No fue por ayudarlo, es solo porque…-AkuAtsu
Día 1: Revelación de casta
Desde que Atsushi quedo bajo la tutela de Kunikida, después de pasar por prácticamente un infierno en aquel orfanato, su vida ha ido mejorando.
El dormir en una cama suave y no en un frío suelo, tener tres comidas al día. Estudiar y no tener que limpiar cada rincón.
En aquel tiempo, cuando solo tenía 7 años, decidió escapar de aquel escalofriante lugar. Vagando entre las calles de Yokohama, padeciendo hambre y frío.
Una noche, por accidente, chocó con alguien.
Se disculpó con un ligero tartamudeo antes de intentar irse, pero el contrario lo retuvo al tomarlo del brazo.
Comenzó a temer que era un policía que muy posiblemente lo llevaría de regreso a ese orfanato. Sin embargo, nunca creyó escuchar de él las palabras: ‘¿Estás perdido?’, o ‘¿Por qué parece que huyes?’.
Alzó la mirada para notar que no tenía vestimenta de un oficial, algo que lo tranquilizo un poco. —Vas a responderme, ¿o no?— preguntó un tanto molesto el rubio.
Por fin había terminado de calificar los exámenes de matemáticas que aplicó a sus alumnos esa mañana y necesitaba tomar un buen descanso al llegar a su departamento. Aunque se llegó a topar con el peligris.
Lo que notó de inmediato, fue su ropa desgastada, así que por impulso lo detuvo. Podría decirse que sintió un poco de compasión por el niño.
—Yo… no quiero volver— respondió con voz casi apagada y bajando la mirada.
Antes de que Kunikida preguntara a qué se refería, un gruñido de estómago lo suficientemente fuerte, lo interrumpió. Sabía que no le pertenecía a él por haber cenado hace poco.
Aparto un momento la mirada del pequeño para observar a su alrededor. —Vamos— mencionó al encontrar lo que buscaba.
Estaba por llevárselo, pero Atsushi por reflejo, lo sostuvo de la manga de su camisa para intentar detenerlo. —¿A dónde?— preguntó con temor.
Cuando el rubio iba a decirle, se volteó a verlo, quedando sorprendido al ver reflejado en su mirada el miedo.
No comprendía su razón del porqué actúa de esa manera, pero comprendió que cualquiera se asustaría si intentará llevárselo sin decirle nada e incluso al ser un completo extraño.
Suspiro mientras acomodaba sus anteojos. —Mi nombre es Doppo Kunikida y no pretendo hacerte daño, solo quiero invitarte algo de comer.
—Atsushi— mencionó mientras soltaba su manga. —Atsushi Nakajima— se presentó.
Una vez que entraron a un restaurante, el rubio le dijo que escogiera lo que comería al entregarle el menú.
El peligris observó las fotos de referencia, no es que no supiera leer, pero no conoce ninguno de los platillos. Entre todos le llamo la atención el Chazuke, el cual señalo para que el contrario lo viera—. Quiero este.
Después de esperar unos minutos, por fin el tazón con la comida fue dejada frente a Atsushi. El aroma le parecía apetitoso, así que se dispuso a comenzar a comer.
Kunikida veía algo curioso las expresiones del niño y no pudo evitar sonreír al notar que en sus ojos que en un principio parecían carentes de brillo, ahora parecían resplandecer. Aunque al darse cuenta de lo que hacía, lo disimulo cubriéndose la boca y aclarando su garganta.
Luego de unos cuantos tazones más, el peligris le cuenta la verdad de dónde venía. Al menos, aparte de agradecerle, quería contarle un poco de él.
Con aquel relato, el rubio no dudo en invitarlo a dormir en su departamento. Se sentiría culpable si solo le invitaba la cena y después cada uno se iba por su lado, donde seguramente Atsushi dormiría en la calle.
Desde entonces, ambos vivieron juntos, gracias a que Kunikida logro ser su tutor por la vía legal y que así el peligris viviera una vida cómoda, como la que cualquier niño debería tener.
Para que asistiera a la escuela no fue nada complicado, ya que Atsushi se notaba contento por ir. Al saber que aprendería mucho y conocería a otros niños, además de que podría tener amigos.
Sin embargo, por estar distraído observando todo a su alrededor. No se dio cuenta de que había alguien enfrente, provocando que al chocarse, este cayera—. Lo siento— se disculpó mientras lo rodeaba para quedar frente a él y estirar su mano para ayudarlo a levantarse.
Akutagawa, levantó su mirada para ver al culpable de hacerlo caer. No oculto su enojo, menos cuando se levantó con la intención de abalanzarse contra él por haberlo humillado de esa forma.
Desde entonces ambos permanecen lo más alejado uno del otro para no provocar ninguna pelea y principalmente el peligris, al no querer escuchar los regaños del rubio.
3 años habían transcurrido donde los niños más o menos comprendían lo que era ser un alfa u omega.
—Bien niños, llego el momento que todos esperaban— anunció la maestra mientras observaba a todos sus alumnos. —Hoy les harán la prueba para que sepan a qué casta pertenecen.
Todos los infantes celebraron por la alegre noticia e incluso Atsushi. Aunque al enterarse de que necesitaban una muestra de su sangre, salió rápidamente del salón donde harían las pruebas.
Por más que intentaron, no lograron atraparlo. Así que tuvieron que llamar a Kunikida, interrumpiendo una de sus clases. —No quiero hacerlo— se quejó el peligris, mientras era arrastrado por su uniforme por el rubio.
—¿Ahora de qué te quejas?, me decías hace unos días que estabas muy emocionado por saber lo que serías— comentó al entrar al salón. Lo sentó frente a una de las sillas donde estaba la enfermera de la escuela, ayudando a los médicos que se encontraban ahí para realizar los análisis. —Solo será un ligero piquete.
—¿Y si muero desangrado? Entonces si muero, ya no estaré vivo y ya no podre comer Chazuke. Entonces…— mencionó un poco alterado, pero el golpe que recibió en la cabeza con la libreta que cargaba Kunikida, lo detuvo de seguir.
—No exageres.
Los adultos parecían divertidos por las palabras del niño, en cambio, sus compañeros parecían que estaba exagerando demasiado. En especial el pelinegro. —Tonto tigre— murmuró.
Comenzó a llamarlo de esa forma al ver que las mochilas que había utilizado y utiliza, siempre tenían el estampado de un tigre blanco. Así que lo llamaba de esa forma simplemente para molestarlo.
Cuando estuvieron los resultados, cada niño fue nombrado para que pasara al frente y recibiera la hoja con sus resultados.
—¡Vengan a ver, Akutagawa es alfa!— comentó uno de sus compañeros al haber visto por curiosidad el de los demás, notando que la mayoría eran betas, incluyéndolo a él.
De inmediato todos fueron a ver los resultados, el único que permaneció en su lugar fue el peligris.
Al notar que nadie lo veía, oculto sus resultados en su mochila.
No es que no le gustara saber que salió como omega, estaba contento por saberlo, pero temía que también lo anunciaran y llegaran a burlarse de él. Así que decidió que solo se lo diría al rubio.
Aunque por desgracia, el mismo niño que le dijo a todos sobre el pelinegro, logró notar lo que guardaba Atsushi.
Se acercó con cautela para arrebatarle su mochila. —¿Por qué guardas tus resultados? ¿Qué nos estás ocultando?
—No, espera— intentó quitarle su mochila, pero el niño se alejó, así que se levantó para recuperarla. —Regrésamela— antes de que llegara a tomarla, esta había sido arrojada hacia otro de sus compañeros.
Al estar cerca de este, ni siquiera hizo nada para evitar que la agarrara. —Así que eres omega—. Se paralizó al escucharlo. —¿Por qué tenías miedo de que lo supiéramos?— preguntó con burla.
El peligris no sabía qué decir para defenderse. Solo se abrazó a su mochila, mientras bajaba la mirada—. Ahora entiendo por qué eres el más pequeño de todos nosotros.
—¿Y qué si lo es?— comentó Akutagawa al estar en frente y arrebatarle la hoja. —Tú también eres más bajo que yo y eres un beta. Tú menos que nadie tiene derecho a criticar a alguien, porque ni siquiera perteneces a una de las dos castas— sentenció antes de alejarse.
Se acercó al peligris para empujarle la hoja sobre su rostro—. Ten estúpido tigre— dijo sin detenerse y salió del salón.
Los demás niños comenzaron a hablar acerca de la actitud del pelinegro y como ayudo a quien se supone detestaba. Pero para Atsushi estaba de alguna forma agradecido por haberlo salvado de esa situación.
Imagino que ese sería el comienzo de algo.