🔪. 𝗝𝗼𝘃𝗲𝗻 𝗔𝗺𝗼
¡ADVERTENCIAS!
Leer antes de continuar la lectura...
Está historia es un especial de Halloween que decidí hacer así que si, es temática s@ngrienta.
Contiene:
• Manipulacion
• Asesinato
• BDSM (sadomasoquismo consensuado)
• Traumas
• Smutt explícito
• Canibalismo
NOTA: No hay abuso sexual en ningún momento de la historia, ambas partes han estado de acuerdo en tener relaciones íntimas.
Muchas gracias por su atención, espero que disfruten la lectura 🌹
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Jungkook recuerda perfectamente el día que vió a su joven amo por primera vez, siendo apenas un niño de diez años, mientras su amo tenía doce. El castaño recuerda perfectamente como aquellos ojos color celeste le llamaron la atención en el instante en el que sus miradas se cruzaron.
—Jungkook, él es el joven amo Kim, a quien servirás a partir de ahora en adelante— ,dijo su "madre" o más bien la mujer que lo había criado puesto que según le contaron las demás sirvientas de la casa, a Jungkook lo habían abandonado en la entrada de la mansión Kim.
La Señora Kim lo acogió sin ningún problema, dejándole crecer y educarse como cualquier niño normal tanto en educación básica como especial para ser un sirviente, siempre y cuando no entrara a las áreas comunes de la mansión, siendo así, Jungkook vivió sus primeros años de vida en el área de la servidumbre, la cual se ubicaba en la parte trasera de la gran mansión como una pequeña casa aparte, donde las maids tenían su propias habitaciones, cocina y baño.
Por lo que el pequeño castaño no conocía al hijo de los Señores Kim, jamás se le permitió verlo o estar cerca de la casa principal, al menos hasta ahora.
—Un gusto joven amo Kim— el pequeño hizo una reverencia de noventa grados hacia el adolescente frente a él quien lo miraba con gran intensidad, casi parecía que sus ojos brillaban.
—Taehyung a partir de ahora Jungkook será tu criado personal, cualquier cosa que necesites debes hacerlo saber— Informó su madre.
El llamado Taehyung por otro lado seguía mirado al pequeño castaño quien seguía reverenciando, sonrió de lado, con un aura un poco densa para un chico de su edad.
—¡Muchas gracias madre!— agradeció cambiando en menos de un segundo su semblante a uno más radiante, con una sonrisa de caja dirigida a su madre.
—Siempre lo mejor para ti cielo— respondió sonriendo la mujer, dejando una caricia en el cabello dorado de su hijo, quien río encantado —Lo que si te pediré es que para trabajos pesados pide ayuda a Soyeon ¿De acuerdo? Jungkook aún es pequeño pero le hará bien ir acostumbrandose a tus órdenes.
Dicho eso el más joven se enderezó sonriendo a su joven amo dulcemente.
—No te preocupes madre, cuidaré muy bien de él.
Sin más ambas mujeres salieron de la habitación del joven Kim, dejando a ambos menores en esta.
Jungkook quién vestía un tierno traje de maid masculino, el cual consistia en una camisa blanca de volantes con un chaleco y pantalón negro, con zapatos lustrados y su cabello castaño perfectamente peinado.
—¿Jungkook es tu nombre?— fue lo primero que preguntó su joven amo al quedarse solos.
—Asi es joven amo Kim— respondió con voz dulce el infante, a lo que el rubio hizo una mueca.
—No me llames así, es muy largo...— dijo con disgusto el rubio —Dime, Amo Taehyung o joven amo ¿De acuerdo?
—Como desee amo Taehyung— y oh, el rubio no supo que sucedió dentro de su pecho cuando escuchó esa dulce voz llamándolo por su nombre.
Taehyung se quedó observando a su nuevo sirviente, Jungkook era muy lindo, su piel era pálida y sus ojos de un peculiar dorado, ese traje se veía sumamente adorable en él, tal vez si alguien más lo usara no quedaría bien en esa persona, estaba hecho perfectamente para Jungkook.
El castaño por otro lado, no hablo ni se movió, solo estaba de pie viendo a su amo escanearlo, así que saltándose el protocolo que había aprendido, lo miró a los ojos, aquel hermoso y profundo azul, zafiros que brillaban por alguna razón, su joven amo es muy lindo, el infante no dudaba que al crecer este tendría muchas pretendientes. Su cabello dorado como el oro, con una mirada hipnotizante y un porte digno del título que posee, vestido de manera elegante, con una camisa blanca y una corbata gruesa de color azul oscuro, junto con un chaleco y pantalón color beige.
Si, definitivamente su joven amo tendría a muchas jovencitas detrás de él para pedir su mano.
—Jungkook— la voz del rubio lo sacó de su trance, parpadeó para regresar a la realidad y ver cómo Kim caminaba hacia su cómoda, abriendo una de sus gavetas —Ven kook, quiero que juguemos un juego.
Y Jungkook no sabía que esa sería la frase que cambiaría por completo su vida.
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Luego de colocar el plato en la bandeja y tener todo listo, el joven castaño la tomó con sus dos manos para encaminarse hacia el despacho de su joven amo.
Su corazón latía a mil a medida que se acercaba cada vez más a la habitación y el miedo recorriendo sus venas. Sinceramente, todos estos años que han pasado no han servido de nada, Jungkook jamás se acostumbría a esa parte de su amo.
El silencio de la mansión le recordaba la soledad con la que vivía a diario, desde que los Señores Kim fallecieron y el amo Taehyung tomó control del trabajo de su padre y la casa, las cosas cambiaron drásticamente.
El principal cambio fue el despido de todo el personal, quedando únicamente Jungkook, claro que la mansión era muy grande para que solo una persona pudiera atenderla, por lo que su joven amo contrataba diez maids para la limpieza de la gran casa una vez al mes, además de jardineros y demás para que el patio estuviera siempre presentable.
Por lo que el castaño simplemente se encargaba de atender las necesidades a su joven amo, ya sea hacerle su comida, ayudarlo con su baño, vestirlo y asistirlo en cualquier cosa sobre su trabajo.
Cuando no estaba haciendo eso, el castaño se dedicaba a admirar el cielo desde el patio trasero, pensando en su vida, su situación y el hecho de que esa sería su forma de vida por el resto de sus años.
Con un ligero temblor en la manos, Jungkook se obligó a calmarse, tomando una honda respiración, colocó su mano izquierda debajo de la bandeja para liberar su derecha y así tocar la puerta del despacho.
No pasó ni un segundo cuando un "adelante" se escuchó por lo que, volviendo a maniobrar el joven castaño abrió la puerta, para después empujarla con su cadera y acceder libremente sin que la bandeja se le cayera. Y, a pesar de los diez años que lleva sirviendo al joven Taehyung, Jungkook nunca podrá sentirse preparado para ver las escenas que su señor le presentaba.
Obligó a sus manos a sujetar más fuerte la bandeja para no dejarla caer, mientras el joven de hebras doradas sonreía con gran satisfacción.
-—Mi pequeño cervatillo— con voz pesada el mayor llamó, haciendo que el castaño tragara y su nerviosismo apareciera nuevamente —Ven aquí mi cielo.
Aún con las piernas temblorosas Jungkook se obligó a caminar hacia el escritorio en dónde del otro lado estaba sentado su joven amo, ignorando la otra ¿Presencia? En la habitación.
Al llegar, dejó suavemente la bandeja sobre la superficie del escritorio para luego reverenciar cortamente a su señor, a pesar de que ya lo hubiera hecho varias veces en el transcurso del día, al levantar la visión miró fijamente a su amo, su profunda mirada celeste, tan profunda como el océano y tan intrigante como los misterios que este oculta.
Se sobresaltó cuando su joven amo se levantó y se inclinó hacia él, cortando el hilo de sus pensamientos.
De repente este colocó su mano en su nuca y lo acercó para juntar sus labios.
Jungkook correspondió sin problemas el ansioso y desesperado beso, el rubio le besaba con pasión y deseo, uniendo sus lenguas en el momento en que el castaño abrió más su boca, jugando y enredandola con la suya.
Ambos gimieron gustosos, con Taehyung robándole el aliento al menor al grado de no poder respirar, por lo que terminó el beso con un Jungkook jadeante y mejillas sonrojadas.
El mayor sonrió con gozo al dejar así a su cervatillo con un solo beso, dirigió su mano a su mejilla acariciandola, sobretodo aquella pequeña cicatriz que adoraba pues el mismo fue el causante de esta, luego lo dirigió a los belfos contrarios, haciendo que el castaño se tensara.
—Gracias por la comida cariño— le susurró dejando un besito corto en sus labios.
Acomodó su postura y sonrió con una sonrisa macabra a los ojos del castaño.
—Ahora bebé, limpia el desorden de mi oficina y guarda mi carne especial, está fresca así que debes apresurarte para guardarla, no quiero que se desperdicie— ordenó sentándose en su silla para empezar a comer tomando un trozo de carne, preparada por su precioso Jungkook, gimiendo de gusto al sentir la suavidad de esta, sin duda alguna está carne era la mejor de todas.
Jungkook por otro lado solo quedó mirando a la nada por unos momentos, para luego mirar a su amo comer con tranquilidad, sin importar que tuviera la mitad de su rostro salpicado de sangre y ambas manos cubiertas del mismo líquido. De igual manera giro su vista a la derecha, viendo el cuerpo de una mujer abierto de par en par, con sus órganos completamente visibles y el enorme charco de sangre entendiendose cada vez más.
—Cervatillo, es para hoy— la voz gruesa de su amo le hizo reaccionar y sin importarles que su mejilla y labios estuvieran cubiertos de sangre el menor reverenció a su amo.
Por dentro estaba temblando de miedo, horrorizado porque, de nuevo, tenía ganas de vomitar al ver aquel cuerpo sin vida en el despacho de su amo, a pesar de que llevaba ya más de cinco años presenciando la misma escena.
—S-si amo Taehyung— dijo para disponerse a empezar a limpiar el lugar y preparar la carne de su amo.
Mientras Taehyung continuaba almorzando, con felicidad y placer pues la vista de su más grande obsesión sirviendole únicamente a él, era simplemente magnífica.
Su pequeño y dulce cervatillo, su posesión más preciada y su más grande obsesión.
Desde que era niño, en el momento en que sus ojos se cruzaron con aquellas joyas amarillas que el menor portaba como ojos, supo que sería suyo, para siempre.
Ese lindo y tierno niño de melenas castañas, al cual le fue robando la inocencia de su niñez poco a poco.
Pues desde muy pequeño Taehyung había tenido ciertos gustos y placeres al hacer ciertas cosas, una de ellas por ejemplo sería la vez que sin querer al hacer un berrinche le clavó un tenedor afilado su sirvienta a cargo de darle de comer, fue gran descubrimiento para el niño de nueve años, ver cómo la mujer gritaba de dolor y el líquido carmesí empezaba a brotar de su brazo.
Con los años el joven Kim, descubrió que aquello lo hacía "feliz", para él era un deleite ver a las personas sufrir de dolor mientras sus ropas se pintaban de rojo.
Pero, aunque lo intentó con su dulce bebé, no pudo ir más allá.
Con diez años el heredero Kim, ya llevaba sobre sus hombros la muerte de unos cuantos animales, pero no era solo matarlos, no. Para Kim Taehyung era sumamente placentero ver cómo agonizaban de dolor mientras el continuaba torturandolos sin piedad hasta que dejaban de moverse y chillar.
Así que con doce años, Taehyung quiso elevar su nivel, quería matar de verdad, a una persona, un ser humano ¿Y quién mejor que un lindo y dulce niño de diez años?
Pues si, se suponía que Jeon Jungkook sería su primera víctima, pero algo dentro de él no puedo avanzar con su niño, esos ojos no se lo permitieron, pero al menos pudo dejar una marca de él en su niño.
Una cicatriz.
Y en el momento en que aquella cicatriz quedó grabada en la mejilla de Jungkook, la obsesión en Taehyung nació.
Ahora era suyo, por completo.
Sin embargo, eso no lo detuvo de sus planes iniciales, porque al final en su cumpleaños número trece, tuvo el mejor regalo de todos y dado nada más y nada menos que por su niño Jungkook.
Quien inocentemente, a órdenes de su joven amo, busco algún niño que quisiera pastel gratis y con eso Taehyung tuvo su primera víctima.
Sin embargo, el dulce sirviente no era consciente aún de las atrocidades de su joven amo, no hasta sus quince años al menos.
—Ven aquí mi niño— llamó nuevamente el rubio, desde la cama de su habitación mientras Jungkook se cambiaba.
Tensandose en el momento en que fue llamado.
El castaño a veces deseaba ser libre de las garras de su señor, irse lejos a algún lugar y no tener que ver sangre nunca más en su vida.
A veces tenía miedo de que su joven amo se le ocurriera la idea de matarlo a él, aunque el castaño pensaba que el rubio era incapaz, pero luego volvía a ver otra víctima de su señor, en las peores condiciones existentes y el miedo regresaba.
Terminó de colocarse la bata blanca para irse a acostar junto a su amo, quien lo atrajo hacia el abrazándolo posesivamente.
Levantó la vista cuando sintió la mano de Taehyung en su barbilla, sin necesidad de una orden el menor cerró los ojos, dejándose hacer cuando el rubio le beso con la misma ferocidad y desesperación de temprano.
Con las manos yendo a su cintura para apegarlo más -si es que se podía- y mordiendo su labio para que el menor le diera acceso, el cual fue concedido al instante.
Taehyung lamió, chupó y mordió sus belfos, adentrando su lengua para jugar con la suya, a veces solo enredandolas sin tocar sus labios como si quisiera beber de ella, como si no pudiera saciarse.
Se besaron por al menos tres minutos antes de que Taehyung rompiera el beso para volver a admirar la hermosa vista.
Cabello despeinado, labios hinchados, mejillas rosadas y respiración entrecortada.
Esas eran las condiciones en las que a Taehyung le encantaba dejar a su pequeño cervatillo.
Dejó una lamida en la mejilla en dónde el menor poseía su cicatriz para después dejar un corto beso y volverse a acurrucar con él.
—Eres todo mío, cervatillo— proclamó con calma y con una sonrisa tan espeluznante que Jungkook tenía suerte de no poder verla debido a su posición, sino, estaba seguro que el castaño no pagaría un ojo en toda la noche.
—S-soy todo suyo amo.
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Caminando escaleras abajo, con el único ruido de sus zapatos haciendo eco en el angosto pasillo, el rubio se dirigía hacia el sótano, con la emoción creciendo en su pecho.
Hoy tendría una nueva presa.
Sacó la llave de su bolsillo para abrir la puerta en cuanto llegó, el horrible chirrido del mental oxidado resonó en la habitación asustando aún más a la pobre mujer que se encontraba atada y amordazada en el centro de la habitación.
Sonrió, adentrándose al lugar y prendiendo el único bombillo que había.
La mujer rompió a llorar en el momento en que vió detalladamente al rubio, su corazón bombeando sangre con gran rapidez debido al miedo que crecía cada vez más.
No debió haberle hecho caso a sus padres, debió negarse a hacer un acercamiento con el joven Kim, pero tampoco tenía opción, además, en el fondo pensaba que tal vez si tendría una oportunidad, pero ahora, estando en estás circunstancias se arrepiente totalmente.
Taehyung por otro lado disfruto plenamente el terror en la mirada de su presa, mientras caminaba lentamente alrededor de ella, eso hasta que fue hacia el rincón en dónde tenía sus herramientas.
Había una mesa de madera de roble muy resistente, de un tono rojizo debido a la cantidad de sangre que estuvo sobre ella dañando así el fino barniz, también había un gran estante para sus armas más largas y filosas, un baúl para cuando al rubio le llegará la creatividad y por último una silla de terciopelo muy cómoda a un lado de la mesa.
Abrió el estante, sacando un gran portafolio de este, lo colocó sobre la mesa, aún escuchando el melodioso sonido que provocaban los llantos ahogados de aquella mujer.
Antes de que pudiera abrir el portafolio, el mismo chirrido de la puerta le anunció la llegada de su amada posesión.
Sonrió con una encantadora sonrisa de caja, seguido fue hacia el castaño, sin decir nada le tomó el rostro entre sus grandes manos y lo acercó para besarle apasionadamente.
¡Ah! Los besos de su pequeño cervatillo sin duda eran su perdición, esos belfos eran tan suaves y deliciosos, dulces y esponjosos, sin duda la fruta prohibida del mayor.
Detuvo el beso para tomarle de la mano y llevarlo hacia la cómoda silla.
Desde la perspectiva de Jungkook, venía entrando al sótano con los nervios a flor de piel, temblando como terremoto sin descanso, pero, no es como si se pudiera negarse a una orden del amo Taehyung, quien le ordenó estar a las cinco en punto en el sótano.
Y cualquier cosa que su joven amo pidiera, debía de hacerlo, sin rechistar.
Fue recibido con un caliente beso, que correspondió sin ningún problema, pero sus músculos volvieron a tensarse cuando el mayor le tomó de la mano y lo sentó de nuevo en aquella silla.
Al estar sentado, miró a la mujer en el centro de la habitación, por su vestimenta pudo deducir fácilmente que era una mujer de alta clase; lo cual, si se encontraba en ese lugar y en esas condiciones solo significaba una cosa.
Quiso coquetear con su Taehyung.
Oh.
Aún con miedo, el castaño tuvo la valentía de fruncir el celo ante ese pensamiento.
Hmph, pobre de ella entonces, ella misma se lo busco.
Taehyung por el contrario seguía muy sonriente y aún más al ver a su pequeño bebé con sus cejas arrugadas y aunque el castaño no lo supiera también tenía un puchero.
¡Ah! Su lindo bebé entendió a la perfección el porqué esa mujer se encontraba en el lugar sin tener que decir ni una palabra.
No sé pudo resistir y besó ese lindo puchero, sobresaltando al menor.
—No te preocupes cielo, mis ojos están puestos en tí y solo en tí— le dijo con su voz grave, tal vez queriendo calmar cualquier malestar en el castaño, aunque hiciera todo lo contrario pues eso solo le regresó el miedo.
De acuerdo, que le molestara que mujeres de todas las clases se les lanzarán a su joven amo, no significa que disfrutara verlas morir, pero de nuevo, a su amo Taehyung se le cumplía cada orden.
El rubio regresó a la mesa abriendo el portafolio, dejando ver su preciada colección de cuchillos, con veinticuatro piezas en total, de diferentes tamaños y formas. En definitiva este era su método favorito.
Tomó el cuchillo de veinte centímetros, admirando por unos segundos su filo para después girarse hacia la mujer que al verlo acercarse con el objeto cortopunzate empezó a removerse desesperada.
Taehyung le quitó la mordaza para poder deleitarse con su gritos y lamentos, era algo que lo llenaba de gozo, ver y escuchar a su presa ahogarse en su propia agonía.
—¡N-no p-por favor! ¡N-no me m-mates!— esas y más suplicas salieron de la garganta de la pelinegra, pero Tae le hizo caso omiso.
—No tienes derecho a pedir por tu vida, cuando cometiste el más grande error de ella— respondió el rubio con rudeza, de verdad, una de las cosas que más le cabreaban era que viejas ridículas se les insinuaran.
Él ya tenía a su cervatillo, su obsesión, no necesitaba a nadie más, su kook era el único que era capaz de llenarlo y atenderlo ¿Quien más sino él?
Recuerdos de cuando su madre aún seguía viva y en las reuniones le presentaban jovencitas para futuros matrimonios llegaron a su mente, haciendo crecer su furia.
Él no disimulaba su desagrado ante la idea, pues con diecinueve años él ya tenía a su kook para atenderlo, en absolutamente todo.
Su precioso Jungkook, siempre para él, para ayudarlo con sus clases de modales, para ayudarlo a vestirse -aunque, de hecho, no lo necesitara pero amaba tener esas delicadas manos sobre su cuerpo- ayudarlo a bañarse, con sus deberes.
Hasta la más mínima necesidad era saciada por su Jungkook.
Si quería un bocadillo, Jungkook se lo traía o preparaba dependiendo de la orden, si quería compañía mientras hacia sus tareas y deberes, el castaño siempre estaría con él en su habitación simplemente dandole su preciosa presencia.
Si quería tener a Jungkook en cuatro, jadeando, con el rostro sonrojado y el cuerpo lleno de sudor, gimiendo y gritando su nombre hasta el amanecer, jodida mierda que su lindo Jungkook se lo cumplía sin falta y con todo el gusto del mundo.
Porque Taehyung lo sabía.
Sabía el gran terror y miedo que su posesión sentía hacia él, pero también sabía que Jungkook disfrutaba que lo hiciera suyo en cualquier posición.
Lo sabía, porque esos gemidos no eran fingidos, su pequeño cervatillo era malo para mentir y ocultar sus emociones y reacciones, así que si él creía que no se daba cuenta de que le tenía miedo, lo dejaría con ese pensamiento.
Jeon Jungkook, o para el joven Taehyung, Kim Jungkook, disfrutó en primera fila como su joven amo le cortaba los dedos a la señorita, además de sacarles los dientes con un alicante y quemarle todo el cuero cabelludo.
—¿Lo ves perra? ¿Ves a ese hermoso joven sentado delante de tí?— Taehyung con su rostro manchado de rojo al igual que parte de su cabello y vestimenta le inquirió a la chica, que botaba una gran cantidad de líquido carmesí por la boca y en dónde se suponía que debían estar los dedos. El rubio apuntó con el cuchillo hacia Jungkook, quien no se movía, excepto por el ligero temblor de su cuerpo —Ese joven es mi Jungkook, mi pequeño cervatillo y mi posesión más preciada ¿Lo sabías?
A Jungkook esas palabras por alguna razón le llegaron al corazón, pues su joven amo las pronunciaba con un tono dulce a pesar de su tosca voz.
—Es mío, así como yo soy de él— siguió hablando en lo que le tomaba del vestido y le arrancanba la parte superior y con eso el corset y cualquier prenda que le impidiera ver la desnudez de la chica —Solo él tiene el permiso de tocarme, de ver mi cuerpo como mi madre me trajo al mundo.
» Él es el único merecedor de mis besos y de llevar mi apellido aunque legalmente no pueda, pero él lo sabe. Sabe que desde el momento en que lo hice mío por primera vez, dejó de ser Jeon para pasar a ser Kim— relató con un extraña felicidad y cariño al hablar de su bonito castaño, sin embargo, contradiciendo su tono, su mano tomó uno de los senos de la mujer y con el cuchillo empezó a cortarselo entero —¿Tu crees que a mí me van a interesar un par de tetas caídas y flácidas? Cuando tengo dos hermosas montañas solo para mí. Porque sí, mi dulce kook tiene un culo tan espléndido, que ningún atributo femenino podrá superarlo.
El llamado Jungkook, por un lado se sintió avergonzado de que su amo le elogiara de esa manera, porque sí, esa era la verdad, por más miedo que le tuviera a su joven amo, el sentimiento que tenía cuando lo hacía suyo era indescriptible y no solo era placer, porque oh, su amo lo ahogaba en un placer inimaginable, pero además de eso, era como si extrañamente, cada vez que lo hacía suyo, que lo empotraba, que lo llenaba, Jungkook se sentía protegido, como si esa fuera una reafirmación a que nada le apartaría de su joven amo.
—Oh pero no es solo eso, si bien esas montañas que él tiene por nalgas me fascinan y por eso mismo es que me las como cada vez que puedo, y... ¿Te digo un secreto?— preguntó aunque sabía que su kook le escuchaba y de hecho, esa era la idea —Me encanta comerle el culo a mi Jungkook, verlo retorcerse cada que vez que le clavo la lengua hasta el fondo y su boca libera esos dulces gemidos, joder, de solo pensarlo me pongo duro— sonrió dándole una corta mirada a su cervatillo, encantado al verlo como un tomatito, continuo con su labor, cortándole el otro seno a la mujer
» En fin, como conclusión te podría decir que todo el cuerpo de mi dulce bebé es una obra de arte, sus piernas, sus brazos, sus pectorales, porque sé que mi bebé se ejercita aunque no me deje verlo. Es una lastima privarme de esa vista, pero se lo perdono porque al final quien más va a disfrutarla seré yo— el rubio continúo hablando, queriendo acabar con todo tomó otro cuchillo de unos diez centímetros, colocando la punta sobre el lado izquierdo del pecho de la mujer —Oh si, ¿Ya mencioné su dulce voz? Amo cuando gime y pide por más, que si más fuerte o más rápido, a veces me lo pide hacer lento luego de dos rondas de sexo rudo y yo se lo concedo porque también me encanta hacérselo así, ver su rostro lleno de placer es una satisfacción enorme.
» Pero te diré mi parte favorita, esa es cuando luego de hacerlo mío hasta el cansancio, luego de llenarlo de mí, él se acurruca a mi lado y yo no puedo resistirme a atraerlo hacia mí y empezar a llenarle el cuerpo de besos, hasta que se queda dormido, ah~ verlo dormir es una bendición de la cual siempre estaré agradecido.
Para cuándo terminó de hablar el cuchillo ya se había enterrado en el corazón de la chica, matandola al instante, sabiendo bien que aquellas últimas palabras iban dirigidas a su cervatillo.
Dicho cervatillo miraba fijamente a Taehyung respirar de manera pausada, vaya, nunca creyó escuchar esas palabras de su amo hacia él, su corazón se agitó por alguna razón, conmoviendose pues en su inexperiencia, esas eran las palabras más románticas que le habían dedicado, exceptuando claro, las miles de frases que su amo le dedicaba en el calor de la cama.
Pero fuera de esta, aunque lo trataba con cariño y ternura, no llegaba a ese grado.
Se sobresaltó cuando su joven amo se dió la vuelta mirándolo fijamente, Jungkook no sabe porqué luego de unos segundos, bajó su mirada viendo el prominente miembro de su amo ya despierto.
Tragó saliva.
Ah, como deseaba ver nuevamente aquel trozo de carne que -a palabras del rubio- le pertenecía. Vaya que Jungkook no se quejaba del trato de su amo hacia él.
Muchos podrán decir que Taehyung disfruta de verlo con miedo, que lo ha manipulado toda su vida, que ha sido víctima de abuso emocional y psicológico y tal vez sexual.
Pero no.
Jungkook se entregó por primera vez a su joven amo a voluntad, porque en lo más profundo de su ser, Jungkook adora que Tae lo haga suyo, que lo proclame como su propiedad, le encanta.
Y aunque suene enfermizo, es la verdad, nunca se quejó, ni cuando era un niño sobre el extraño comportamiento de su amo.
Pues desde el primer día que lo vió y este le invitó a jugar, el pequeño kook supo los extraños gustos de su amo, debido a que lo primero que le mostró fue una rata muerta con todos los órganos afuera.
Claro que se horrorizo y gritó y así continúo hasta que supo que su joven amo quería ir más allá, más allá de simples animales y ya para ese momento Jungkook le era completamente devoto, pues aunque mostrarle aquellas horrorosas escenas a un niño pequeño es traumatizante, fuera de eso, Taehyung siempre le ha tratado bien, como una costosa joya que debía estar bajo el máximo cuidado.
Taehyung solo lo estaba preparando para su propia personalidad, tal vez para que no huyera de él, y contrario a eso, Jungkook solo se prendó cada vez más a su joven, temeroso de que aquel dia llegara, el día en el que su joven amo se casara y le abandonará.
Por eso decidió entregarse a él en cuerpo y alma, lo que durara, y lo disfrutó, tanto que se volvió su propia adicción, aquellos besos por su cuerpo, aquella lengua dentro de sí, esas grandes manos recorriendo cada parte de su piel, aquel miembro.
Oh, si no adoraba esa parte de su joven amo.
Dichoso fue el día para Jungkook en el que su joven amo empezó a rechazar a todas las señoritas que la Señora Kim le presentaba en cada reunión a la que la familia Kim asistía.
Y el rubio siempre al llegar le llamaba y le hacía suyo durante toda la noche sin descanso, proclamando entre susurros que era suyo, por y para siempre.
—Mi pequeño cervatillo— aquel llamado le interrumpió de su viaje astral, se levantó mirando a su joven amo, quien sonreía encantado en cuando vió aquellos dorados ojos ver su pequeño problema —Ve a nuestra habitación amor, sabes cómo me gusta que me recibas; vé, en unos momentos te alcanzaré. Debo hacerte mío ya mi cielo, por favor obedece a tu señor.
Jungkook tembló ante la orden en tono de súplica y vaya que no se haría del rogar, él también lo deseaba con tanto fervor y más ahora que recordó su pasado con su amo Taehyung.
—Si mi señor— reverenció cortamente para luego salir del sótano directo a la habitación de su amo o más bien de ambos pues dormía con el cada noche sin falta y sus cosas también se encontraban ahí.
Taehyung lo miró salir del lugar así que se dispuso a terminar su trabajo lo más rápido posible.
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Jungkook se bañó y se limpió el cuerpo de arriba hacia abajo, luego al salir del baño busco entre la cómoda de su joven amo, el lubricante.
Terminó de secarse el cabello para luego buscar entre las gavetas de su propia cómoda un camisón de seda de color celeste muy claro, el cual le llegaba hasta la mitad de los muslos, se lo colocó sin nada debajo y se dispuso a buscar las demás cosas.
Yendo nuevamente a la cómoda de Taehyung, buscó en el último cajón y saco una correa, una cuerda y una pequeña navaja.
Colocó las tres cosas en la mesita de noche al lado de la cama junto con el lubricante.
Ya con la emoción emergiendo de cada poro, el castaño se colocó en el centro de la cama, acostándose boca a abajo, con las manos al lado de su rostro y las piernas extendidas.
Estuvo así por al menos cinco minutos hasta que escuchó la puerta ser abierta y esa fue su señal para flexionar sus piernas y apoyarlas en sus rodillas.
Quedando con el culo levantado y el pecho contra el colchón con el camisón apenas logrando tapar su piel de porcelana, dejando a la vista sus mejillas traseras y su entrada, ofreciéndole en bandeja de plata a su amo.
Un escalofrío le recorrió desde la punta de los pies hasta el último mechón de su cabello cuando la mano abierta y fría de su amo -debido a que se las lavó con agua fría- le tocó ambas nalgas, acariciandolas con cariño.
—Tan precioso mi dulce Kook— anunció Taehyung, acercándose a aquellas hermosas nalgas, dándole un beso a cada una —Me encantas demasiado mi amor.
Jungkook suspiró profundamente cuando su amo le beso ahí, justo ahí, dónde le gustaba tenerlo y recibirlo.
—Ah...— Gimió cuando el beso se volvió más profundo y la lengua de su amo lo empezó a abrir —A-amo Taehyung... Ah...
Taehyung apartó el camisón y pasó sus brazos por debajo de aquellos gruesos muslos para tener un mejor agarre, le abrió más las piernas e introdujo toda su lengua, saboreando el interior de su kook, tan delicioso.
—Ah... Tae...— El castaño gimió, su amo lo tenía casi de cabeza, pues este estaba sentado en la cama sosteniendo sus piernas mientras le comía el culo tan deliciosamente como sólo él podía —¡Ah!
El rubio chupo y lamió aquellas paredes internas, esas que le abrazaban con fuerza cada que entraba en él.
Jungkook por otro lado gemía y gemía el nombre del rubio con gran placer, haciendo puños a la sabana, su propio miembro erecto desde el momento en que las manos del mayor le tocaron.
Tuvo su primer orgasmo de la noche con la lengua de su amo retorciéndose en su interior.
Taehyung lo dejó recostado en la cama, mientras él se levantaba y se quitaba la estorbosa ropa, al terminar dió una caricia a su miembro dejando salir un suspiro y luego mirar a su cervatillo, boca abajo con las extremidades extendidas recuperándose del placer que le acababa de dar.
Sublime.
Fue hacia la mesita de noche, tomando el lubricante y se embarró un poco en su falo, dando suaves masajes, lo dejó para luego tomar la cuerda y el cinturón.
—Arriba cariño— ordenó, a lo que Jungkook aún con las piernas temblorosas, acató, quedando de espaldas al mayor, colocando ambas manos atrás para que su amo se las amarrara, a medida que lo hacía su corazón se aceleraba y su miembro despertaba nuevamente, esto apenas era el inicio, Jungkook lo sabía —Ya sabes cómo me gusta verte mi cielo.
Jungkook asintió, pero antes de colocarse en posición giro su cabeza y con gran valentía pronunció.
—Dame un beso Tae.
Y oh, pobre Tae ¿Cómo podría negarle algo así a su pequeño cervatillo y si se lo pedía de esa forma y con esa voz?
Taehyung acató el pedido de su obsesión, dándole un suave beso, uno lento y profundo que encantó al castaño.
Al separarse el menor tomó posición, regresando a la inicial, con el pecho contra el colchón y el culo al aire.
—Eres demasiado hermoso mi Kook ¿Lo sabías?— con su voz gruesa dijo sin esperar a que el contrario respondiera, levantó con su mano derecha el cinturón para luego estamparlo contra aquella colinas pálidas, que al instante se colorearon de un suave rosa.
—¡Ah!
Taehyung dió otra y otra, haciendo gritar y gemir a Jungkook.
Pobre Jungkook, que disfrutaba de cada golpe que recibía, pero que en ese momento estaba tan desesperado porque su amo lo tomara.
El rubio pudo ver su ansía por lo que no quiso alargar más su sesión previa, pues el estaba exactamente igual, quería tomarlo, llenarlo, quería hacerle tantas cosas.
Lanzó el cinturón sin cuidado para luego besar cada una de las nalgas con cariño y amasandolas para intentar calmar el picor. Para ese momento ya kook tenía los ojos lagrimosos y la respiración entrecortada mientras su miembro pedía atención.
El mayor tomó la navaja y se acercó a kook, cortándose la palma de ambas manos para luego tirar el objeto.
Con gran gusto empezó a pasar sus manos ensangrentadas por la inmaculada piel pálida de su Jungkook, pues si, esa piel no merecía ser dañada por nada del mundo, pero si que se veía hermosa pintada de rojo y ¿qué mejor que su propia sangre?
Recorrió toda su columna vertebral, su culo, su cintura y aquellos dulces pezones marrones, lo que daría por chuparselos pero sería más tarde.
Lo tomó por la cintura para acercarlo a él, con Jungkook elevando aún más el culo para darle mejor acceso, Taehyung alineó su miembro contra su entrada y empezó a empujar.
—Ah... Amo Tae...
Lo introdujo todo de golpe cuando escuchó su voz.
—Mi pequeño y dulce Jungkook— gruñó.
Su mano derecha tomo la cuerda en dónde unía ambas manos y la izquierda separó un poco una de las nalgas para admirar la unión con su bebe.
—Ah... Jungkook, eres todo mío.
Empezó con las embestidas, primero suaves y lentas, pero luego de la quita el rubio aceleró la velocidad y aumento la fuerza, como resultado la habitación se llenó de fuerte golpes entre sus pieles debido al impacto y no solo eso, sino los ya gritos de Jungkook al sentir a su amo dar en su próstata.
—Más... Más... Joven amo...
Tae gruñía cada que Jungkook pedía por más, más fuerte, más duro, más rápido, joder, él daría eso y más, mucho más.
Jalando la cuerda hizo que Jeon se levantara quedando su espalda a su pecho, su otra mano la llevo a su miembro y empezó a bombear al mismo ritmo que las embestidas, las cuáles para Jungkook eran deliciosas en esa posición, con su amo dándole desde abajo haciéndolo saltar debido a la reacción.
—Eres mío kook, por la eternidad me perteneceras— gemía Tae en su oído mientras pasaba su lengua en toda la parte de su cuello.
Kook tenía la mente nublada, el placer era demasiado, todo con su joven amo era demasiado, pero lo amaba, jamás se quejaría de nada, si le dieran la oportunidad de no conocer a su amo y cambiar su vida, Jungkook definitivamente no la tomaría, le gustaba su forma de vida a pesar de no conocer otra, pero estaba más que satisfecho con esta.
—Lleneme amo, lleneme hasta que ya no pueda más... Lo quiero todo, p-por favor.
Y eso fue lo último que necesitó Taehyung para perder su cordura.
Aumentó velocidad y fuerza, tirando a Jungkook por completo a la cama y subirse encima de él, separando sus piernas y flexionando una de ellas.
El castaño se enamoró de esa posición, llegó perfecto y profundo, a la vez que tenía su aliento detrás de la oreja y podía escuchar sus gruñidos y gemidos, todo el ambiente y el aura que generaron su amo, fue suficiente para hacerlo acabar y tocar las estrellas.
Pero Taehyung aún no llegaba y lo tomó a través de su orgasmo haciéndole babear contra la cama mientras gemía bajito.
Hasta que su amo llegó y lo llenó por completo, tal como había pedido.
Taehyung respiraba entrecortado mientras desamarraba a su bebé, para luego recostarse boca arriba y traer a Jungkook con él, aún con su miembro dentro suyo, empezó a besar todo su cuello y pasar sus manos por sus pectorales y pezones, también por su vientre y su miembro flácido -por ahora-
Una segunda y tercera ronda llegó a los minutos, cambiándo de posiciones cada cierto tiempo, lo que hizo que Jungkook tuviera cinco orgasmos más.
Ya luego de tanta actividad, Taehyung se dedicó a besarlo con dulzura y luego llenar su cuerpo de besos y baba que le hacía cosquillas al menor.
Siendo ya las tres de la madrugada, ambos seguían besandose sin prisa y de manera perezosa.
—Te amo demasiado Jungkookie, pero no con el vago amor que profesan las demás personas— declaró Taehyung en medio de una sesión de caricias —Sino con uno más intenso que no cualquiera puede comprender, te amo con locura, con obsesión, porque eso eres mi vida, mi más grande obsesión, de aquí a la eternidad, jamás permitiré que te separen de mi lado, primero los mato antes de alejarme de ti.
Jungkook sonrió tan bonito, de las pocas veces que lo había visto, ah como adoraba esa sonrisa.
—Mi Taehyung— si, suyo, de él y para él —De aquí a la eternidad, mi amo, mi señor y mi más grande amor, siempre seré para ti hasta el final y si debo convertirme en un asesino como tu para que eso pase, que asi sea. Porque mi vida le pertenece mi señor, haga con ella lo que le plazca que yo le serviré con gusto.
Así, una ronda más de sexo desenfrenado llegó para concluir la noche.
Ambos vivieron juntos hasta el final de sus días, luego de treinta años en los cuales se destaparon los delitos de Kim, pero ya era tarde, porque ambos hombres habían escapado a un lugar lejano, cumpliendo su promesa de estar juntos hasta el final de sus días.
Fin
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¡Hola mis amores!
¡Feliz Halloween! 🎃👻
Lo prometido es deuda, aquí les traigo el especial de Halloween, espero que les guste mucho, si tienen alguna duda pueden preguntarme sin pena.
Gracias por leer, que les vaya bonito, los amo mucho 🌹
Cuídense! 💚💜
—Sofitk💚