Efímero

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Sinopsis

Vianne y Kay se conocen a través de amigos y se embarcan en una relación apasionada y perfecta. Su amor parece inquebrantable. Sin embargo, se ven obligados a enfrentarse a los diferentes desafíos que el mundo les pone en medio del siglo XXI. Secretos, malentendidos y todo tipo de problemas familiares se interponen en su camino, destrozando la confianza y la armonía que compartían. Vianne cuestiona todo lo que creía saber sobre el amor y descubre la fragilidad de las relaciones incluso cuando parecen destinadas a durar para siempre. A través de los ojos de Vianne, nos adentramos en una montaña rusa de sentimientos y dudas. En esta historia de altibajos emocionales, nos enfrentamos a la realidad del amor perfecto, ¿podrá el amor con todo?

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
sour_byy
Estado:
En proceso
Capítulos:
12
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: Familia.

Siempre me había asustado el hecho de pensar que no volvería amar de aquella forma, pero al menos el recuerdo de ese amor perduraría en mi corazón por siempre y volvería diariamente a mi cabeza.

Habían pasado meses desde que me había mudado nuevamente con mi padre, no me veía capacitada de estar sola después de cómo todo había terminado de aquella forma tan abrupta.

Ya habían pasado meses desde aquello pero un ápice de mi cerebro creía que todavía la extrañaba, que la deseaba y necesitaba a mi lado, cuando no era así.

Aún no quería admitir la gran toxicidad de aquella relación, quizás únicamente sentía todo aquello por lo larga que había sido, habíamos estado juntas durante más de ... ¿Seis meses?

Prefería no recordar las cosas con tanto detalle, a pesar de que en ese momento sí lo hacía, nadie desearía recordar una relación repleta de cuestiones tóxicas por mucho amor que hubiera de por medio.

Estaba jugando con Prays en el suelo, los cochecitos rodaban de un lado hacia el otro, porque eso era a lo que él le gustaba jugar. La habitación se llenaba de risas, carcajadas y gritos para ver quién ganaba las carreras, él era un completo tramposo, pero que iba a hacer si mi hijo se encontraba en esa época de egoísmo. Los temibles cinco años, o eso decían.

Escuché mi móvil vibrar al otro lado de la habitación aunque no deseé prestarle atención, mi padre nos llamaba para comer y tuve que jugar para agarrar al niño en brazos, no le costaba comer ni mucho menos ir hasta allí, pero era solo un juego y él quería seguir jugando.

Bajamos corriendo hacia la cocina y dejé al niño en su trona, esos eran los problemas de ser pequeño en una familia tan grande.

Saludé a mi padre con un rápido beso en la mejilla y él me saludó de la misma forma.

—¿Qué tal el día, hija?— Dijo mi padre mientras repartía la comida entre todos los platos y yo los colocaba en sus respectivos sitios.

—Hoy estuve hablando con Alexander, quiere pasar unos días con Prays, no te ha dicho nada porque está un poco ocupado, estamos a tope de trabajo, llámale después.— prosiguió sin haberme dejado tiempo para responder.

—Muy bien, Prays y yo hemos estado toda la mañana jugando—tras responder a la primera pregunta respondí a la segunda.— Más tarde le llamaré, tengo psicólogo mañana por lo que me vendrá bien. —Fui saludando a cada uno de mis hermanos, todos llegaron a la vez, pero hacían fila para darme un beso y sentarse, también para dárselo a mi padre.

Mi padre siempre había sido un hombre muy frío y duro, pero muy familiar. Había disfrutado de tener hijos a lo largo de los 25 años que yo llevaba viviendo, siendo yo la primera mujer que tuvo.

Ya incluso era abuelo, el tiempo pasaba tan deprisa que no parecía real.

Llené, sobretodo, de besos a Hari aquel mediodía, pues los demás de los cuatrillizos no se dejaron besuquear tanto. Pronto era su cumpleaños y estaba yo más emocionada que ellos.

Me senté al lado de mi padre una vez habían acabado de colocarse, a pesar de que mi padre era el que más trabajaba se ocupaba de preparar la comida, cosa que me hacía sentir completamente inútil, pero ya había quemado un horno antes en el intento de cocinar y aunque no fuera por el valor monetario del horno, prefería que no quemase la casa completa. Ambos lo preferíamos.

Supongo que como de costumbre podía achacar la culpa a mi mala visión, pero con más razón él no me dejaría volver a cocinar, porque sabía que cada vez estaba más ciega y cada vez se me dificultaban más las cosas cotidianas.

Es un padre y como todos, lo hacía por preocupación, por mi seguridad.

Era gracioso, yo no era capaz de cocinar pero cuando trabajaba era la mejor pastelera de toda la ciudad.

Sopa y filetes con salsa de verdura como menú del día, comimos deprisa tras agradecer la comida, no éramos todos religiosos, ni siquiera éramos de la misma religión, pero era costumbre y cada uno lo hacía con su respectiva religión porque después de todo, nos respetamos.

—Está delicioso, papá.—Sonreí mientras comí con prisas, nunca mentía si hablaba de lo rica que estaba la comida de mi padre, él cocinaba absolutamente genial, conseguía que todo estuviera delicioso.

Terminamos de comer, la comida hoy también incluía postre, mi padre había estado horneando algunos cupcakes y yo los había decorado.

Jugué con mis hermanos y mi hijo unos minutos tras comer y cuando comencé a cansarme por el sueño que me producía pensar en la siesta decidí irme. Mis hermanos tenían sus lecciones y entrenamientos diarios con Alastor, mi tío y Prays había decidido quedarse con ellos también, disfrutaba de pasar tiempo allí, con su tío y sus ... Tíos, también.

Subí a mi habitación y me tumbé directamente en la cama.

Escuché unos minutos después como mi teléfono vibraba nuevamente, supuse que había sido algún mensaje y de nuevo me preocupó bastante poco, el sueño podía más conmigo.

Pero después llegó otro y otro, todos seguidos, diría que algunos incluso fueron a la vez, escuchar tal cantidad de mensajes llegó incluso a asustarme, por lo que, con gran desgana, me levanté para agarrar mi móvil.

Me habían añadido a un grupo de WhatsApp, lo que me extrañó en gran medida porque, en su mayoría eran números a los que no tenía agregados.

—¿Eh?— dije en voz alta sin darme cuenta.

Subí todos los mensajes hasta llegar al primero.

«Eleanor te ha añadido a Debozz.

Eleanor:

Hola, chicos, os echaba de menos.»


De repente me inundó la felicidad al ver aquellos mensajes y no pude esperar o leer más mensajes y escribí directamente en el grupo.

«HOLA DEBOZZZZ, CUÁNTO TIEMPOO.»

Leí todos los mensajes que comenzaban a llegar tras el mío, no todos eran para mí, muchos respondían a mensajes anteriores al mío pero cuando se dieron cuenta de que estaba allí todos comenzaron a escribir mi nombre en mayúsculas o expresar de alguna forma que me extrañaban o que estaban felices de verme allí. O al menos a saludarme.

Ni siquiera me había molestado en volver a la cama de la emoción, me había quedado allí, de pie, mirando al móvil totalmente ensimismada.

Varios números me respondieron y mientras volvía a responder les preguntaba sobre cómo se llamaban... A pesar de que ya los conocía. A nadie se le hizo demasiado extraño aunque realmente lo era, quizás alguno podía recordar todo el número de las enfermedades mentales que había tenido y tenía y quizás por eso no preguntaban nada fuera de lugar, bueno, ya sabes que se dice que las personas con depresión tienen problemas de memoria. Era cierto que el problema era y no era ese, pero, pues, ellos no sabían que tengo amnesia disociativa y aquello a lo que siempre llamé ansiedad y depresión eran en realidad un trastorno límite de personalidad.

Honestamente, de allí solo conocía a Eleanor. Al leer su nombre me sonó también el nombre de Ela, también era mi amiga, lo recordaba.

Nick también me quería sonar, era uno de los muy pocos chicos que había en el grupo, siempre habíamos sido más mujeres aunque no por eso eran más importantes o lo éramos nosotras, el grupo siempre habían tenido esas vibras de grupo no tóxico que daba gusto

Kay no me sonaba de lo más mínimo, al igual que Bela y Aqua, a pesar de que yo seguro recordaría un nombre tan lindo como el de Aqua.

Todos estábamos conectados en aquel momento, los mensajes volaban por la rapidez en la que eran enviados y de vez en cuanto se hacía imposible leer lo que decían, todos teníamos esa emoción en el cuerpo y no podíamos parar de escribir. Comenzamos a tranquilizarnos un poco, todo eran conversaciones entre amigos y no sé porque o cómo había salido la conversación pero Aqua comentaba con alguien que estaba por casarse, tenía una novia y para mi sorpresa, era lesbiana. No sé por qué aquello me sorprendería, dudaba que en aquel grupo hubiera algún heterosexual, pero como en realidad tampoco la conocía de nada o al menos no recordaba conocerla me asombraba.

Era extraño.


Aquello no me hizo recordar...


Recordarla.


Teniendo en cuenta de que hablábamos de lesbianas y nosotras éramos dos mujeres, teniendo una relación lésbica.


¿Aquello que me había sorprendido era en el fondo por ella?


Ni siquiera estaba pensando en ella. ¿Pero en qué estaba pensando?


Mis piernas ya comenzaron a cansarse y menos mal, porque cualquiera que entrase en mi habitación podría creer que era tonta; de pie, mirando al móvil y con una sonrisa en la cara. Decidí ir a tumbarme nuevamente en la cama pero ahora fui con el móvil en la mano. Todos hablaban sobre su vida, sobre cómo les iba. Recordé entonces... ¡La última vez que había hablado con ellos fue cuando me quedé embarazada! Recuerdo que incluso pusieron la foto de mi ecografía en la foto de perfil y el grupo llevaba por nombre en mayúsculas "VIANNE EMBARAZADA". Mi corazón se sintió sensible, mi hijo tenía ahora cinco años.


¿¡Tanto tiempo había pasado?!


Parecía incluso irreal; sin embargo, en aquel momento no hablé de aquel tema y seguí escuchando hablar a los demás, sabía que más tarde o más temprano saldría la conversación de los hijos, en general, y sería mi momento de hablar.

Escuché (o más bien leí) como los demás continuaban hablando, Eleanor nos contaba sobre su pareja, por fin tenía una y yo estaba muy emocionada por ella.

La había echado muchísimo de menos, siempre la había considerado mi mejor amiga sobre todo después del problema que ella había tenido con aquella chica, incluso cuando no teníamos la mayor confianza ella me contó todo lo que había sucedido.

No era nada demasiado grave, pero la relación con su ex mejor amiga se había desgastado muchísimo y ellas habían entrado en un bucle de pelear y enfadarse continuamente por lo más mínimo lo que, al final concluyó en que ninguna aguantara a la otra, a pesar de que ambas se seguían amando.

Pero Eleanor era ahora mi mejor amiga, o al menos yo la veía de esa forma.

Ela nos contaba ahora, casi como si me hubiera leído la mente, que estaba embarazada, aún no sabía el género y todos la intentamos sobornar para que les pusiera nuestros nombres, sobre todo Nick y yo, bromeamos un montón sobre ello.

«Debería llamarse Vianne o Vianna y si es hombre... VIANNO.

JAJAJAJ.»

Dije yo y rápidamente Nick respondió para que no usara el mío.

«Debería llamarse Nick, que es mucho más bonito. JAJAJ.»

Seguimos diciendo tonterías de ese estilo un rato hasta que nos cansamos todos en general y la gente comenzó a desconectarse, obviamente no íbamos a pasar horas hablando continuamente... O quizás sí, porque de hecho habíamos estado hablando durante varias horas, el tiempo había pasado verdaderamente volando y ya ni siquiera estaba cansada por las endorfinas que aquello había provocado en mí.

Cuando por fin me avispé de la hora que era corrí a llamar a Alex, el padre de Prays.

"Se me había olvidado llamarte antes, estuve un poco... ocupada. Puedes pasar la tarde hoy con Prays, no tengo problema con ello." Le dije por fin, él no dudó de mis palabras incluso si no sonaban creíbles.

"Perfecto, ya iba de camino a casa, te lo traeré de vuelta cuando termine el fin de semana, quiero llevarlo a Disneyland, si te parece bien. Reservé los boletos de avión para esta misma noche, sería una verdadera pena no poder ir." Me dijo él aun a sabiendas de que yo no le diría que no.

"Claro, me parece ideal, le prepararé la maleta." Respondí de vuelta y tras poco más despedimos la llamada y finalizó, me puse en pie para realizar lo dicho.

Bajé primero a ver que estaban haciendo, mi tío estaba sentado en el suelo con todos los niños en círculo a su alrededor, una imagen que me produjo mucha ternura; sin embargo, decidí que era mejor dejarlos allí y no molestarlos en aquel momento por lo que, fui a arriba de nuevo, busqué la maleta pequeña que tenía y comencé a llenarla con las cosas que creí que mi hijo necesitaría, miré la temperatura que haría esos días en París y aún así puse entre todas las cosas algo que abrigarse mucho y algo por si hacía calor. Preparé y revisé varias veces todas las cosas que metí en la maleta, sabía de todas formas que si necesitaba algo su padre podía permitírselo, sin embargo, no era plan de que gastase dinero en cosas que teníamos en casa. Me tenía muy ilusionada el hecho de que se fueran juntos de viaje, Prays amaba a su padre y su padre desde que había vuelto de la milicia adoraba también pasar tiempo con él, y a mí, me encantaba que disfrutasen de su tiempo juntos, más tras ver lo felices que estaban siempre ambos.

Aunque, también me daba un poco de envidia, yo también deseaba ir a Disneyland con ambos, pero era un viaje padre e hijo y sabía que si decía algo seguramente Alex me invitaría, incluso si él no quería que yo fuera nunca me diría que no, sería un tanto incómodo.

La hora se me pasó volando y cuando me di cuenta, Alex estaba abajo, conversando con Alastor mientras los niños correteaban, le contaba sobre el plan de viaje. Mi familia tenía una gran relación con él, a pesar de ser mi expareja.

Bueno, supongo que aparte de mi ex pareja y padre de mi hijo también era el novio de mi hermano.

Así que... Bueno, tenía sentido.

Era inevitable que se llevasen bien con él.

De todas formas, Alex se había criado con nosotros prácticamente, mi padre le tiene cariño, todos nosotros le tenemos cariño.

Me asomé por las escaleras para comprobar si había llegado, escuché momentos antes otra voz masculina que no asociaba con mi padre o Alastor.

—Oh, Alex, no sabía que habías llegado, ya bajo la maleta de Prays —dije volviendo a entrar en mi habitación.

—No te preocupes, subo yo a por ella, disculpa —le dijo aquello último a Alastor y subió escaleras arriba más deprisa de lo que pensé.

Quizás lo hacía por caballerosidad, o quizás por pena, supongo que él tampoco quería que me cayera escaleras abajo por intentar bajar la maleta por culpa de mi visión... Quizás era una mezcla de ambas. O quizás simplemente tenemos una buena relación, no es necesario ser tan negativa, supongo.

Dejé que la bajara tras darme cuenta de lo que pesaba, eran 9 o 10 kg y aunque no fuera demasiado pesada era lo suficiente como para bajar las escaleras con ella y que molestase el peso.

—Gracias— le susurré mientras él bajaba con ella, la llevaba como si fuera solo una camiseta, como si fuera cualquier cosa.

Con una sonrisa miré a mi hijo, nos esperaba al final de las escaleras con una gran sonrisa, él no sabía a dónde iban, pero sabía que se iba de vacaciones con su padre y ya se lo había contado a todo ser en la familia, animales incluidos, solo por lo emocionado que estaba.

Agarré esas mejillas que me miraban con ternura y lo llené de mil y un besos, creando carcajadas en él.

—No pierdas a papá de vista ni un solo momento, ve siempre a su lado, agarradito de su mano, llamame todos los días y haz caso a papá, come bien y...— Me callé y le mostré una sonrisa, sabía que estando allí su padre podría estar segura de todo aquello, sabiendo sobretodo que a Alex le gustaba tener todo bajo control. Entendí entonces toda la preocupación que siempre había tenido mi padre.

—Y sobre todo, pásatelo genial, que eso es lo principal ¿sí?— Volví a besuquear cientos de veces más su cara tras escuchar a su padre decir que debían irse, iban a tomar un vuelo de noche para que Prays pudiera descansar bien en el avión y no hacerlo tan duro para él, un vuelo de varias horas con un niño despierto porque es pleno día ha de ser horrible en todo sentido.

Esperé en el marco de la puerta hasta que vi el coche desaparecer en la lejanía, después volví a entrar y me dirigí a la cocina junto con Alastor, el cual ya me tenía preparada una copa de vino.

Agarré una de las sillas y me senté junto a la isla para hablar con él y tomar mi copa con tranquilidad.

—¿Haces tú la cena?— Le dije, tomando un primer sorbo de aquel líquido carmesí.

—Sí, tu padre vuelve tarde hoy, aunque después de la cena me iré a mi casa. — Él ya había comenzado a sacar todos sus ingredientes, predije que era pasta o algo así cuando colocó una olla con agua en el fuego.

Me quedé completamente hipnotizada al ver cómo cortaba todos los ingredientes como si de papel se trataran.

—¿Qué tal la tarde? No te he visto asomarte en ningún momento.— Dijo él mientras continuaba concentrado en la cocina.

Me descolocó su pregunta, normalmente ni siquiera hablábamos, él era un hombre muy silencioso y yo sabía que además de ello le gustaba la tranquilidad y ya que estaba ahí, no iba a romper su paz.

—Oh, ya, estuve hablando con unos viejos amigos un rato, quería dormir un poco de siesta pero tampoco lo conseguí. — Me distraje unos segundos jugando con unas de mis pulseras, él solo asintió.

—¿Qué tal con Bella? ¿Hablaron hoy?— Hablé nuevamente. Bella era una gran amiga mía, muy cercana también a mi padre y desde hacía un tiempo, muy cercana a Alastor.

Parecía ser él el único que no se daba cuenta de que la cosa iba más allá, Bella estaba enamorada de él y no es que ella fuera discreta como para no darse cuenta.

Desde el principio yo había supuesto que el miraba hacia otro lado por la gran diferencia de edad entre ambos, a pesar de que Alastor podía parecer de mi edad por su tez perfecta no lo era, era casi 20 años mayor y Bella, era incluso más pequeña que yo por dos o tres años era eso o que realmente él no sentía nada por ella.

—Sí, se siente muy agobiada con la carrera, estuve intentando animarla, le dí algún consejo— hizo una pausa entre medio —quizás tú también deberías intentarlo, estudiar.—

Así era Alastor, un hombre incapaz de aguantarse lo que piensa. Da igual que tanto te pueda afectar, él te reprochará las cosas de igual manera. Es un buen hombre, pero muy bocazas, demasiado directo.

—¿Ya vamos a empezar con eso?— Dí un sorbo más largo del vino.

—Tú has empezado.

—No he dicho nada, solo he preguntado por Bella, ¿esque te molesta?... Owww, ¡Alguien está enamoradoo!

—Claro que no.— Su tono de seriedad hizo que me callase, en realidad buscaba sacarle algo de información pero siempre se hacía el duro, nadie era capaz. Incluso a pesar de que descubriera algo, nunca le diría a Bella, ella debe dar un paso adelante y atreverse, no seguir con sus actitudes. . .

—Bueno, quien sabe lo que deparará el futuro...—Me dió una mirada asesina mientras yo terminaba de beber mi vino con una sonrisa.

Tras aquello Alastor alzó la voz para que mis hermanos escucharan —la cena está lista, no tardéis.—

Comenzó tras ello a separar los raviolis en platos individuales, ya sabía lo que solía comer cada uno por lo que predecía más o menos y si fallaba, cualquiera podía repetir igualmente.

Eran unos raviolis rellenos de calabaza y cebolla con una salsa de queso, una verdadera delicatessen.

Esa es una de mis cosas favoritas en esta casa; el gusto por la comida. Nos sentamos a comer todos tranquilamente y cuando aún no habíamos acabado de cenar mi padre llegó a casa, lo que provocó el entusiasmo en los más pequeños.

Les dió algún pequeño abrazo mientras dejaba sus cosas en el suelo, a un lado de la cocina y se sentó con nosotros a comer.

Alastor había aprovechado esos segundos para servirle un plato también.