Ronronéame

Sinopsis

El equipo no le exige mucho a Lev y aun así no colabora, así que debe entrenar después del horario de entrenamiento general. Esa noche debía hacer la limpieza con el libero titular, pero por su demostración de una habilidad que aprendió en lugar de rematar, lo llevó a salir más tarde del gimnasio. 🐾Versión sin censura. 🐾Lev Haiba × Yaku Morisuke | Levyaku 🐾Kuroo Tetsuro × Kozume Kenma | Kuroken ⚠️Advertencia⚠️ •Aquí se ven temas sensibles, por ello, está dirigido a un público mayor, lee bajo tu responsabilidad. 🌸Créditos🌸 •Portada hecha por mi. •Créditos a los respectivos artistas de las imágenes utilizadas en la portada. •Los personajes de esta obra son propiedad intelectual de Haruichi Furudate. •Historia original, no acepto copias y/o adaptaciones a la misma. Espero que la lectura, sea de su agrado 🐮💚

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
Ushiasisi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Ronronéame

Los entrenamientos eran cada vez más duros, claro que así debía ser, ya que los nacionales estaban cerca y tenían todas las intenciones de avanzar hasta llegar al podio.


Todos cumplían con sus roles, mejorando cada vez más en sus técnicas y en la conexión que tenían con sus compañeros.


Luego tenemos a Lev, él hace lo que puede en el primer año que toca un balón de vóleibol.


Sus saques habían mejorado considerablemente si comparamos con su primer mes en la cancha, todo gracias a sus mayores que le tenían paciencia a la de explicarle y enseñarle lo básico, aunque Kenma ya estaba a nada de vender a su compañero por algún juego nuevo.


Kuroo era quien más le tenía fe, él era alguien muy positivo con el desarrollo de sus compañeros. Nobuyuki ayudaba al menor de los gatos a que se acoplara mejor al deporte y Yaku… él solo trataba de no matarlo.


—El entrenamiento termina por hoy, dejen todo limpio y se van a sus casas —el señor Nekomata habló con potencia en su voz, captando de esta manera la atención de todos los jóvenes en el gimnasio.


Ambos entrenadores dejaron el lugar junto a la mayoría del equipo, dejando al capitán, a dos titulares y al pobre ruso que había sido explotado de tanto ejercicio.


—Ya me quiero ir, capitán —el de ojos esmeralda se dejó caer en el suelo de la cancha, estirando todo su cuerpo adolorido y hambriento.


—Lo harás cuando hagas diez remates decentes, ahora levántate.


Kenma también se había quedado a petición de su novio pelinegro, mientras que Yaku se había quedado porque a él le tocaba la limpieza junto con Lev.


Con un pequeño intervalo para hidratar sus cuerpos, volvieron con energía a la cancha, menos el pudin claramente.


El capitán tiraba la pelota hacia Kenma para este hacer la colocación a Lev con esperanza de que no se le olvide rematar y el líbero estaba del otro lado de la cancha para recibir el balón.


Así estuvieron cuarenta minutos, tiempo suficiente en el que Kenma tomó un balón y se lo remató en la espalda del puro coraje.


Había hecho excelentes colocaciones, todas para que al más alto del Nekoma se le fuese fácil rematar, pero no, al poste de luz led se le olvidaba rematar, se enredaba en la red o la tocaba al intentar rematar.


Kozume no tenía paciencia y si la tuvo, Haiba se la agotó.


—¡Me voy! —gritó enfurecido, yendo por su mochila y maleta con un ceño fruncido, que, más que asustar, daba ternura.


A Lev si le daba miedo, para los de tercero no era más que un gatito enojado.


Tetsuro felicitó mentalmente a su novio, no era fácil que aceptara estar más del tiempo debido al entrenamiento, mucho más ahora que estaba el ruso en el equipo, aunque claro, el enojo se le pasaría con mimos mientras se desvela jugando.


—Kenma —llamó el capitán desde la cesta de balones, lugar donde también estaba Lev, reposando mientras se le pasaba el dolor del balonazo.


—¡No! ¡No le voy a volver a colocar el balón! —alegó colocando su suéter a su cuerpo y así cubrirlo del viento helado que se colgaba por las ventanas—. Cuando aprenda a rematar, tal vez, pero no ahora.


—Gracias por matar a mi setter, Lev —bromeó Yaku, yendo por su pachón de agua.


—Les juro que sí le pongo empeño. Mi mente ya se lo sabe, pero mi cuerpo no —mencionó el más alto en un puchero.


—¿Y qué le enseñas a tu cuerpo? ¿A crecer más que cualquiera a tu edad? —Kuroo ya estaba guardando los balones al hablar.


—No, pero hace poco aprendí a ronronear —el orgullo con que lo decía hizo que los presentes le dieran más atención.


—¿Ronronear? —cuestionó el más bajo.


—Sí.


—¿Cómo los gatos? —habló el colocador sentado junto a sus pertenencias y las de Kuroo con su celular en las manos.


—Sí.


Los tres lo vieron con total incredulidad, pensando seriamente sobre cómo y por qué Lev había aprendido aquello.


El de ojos esmeralda aprovechó el silencio para hacer una demostración de esto, sacándole un susto a Kenma quien se apresuró a ir cerca de la puerta del gimnasio para observar si lo que había escuchado provenía de ahí.


—Fue Lev, Kenma —dijo el pelinegro, tapando su rostro con total cansancio, ya ni sabía cómo tomar lo que acababa de escuchar.


El colocador se acercó al más alto con notable ira y al estar frente a él, tomó su camisa.


—Hazlo de nuevo —exigió con una mirada que mataba rusos de casi dos metros.


Este, sin dudarlo, lo hizo, enojando más a Kenma que se aferró a su cuello con intenciones asesinas.


—¿¡Aprendes algo así pero no a rematar!?


—¡Dale con la silla! —se escuchó de Yaku, observando en primera fila al único del equipo que le recordaba su estatura.


—¡Kenma no! —alegó Tetsuro, acercándose a su gato enojado que estaba aferrado a arrancarle la yugular a Haiba.


—¡Kenma sí! —respondió él mismo.


Mientras tanto, el más alto y agredido peleaba por su sobrevivencia, creyendo con firmeza que esa era su última noche, hasta que su salvador llegó a él en el cuerpo del capitán.


—¡No te vuelvo a colocar ningún balón! —gritó con furia, moviéndose cual babosa con sal entre los brazos de su novio.


Kuroo hizo magia al poner a su cuchurrumin en un estado más calmado luego de hacer que Kozume se aferrara a él como un koala.


—Por el bien de Lev, nos retiramos —avisó el capitán tomando sus pertenencias y las del gatito con hambre enganchado a su torso—, te encargo las llaves, Yaku.


—Sí, sí, sí, ya vete —el más bajo estiró su cuerpo al levantarse de su asiento, dejando atrás su pachón.


—Yaku, ¿enserio soy tan malo? —cuestionó el menor.


—Malísimo, pero no te preocupes —respondió—. Ahora ayúdeme con esto, quiero ir a dormir pronto.


El libero se acercó a las barras que sostenían la red, desarmando todo como de costumbre y guardándolo en el almacén. Lev se unió pronto, haciendo que el trabajo fuera más rápido.


Ambos dejaron todo impecable en un silencio cómodo, dejando que los pensamientos se apagaran al hacer la limpieza de la cancha.


Terminaron todo, solamente faltaba dejar las cosas de limpieza en el almacén y pronto se irían a casa.


—Lev.


—¿Sí?


—¿En serio puedes ronronear? —Si bien había podido escuchar a lo lejos, no estaba del todo seguro de que fuera un ronroneo.


Yaku tenía gatos en su casa y en su vecindario había muchos, ni hablar de los gatos que se encontraban deambulando alrededor de la escuela.


Conocía muy bien el ronroneo de un gato, pero creía imposible que Haiba sonara igual.


—Sí, ¿quieres oír? —la emoción al decirlo del más alto deslumbró los ojos avellanos del libero.


—Ronronéame.


Lev se agachó descaradamente en una demostración de la diferencia de altura, poniendo ambas manos en sus propias rodillas, dejando que su rostro quedara sobre el hombro de su mayor, quien estaba frente él.


Listo en una posición donde pudiera oírse con claridad, inició con su muestra de habilidad.


Un ronroneo suave y tierno, acompañado de un movimiento de cabeza similar a la de un gato buscando una caricia en su cabeza o detrás de sus orejas.


El mayor estaba muy impresionado de la similitud que había entre el ronroneo de Lev y de un gato real; claro que había algunas diferencias, pero eran casi mínimas.


Haiba siguió un poco más, haciendo que su respiración se agitara por el uso de su tráquea, que le imposibilitaba el respirar y mostrar su habilidad al mismo tiempo. Su respiración irregular le hacía soltar leves jadeos al inicio y al final, siendo roncos y llamativos.


Esto solo inquietaba a Morisuke; los jadeos, la respiración y el roce constante en su oreja y cuello no hacían más que alegrarlo, exactamente en la zona de abajo.


Desde que sintió un cosquilleo en su vientre, empezó a cantar mentalmente una canción de Cristina Aguilera en un inglés que solo en su mente sabía pronunciar correctamente.


El libero en un estado fuera de sí, olvidó que también estaba la opción de darle un golpe e irse, pero de alguna manera quería seguir con esa sensación de placer en su cuerpo.


Sabía que en algún momento su propia respiración lo delataría frente al poste alambrado, así que cubrió su boca con una de sus manos. Esto fue contraproducente, puesto que, sin querer, se le escapó un jadeo agudo similar a un gemido.


Eso detuvo a Haiba, quien puso toda su atención a su mayor, preocupado de si se había lastimado o algo.


—¿Yaku? —aun sin erguirse, tomó su rostro para analizarlo.


Estaba sonrojado, con los ojos un poco llorosos y su ceño fruncido. Creyó en un primer momento que se trataba de fiebre, pero al bajar su vista notó qué no se trataba de eso.


—No mires, tonto —alegó el castaño, bajando su camisa en un intento de cubrirlo.


—Pero…


—Vete, esperaré antes de salir —respondió avergonzado—. Yo cierro el gimnasio.


Lev se negaba a retirarse, no sabiendo que algo en su cuerpo le hizo reaccionar al ver el estado del libero.


—Pero te puedo ayudar.


Esto dejó perplejo a Yaku, quien levantó su mirada totalmente intrigado al escucharlo.


Lo pensó realmente, se quería negar y luego pegarle hasta que olvidara lo que estaba viendo, pero los labios de Haiba sobre su frente le hizo un corto circuito.


—Me iré si no te sientes cómodo, puedo esperar afuera —su mirada decía que se quería comer a un gato malhumorado en ese instante, pero también reflejaba comprensión.


No esperaba aquella muestra de amabilidad, haciéndolo flaquear ante su libido y por fin darle un beso en los labios delgados del de ojos esmeralda.


Lev, algo nervioso, correspondió, dejando que el mayor guiara el beso mientras sus manos se colocaban a los lados del cuerpo del más bajo, viendo que las cajas que eran su soporte, les daría una buena ventaja.


El peligris, sin dudar, cargó a Yaku dejándolo sobre estas cajas, dando una igualdad de altura.


Ambos hicieron que sus cuerpos se pegaran más, moviendo sus caderas de manera frenética en una búsqueda de más sensaciones, mientras sus labios y lengua disfrutaban del otro en un baile calmado y pasional.


Sentían la emoción, la adrenalina, el nerviosismo de lo que era lo más cercano a su primera vez.


Si bien, no hubo mayores roces con anterioridad que llevaran a este desbordamiento de emociones, había miradas que en algún momento del día se conectaban y se decían algo que no podían descifrar.


Tal vez era por la diferencia de edad o por la manera en la que Lev siempre decía algo que no debía sobre Morisuke qué lograba enojarlo de sobre manera.


Fuera lo que fuera, ninguno esperaba estar en una situación así con el otro ni en sus más locos sueños.


—Yaku.


—¿Sí?


—Quiero más —el jadeo de ambos era un intento de regular su corazón y aliento, cosa que a este punto les era difícil—. ¿Se puede? ¿Tú quieres? Yo quiero


Sus miradas decían todo, sus respiraciones agitadas y sus rostros con una expresión de deseo sabían para dónde iría.


Mientras tanto, Lev se sentía en la gloria por el beso que le había dado el libero; era como si iniciara como un tutorial de cómo besar, luego le enseñó cómo le gusta que lo besen y finalizó con un beso largo, lleno de descargas por todo su cuerpo, todo sin una sola palabra hasta ahora.


—Si quieres tocarme, puedes hacerlo —dio permiso el castaño, dejando que unas manos grandes y frías se metieran bajo su camisa.


—Tú también puedes tocarme —susurró el más alto cerca de su oído, haciendo que el mayor soltara un leve jadeo cuando una pequeña lamida llegó a su lóbulo.


Haiba se veía como todo un experto para alguien que lo viera por primera vez, a excepción de su equipo. Ellos eran conscientes de lo lento que era en las situaciones románticas que lo involucraran a él.


Así como sabían eso, también sabían que había leído uno que otro manga bl de la colección de su hermana, una gran fujoshi, quien le había dicho directamente que no tocara ninguno de sus tomos, pero poco le importó el aviso.


Por ello, con toda la teoría, estaba intentando dar y recibir placer.


Los labios de Haiba fueron desde sus labios hasta su cuello, lamiendo y mordiendo levemente en un intento de no dejar un registro visible de sus acciones mientras sus manos amasaban los muslos musculosos del mayor.


Sus manos fueron subiendo hasta sentir algo húmedo, confirmando que había tocado el miembro de Yaku cuando este gimió ahogado.


Una mirada bastó para dar su consentimiento de nuevo, sacando así el miembro del mayor, el cual estaba muy duro.


El castaño tampoco tardó mucho en hacer lo mismo, ya que mientras este estaba concentrado en admirar el miembro ajeno, este sacó el del más alto.


Había diferencias en colores, mas no había mucha diferencia entre los tamaños, siendo unos pocos centímetros la diferencia.


Morisuke llevó sus piernas hacia el torso del ruso, quien envolvió al más bajo entre sus brazos, uniéndose más que antes. Haiba no tardó en llevar sus labios a los de Yaku, sintiendo la calidez y suavidad de estos de nuevo.


Las manos del castaño fueron hacia los miembros que ahora estaban rozándose deliciosamente. Usando el pre semen como lubricante, el libero los juntó iniciando un movimiento constante, uno con un ritmo que les permitía sentir una nueva sensación.


—Ah… Yaku…


El jadeo del más alto, quien tenía su frente pegada a la suya, le hizo acelerar el movimiento en búsqueda de adelantar el éxtasis. Sus movimientos, las respiraciones y sus jadeos eran frenéticos de parte de ambos, dejando que sus cuerpos se acoplaran a esta muestra de placer.


—Lev… ya casi…  —avisó jadeante.


El mencionado cargó a su mayor, aun estando unidos por el agarre de este.


Unos movimientos inexplicablemente placenteros sacaron los gemidos de Yaku, extasiado por el choque de sus caderas que le daba puesto que el más alto movía su cadera a la vez que movía levemente su cuerpo.


La sensación de falsas embestidas y la estimulación entre sus miembros les hizo que el ansiado orgasmo llegara.


Ambos se liberaron en las manos de Morisuke, ambos gimieron cerca de los labios del otro, ambos se entregaron sin querer aunque no se arrepienten.


Haiba dejó a Yaku en donde lo había dejado, dándole besos por todo su rostro, muy feliz de lo que acababa de pasar.


—¡Eso fue increíble! —expresó aún con su respiración agitada.


—Lo fue —respondió el castaño con una sonrisa de satisfacción en su rostro.


Pronto Yaku se sacó la camisa.


—¿¡Vamos a seguir!? —cuestionó emocionado el de ojos esmeralda.


—¡Claro que no! —respondió—. Estoy cansado y no creo poderlo hacer de nuevo.


—¿Y la camisa?


—Es para limpiarnos tonto, yo traje una camisa extra.


La camisa se llevó los rastros de fluidos de ambos cuerpos.


Ambos acomodaron su ropa en un silencio indescriptible, pero lo era aún más el sentimiento que yacía en sus corazones.


Haiba observó al mayor que aún estaba sentado en aquellas cajas, con el torso descubierto y el rostro sonrojado, una imagen muy tierna para él que no pudo evitar acercarse y envolverlo entre sus brazos.


El libero sintió confort entre el cuerpo que lo rodeaba con suavidad, inundando sus fosas nasales con su aroma, fresco y maderoso, uno muy tierno como el roce de los dedos largos que acariciaban su piel.


Correspondió el abrazo, con nerviosismo y pensando en qué pasaría después.


No era algo que se debía ignorar al salir del lugar, ahora que sus sentimientos también estaban involucrados, esos que por algún motivo se escondieron hasta ahora.


—Debemos irnos —habló el castaño—, ya es tarde.


—¿Te acompaño a casa? —preguntó en un susurro.


—Si no te pierdes volviendo a tu casa, con gusto.


Los dos soltaron una risilla, separando sus torsos pero no sus rostros, juntando sus respiraciones antes de fundir sus labios en un movimiento lento, disfrutando del momento.


Decidieron con la mirada que era el momento de irse, siendo el más bajo quien se tiró desde el lugar donde estaba encaminándose a su mochila.


Una hora pasó en el almacén que Haiba cerró, lugar en donde sus cuerpos habían explorado una nueva sensación, con emoción de lo que esperaba para su futuro.


Ambos, bien abrigados, se fueron hacia sus casas, caminando muy juntos, mientras los dedos de sus manos envueltos en guantes se rozaban en cada paso, regalándoles descargas que recorrían sus cuerpos hasta sus corazones.


Al día siguiente se encontraron hasta el entrenamiento, justo en la entrada del gimnasio, donde el resto del equipo se encontraba.


—¿Dejaremos las cajas así? —preguntó Shibayama al capitán.


—Aún sirven, solo están magulladas, no es la gran cosa —respondió el bloqueador.


Los dos culpables de que las cajas se encontraran en ese estado sintieron su corazón en la garganta, evitando dejar a la vista el nerviosismo de sus cuerpos.


El entrenamiento fue como de costumbre, todos dando su esfuerzo al máximo, aunque el libero titular la tuvo más difícil.


—Oye, Yaku —llamó el pelinegro.


—¿Qué?


—¿Te lastimaste o por qué caminas como si estuvieras escaldado? —cuestionó con una sonrisa gatuna que ocultaba su preocupación.


—Es porque tengo los huevos más grandes que tú —respondió con notable enojo y vergüenza, acompañado de un balonazo que alejó al cizañoso de su capitán.


El más alto del lugar lo había escuchado, acercándose al castaño con nerviosismo.


—¿Te lastimé ayer? —su preocupación se escuchaba en su voz susurrada.


—No, ahora ve y entrena —dijo con normalidad.


—Bueno —como cachorro regañado se retiró, volviendo de inmediato a Yaku—, ¿entonces somos novios?


Aun si fue en voz baja dentro de todo el bullicio del gimnasio, el castaño se molestó de haber escuchado aquello.


Tenía miedo de que alguien los escuchara, no por vergüenza, sino porque Lev era capaz de decir indirectamente lo que pasó en el almacén, así que decidió aplicar una que siempre funcionaba.


—Párate derecho —ordenó al peligris, quien estaba encorvado. Cuando este acató la orden, una patada llegó a su espalda baja y parte de sus glúteos— ¡Aprende a rematar y luego me cuestionas, idiota!


El regaño fue más alto que los gritos de sus compañeros, causando que todos les pusieran atención.


—Por tu bien y el del equipo, hazle caso —pidió Inuoka, empujando a su compañero fuera del área de peligro.


El Nekoma sabía que Morisuke era alguien que no tenía mucha tolerancia con Lev, así que solo ignoraron la pregunta interna que tenían.


¿Ahora qué le dijo que lo hizo enojar?


Traía ganas de escribir algo de estos dos jaja 🐾


No sé porque, pero tengo el hc que Yaku es bien sensible en las orejas y con los sonidos, así que lo quise meter aquí 💕


Con amor, Ushiasisi 🐮💚