Prólogo
Salgo corriendo lo más rápido que puedo; mis piernas arden, pero no me importa. Solo quiero salir con vida, escapar de todo esto y vivir como siempre he deseado, lejos, muy lejos de él. Sé que cuando vea el desastre que dejé en el departamento, me mandará a buscar.
Si me encuentra, las consecuencias serán terribles. Estoy segura de que me irá peor que la última vez, pero no puedo permitirme volver, no puedo regresar con él.
Me haría tanto daño que esta vez sí terminaría muerta.
Sacudo la cabeza, tratando de despejarme.
Cuando llego a la estación de autobuses, compro un boleto para el primer camión que salga. No importa a dónde vaya, solo sé que tiene que ser lo más lejos posible de este lugar, de este infierno que ha hecho de mi vida una pesadilla.
Me siento en uno de los asientos del autobús, pero sigo nerviosa, temiendo que aparezca alguno de ellos, me agarro las manos con fuerza, tratando de dejar de temblar, y no puedo evitar llorar cuando el autobús avanza por la carretera. Sé que el dinero que llevo no durará mucho, pero necesito encontrar un empleo, empezar de nuevo. No me importa, con tal de recuperar mi independencia, quiero aprovechar esta oportunidad de manera positiva.
No puedo dormir, porque cuando lo hago, lo recuerdo: sus ojos azules, su sonrisa irónica, y sobre todo, cómo me tocaba. Eso me pone los pelos de punta.
Veo mis manos manchadas de sangre y me maldigo por ello.
Lo maldigo a él.
Necesito protegerme, alejarme de todo lo malo que me ha pasado estos últimos años para no volver a caer en lo mismo de siempre. Pero parece que los problemas siempre me alcanzan, solo espero que esta vez, todo cambie para bien.








