La Obsesión de Marcus

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Sinopsis

Beatrix era una joven chef que vivía enamorada del hombre equivocado. No era feliz y su vida se había convertido en una completa monotonía al lado de ese hombre. Hasta que llegó a la ciudad el poderoso magnate Marcus Guidacci y ella se convirtió en su pequeña obsesión

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
PedroVilla
Estado:
En proceso
Capítulos:
20
Rating
5.0 4 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo . Ya no eres el mismo

Tres años atrás

Nueva York

Las luces de Nueva York parpadeaban a través de la amplia ventana del comedor, reflejando un esplendor que parecía creado solo para esta ocasión. Me miré en el espejo una última vez, ajustando ligeramente el vestido negro que Albert me había comprado para la cena de celebración. Él insistió en que debía usarlo, y me sentí halagada por su atención. Albert siempre supo exactamente qué decir y hacer para hacerme sentir especial, y esta noche no fue la excepción.

Albert estaba sentado en el sofá, con una copa de champán en la mano, sonriendo de oreja a oreja. —Vamos a celebrarlo a lo grande hoy, Beatrix. Quiero que todos sepan que mi esposa comparte este éxito conmigo y que yo soy el nuevo presidente de M&T Mobility.

Me acerqué a él y lo besé suavemente en los labios. —Estoy tan orgullosa de ti, amor. Sabía que lograrías este ascenso. Eres increíble — Aunque estaba feliz por él, una sombra de tristeza se escondía detrás de mis ojos. Esperaba que esté ascenso traiga cosas buenas para nuestro matrimonio y nuestras vidas, y tal vez Albert recapacitaba en el tema de los hijos, algo que siempre merodeaba en mi mente. Albert era firme en su decisión de no tenerlos, y yo, aunque lo amaba, no podía evitar sentir un vacío cada vez que pensaba en ello.

—Vamos, hermosa, esta noche es para nosotros —dijo mientras se levantaba y me extendía la mano. —Nuestro chofer nos espera abajo.

Amaba a Albert, siempre dije que fui muy afortunada en casarme con él, es el hombre que cualquier mujer querría tener, aunque como todo ser humano tenía sus defectos, intentaba ser el mejor esposo.

El restaurante era deslumbrante, con lámparas de cristal que colgaban del techo y una atmósfera de lujo y exclusividad. Albert había reservado una mesa en el mejor lugar del salón, asegurándose de que estuviéramos a la vista de todos los demás comensales. Era evidente que le gustaba mostrar su éxito, y yo estaba ahí, a su lado, como un trofeo brillante. Por alguna razón me sentía así y no, claro que no era envidia, yo lo amaba y me alegraba por su éxito, el éxito de uno era también el del otro.

Durante la cena, Albert no dejó de hablar de su nuevo puesto y de los planes que tenía para la compañía de telecomunicaciones de su padre. Aunque prestaba atención, mi mente de vez en cuando se desviaba. Pensé en las veces en que Albert y yo caminábamos de la mano por Central Park, soñando con una vida juntos. Parecían recuerdos de otra vida.

—¿Beatrix, estás escuchando? —La voz de Albert me sacó de mis pensamientos. —Te decía que planeo expandirme al mercado europeo el próximo año. Será un gran desafío, pero estoy seguro de que lo lograré.

—Sí, claro, amor. Estoy segura de que lo harás fantástico —respondí sonriendo. Pero en mi corazón, sentía que la distancia entre nosotros crecía cada vez más.

Después de la cena, Albert decidió que era hora de regresar a casa. En el auto, me sentí abrumada por la melancolía mientras miraba las luces de la ciudad pasar rápidamente. Albert estaba concentrado en su teléfono, respondiendo correos electrónicos y mensajes sin siquiera notar mi silencio.

Yo trataba de entender cómo era posible que el hombre del cual me enamoré pudiera cambiar tanto. Esta noche parecía ser un reflejo perfecto de nuestra relación actual: bella en apariencia, pero vacía en esencia.

Los meses pasaron y Albert se sumergió cada vez más en el turbulento mar de los negocios. Las noches en las que solíamos cenar a la luz de las velas se convirtieron en recuerdos lejanos, ahora reemplazadas por llamadas de conferencia y reuniones de última hora. Viajes inesperados vaciaban nuestro hogar, y aunque yo continuaba trabajando arduamente en mi carrera como chef, nuestra comunicación se desvanecía en la cotidianidad.

Una tarde soleada, después de terminar un largo turno en el restaurante, decidí visitar a mis padres. Necesitaba desahogarme, dejar salir la frustración y el dolor que me consumían desde dentro. Mamá me recibió con un cálido abrazo y el aroma familiar de su cocina, una receta infalible para reconfortar mi corazón herido.

Nos pusimos a cocinar juntas, como solíamos hacer cuando era niña. Cortar los vegetales y mezclar los ingredientes nos permitiría hablar con sinceridad, sin miradas juzgadoras, solo con amor y comprensión. Me atreví a abrir mi corazón y contarle a mamá sobre la distancia que había crecido entre Albert y yo, sobre la soledad que ella probablemente también percibiría en mis ojos.

—Beatrix, cariño, debes comprenderlo —dijo mi madre suavemente mientras quitaba la olla. —Albert está batallando con muchas responsabilidades. Necesita tu apoyo ahora más que nunca.

Sentí el nudo en mi garganta, un torbellino de emociones que luchaba por salir. —Lo sé, mamá. Pero… ¿y yo? ¿Por qué mi felicidad no importa? Siento que estoy perdiendo a Albert, y yo misma en el proceso. Pensé que su ascenso traería cosas nuevas a nuestro matrimonio, pero no fue así. Cada día parecemos dos extraños. El viajando siempre y yo sumergida en el restaurante para ahogar ese vacío.

Mi madre dejó de cocinar por un momento y me miró con aquellos ojos que siempre lograban ver más allá de la superficie. —Hija querida, si no eres feliz, tienes que plantearte si este es el camino que realmente quieres seguir. El divorcio no es una decisión fácil, pero tampoco lo es vivir infeliz.

Sus palabras me dejaron pensando. Durante el trayecto de regreso a casa en el lujoso Audi que me había regalado Albert por mi cumpleaños, siempre pensaba que él intentaba llenar el vacío que él dejaba con lujos, como si no me conociera, el dinero a mi es lo que menos me importa.

No dejaba de darles vueltas en mi mente. Albert y yo apenas nos veíamos, y cuando lo hacíamos, sus ojos estaban ausentes, ocupados en una pantalla o en sus pensamientos empresariales o al menos es lo que yo pensaba. Ya ni siquiera sé lo que pasaba por su mente. Mi corazón se sentía cada vez más pesado, cargado por la incertidumbre y el dolor.

Una noche, mientras esperaba que Albert llegara de su último viaje de negocios, decidí salir a caminar por Central Park. Los recuerdos de los momentos felices que compartimos allí me invadieron; nuestro primer beso, nuestras risas, el sueño de una vida juntos lleno de amor y tal vez hijos. Caminé sin rumbo fijo, perdido en una nostalgia que me ataba al pasado.

Parada junto al lago, observé las luces de la ciudad reflejándose en el agua, y sentí una profunda soledad. En ese instante, sonó mi teléfono. Mi corazón dio un vuelco al ver el nombre de Albert en la pantalla. Contesté, esperando escuchar su voz. Estaba emocionada por verlo después de varios días en que poco o nada hemos hablado por teléfono.

—Beatrix, llegaré tarde esta noche. No me esperes despierta —dijo de forma fría y automática. No hubo un “Te amo” ni un “te extraño” para confortarme. Colgó sin más.

¿Qué le pasó a mi esposo dulce y amoroso? Ese con quien soñaba pasar el resto de mi vida. Aún ante su indiferencia, lo amo y me duele tanto.

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