Secretos de familia

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Sinopsis

Esta es la historia de unos recién casados, Ana y Greg y los secretos que descubre Greg sobre la relación de su esposa con su familia. ¿Qué le parecerá? esta historia contiene sexo explicito, lenguaje vulgar e incesto por favor leer bajo su propia responsabilidad.

Genero:
Erotica
Autor/a:
lalitalala
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
3.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Secretos de familia

Ana y Greg eran una pareja que habían acabado la universidad y se habían casado, los dos obtuvieron buenos trabajos rápidamente, de modo que, no quisieron esperar para empezar a tener una vida al lado de la persona que ellos, sentían como la adecuada.

Greg provenía de una familia donde sus padres, lo educaron con una forma de pensar muy liberal, tolerante y sobre todo con mucho amor, aunque desgraciadamente, estos murieron el verano anterior a su boda, al menos Greg se consolaba, pensando que lo habían visto graduarse y convertirse en un adulto capaz y seguro de sí mismo. También habían conocido a Ana por lo que Greg, aunque los echaría de menos el resto de su vida, intentaría vivirla con la mejor actitud.

Ana era una mujer muy guapa de buena figura, melena negra y ojos negros, en definitiva, una mujer que no pasaba desapercibida, ella tenía un hermano mellizo, Ethan, sus padres Mary y Dean, aún vivían y eran jóvenes, ya que, los habían tenido a su hermano y a ella a muy temprana edad, por lo que, prácticamente, gracias a que estos se mantenían en buena forma, parecían más jóvenes de lo que en realidad eran. Sus suegros tenían un negocio propio, enfocado al modelaje y cuidado del cuerpo, los dos provenían de esa profesión en sus años jóvenes, antes de tener a sus hijos, habían sido modelos profesionales lo que hacía a Greg entender su estado físico y belleza, realmente tanto su suegro como su suegra, lo habían hecho tener sueños húmedos ya que él, era bisexual no veía problemas en tener relaciones libremente de hecho, antes de estar con Ana, había tenido relaciones con varios chicos, Ana lo sabía, era algo que le contó desde un principio y ella lo aceptó muy bien así que, pensó que ella habría sido educada de forma similar a él, poco podía imaginarse cuan diferente habían sido educados.

Era viernes y tanto Ana como Greg, se habían cogido unos días libres porque la familia de esta, vendría a hacerles una visita para conocer tanto la nueva casa, como la ciudad donde se habían mudado, después de la luna de miel. Ambos se sentían emocionados con la visita, de modo que, cuando llegaron dejaron las maletas y salieron a comer por la ciudad para no perder tiempo, ya tendrían momento de descansar esa noche, al menos eso pensó Greg, pasearon por las zonas más turísticas, sin olvidarse de parar de vez en cuando para que Ana y su madre, comprasen algunos recuerdos y hacerse fotos en los sitios que visitaban, después de cenar, dieron por concluida la visita por ese día y se irían a descansar a casa.

En el camino Greg observó que Ana y su padre no paraban de darse miradas cómplices, sabía que algo se traían entre manos pero, suponía que era la complicidad de padre e hija después de llevar un tiempo sin verse. Al llegar, cada uno se dirigió a su habitación a darse una ducha refrescante y ponerse ropa más cómoda y quizás ver alguna película en familia antes de irse a dormir. Ana y su madre habían decidido hacer un aperitivo rápido, se movían con una gran soltura por la cocina de concepto abierto por lo que podían charlar con los demás mientras cortaban y preparaban lo que comerían, en todo el tiempo en que las mujeres estuvieron en la cocina, Greg se sorprendió mirando a su suegra más de la cuenta de una manera nada fraternal, para su buena suerte, nadie podía ver dentro de su cabeza y descubrir, todas las cosas que quería hacerle a la mujer, aunque fuese la madre de su esposa y creía que había sido lo suficiente disimulado para que nadie se hubiera dado cuenta.

La charla pasó de forma amena y querían terminar la noche de una forma relajada tomándose una copa, qué malo podía pasar, si estaban en casa y de vacaciones, no tenían que preocuparse de levantarse temprano ya que no tenían que ir a trabajar, una copa tras otra, el ambiente se fue relajando y sin saber cómo, llegaron al juego de la botella, este era algo distinto al que Greg conocía ,pronto se daría cuenta, el juego consistía en girar la botella, el primero en ser señalado elegiría qué tenía que hacer sin poder negarse el segundo designado por el objeto del juego, al principio fueron ordenes sencillas, maullar y ronronear como un gatito, bailar, disfrazarse pero según pasaba la noche y las copas se acumulaban, las ordenes se iban volviendo más atrevidas y extrañas para Greg, aunque, a decir verdad, ver a su suegra bailando de forma erótica, le había causado una erección que intentaba ocultar de manera sutil, aunque podía sentir los ojos de esta sobre él con conocimiento del problema que le había provocado, aunque gracias a dios, Ana estaba ya bastante entonada como para darse cuenta de nada, las rondas siguieron hasta que le tocó a su suegro darle una orden a su hija.

- Abre las piernas y enséñanos ese coño mientras te masturbas, danos un espectáculo pequeña.

Greg se quedó atónito por la orden, pero vio como Ana la acataba sin rechistar, ni vergüenza alguna, observando a su padre directamente que la miraba de forma lujuriosa, empezando a tocar su propio bulto que había aparecido en sus pantalones, disfrutando de ver a su hija totalmente desinhibida, aunque Greg paseó la vista de su suegro a su suegra y cuñado y todos estaban extasiados y tocándose a sí mismos, al tiempo que su esposa lo hacía, creándole a él mismo esa misma necesidad, cuando creía que era todo lo que podía pasar y veía que ninguno se sorprendía por la situación, volvió a escuchar a su suegro.

- Ven y monta en la polla de papá pequeña, sé que la echas de menos.

Sin mediar palabra, Ana casi saltó de su sitio dirigiéndose hacia su padre, sentándose a horcajadas encima de él y cogiendo con su mano la polla erecta y de tamaño nada despreciable para metersela, mientras soltaba un gemido de placer indescriptible, su padre la agarraba de las caderas y la embestía hasta el fondo sin pena ninguna.

Ana empezó a montar a su padre en tanto este la mantenía en su sitio, viéndola con los ojos llenos de lascivia, Greg no salía de su asombro, casi creía que lo que estaba presenciando, era producto del alcohol ingerido pero, al observar hacia el otro lado, pudo observar como su cuñado, estaba literalmente encima de su propia madre, follándola sin ningún reparo mientras, esta gemía y se revolvía buscando llegar al orgasmo tal y como estaba haciendo su marido con su hija.

Al ver semejante escena, Greg se excitó al extremo y sin importarle lo más mínimo, se sacó su propia polla y empezó a mover su mano rápidamente sin importarle lo que los demás pudiesen decir. Su suegro al percatarse de la acción, le dio otra orden a su hija.

- Venga pequeña ponte en cuatro, quiero romperte ese culo mientras se la chupas a tu marido, quiero que se corra en tu boca mientras yo te lleno el culo con mi leche.

Greg se puso de pie delante de su esposa en lo que esta se colocaba en la posición indicada, siendo follada de forma ruda por las dos partes, sintiendo placer al ser dominada de esa forma, llegando a su orgasmo sin poder avisar, aunque su padre al sentir como era apretada su polla, entre las paredes anales de su hija, se corrió con un gran gemido que llevó a su yerno a hacer lo mismo dentro de la boca de su mujer dejándola llena y satisfecha por partida doble.

A la mañana siguiente, Greg despertó sin saber en qué momento se había dormido y sin tener muy claro, si los acontecimientos de la noche anterior, habían sido reales o un sueño producto de la gran cantidad de alcohol ingerido, lo que estaba claro, es que en ese momento, se estaba sintiendo realmente en el cielo con la mamada que le estaban haciendo, espera qué!!! Quién le estaba haciendo la mamada??? Su mujer estaba aún dormida a su lado en el sofá, miró hacia abajo y se encontró a su suegro dándole la mejor felación de su vida, mientras lo miraba a los ojos con una sonrisa en los labios, al haber conseguido su objetivo de despertarlo, dejó por un momento su polla para subir hasta sus labios apoderándose de ellos, de forma sucia y posesiva, masturbándose su propia erección, una vez saciado de mi boca se acercó a mi oído y me dijo en un susurro lleno de erotismo.

- Ya sé que no soy el primero, pero estoy deseando enterrarme en ese culo que te cargas desde el día en que Ana nos presentó, dame tu permiso y te aseguro que no te arrepentirás pequeño.

Yo estaba perdido en la sensualidad de sus caricias y besos por todo mi cuerpo, mientras esperaba mi respuesta que, salió de mi boca en un suplicante gemido, dándole a entender que en esos momentos, estaba decidido a dejarlo hacer lo que él deseara con mi cuerpo, incluso le hubiese cedido mi alma si así lo hubiese pedido. Sin más espera y deseando dar rienda suelta a sus más oscuros deseos, procedió a enterrar su cara en la parte de mi anatomía que estaba ansiando profanar y ya teniendo mi consentimiento, se explayaría en cumplir con todo lo que quería hacerme, yo era un mar de gemidos pero llegó un momento en que paró lo que estaba haciendo, tapándome la boca con su mano.

- Pequeño me encantan tus gemidos, pero ahora quiero disfrutarte yo solo, si despiertas a los demás se acabó el juego.

Sin decir más, se alineó en mi culo ya relajado después de la atención recibida previamente y enterró su polla en él, echando la cabeza hacia atrás dejando salir un gemido ronco, denotando la excitación que llevaba aguantando por el tiempo que hacía que quería hacerme suyo, embistió sin descanso cambiando el ritmo de lento a rápido y otra vez a lento, saboreando cada segundo enterrado en mí, yo estaba que no podía aguantar más, creía que me correría de un momento a otro, si no fuera porque él estaba controlando el ritmo, llevándome peligrosamente al abismo del orgasmo para pararlo y volver a llevarme cuando él así lo decidía, noté un ligero movimiento de su cabeza hacia otro lado sin poderme percatar de sus intenciones, aunque realmente ya lo que quisiera hacer con mi cuerpo, me daba igual, después de como me estaba haciendo sentir con todo lo que hacía con su polla, sus manos y su boca, cuando escuché de nuevo esa voz ronca que podía hacerme llegar al éxtasis con sólo escucharla.

- No creas que no me he dado cuenta de cómo miras a mi mujer y lo que te provoca, te propongo algo, levántate y abre sus piernas quiero que te la folles mientras yo te follo a tí, di que sí y los dos tendremos lo que queremos, no te preocupes por lo que pueda pensar mi hija, a ella no le molestará.

Yo, que como pensé al principio, le vendería hasta mi alma, si del mismísimo diablo se tratase por las cosas que me estaba haciendo y lo que me estaba haciendo sentir, me levanté y con cuidado de no despertar a nadie ya que no quería que el juego acabase, abrí con cuidado las piernas de mi suegra, mojando su coño con mi presemen que a esas alturas chorreaba sin control y gracias a que aún, se mantenía húmedo después del orgasmo y la corrida de su hijo de la noche anterior, mi polla se insertó de manera fácil y rápida, haciéndome jadear de placer y ese placer aumentó cuando mi suegro volvió a llenar mi culo y embistiéndolo como antes de que me ordenase follarme a su propia mujer, aunque he de decir que, enterrarme en su mujer mientras él lo hacía en mí, era una auténtica fantasía hecha realidad.

Mi suegra, al sentir la placentera intrusión, empezó a balancear sus caderas para buscar más placer sin despertar aún de su sueño, lo que me estaba llevando a las nubes mientras, su marido perforaba mi culo en cada embestida sin darme descanso, llegando una y otra vez a mi próstata, volvió a darme una orden.

- Córrete dentro de su coño, quiero ver cómo chorrea tu leche de él mientras yo me corro en tu culo y veo salir mi leche de ti. Córrete pequeño, hazlo para mí.

Obedientemente empecé a envestir más rápido el coño de su mujer, así como él lo hizo con mi culo, haciéndome gritar cuando llegué a mi orgasmo y pude sentir que él hacía lo propio, separándome de mi suegra una vez recuperé el aliento y las sensibilidad en mis piernas, después de la follada que me había obsequiado, desde luego, en algo tenía razón, había sido el mejor orgasmo de mi vida, él se deleitó viendo cómo salía mi semen de su mujer, mientras con sus dedos volvía a meter su leche dentro de mi culo como si quisiese que se quedase allí, hasta entonces, no pude volver por completo a mis sentidos, dándome cuenta que, no sólo nosotros habíamos llegado al orgasmo, sino que su hijo había hecho lo propio dentro de su hermana, o sea mi esposa, sinceramente, estaba en un estado que no me importaba y además, quién era yo para reclamar en ese momento?

Esa voz volvió a sonar en mi oído poniéndome los vellos de punta.

- Ahora sí, bienvenido a la familia pequeño, dijo lamiendo mi cuello haciéndome tener una réplica de mi orgasmo.

Después de semejante despertar, nos fuimos a darnos una buena ducha, yo no sabía muy bien como mirar a Ana porque en realidad, toda la situación aún la sentía bastante abstracta e irreal, ¿de verdad había pasado todo aquello? Bueno, el dolor en mi culo y espalda baja me confirmaba que sí pero, ¿por qué Ana nunca me había hablado de “los secretos” de su familia?

De camino hacia la ducha, Ana notó mi confusión y rompió el hielo,- cariño perdona que no te contase esta parte de mi familia pero, no sabía cómo hacerlo, aunque sabía que eres de mente abierta, no quería hacerlo sola por lo que esperé a que ellos viniesen para mostrártelo, espero que no te sientas mal y no me dejes.

Yo aún aturdido por las imágenes de mi mente e intentando procesar todo lo ocurrido, sólo la miré y le dije - cariño te quiero y eres mi alma gemela, aunque debo de reconocer que, la situación me pilló totalmente desprevenido, ya podías haberme insinuado algo para no llevarme semejante sorpresa, a lo que ella me beso y me sonrió de forma comprensiva.

Para ser sinceros, la experiencia me había fascinado y si tenía alguna barrera mental, la destruyó por completo, haberme enterrado en mi suegra mientras mi suegro lo hacía en mí, me hizo traspasar totalmente mis expectativas y fantasías.

Al salir de la ducha comimos en casa y todo el mundo actuaba como si lo que pasó en la noche y en la mañana de ese día fuese lo más normal del mundo, después de comer decidí echarme la siesta, necesitaba descansar y seguir asimilando toda la situación, pasaron dos horas de merecido descanso y con la mente más clara, me levanté para hacerme un café, pero cuando llegué a la cocina, me encontré una imagen que no me esperaba. Mi cuñado, estaba allí con un conjunto de lencería femenina de encaje color azul oscuro, no sé por qué estaba usando algo como eso y ni siquiera me pregunté por qué estaba vestido así, el caso es que me sorprendí mirándolo embelesado, como esas pequeñas y sensuales braguitas le marcaban tan perfectamente sus nalgas, desconozco el tiempo que pase admirándolo pero empecé a sentir una molestia en mi entrepierna, lo cual me hizo reaccionar y acercarme silenciosamente, mientras él se movía por la cocina como si fuera la de su casa.

Al estar a su espalda, intentó estirarse para alcanzar una taza que estaba en el estante de arriba y al no alcanzarla, se puso de puntillas haciendo que su perfecto culo, quedase aún mas marcado en esa preciosa lencería, me pegué a él y cogiendo la taza se la entregué diciéndole mientras pegaba mi bulto entre sus nalgas.

- ¿Esto es lo que querías? pregunté

Con un gemido y echando la cabeza hacia atrás hasta ponerla en mi cuello dijo

- Sí, es justo lo que necesitaba.

Esa frase no me dejó claro, si era la taza o mi roce el objeto de su necesidad, pero tardé poco en descubrirlo, ya que empezó a frotarse como si estuviera en celo.

- ¿Y los demás? pregunté

- Fueron al centro comercial, mamá y Ana querían comprar algunas cosas y papá las llevó, así que, tenemos la casa sola para nosotros, dijo sensualmente mirándome a los ojos mientras mordía su labio, acto que aún me la puso más dura y el saber que él no sólo aceptaba mi acercamiento, sino que tenía las misma ganas de avanzar que yo, me tenía al borde del abismo, quería hacerlo mío.

Era el mellizo de Ana y aunque a veces los mellizos no suelen parecerse entre sí, él tenía bastante parecido, su cuerpo era masculino pero a la vez tenía un toque de sensualidad femenina gracias a sus curvas sutilmente marcadas, tenía una piel perfecta y suave por no hablar de ese trasero que me estaba volviendo loco, cuando empecé a masajearlo viendo como se rozaba él contra mí.

- ¿Qué te parece si yo pongo el café y tu la leche? preguntó sin pudor alguno.

- ¿Quieres mi leche cuñadito? Baja a por ella, dije haciendo que se pusiera de rodillas.

Con una sonrisa pícara en sus labios, bajó y lamió el bulto formado en mis pantalones haciéndome gemir, él sonrió por ello y bajó mi cremallera sacando su tan ansiado objetivo.

- Desde que la vi, he querido tenerla dentro de mí, dijo metiéndola con desesperante lentitud en su boca, acción que me hizo sujetarme a la encimera, ya que si bien, me habían hecho otras felaciones, tenía que reconocer, que el hecho de que fuera mi propio cuñado quien me estaba haciendo esta, llevaba el acto a otro nivel. Estaba totalmente extasiado en sus movimientos y en como no apartaba su vista de mí, haciendo que la situación fuera más excitante si cabía, con precisión pasaba su lengua lenta y tortuosamente por toda mi longitud mientras que con su mano, acariciaba mis testículos y rozaba provocativamente mi agujero haciéndome estremecer, no sé cuántas veces habría hecho esto y ni siquiera me importaba, sólo sabía que si no lo hacia mío en ese momento, me volvería loco, de modo que, recostado en la encimera para que mis piernas no me fallaran llevé mis manos a su cabeza intensificando así la profundidad y la velocidad hasta que llegando a mi limite le dije.

- Te daré tu leche pero no puedes derramar ni una sola gota ¿entendiste?

Él asintió sin dejar de mirarme con sus ojos vidriosos por la velocidad de las embestidas, realmente me ponía demasiado caliente verlo tan dócil, sumiso y complaciente, no pude aguantar más y de tres embestidas en que, podría asegurar debieron casi ahogarlo, me vine llenando toda su garganta de mi tan ansiada leche, soltando un gemido de placer indescriptible, despacio saque mi polla de su boca pero él, sujetó mi punta entre sus labios, lamiendo y succionando como si quisiera asegurarse de sacar hasta la última gota de leche.

Con una mirada complacida lo ayudé a levantarse y con mi dedo retiré un resto de semen de la comisura de sus labios.

- Abre, te dije que no derramases ni una gota

Él abrió su boca chupando con esmero mi dedo, casi volviendo a ponerme duro por la acción.

¿Qué tal si ahora si me preparas mi café? pregunté como si no hubiese follado la boca de mi cuñado minutos antes.

Después de tomarlo y descansar podemos divertirnos un poco más, antes de que lleguen los demás, dije metiendo mi mano dentro de sus bragas y profanando con brusquedad su agujero para que no le quedase duda de que ese día, no acabaría sin follármelo.

- Sí,por favor dijo en medio de un gemido tan fuerte que hizo que mi polla palpitase.

Mientras estaba en el sofá tomándome mi café, pensaba en que estaban empezando a gustarme los secretos de la familia de mi mujer.

Después de un rato, mi cuñado se levantó a retirar las tazas y comenzó a ponerse muy mimoso, como si fuera un gatito en busca del afecto de su amo.

- Qué pasa cuñadito quieres otra ración de leche? Dije de forma provocativa.

- uhmm, si por favor me gustaría aprovechar el rato que estamos solos y te tengo sólo para mí.

- Y qué te gustaría esta vez?

- Quiero sentir tu polla perforando mi culo en cualquier posición que elijas.

- Eres muy descarado y directo, eso me excita mucho, ven aquí y convénceme entonces.

Sin más espera, se subió a horcajadas encima de mí, empezando a repartir besos por mi cuello haciéndome sentir escalofríos por toda mi espalda, mientras rozaba con su culo mi pene y lo despertaba gustoso de su letargo después de la mamada anteriormente recibida.

- Uhm papi, tu polla ya está despertando, ¿quieres que baje a hablar con ella y la termine de convencer?

Escucharlo llamarme así, me hizo ponerme duro, sin necesidad de que me convenciera más, pero estaba claro que, no me negaría a su propuesta y él lo sabía perfectamente.

- Claro bonito habla con ella y convéncela, pero antes desnúdate y déjame verte entero quiero apreciarte.

- Claro papi, soy todo tuyo

Diciendo eso, se levantó de mis piernas y empezó a quitarse la escasa ropa que tenía, me levanté del sofá con la intención de examinarlo y apreciarlo en toda su desnudez que sin reparos exhibía ante mí, realmente era un espectáculo, su cuerpo delgado y fibroso con la cantidad justa de músculo para verse lo suficientemente femenino y masculino a la vez, era una mezcla explosivamente excitante que me tenía con la polla dura desde que entré a esa cocina y lo vi, aunque estaba empezando a pensar que, el que me vio fue él a mí, pero a quién le importaba eso en este momento, lo cierto es que tenía delante a un hombre con un cuerpo increíble que quería que lo hiciera mío en ese momento, quién eramos, era lo de menos.

Poniéndome de pie empecé a girar a su alrededor para examinarlo bien, acaricié la piel de su espalda sintiendo como sus vellos se ponían de punta ante mi toque, acerqué mi boca a su cuello para dejar besos y dejar algún sutil mordisco que luego dejaría marcas, quería marcarlo, quería sentir que era mío, me estaba envolviendo una sensación de posesión mientras mis manos bajaban, casi saboreando toda su piel, hasta llegar a su culo, ese formidable, redondo y apretado culo que era una tentación que estaba dispuesto a probar aunque eso me llevase al infierno. En ese momento no importaba quienes eramos, sólo importaba ese instinto animal que estábamos sintiendo.

- Chupa bonito quiero prepararte antes, no quiero hacerte daño. Dije mientras metía tres dedos en su boca.

Sin esperar más empezó a lubricar los dedos y por su manera de hacerlo por poco me corro sin necesidad de penetrarlo, desde luego mi cuñado tenía un don para esas cosas y yo, no pensaba resistirme a sus encantos. Cuando los sentí lo suficientemente lubricados, los saqué y los llevé hasta su culo, abriéndolo al mismo tiempo que, con mi otra mano, lo hacía inclinarse para darme una mejor vista de tan escultural parte de su anatomía.

Empecé a hacer círculos en su agujero y cuando lo sentí relajado, metí uno de mis dedos haciéndolo gemir de placer, realmente sus gemidos, hacían que alguien se volviese loco de lujuria y eso es precisamente lo que me estaba pasando a mi, estaba penetrándolo con mi mano metiendo un dedo tras otro, cuando su agujero me lo permitía, haciendo tijeras para dilatarlo bien mientras mi polla, estaba soltando presemen descontroladamente, mojando el suelo al caer por el simple hecho de saber que en pocos segundos, estaría dentro de semejante maravilla, mientras, él seguía gimiendo y retorciéndose cada vez que mis dedos rozaban su próstata, era un espectáculo contemplarlo pero yo ya no podía más y él estaba empezando a impacientarse.

- Por favor follame ya, necesito sentir tu polla dentro de mí o me correré sólo con tus dedos. Dijo entre gemidos y con la respiración entre cortada por la excitación.

- Te lo prohíbo bonito, quiero estar dentro de tí cuando eso ocurra.

Dándole la vuelta, lo tumbé en el sofá, observando como su piel estaba perlada por el sudor, sus labios entre abiertos y sus ojos cerrados por el placer.

- Abre los ojos bonito, quiero verte mientras te hago mío.

El acató lo pedido mientras yo, me enterraba en él, viendo su expresión mezcla de satisfacción y lujuria en sus ojos, era una imagen difícil de olvidar e innegablemente adictiva, estaba seguro que, tendría que volver a verla, al mismo tiempo que volvería a sentir el placer de penetrarlo, era una experiencia sublime, sabía que no era su primera vez y que seguramente su padre, ya se lo habría follado por lo anteriormente visto y presenciado en esa familia pero aún así, estar dentro de él, era como tocar el cielo y el infierno a la vez.

Empecé a embestirlo cada vez con más fuerza y velocidad mientras la habitación se llenaba de gemidos compartidos y palabras en ocasiones ininteligibles y de satisfacción en otras. Viendo que mi orgasmo se acercaba, llevé mi mano a su miembro, quería que nos corriésemos los dos, no iba a ser egoísta y dejarlo a medias, eso no sucedería, de modo, que empecé a masturbarlo con la suficiente presión y velocidad para provocar en él, el inminente deseo de correrse.

- Ah papi, necesito correrme no puedo más, por favor permíteme que me corra.

Ante semejante petición, no podía negarme. - Si bonito, te lo permito, córrete para tu papi.

Sin más, empezó a correrse llenando todo su abdomen y pecho con su leche, teniendo pequeños espasmos de placer que, llegaban hasta sus paredes anales, haciéndome perder el poco control que me quedaba corriéndome dentro de él, no queriendo dejar de embestirlo pero al mismo tiempo, cayendo sobre él sin hacerle daño con mi peso, intentando regular mi respiración negándome a sacar mi polla de su desde ahora, sitio favorito.

Una vez más tranquilo, saqué mi miembro, observando como su agujero palpitaba ante el vacío y expulsaba mi corrida, era un momento y una visión realmente inigualables, ni siquiera su hermana, mi esposa, había llegado a hacerme sentir así, no digo que no me gustase estar con ella en la intimidad pero, el fuego que desprendía su hermano y el sentimiento de posesión que me hacia sentir por él, no se podían comparar.

Una vez que recuperamos todos nuestros sentidos, nos fuimos a duchar juntos porque después de lo sucedido, para qué molestarnos en ir cada uno a su habitación, allí nos dimos una buena sesión de caricias, besos y mimos dejando implícito en cada uno de ellos que, se volvería a repetir esta situación.

Al pasar un par de horas, unas caricias en mi cara me despertaron, haciéndome ver donde me encontraba, en la cama de mi cuñado abrazando su espalda con él plácidamente dormido entre mis brazos.

- Hola cariño, sólo quería que supieras que ya hemos vuelto y os esperamos abajo cuando queráis bajar. ¿Te has divertido con mi hermano? Dijo mirando como lo tenía abrazado.

- Sí, nos divertimos mientras vosotros comprabais.

Ella sonrió asintiendo, se levantó de mi lado y fue hacia su hermano despertándolo suavemente igual que a mí.

- Hermanito despierta, dijo mientras él restregaba sus ojos para despertarse.

- ¿Te follaste a mi marido? Preguntó con una sonrisa juguetona y sin rastro de maldad o celos.

- No, tu marido me folló a mí y ahora entiendo por qué te gusta tanto. Dijo con una sonrisa llena de satisfacción.

- Veo que ahora entiendes lo que te contaba, bueno os esperamos abajo cuando queráis.

- Bien ahora bajaremos. Dijo con una sonrisa mientras restregaba su culo en mi polla.

Su hermana lo miró asintiendo y comprendiendo que aún, tardaríamos un buen rato en bajar ya que, quería otra ronda de sexo y no iba a dejar que nadie se lo quitase de la cabeza, después de haberlo hecho mío, quería más y lo obtendría.

Después de ese fin de semana, siguieron muchos más en los que estábamos deseosos de ver a su familia y compartir su secreto, por supuesto, seguía haciendo el amor con mi esposa pero en cuanto llegaba su familia, nos perdíamos en ellos y sus momentos sexuales, donde no importaban, ni dónde, ni con quién, sólo importaban el placer y la lujuria.