llamara Jiminie lo hacía sentir pequeño; y no quería sentirse pequeño en el momento en el que más deseaba que él dejase de verlo como al niño que había cuidado toda su vida.

Yoongi era el hijo de Min Seoyoon, que, a su vez, era la mejor amiga de Park Sukji, la mamá de Jimin. Ellas habían crecido juntas, y morir juntas era lo único a lo que aspiraban en la vida, aparte de sacar a sus hijos adelante. Incluso habían llegado a soñar, en algún momento, que ambas traerían al mundo a dos personas que se enamorarían y casarían y las convertirían oficialmente en una familia. Sin embargo, aunque Sukji y Seoyoon habían planeado meticulosamente sus embarazos para hacerlos coincidir, finalmente su mejor amiga había perdido a su pequeño omega a los cuatro meses de nacer. Una muerte súbita horrible y desgarradora de su bebé que los Park necesitaron mucho tiempo para poder procesar y sanar.

Después de eso, los Park no habían querido saber nada más de otro bebé, y tardaron seis años en darse otra oportunidad como padres. De esa vez, nació Jimin, en la familia Park, y dos meses después, Taehyung en la familia Min. Ambos eran omegas, para decepción de Sukji y Seoyoon, cuyos embarazos programaron con la esperanza de traer al mundo un omega y un alfa, como la primera vez, que finalmente no había podido ser.

Sin embargo, aunque Taehyung era uno de los mejores amigos de Jimin, había crecido también junto a Yoongi. Ambas familias tenían una relación muy estrecha. Jimin no tenía un solo recuerdo del que el alfa no formara parte. Tampoco tenía un solo recuerdo en el que no hubiera sentido otra cosa por él que no fuera amor, aunque ese amor se viera de formas distintas a lo largo de toda su vida.

A los dos años, sus formas de amarlo era hacer cualquier cosa por hacerlo sonreír y pasar todo el día ofreciéndole sus juguetes. A los tres era portarse bien mientras caminaban de la mano por el pueblo, en vez de correteando peligrosamente tras una pelota y obligándolo a gritarle que se estuviera quieto como Jungkook o Taehyung. A los cuatro había sido tomar todos sus cuadernos de clase para colorearlos y ponérselos más bonitos. A los cinco ir a rebuscar tesoros escondidos para dárselos como regalos. A los seis había sido pasarse el día y la noche enteros junto a su cama, cambiando la compresa de su frente mientras Yoongi intentaba no morir de fiebre. A los siete había sido sentarse entre sus piernas a verlo jugar con su consola durante horas o haciendo deberes, prefiriendo la paz de estar entre sus brazos que estar con sus propios amigos.

Cuando Yoongi entró al instituto y empezó a viajar constantemente a la ciudad, la distancia entre ellos se hizo cada vez mayor. No fue tan obvia al principio, pero se volvió evidente a partir de su segundo año. El alfa empezó a pedirle un espacio cada vez mayor y fue algo que Jimin no pudo evitar por mucho que lo intentó.

“Es la adolescencia”, le decía su mamá, pero Jimin siempre tuvo la sensación de que fue algo más.

Aun así, iba cada día a las 3:45 a la parada en la que el autobús dejaba a todos los chicos que venían del instituto del pueblo diariamente, para recogerlo y charlar con él de vuelta a casa. Le preguntaba sobre su día para saber cómo le había ido; y le contaba acerca del propio con toda la intención de dejarle claro lo mucho que lo había echado de menos. Opinaba sobre esa chica que le había empezado a gustar y que no era para él, y poco a poco, el amor inocente se fue desvaneciendo, hasta convertirse en algo nuevo, doloroso y lacerante.

Ahora solo le punzaba y le lastimaba tanto que, el dolor que inicialmente solo era emocional, se transformó en un dolor físico insoportable.

—No puedes irte a Seúl, Jimin. —suplicó Yoongi, con la voz baja y contenida, como si una parte de él quisiera evitar el tono con el que se expresó, pero finalmente no pudiera.

Al menos, obedeció con el apodo.

Jiminie era la forma en la que siempre había llamado a esa bolita rosa que lo perseguía a todas partes y que se multiplicó por tres cuando Jungkook y Taehyung se unieron a él. Siempre fueron el trío de tontos que gateaban, caminaban o correteaban detrás de él, persiguiéndolo; que pintarrajeaban todas sus cosas o se comían su merienda entre bocaditos que se veía obligado a darles por sus caritas de cachorros dolidos. Yoongi los había visto crecer. A los tres. No podía imaginar un momento en el tiempo en el que hubiera visto a Jimin de la forma en la que él quería. Le resultaba asqueroso pensar en él de una manera distinta a como habían sido las cosas entre ellos toda la vida.

—¿Por qué? —preguntó el omega, sintiendo la esperanza iluminar momentáneamente la oscuridad que se estaba tragando a su alma. Yoongi le estaba pidiendo que no se fuera y eso era más de lo que tenía esa misma mañana. De lo que tuvo jamás.

—Porque no puedes. —Insistió Yoongi, incapaz de darle una razón racional sin fallar a sus principios.

Sintió que se le salió el alma del cuerpo cuando vio a Jimin retroceder, alejándose. Entendió que hoy, a Jimin no le bastaba un porque yo lo digo.

—Te lo dije. No pienso quedarme aquí, y ver cómo te casas con otra. No voy a quedarme a ver cómo me destrozas. —Jimin mantuvo su voz equilibrada hasta la última frase, donde se reflejaba el verdadero dolor que escondía tras la máscara de seguridad y madurez que llevaba puesta.

—Sube al coche, Jimin. Y lo hablamos. —le pidió el alfa. Sonaba cansado y derrotado, pero también había algo contenido en su tono de voz, que reflejaba el miedo que le provocaban las circunstancias y las ganas que tenía, en realidad, de rogarle. —Por favor. —añadió, cerrando los ojos, sin mirar a nadie, con la voz apenas ahogada y audible, avergonzado de su propia súplica.

—No hay nada que hablar. No voy a quedarme si vas a casarte con ella.

—Jimin. —El tono de Yoongi cambió a uno de advertencia. Dio un paso hacia el frente y el omega, por inercia, retrocedió tres.

—¡No voy a quedarme si vas a casarte con ella! —repitió Jimin alzando la voz, perdiendo las formas, caprichoso y con el miedo haciéndole tambalear ligeramente.

Estaba empujándose al abismo; estaba empujando a Yoongi al abismo también. Uno de los dos caería hoy. Y cerró sus manos con fuerza, aferrándose a la esperanza de no ser él.

—¡No me amenaces, Park Jimin! —Yoongi sonaba severo; harto también; con ese tono de voz autoritario que, durante casi toda su vida, había reservado solo para su hermano pequeño.

—¡No me grites así! ¡Yo no soy Taehyung!

Habían elevado la voz de nuevo, olvidando por completo el lugar en el que estaban.

—Hace meses que sabes que voy a casarme. ¿Por qué montas esta escena ahora? —Yoongi dejó de gritar. Gritar no era lo suyo. Él era una persona tranquila que se estaba enfrentando a algo que, no solo no entendía, sino que además le resultaba terriblemente desgarrador.

Cuando, esa misma tarde, el miedo que le abordó al saber que Jimin había desaparecido se había desvanecido y las acusaciones se habían asomado en la conversación, había algo rasguñando desde su interior; algo que le decía que aquel momento cambiaría el rumbo de la vida de los dos. No estaba seguro de querer que las cosas cambiaran; ni tampoco de que todo se quedara tal cual. Siempre que Jimin entraba en la ecuación, había fuerzas distintas peleándose en su interior.

Para nadie era un secreto que nunca había soportado la idea de que Jimin sufriera. Irse a Seúl era una locura que no sabía de dónde había sacado. Jimin no iba a sobrevivir en Seúl. Aún se sobresaltaba cuando la gente tocaba el claxon en la calle cada vez que venía a la ciudad y aquel era un lugar pequeño, no quería ni imaginar cómo sería que se enfrentara a la capital. Pero no era solo eso; no era únicamente esa sensación de sobreprotección que tenía con él y había desarrollado por la cantidad de veces que escuchó a su madre o a los Park recordar al bebé que había muerto. Se había engañado a sí mismo pensando en eso, pero la realidad era que una voz en el fondo de su cerebro hacía que deseara morir ante la idea de seguir vivo en un mundo sin Park Jimin.

Ahora, esa voz solo le gritaba que hiciera lo que fuera, pero no le dejara marcharse.

—¡Porque ya me cansé! Mamá dijo que vas a marcarla. Ella va a ser tuya. ¡Pero no es ella la que es tuya! ¡Soy yo! ¡Siempre fui yo!

—Jimin, por favor, sube al coche.

—No voy a subir a ningún coche hasta que me digas que no vas a casarte. Hasta que me prometas que no vas a marcarla, que vas a darme una oportunidad. —Jimin estaba cada vez más demandante. Era fácil de notar por la forma en la que la seguridad de su voz iba tomando más temple; en la que acompañaba a sus palabras de gestos firmes. Reclamaba lo que creía que era suyo por derecho: a Min Yoongi. El alfa con el que había crecido. Su primer y único gran amor.

El omega retrocedió otro paso y Yoongi sintió su angustia apoderándose de él. Sobrepasó tanto sus límites, que estuvo a punto de arrodillarse y rogarle que se quedara como si fuera una cuestión de vida o muerte.

—Por favor. —El ruego de Yoongi salió estrangulado de su garganta. Reprimió la mitad de sus palabras por orgullo. “Por favor no me hagas esto”, “Por favor quédate”.

—Lo sientes, ¿verdad? Dime que también lo sientes. Dime que no solo soy yo. —Las lágrimas escaparon de los ojos de Jimin. Había un terror en su interior desde la primera vez que había visto a Yoongi besar a Jina. Fue como si él mismo le hubiera metido la mano en el pecho y arrancado el corazón. Incluso si por entonces lo único que deseaba era que él no fuera de nadie; incluso si por entonces aún no había deseado con tanto ímpetu que lo amara a él y solamente a él. —Hay... hay algo entre nosotros. Algo que me lleva hacia dónde estás; siempre estuvo ahí. Es... es como un hilo. Sé que estás al otro lado, porque lo he sentido. —Yoongi negó, se vio convincente para Jimin, pero el alfa sí sabía de lo que hablaba.

Sabía que había algo; también veía ese hilo...sentía sería una expresión mucho más acertada para describirlo; pero los sentimientos que le provocaban a él, eran muy distintos. Era un hilo que podía rozar con la punta de los dedos si se esforzaba un poco y enviaba unas vibraciones a su alma. Un hilo que había sentido por primera vez, la tarde en la que Jimin había nacido. Fue como si hubiese un montón de hebras deshilachadas, reventadas, esperando algo que no sabía con exactitud lo que era, hasta que otro hilo igual de resquebrajado, pero totalmente distinto, había unido cada fibra a los suyos. Como una mano invisible tomando la suya y enlazando con él todos sus dedos.

Jimin, por otra parte, estaba a punto de buscar una analogía que le ayudara a explicarse mejor cuando el anuncio de su autobús lo sacó de sus pensamientos de golpe. Dejó de tartamudear y giró la cabeza hacia los altavoces y luego bajó la mirada hacia su maleta y el billete que descansaba en el suelo a unos pocos metros de distancia.

Se resignó.

—Se acabó el tiempo. —murmuró el omega. Empezó a caminar, pero la mano de Yoongi estaba contra su muñeca al instante. Le apretó tan fuerte que le hizo daño. Jimin soltó un gemido de dolor y esa pareció la señal oportuna para que uno de los guardias de la estación les gritara.

—¡Eh! ¿Qué está pasando ahí? ¡Deja ese chico tranquilo! —se apresuró a ir hacia ellos.

—Jimin, sube al coche. Por favor. Hablaremos de esto con calma, y te prometo que si cuando acabemos todavía quieres irte, te traigo yo mismo.

—No, Yoongi hyung, esto no es una negociación.

—¡Suéltalo ahora mismo! —Lanzó el guardia como amenaza para Yoongi, con cara de estar dispuesto a esposarlo si tenía que hacerlo, llevándose las manos al cinturón con las armas una vez estuvo a tan solo algunos pasos de distancia.

—¡SILENCIO! —Tanto el alfa como el omega lo mandaron a callar al unísono. El hecho de que Jimin también lo hubiera obligado a retroceder, hizo al guardia detenerse. Una mirada de confusión cruzó su cara, ante la idea de haber malinterpretado la necesidad de ayuda del más pequeño de los dos.

—¡Vete! Esto no es asunto tuyo. —le masculló Yoongi con una voz cargada de una rabia e impotencia que no estaba seguro de dónde habían salido.

—Tengo que irme. Suéltame. —La orden de Jimin fue gélida. El hecho de que Yoongi prefiriera entretenerse con el guardia en vez de darle una respuesta, lo enojó de nuevo. Hizo bullir cada gota de sangre dentro de su cuerpo en un nuevo nivel de impotencia.

—No. —La atención del alfa volvió a él como la de quien se arrepiente de cada cosa que ha hecho en su vida. Angustiada. Suplicante. Contenida. —No puedes hacerme esto así. No puedes esperar que te de todo lo que quieras sin más y amenazarme con que si no te lo doy te irás a Seúl. No es justo.

—Bésame. —la exigencia hizo a Yoongi retener de golpe su respiración. También abrió mucho los ojos. Tragó saliva y apenas pudo ocultar el ligero golpe de pánico que se abrió paso hacia su expresión. —Bésame como la besas a ella. Bésame hasta que me ahogues. Bésame y subiré a tu coche y hablaré lo que quieras. —La voz de Jimin tenía un ligero tono de esperanza, y estaba convencido de que eso era todo lo que necesitaba. El omega estaba seguro de haber nacido para ser suyo; y que la razón por la que el alfa no se daba cuenta, era porque para él, ese vínculo no había despertado todavía. Se le acababa de ocurrir esa idea, pensando en la diferencia de sentimientos; en que él no mencionaba ese hilo que era tan claro para Jimin. Estaba convencido de que, si Yoongi lo besaba, tal vez vería finalmente lo que siempre había estado claro para él; tal vez entendiera que eso no era una fase, como todos decían; que no era él amando a una persona a la que no debía; confundiendo sentimientos que no eran más que asombro y devoción por alguien a quien admira. Que Yoongi era, exactamente, lo que siempre dijo que era: su destino.

Yoongi negó sutilmente con la cabeza y la decepción golpeó a Jimin con fuerza.

—Cobarde. —Jimin tiró de su mano para librarse de la de Yoongi, pero como un acto reflejo del alfa, aferró sus dedos a ésta con más fuerza, rasguñándolo en el acto. —¡Suéltame! ¡Eres un puto cobarde!

—Estás siendo irracional, no sabes lo que estás diciendo.

—¡Sé perfectamente lo que estoy diciendo! —gritó Jimin. —Deja de intentar convencerme de que estoy equivocado. Deja de decirme lo que tengo que sentir solo porque no lo soportas. Eres un cobarde, Yoongi. Eres un estúpido cobarde. Y lo que más rabia me da, es que, aunque estoy furioso contigo... —Lo golpeó en el pecho con todas sus fuerzas y eso ni siquiera hizo tambalear al alfa. —... y te odio... Te odio muchísimo ahora mismo, ni siquiera estoy cerca de alcanzar lo mucho que te amo. —Jimin perdió contra las lágrimas y volvió a golpear al alfa, que atrapó su otra muñeca también. —Déjame irme.

—No. —El miedo contenido de Yoongi le pasó a Jimin desapercibido.

—Déjame irme, por favor, Yoongi hyung. —insistió Jimin con la voz trastocada por la impotencia y el llanto. —Déjame irme, porque ya no lo soporto. Porque verte siendo feliz con otra persona me hace tanto daño que lo único que quiero hacer es morirme.

—Estás... —siendo irracional. Yoongi no lo dijo en voz alta, solo lo pensó, convencido de que, si lo hubiera expresado, solo habría empeorado las cosas. No pretendía anular lo que Jimin sentía, pero... Pero estaba siendo irracional. —Jiminie... —A Yoongi se le escapó aquel apodo cariñoso en el peor momento.

Aunque tenía las manos del omega completamente atrapadas, el chico le pegó una patada en todo el hueso de la pierna derecha. El dolor atravesó a Yoongi como un rayo y provocó que el agarre en las muñecas del omega se redujera, lo que le permitió a Jimin escapar.

—¡NO ME LLAMES JIMINIE! —le gritó, completamente fuera de sí.

En ese momento, Jungkook y Taehyung chocaban contra la barandilla del piso superior de la estación, completamente sin aliento por una rápida carrera desde el coche en el que Namjoon los había traído. Intentaron gritar el nombre de su mejor amigo, pero las voces de ambos se ahogaron en seco cuando vieron a Yoongi con Jimin. Los omegas se miraron el uno al otro de una forma acusadora. Ambos habían prometido no decirle a nadie dónde estaba Jimin. Al único al que admitían habérselo dicho, era a Namjoon, porque necesitaban que alguien los llevase allí tras darse cuenta de que Jimin no estaba regresando por su cuenta después de que dijera lo de la estupidez de escapar a Seúl. Porque eso era para ellos en aquel momento: una estupidez.

A Yoongi lo estaba ensordeciendo más la voz de su cabeza que la del propio omega, que se dejaba su garganta en cada grito.

«No le dejes irse. No le dejes irse. Haz lo que sea, pero no le dejes irse.»

Jimin no se alejó bastante antes de que Yoongi se recuperara de la patada y le diera lo que le había exigido. En dos ligeras zancadas lo había alcanzado de nuevo, para atraparlo del antebrazo. Jimin, dispuesto a usar la mano libre como defensa y, de paso, también descargar un poco de la ira que casi lo había consumido, se estrelló bruscamente contra el pecho del alfa cuando Yoongi lo agarró con su otra mano por la camisa y lo tiró hacia él. Jimin trastabilló bruscamente. La rabia fue reemplazada por el vacío de una caída casi inminente y cortada de repente por los labios del alfa sobre los suyos.

Primero, vino a Jimin el desconcierto, que fue tragado con rapidez por el desvanecimiento de cualquier sentimiento negativo de su interior. Yoongi, rígido totalmente al principio cuando había tomado aquella irracional decisión, se vio también absorto en esa sensación extraña de que todo estaba en su lugar; en esa paz momentánea de que todo lo que estaba mal, ya no lo estaba.

El beso solo duró unos segundos, en los que el alfa succionó el labio inferior del chico y luego deslizó la punta de su nariz por estos al inclinar la cabeza, con una necesidad nueva explotando en su interior y colapsando todos sus sentidos. Fue entonces cuando su sentido común le preguntó qué puta mierda estaba haciendo.

Yoongi se separó, con la expresión de sorpresa escrita en la cara. No parecía estar seguro de en qué momento, hacer eso le había parecido una buena idea, pero se notaba el arrepentimiento inmediato, que Jimin no notó porque aún estaba en una nube, de sorpresa, de victoria, de un anhelo provocado por la necesidad de ser besado de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, hasta que se consumieran por completo sus labios, sus pulmones y todo su ser.

Sus ojos estaban fijos en los labios de Yoongi, a los que se acercó para dejarse llevar por sus deseos. La magia se rompió en el momento en el que el alfa lo soltó y se alejó de forma tan brusca que casi lo empujó. Jimin trastabilló.

Yoongi se limpió sus propios labios con el dorso de la mano, luchando contra su confusión y aturdimiento. Intentando convertirse nuevamente en la persona racional de esa discusión.

Taehyung y Jungkook, mudos en su lugar estaban estupefactos. Toda la vida habían escuchado a Jimin hablar de querer casarse con Yoongi, pero nunca pensaron que el chico tuviera si quiera una posibilidad. Solo dejaban que Jimin hablara del tema, y le daban valor para hacer sus tonterías, pero una cosa era dejarlo fantasear con algo y otra ver cómo había conseguido que se hiciera realidad a menos de 24 horas de la boda de Min Yoongi con su novia de ya siete años.

—Aún respiro, Yoongi hyung. —murmuró Jimin, con una calidez en el corazón que se le heló en cuanto el alfa alzó la vista hacia él y le observó como si acabara de perder el juicio. Estupor y confusión eran las emociones dominantes en el rostro de Yoongi, pero algo más. Algo que Jimin no sabía qué era, no al principio; pero le hizo clic de repente y explotó como una emoción nueva de felicidad en su pecho. —Lo sientes ahora, ¿verdad? Eso que hay entre nosotros...

—¡No hay nada entre nosotros! —La brusquedad de las palabras de Yoongi regresó, y también el elevado tono de voz. Pero el miedo con el que respondía a la insinuación de Jimin; le daba al omega la certeza que necesitaba para adquirir una nueva oleada de valor.

—¡No puedes negarlo! ¡Ya no puedes negarlo! ¡Lo sentiste! ¿Ahora lo ves? ¿Entiendes que nací para ser tuyo?

—¡LARGO! —Todo lo que Yoongi había dejado entre ver en su confusión de emociones en ese instante, explotó en pura cólera y asco. En aquel arrebato, su voz de alfa también se hizo audible; lo bastante como para hacer a Jimin retroceder encogido de miedo. —¡VETE A SEÚL! ¡VETE A DONDE PUTA MIERDA QUIERAS! ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE!

Jimin negó, aterrado. No era así como tenían que salir las cosas. Pero el odio reemplazó al miedo casi al instante.

—Si me voy no pienso volver. —Jimin temblaba a pesar de su tono frío. Era impropio en él y debería haber congelado a cualquiera en su lugar solo por ese hecho, pero no tuvo efecto alguno en Yoongi, quién en ese momento ardía de furia en cada célula de su cuerpo y era capaz de fundir el propio hielo del polo norte si le dejaban allí.

—¡ME IMPORTA UNA MIERDA!

Nunca cuatro simples palabras le dolieron tanto a Jimin. Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero se dio la vuelta, muy seguro de sí mismo, y regresó hacia su equipaje. Yoongi no hizo ni el amago de detenerlo esta vez.

—¡MIMI! —Taehyung y Jungkook, demasiado en shock después de ver aquel beso como para hacer nada, salieron finalmente de su estupor. Llevaban toda la noche pensando que Jimin no sería lo bastante valiente para irse, y esa era la principal razón por la que le habían cubierto al escaparse. Ahora que las cosas habían degenerado a ese punto, el miedo que sentían ambos omegas se los estaba empezando a tragar.

—¡MIMI, NO TE PUEDES IR! —Jungkook fue el primero en poder moverse, impulsado por la frustración de que sus palabras estuvieran cayendo en saco roto. Tras el segundo en el que la mirada de su mejor amigo se cruzó con la suya y luego le ignoró, se empujó de la barandilla empezando a correr hacia las escaleras. Taehyung fue detrás, alcanzando al otro, sacando su teléfono y empezando a llamar a Jimin, como si las otras 100 veces que lo había hecho no hubieran sido suficientes ya.

Lo que hizo su mejor amigo al notar las vibraciones en el teléfono, fue sacarlo de su bolsillo y estrellarlo contra el suelo con toda la rabia contenida y el impulso que fue capaz de tomar solo levantando el brazo por todo lo alto. El teléfono rebotó y la pantalla se reventó en el primer impacto. Piezas se soltaron en los demás y luego recorrió algunos metros de distancia arrastrado por el impulso, destrozado totalmente.

Jungkook se adelantó cuando Taehyung se dio cuenta de lo que había provocado y soltó un gemido lastimero reduciendo la velocidad. Él fue el primero en superar la posición de Yoongi, que seguía congelado donde estaba, con la vista fija en el omega que le daba la espalda, manteniendo esa pose furiosa mientras la voz que siempre le hablaba, ahora le resultaba ensordecedora. Jungkook gritaba con fuerza, con la voz inestable por el esfuerzo de correr y la propia desesperación en la que se había sumergido.

Cuando Jimin le había dicho que se iba a Seúl, no pensó que fuera en serio. Jungkook estaba convencido de que ese idiota se rajaría al llegar a la estación, suponiendo que llegase. Conforme las horas pasaron y el omega no volvió, empezó a preocuparse un poco. Que Namjoon viniera a intentar sacarle el paradero del omega por la fuerza, fue la excusa que necesitó para poder ir por su mejor amigo a la estación y darle su dosis de realidad.

Excepto porque Jungkook no esperaba que Yoongi llegara primero y complicara las cosas en vez de arrastrarlo de regreso a casa. Ahora, Jungkook no paraba de preguntarse, aterrado y agobiado, si había subestimado la valentía de su mejor amigo.

Jimin subió al autobús y la puerta se cerró. Jungkook chocó contra esta, pero el guardia de la estación lo agarró de los brazos y lo hizo retroceder.

—¡MIMI! MIMI VUELVE, NO SEAS IMBÉCIL. NO PUEDES IRTE. TE AYUDARÉ A ARREGLAR ESTO, TE LO JURO. ENCONTRAREMOS LA FORMA DE QUE ROMPAN. POR FAVOR, NO TE VAYAS. BÁJATE DE ESE AUTOBÚS.

Jungkook se aferró al asa de la puerta, por lo que el autobús no pudo arrancar hasta que el guardia lo alejó lo bastante como para que se tuviera que soltar. La distancia solo hizo que Jungkook gritara con más fuerza y de manera más aguda, cuando su desesperación se desbordó por completo.

Él, Taehyung y Jimin, llevaban juntos toda la vida. Nunca había podido imaginar que existiera un futuro en el que eso fuera de otra forma. La sola idea de pensar en vivir sin Jimin a su lado le hizo una herida en el alma que se quedó sangrando para siempre.

—JIMIN, VUELVE. ¡JIMIN NO ME DEJES AQUÍ! —Cuanto más lejos estuvo el autobús, más perdió el control de sí mismo. Jungkook gritaba como si estuviera agonizando; como si Jimin en vez de estar marchándose a Seúl, estuviera muriendo en sus brazos.

Jeon Namjoon fue el siguiente en alcanzarlos. Su retraso había sido mayormente, el tener que buscar dónde aparcar el coche. Había intentado llamar a Yoongi para avisarle de su descubrimiento, pero el alfa no le había respondido, por lo que fue toda una sorpresa encontrarlo ya en la estación.

Bajó las escaleras rápidamente yendo hacia su hermano pequeño, al que vio roto en el suelo por completo en cuanto el autobús ya no estuvo a su vista y solo le quedó la resignación. Lloraba ahogándose. Quería aferrarse a algo, pero solo se encontraba el asfalto. Se destrozó los nudillos que arrastró por ahí, cerrando sus manos con fuerza.

—Kookie. —lo llamó Nam y en cuanto puso su mano sobre la espalda del pequeño Jeon, éste se abrazó a él como si fuera la única madera flotante en medio de un mar violento.

—Namu hyung, Jimin se ha ido. Se ha ido sin mí y sin Taehyungie. —era difícil entender a Jungkook debido al llanto y a la forma en la que ahogaba a veces la voz. Namjoon lo apretó con fuerza. Le entendió cada palabra. Había pasado toda su vida cuidando de ese pequeño ser vivo y si había podido comprender sus palabras cuando todavía ni eran palabras, claro que podía entender aquellos balbuceos cargados de un dolor que él ni siquiera podía imaginarse. —Namu hyung, dile a Jimin que vuelva por nosotros. Dile que haremos la maleta y nos iremos todos juntos.

—No llores, Kookie. Jiminie volverá. —le consoló Namjoon, sin saber que más decirle; sin saber en realidad qué había pasado o como habían llegado a eso.

—No va a volver. —Taehyung, cuyo dolor era igual de profundo al de Jungkook, seguía en shock con el teléfono en su mano y la última llamada a Jimin en curso todavía. —¡Lo echaste! —explotó de forma repentina contra su hermano mayor, pegándole a Yoongi un puñetazo en el brazo. Intentó lo mismo una segunda vez, pero la mano del alfa estaba contra la suya antes de que lo golpeara. —¡Todo esto es culpa tuya!

—Volverá. —Ojalá Yoongi sintiera la seguridad con la que dijo esas palabras.

—Lo ha cortado todo, no va a volver. Su teléfono. Su familia. Nosotros. —Se quebró Taehyung y tiró de su muñeca para liberarla de la mano de su hermano mayor. —¡Nos dejó a nosotros! —Los desesperados llantos de Taehyung se unieron a los gritos que lanzó Jungkook al escuchar esa verdad de boca de alguien más. Eso no podía estar pasando. ¿Cómo se rebobinaba la vida? Necesitaba volver atrás cinco minutos para evitar esta estupidez. O cinco horas, para evitar que Jimin se enterara de que Yoongi iba a marcar a Choi Jina una vez se casaran.

—Lo hará. No ha acabado la escuela. No tiene trabajo. ¿Qué va a hacer?, ¿prostituirse? —Yoongi se aferró a esa convicción porque no le quedó más opción. Park Jimin no podía haberse ido para siempre. Era solo el berrinche de un crío caprichoso que no sabe encajar un no por respuesta. —Pisará la estación de Seúl al amanecer. Y se dará cuenta de la estupidez que hizo. En menos de 24 horas estará de regreso con el maldito rabo entre las piernas. Sukji lo castigará para toda la eternidad y nos olvidaremos de esta mierda.

—Tiene una tarjeta de un reclutador de Hybe. —murmuró Taehyung, con un tono de voz tembloroso. Jungkook, aferrado a Namjoon todavía, con la mano del alfa acariciando su cabeza, e intentando ayudarle a recuperarse, lanzó un gemido lastimero. Había olvidado eso por un momento. Se había permitido tener esperanza, aferrándose a lo que Yoongi le ofrecía.

Que gran error.

Yoongi y Namjoon lucieron ligeramente confundidos.

—Se la dio cuando le vio ganar el concurso de k-pop amateur ayer. —explicó Jungkook, ahogando sus palabras. —Así que sí tiene trabajo. Mierda. Ese hombre le dijo que sería un idol increíble con el entrenamiento adecuado.

—Fanfarronadas. —Escupió Yoongi y por suerte para él, el miedo que le atenazó en la garganta no se le notó en el tono de voz. —No importa lo mucho que se esfuerzan, gente con un gran talento fracasa. Jimin solo bailaba por gusto. Un reclutador le dirá lo que sea a cualquier crédulo al que pueda sacarle una pasta por entrenarlo.

—Bailaba para ti, pedazo de imbécil. —Le soltó Taehyung repentinamente. —Aprendió a bailar por ti porque te gustaban los idols. Por ti aprendió prácticamente todo lo que sabe. A veces me pregunto cómo mierda pudiste sacarte cinco años de medicina y no comprender algo tan básico como que el tarado de mi mejor amigo lame el suelo que pisas desde que nació. —La voz de Taehyung se rasgó por un momento al infundir en su tono toda la rabia que sentía, y reprimir las ganas de volver a golpear a su hermano mayor, sabiendo que, tal y como estaban las cosas y la tensión en el aire, seguramente se lo regresaría.

—Volverá. —insistió Yoongi. Y sonaba como si estuviera convenciéndose más a sí mismo que a los demás.

—¡No lo hará! —le chilló Taehyung, harto de su optimismo. —¿Es que acaso no sabes nada de Jimin? ¡Le echaste! ¡Preferirá morirse que regresar!

Yoongi empujó a Taehyung fuera de su camino. Casi lo hizo caer.

—Volverá. —zanjó el alfa, menos convencido, contestando por fin el teléfono que no paraba de aullar dentro de sus bolsillos.

Era su propia madre, preguntándole si tenía noticias sobre Jimin.

Le contó lo que había pasado, pero omitió lo más importante: el beso, la culpa que le abordó después, la sensación amarga de haber metido la pata hasta el fondo, el odio contra sí mismo y, sobre todo, que lo había echado él.

***

Yoongi no pudo dormir, y a la mañana siguiente fue en automático mientras su familia entraba y salía de su habitación ayudándolo a prepararse para su boda. Controlaba la hora como si hubiera la posibilidad de que el reloj saltara de repente de las siete de la mañana a las seis de la tarde, que era el tiempo que había calculado Yoongi, por lo corto, de cuanto tardaría Jimin en regresar a la ciudad.

El asiento vacío reservado para él junto a sus padres, le llamaba mientras estaba parado frente a la omega a la que amaba. Se había aferrado a ese sentimiento con todas sus fuerzas porque después de besar a Jimin, ya no parecía seguro de absolutamente nada. Jimin tenía razón, aquella noche había sentido eso que había entre ellos, pero de una forma distinta a la de siempre.

Ese lazo que los ataba el uno al otro había estado ahí toda la vida para Jimin, pero para Yoongi, solo desde que Jimin había nacido. Era algo que le hacía consciente de cómo estaba y de sus necesidades; de si tenía hambre, frío o lo necesitaba. Necesitarlo era muy relativo, porque Jimin a veces solo quería un libro de una estantería demasiado alta, o el bote de galletas que su madre había escondido a un lugar al que no llegaba. No era un superpoder demasiado útil hasta el día en el que Jimin cayó por un barranco y él lo supo antes de que Taehyung y Jungkook regresaran a la escuela para poder pedir ayuda a los demás. Tenían tres años por entonces.

Para cuando los primeros gritos de ambos omegas fueron audibles para la señora Yang, que no paraba de gritarle a Yoongi que regresara a su lugar, el alfa ya iba a la mitad del campo, corriendo a tal velocidad, que parecía estar volando. Felicitaron a Yoongi por su velocidad de reacción. Sus padres le miraron con un orgullo imposible de describir.

Serás un gran médico, Yoon.

Esa fue la frase más recurrente, pero él nunca se quitó de la cabeza lo que pasó esa vez, incluso si no tuvo sentido para él. ¿Qué se supone que iba a decirle a su padre, si le hubiera preguntado? ¿Qué Jimin lo había llamado?

Intentó restarle importancia, pero las cosas fueron a peor conforme Jimin creció y empezó a ser consciente de forma más evidente de esa conexión entre los dos. Hablaba del tema tan abiertamente que empezó a causarle problemas. Los amigos de Yoongi empezaron a mirarle extraño y a hacer comentarios fuera de lugar, completamente deplorables, en los que se negaba si quiera a pensar.

Yoongi estaba seguro de lo que sentía. No amaba a Jimin de esa sucia forma de la que lo acusaban sus viejos amigos; pero cuanto más se empeñaba en dejarlo claro, más parecía confirmar las palabras de esos idiotas. Por eso pensó que era un buen momento para distanciarse, no solo de esa gente, sino también de Jimin.

Le daba vueltas a que, en parte, tenía culpa de todos los malentendidos, por estar siempre pendiente de un chico al que le sacaba siete años, y que prefería estar con él que jugar con la gente de su edad, haciendo cosas de su edad. Una vez ese asunto estuvo sobre la mesa, no pudo evitar pensar en si el omega se estaría perdiendo su infancia por culpa suya. Le dejó cada vez más espacio, incluso si eso desquició a Jimin. Incluso si lo único que hizo fue lastimarlo y condenarlo a rapiñar la atención que le daba cada vez menos.

No había sido hasta que lo había besado la noche anterior, que sintió explotar una sensación nueva y abrumadora en el pecho. Un deseo que antes no estaba ahí, y un discurso nuevo. ”Él tiene razón, sí que es mío“, sumado a un pensamiento de: “aún es demasiado pronto”, que colisionaban el uno contra el otro. Lo había asustado pensar que todas esas personas que lo acusaron alguna vez de ser un pedófilo, quizá tuvieran razón.

Y sintió asco de nuevo.

—¿Yoon? —la voz de Jina atrajo su mirada y lo sacó de sus pensamientos. Le costó unos segundos enfocarla. La iglesia estaba totalmente en silencio, cosa que llamó su atención e hizo que Yoongi hiciera una barrida hacia todos con su mirada. Sus ojos se frenaron de nuevo en la silla vacía en la que debería haber estado Jimin.

Jina tomó sus mejillas y lo obligó a mirarla. No hizo ninguna pregunta con su voz, pero sí con su expresión.

—Estoy bien. Lo siento. Dormí mal. Seguramente por los nervios. —Se excusó Yoongi con una naturalidad que hizo soltar a todos una risa suave. —Y me duele un poco la cabeza. —Añadió en un susurro, solo para ella.

—¿Quieres que paremos? —le preguntó Jina, con su voz suave y dulce, y una sonrisa en los labios. —Con lo de Jimin todos tenemos la cabeza en otra parte.

Yoongi ladeó su cabeza y le sonrió de regreso.

Choi Jina.

La había conocido cuando eran pequeños. Su padre había sido trasladado a la estación de policía del pueblo en el que nació Yoongi cuando tenían seis años, y se habían hecho muy buenos amigos casi al instante. Habían empezado a salir oficialmente a los catorce y solo habían roto una vez, cuando las cosas empezaron a ponerse serias entre los dos y ella dejó claro hasta donde quería llegar a su lado. No era solamente vivir juntos. No era solamente convertirse en adultos juntos. Era construir un hogar, casarse, formar una familia.

Nunca, ni por un segundo, dudó del amor que le tenía a esa omega. No lo hacía ni siquiera en ese instante en el que estaba hecho un lío; pero le retumbaba en la cabeza aquel es demasiado pronto y no paraba de pensar en si las cosas serían distintas en algunos años, cuando ya no fuese demasiado pronto para que Jimin fuera suyo.

La primera vez que había besado a Jina, Jimin lo había visto por accidente. Esa también fue la primera vez que escuchó de la boca de ese omega: no puedes besarla, tienes que esperarme.

No le tomó en serio. ¿Cómo iba a tomar en serio a un mocoso de 7 años? Además, ¿esperarle para qué? Yoongi solo había besado a Jina porque estaba ahí. Estaban entrando en la adolescencia y ella se estaba volviendo bonita; o él empezando a notarla bonita. Tal vez las dos cosas. En realidad, no esperaba que besarla se volviera rutina, mucho menos convertirse en su novio después, o que tuvieran su primera vez juntos. Tampoco pensó que llegarían a mudarse juntos y mucho menos a casarse. Yoongi no había planeado nada de eso, fue surgiendo mientras fue creciendo y ahora le parecía ridículo todo lo que le mantenía distraído durante su boda con esa maravillosa y comprensiva chica delante de él, que había sido la razón por la que siguió adelante cada vez que se complicaron las cosas. La misma que lo comprendió como otros no lo hicieron; incluso su apego hacia Jimin.

Yoongi tomó las manos de Jina y las besó en el dorso. Ella río cálidamente.

—Sí que estoy algo distraído, pero no quiero que paremos. No necesito que paremos.

—De acuerdo.

Yoongi apartó a Jimin de su cabeza y le puso el anillo a Jina.

Le dijo que sí a pasar el resto de su vida junto a ella.

La besó en cuanto se convirtió oficialmente en su esposa y la llamó señora Min por primera vez con la certeza de estar haciendo lo correcto.

Y, aun así, a las seis de la tarde, en medio de la recepción de su propia boda cuando todos los invitados estaban comiendo, se escapó para ir a la estación de autobuses a esperar a Jimin, convencido de su regreso. Tenía tanta certeza al respecto, que en cuanto vio en la pantalla la hora de llegada para un autobús proveniente de Seúl, pasó los siguientes minutos pensando en qué iba a decirle con exactitud. Jimin no estaba hecho para vivir en la gran ciudad. No estaba hecho para la vida a la que estaba intentando escapar. Si no era en ese autobús, vendría en el siguiente; pero vendría.

Fue una certeza que empezó a desvanecerse conforme las horas pasaron y Jimin no bajó del autobús de las 7.30, ni tampoco del de las 11.

***

Jimin no regresó. Ni aquel día, ni en los siguientes.

No supieron de él hasta nueve meses después, cuando los primeros blogs de su pre debut empezaron a publicarse en internet a las pocas semanas previas de su primera presentación. En él salía Jimin durante 30 segundos, hablando de sus sueños, de sus emociones, de lo que estaba haciendo, de su edad, de sus gustos y de dónde venía. Mintió con eso último, porque le dijo a todo el mundo que había nacido en la ciudad de la que alguna vez se escapó, en vez del lugar real en el que lo había hecho.

El 9 de marzo de 2014, a los 16 años, ocho meses después de haberse marchado de casa y el mismo día en el que Min Yoongi cumplía 23 años, Park Jimin se subió a un escenario por primera vez como solista. Sus padres, los Min y los Jeon, se reunieron por inercia junto a la televisión tras haber pasado semanas siendo bombardeado con su fecha de debut.

En el momento en el que la presentación de Jimin en el Music Bank empezó, los gritos del público fueron ensordecedores.

El silencio se tragó la casa de los Park. Ni siquiera Park Sukji, reconoció al chico en la pantalla, su porte, sus expresiones, o ese tono melódico con el que cantaba. Al terminar, había nacido un idol; y no uno cualquiera, sino el que destrozaría la industria musical en menos de dos años, y se convertiría en el ícono de toda una generación.

Min Seoyoon tomó el mando de la televisión y la apagó cuando Jimin se bajó del escenario. Quería decir algo cuando miró a su mejor amiga, pero estaba tan en shock como ella misma.

Fue el grito desgarrador de la madre de Jimin lo que rompió el silencio de la sala. Un ruido agonizante que habría puesto a cualquiera los pelos de punta. Seoyoon fue hacia ella de inmediato y tomó las manos que alzó, buscando algo en lo que apoyarse, algo a lo que agarrarse para no caer en el abismo al que le lanzó la idea de sentir como un completo desconocido al chico al que había dado a luz.

—Sukie —La llamó Seoyoon con toda la dulzura del mundo y también el corazón estrujado en el pecho. —Lo sé. ¿Vale? Lo sé...

—Mi bebé no va a volver. —La agonizante voz de la señora Park destrozó a su mejor amiga. Seoyoon se llevó las manos de Sukji a sus labios, y las besó. Ella, a pesar de todo ese tiempo en el que Jimin no los había llamado ni tan si quiera una vez, se había aferrado a que volvería. —Lo perdimos para siempre, Seowie. No va a volver. Es culpa mía. Yo solo quería que fuera a la universidad, no que se fuera para siempre. —Seoyoon se abrazó a su mejor amiga, sin saber cómo parar la agonía de su corazón, temiendo que se ahogara en la angustia que parecía estarse tragando a Park Sukji.

Jungkook y Taehyung miraban a Yoongi, ambos con lágrimas en sus ojos. El alfa no podía quitar la vista de la pantalla o salir de su estupor, pero por su expresión se notaba que su mente estaba a cientos y cientos de kilómetros de allí; seguramente, en un viaje al pasado, a esa noche, arrepintiéndose del momento en donde le había gritado a Jimin que no volviera.


Tanto si es la primera vez que están leyéndome como si no, sean bienvenidos.

He tardado más de lo previsto trayendo un nuevo Fanfic porque curiosamente no es el que inicialmente tenía hecho a medias, sino que está hecho de cero (Los que leyeron el final de “Predestinados” entenderán de qué hablo). He comenzado esta nueva aventura en un arranque de inspiración y ha sido difícil culminarla, aún así, espero que lo disfruten mucho.

Vamos a reír, vamos a llorar, puede incluso que a sufrir. Sepan que, aunque la haya escrito yo, también los acompañaré todo el camino.

Eso es todo por ahora. No soy muy parlanchina, pero quiero que sepan que me alegra mucho leer las impresiones de todos, así que aunque no les responda a menudo, que sepan que los leo y a veces hasta fangirleo con ustedes.

¡Hasta pronto!


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