Pacto de silencio (Baji Keisuke x Oc)

Sinopsis

Kimura Emi, vive con su madre y padrastro que la acosa mientras su madre trabaja dos trabajos al día. Para evitar que las cosas empeoren en el apartamento busca un lugar para refugiarse, llevándola a un edificio abandonado donde conoce a Baji Keisuke, un chico que también vive en el mismo edificio de complejos dos pisos arriba. Emi no tiene idea que ese chico de ojos marrones y cabello largo oscuro pertenece a la pandilla Tokyo Manji. Con el tiempo se convierten en amigos y después en novios, pero ambos ocultan secretos, que después de ser revelados buscan la solución para el problema de Emi. Los personajes pertenecen a Ken Wakui del anime Tokyo Revengers. He tomado los personajes para crear un fic de Baji Keisuke x Oc. Los personajes originales son de mi pertenecía y la trama de esta historia by Velbeth Castro. Créditos por imágenes a sus respectivos autores.

Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1 Baji Keisuke




Las miradas del bastardo de mi padrastro no puedo soportar más. Cada vez son más descaradas e insoportables, no entiendo por qué mamá no hace nada para detenerlo o echarlo del apartamento. Si fuera mayor de edad me hubiera largado de aquí la primera vez que lo pille saboreando mi culo cuando me dí la vuelta para fregar los platos. Odio a ese hombre asqueroso que se aprovecha de mamá obligando a tener dos trabajos mientras él no tiene ni uno. No entiendo por qué una mujer quiere a un hombre que no ayuda en nada, y que encima le echa los ojos a su hija. Simplemente no entiendo por qué mamá no se deshace de ese bastardo. No ayuda con los gastos, tampoco en casa.


—¿A dónde crees que vas? No veo mi almuerzo preparado. Vuelve y métete en la cocina.


El bastardo piensa que soy su sirvienta. Hoy no estoy de humor para aguantarlo, tengo dolores menstruales. Paso casi corriendo por el pasillo que lleva al vestíbulo cuando de pronto aparece justamente frente a mí y toma mi cuello como nunca antes lo a hecho. Estoy sorprendida que me he quedado perpleja.


—Vuelve a la puta cocina o de lo contrario te obligaré. Recuerda que soy el jefe de esta familia.


Aprieto los dientes e intento remove sus manos de mi cuello que en cada segundo aprieta más. El bastardo miedo 1. 80, y a de pesar 80 kilos, todo el maldito día se ejercita en la sala mientras ve película para adultos. Recuerdo la primera vez que lo encontré viendo aquellas películas sin importarle que estuviera en el apartamento, volteó a verme como si dijera: "Ven, acercarte y veámoslo juntos". Fue tan repugnante que jamás volví a interrumpir mientras se encontra haciendo ejercicio y viendo porno. Lo más peor del bastardo es que es un ex-convicto, mamá a dicho que estuvo en prisión por robo, pero algo me dice que no es cierto por su forma tan asquerosa de ser.


—¡Me ves desafiante con esos ojos tuyo —comentó con una risa burlona sin remover sus manos de mi cuello —, pero te informo que soy la autoridad en este apartamento, y si digo que quiero mi almuerzo lo prepararas ahora!


—¡No soy tu puta sirvienta! —bramo nuevamente intentando quitarme sus sucias manos.


—Entiendo por qué estás de mal humor —dice con una sonrisa burlona —, estás en tus días, y por ello te sientes sensible.


Siento escalofríos por todo mi cuerpo, ¿cómo demonios sabe que estoy en mis días? Recién hoy comencé y guardo las toallas sanitarias en mi habitación.


—¿Cómo lo sabes? —pensé en voz alta.


—Soy tu padrastro, como un padre al tanto de su hija sé cuando te comenzó tu periodo, sé cuando te baja, y sé cuantos te dura —su sucia sonrisa se amplia más como si quisiera decirme "sé todo de ti".


—¡Eres un cerdo asqueroso! —insulto y por instinto le meto un golpe en los bajos. De inmediato suelta mi cuello para inclinarse hacia adelante. No esperaba ese golpe, lo agarre desprevenido.


—Maldita putita, no sabes lo que te espera cuando me repongo... —a puras penas amenazó inclinado de dolor.


Tomo aire antes de abandonar el apartamento. Nunca antes había aplicado violencia por no hacer caso a sus tontas demandas. No tengo idea que pasará cuando vuelva, pero ni loca que vuelvo mientras mamá no esté. Una día tengo que armarme de valor para contarle todo a mamá y que por fin lo eche del apartamento.


Llevamos un mes viviendo en este edificio de complejos que no conozco a nadie. El único lugar seguro mientras mamá no está es un edificio abandonado a dos cuadras. No uso el elevador, bajo por la escalera. No detengo mis pasos hasta que llego al edificio y entro directamente a mi lugar favorito para tomar aire y desquitarme sin que nadie vea o escuche.


—¡Hijo de puta, has arruinado nuestras vidas, te odio! —grito a todo pulmón y pateo la pared para sacar la rabia que siento. Doy la vuelta hacia frente para tumbarme cuando veo a una persona sentada sobre un escritorio viejo. Se trata de un chico de mi edad, creo yo, come una paleta de agua de color azul mientras me ve con una expresión neutral. Hemos hecho contacto visual que no puedo simplemente quedarme callada. —¿Y tú qué jodidos ves? —sé que no debo hablar de tal modo, pero con lo que a pasado no logro calmarme.


El chico no responde y tampoco quita su vista. Sigue comiendo la paleta de agua sin mueca que duela la ancía. Lo inspecciono brevemente y noto que tiene el cabello largo ondulado atado a una coleta alta, sus ojos lucen marrones desde donde estoy.—Ya que no vas a responder quiero que sepas que este es mi lugar privado, y si no tienes nada que hacer largo.


Estoy siendo mal educada, lo sé de sobra. Solo quiero estar sola por unas horas antes de volver al apartamento. Es sábado y mañana domingo comienzan las clases en la nueva preparatoria donde logré ingresar. Sin dinero no puedo buscar otro lugar para pasar el tiempo mientras mamá no esté.


—¿Por qué estás tan alterada? ¿Alguien te hizo enfadar? —aquel chico a hablado después de remover de su boca la paleta de agua. Sigue viéndome neutral. Esperaba que dijera otra cosa grosera, pero no, él me a hecho dos preguntas que nadie más hubiera hecho si me viera como estoy ahora.


Me he quedado callada. Obviamente no puedo responder lo que me tiene tan mal, y tampoco pienso no responder a sus preguntas, pues de algún modo se interesa por una desconocida.


—Problemas en casa. ¿Acaso no las tienes? ¿O por qué te encuentras aquí?


—Oye, yo no he hecho nada para que estés molesta conmigo. He frecuentado este edificio desde que tengo diez años y jamás te he visto. Claro que todos tenemos nuestros propios problemas, pero no significa que tengo que echar a todos de mi lugar privado, así como lo llamas. Me llamo Keisuke Baji, vivo cerca de aquí. ¿Cómo te llamas y cuánto tiempo tienes frecuentando este edificio?


Una vez más me quedo callada. Supuse que sería como los chicos que muy a penas sacas una o dos tres palabras.


—¿Ya no quieres decir nada después de echarme del edificio?


El chico, que diga Baji, se a puesto de pie. Somos casi de la misma altura. Lleva una camisa holgada, unos pantalones negros, y unas botas negras de cuero.


—No es eso, es que supuse que serías de pocas palabras. Me llamo Kimura Emi, también vivo cerca.


—Si no me equivoco, tu nombre es para una niña de carácter alegre y amigable. ¿Por qué no lo eres?


—¿Y cómo lo sabes? —pregunté a la defensiva.


—Porque mi mamá tiene un libro de los significados de nombres, y da la casualidad que hoy cruce con el tuyo.


Baji resultó ser un chico tranquilo, comunicativo, y a veces malhumorado. Vive con su madre en el mismo edificio que yo, dos pisos arriba. También asiste a la preparatoria en otro distrito. Quiero preguntar por qué va tan lejos y no a la que se encuentra cerca si siempre a vivido en el mismo edificio, pero cuando nos topamos olvido preguntarle. Nuestra amistad no es como la que comparte número de teléfono u redes sociales, o las que salen de vez en cuando a una sala de cine o a comer. Nuestra amistad se puede decir que es simple, hablamos cuando nos topamos en la escalera o por la entrada del edificio, nos saludamos con un leve movimiento de cabeza mientras vamos acompañados de nuestras madres, pero nada que sospechen de nuestra amistad, si a esto se le puede llamar. Tampoco hemos topado con otras personas de nuestras edades ya que casi no salgo, y él tampoco se queda mucho en el apartamento. Una vez quise invitarlo a comprar algo de beber en la tienda de conveniencia, pero me dió vergüenza. A lo que veo no puede pasar más que la amistad que tenemos, pues él tampoco hace mucho para hacer algo diferente que solo hablar por cortos tiempos, tampoco me atrevo a revelar lo que pasa dentro del apartamento que comparto con mamá y el asqueroso de su marido. El bastardo desde aquel día no volvió a dirigirme la palabra, pero tampoco a dejado de saborear mi culo cuando me ve pasar. Mamá a preguntado por la seriedad del bastardo hacia conmigo, hasta a pensado que yo tengo la culpa por el trato que recibo, cuando para mí a sido lo mejor que a pasado desde que vive con nosotras. Mientras él no me hable para mí es mucho mejor.


Toparme con Baji se volvió mi pequeña obsesión y la motivación de salir del apartamento por cualquier excusa para verle. Si pasan días sin vernos siento la necesidad de buscarlo, pero no lo hago por respeto a su madre.


—A mi no me mientes, tú estás enamorada de ese tal Keisuke —dijo mi mamá mientras se pone los zapatos para irse a su segundo trabajo —. Crees que no noto cómo buscas cualquier excusa para encontrarte con él en las escaleras o en el elevador.


—¡No es cierto! —niego volteando hacia la puerta de la habitación de mamá y de ese cerdo mal parido. Hasta la fecha no me atrevo a revelar cómo los ojos de su bastardo me ven cuando ella está distraída. No quiero ser la causa de arruinar la felicidad de mi madre porque desde que nací se las ha visto difícil siendo madre soltera.


—Te recuerdo que una vez fui adolescente y estuve enamorada de un chico del mismo edificio. Ten cuidado, quieres.


—¿Por qué debería? Keisuke nunca a dicho o hecho nada que sean señales de un chico pervertido o grosero.


—De cómo sea ese chico no puedes fiarte del todo. Puedes conocerlo, pero a las personas nunca se les conoce del todo.


Tiene razón, ella no conoce al bastardo de su hombre. La observo terminar de colocarse los zapatos y ponerse de pie. Luce demasiado cansada, pero tiene una sonrisa cálida. Quisiera ser adulta para ayudarla ya que no quiere que trabaje medio tiempo para no descuidar mis estudios.


—Escuche que hay muchos conflictos con pandillas en estos días. La hija de una compañera de trabajo resultó herida en una riña a la que fue alcanzada por los pandilleros de otro distrito. No recuerdo cómo dijo que se llamaban esos delincuentes.


Hay muchas que tampoco logró recordar sus nombres, unas más famosas que otras, solo puedo identificarlas cuando un grupo de chicos usan los uniformes con el nombre de la pandilla y su logo. Tampoco salgo mucho del apartamento o tengo amigos que me hablen de ellos, pero sé que merodean por estos rumbos.


—Cuídate cada vez que salgas. Regreso por la madrugada.


Mamá sale a trabajar y yo hago lo mismo, pues no quiero estar cuando el cerdo de mi padrastro vuelva de holgazonear. Tomo una mochila con cosas que puedo necesitar y salgo del apartamento hacia el edificio donde conocí a Baji. Llevo tres días sin verle lo que es normal, a veces pasa una semana sin vernos. He querido preguntar por su número de teléfono, pero me da vergüenza. Tampoco él a preguntado por el mío.


Bajando la escalera soy sorprendida por él y otro dos chicos. Cuando se percatan de mi presencia dejan de reírse entre sí, y Baji levanta la mirada al ver que sus amigos me ven cinco escalones abajo. Es la primera vez que lo veo acompañado de otros chicos y que suban a su apartamento. Me he puesto nerviosa.


—Qué tal, Keisuke, tiempo sin verte.


Sus amigos lo ven y esperan una reacción de Baji. Espero no haberlo puesto en una situación vergonzosa, sabemos que los amigos suelen ser cargados entre ellos.


—Que tal, Emi. ¿Qué has hecho?


—Lo mismo de siempre.


Baji y sus amigos suben dos escalones. En ello me percato que llevan salpicaduras de sangre y polvo en sus ropas.


—¿Tuvieron una pelea?


—Oyes, eres demasiado preguntona. Eso qué te importa —el chico de cabello oscuro y mechones rubios con un tatuaje de tigre en su cuello a hablado.


—Kazutora, cálmate cabrón. Emi solo hace una pregunta —dice Baji volteando a ver al tal Kazutora.


—No mencionaste que tenías a una amiga preguntona que viviera en el mismo edificio —replicó Kazutora.


—Ya cállate pendejo —insultó Baji.


De pronto me encuentro en medio de una discusión, es la primera vez que veo a Baji ponerse de tal modo con otra persona que resulta ser su amigo.


—Ambos deben calmarse —dice el otro chico de cabello corto y rubio —. Subamos para limpiarnos y volver con los demás.


—Chifuya, no te metas. Baji está molesto porque le hablé mal a su novia —otra vez dijo Kazutora con una sonrisa burlona.


—¡Dije que te calles, cara de culo! —gritó Baji, y lo tomó del cuello de su camisa.


En el rostro de Kazutora puedo ver que no se ve intimidado por el brusco agarra de Keisuke, sigue con la sonrisa burlona viéndome.


—¿Me vas a pegar frente a tu novia?


De pronto siento que soy la causa de esta pelea. Tengo que hacer algo para detenerlos, pero el chico llamado Chifuya se coloca en medio de ambos.


—Para Kazutora, también tú, Baji. La chica se ve con miedo.


Baji voltea a verme sin soltar el cuello de la camisa de Kazutora. Puedo ver sus manos temblar y las venas resaltar.


—N-No se pelen por mí. L-Lamento haber preguntado. Adiós, Keisuke.


Sigo bajando pasando por un lado de los tres, mientras intento retirarme de la pelea entre amigos, los escucho decir.


—Eres un pendejo, ella no es mi novia, es una vecina —dice Baji con el mismo tono que antes —. Debes agradecer que no te partí la cara.


—Pues no lo creo, has actuado diferente. El Bajj amante a las peleas no fue el mismo frente a esa supuesta vecina.


—¡Para Kazutora, no hagas esto más grande, mejor subamos a limpiarnos! —exclamó Chifuya.


Mientras más bajo los escalones menos escucho. Para Baji soy solo una vecina, no amiga. Me a dolido un poco, pero siendo sincera exagere lo que en realidad somos, solo vecinos. Nunca hemos salido a pasarla bien como amigos, o intercambiado coreo o número de teléfono. Tampoco hemos tomado fotografías en cabinas de fotos instantáneas. Debo aceptar lo que en realidad somos, solo conocidos.


Pensado en lo que acaba de suceder no tomé el camino hacia el edificio, sino el opuesto. Lejos del complejo de apartamentos decidí buscar un lugar para pasar la tarde y volver cuando el cerdo de mi padrastro se encuentre dormido. Un cibercafé fue la única opción por el poco dinero que cargo.


Rento una computadora por las próximas tres horas, navego por la Internet y descargo música, pero no puedo concentrarme del todo porque no dejo de pensar en lo que pasó con Baji y sus amigos. Ese tal Kazutora le dijo a Baji que no era el mismo amante de las peleas porque estaba presente. ¿A qué se refiere? Nunca he visto a Baji enojado como hoy. Ellos son sus amigos y deben saber a que se refieren con ello.


Faltando media hora para terminar con las tres horas que rente, remuevo los audífonos para ir al baño, pues bebí dos refrescos de litro. En ello logro escuchar la conversación que sostiene el vecino de lado con su vecino.


—¿Escuchaste que miembros de la Tokyo Manji golpearon a ocho miembros de la Valhalla no lejos de aquí? Mi primo dice que fueron tres contra ocho, y los tres salieron ganando.


—La Tokyo Manji tiene buenos peleadores y capitanes con experiencia en peleas callejeras. Pobres, han de haber quedado hecho mierda.


Una pelea entre pandilleros, un asunto que no me concierne, pero curiosamente Baji y sus dos amigos llevaban salpicaduras de sangre y polvo en sus ropas. ¿Puede ser que...? ¡Claro que no, Baji no puede ser miembros de una pandilla, a lo mejor los alcanzó el polvo y la sangre porque se encontraban en el lugar y tiempo equivocado.


Voy al baño y vuelvo para encontrarme con un tipo con fintas de pandilleros usando la computadora que rente. Aún faltan veinte minutos para terminar.


—Oyes aún no termina mi tiempo —le dije mientras me pongo a su lado.


El tipo rapado y tatuado que luce de la misma edad que yo, levanta la cabeza con una mueca.


—¿Y qué harás al respecto mierdecilla?


Frunzo el ceño y aprieto los puños. Este tipo a de medir 1. 80 como el cerdo de mi padrastro, es enorme pero tiene cara de adolescente. Pronto volteo hacia el encargado, pero se encuentra coqueteando con dos chicas que llevan faldas cortas y cabello con tintes llamativos. El cibercafé de pronto se convirtió en un lugar donde los pandilleros se juntan. Tengo que irme, no me atrevo a nada tratándose de esta clase de calaña. Detesto a los pandilleros. Mamá advirtió que tuviera cuidado por estos rumbos.


—Nada, solo déjame tomar mis cosas.


Estiro mi brazo para tomar mi mochila, pero el maldito la arrebata y pronto busca entre mis pertenecías. He quedado sorprendida, nunca antes alguien extraño hizo lo que ese desgraciado hace, robarme el dinero.


—¡Deja mi dinero en su lugar! —por fin digo algo. Unos cuantos ojos se han puesto sobre nosotros.


—Tienes una mierda de dinero para que una persona coma en McDonald's, no hagas escándalo —dice mientras se pone de pie. ¡Es enorme, creo que este tipo no es un adolescente!


—¿Qué te traes con esa? —una de las chicas que coqueteo con el encargado a venido a nosotros.


—Nada, esta que pelea veinte minutos por la computadora —respode el enorme adolescente. Me tira la mochila al suelo y vuelve a decir: —Largo, mierdecilla.


Nunca me han gustado los conflictos y menos con personas que lucen formar parte de una pandilla. Son delincuentes que buscan diversión y peleas, son parásitos para la sociedad. Tomó mi mochila del suelo y salgo del cibercafé, pero alcanzo a escuchar que ha tomado todo mi dinero para comprar cervezas. No volteó sigo mi camino hasta llegar a la puerta principal del edificio de complejos. Ya es de noche, y por la hora, el cerdo no se a ido a dormir.


—Emi, te estaba buscando.


Al escuchar la voz de Baji hace que levante la cabeza para verle recargado por la puerta de cristal. Lleva las manos dentro de los bolsillos de su pantalón y el cabello atado. Ahora que recuerdo, por la tarde lo llevaba suelto.


—Keisuke, que haces aquí.


Detengo mis pasos a dos metros de distancia. Él viene hacia mí.


—Mis amigos son unos odiotas, especialmente el tipo de mechones rubios, es totalmente un pendejo.


—Ah, hablas de... Kazutora, así se llamaba, ¿no?


—Ese mero. Eres buena para recordar nombres. No prestes atención a lo que dijo. Solo buscaba molestar.


—Gracias por el halago de los nombres, lo recuerdo porque mi abuela solía tener un gato tricolor que se llamaba Kazu —reí leve —.  No te preocupes, los amigos varones suelen ser así de cargados.


—¿Tienes amigos varones? Nunca te he visto con otro hombre.


Baji se detiene a un metro, saca sus manos y las lleva a la parte trasera de su cabeza. Lleva una camisa de manga larga y unos pantalones negros holgados. En su expresión puedo notar que está más serio que nunca. Niego con la cabeza a su pregunta.


—Entonces por qué dices que así son los varones con sus amigos, ¿eh?


—Porque tengo un primo y lo he visto comportarse de esa manera con sus amigos. Volviendo a lo de principio, ¿para que me buscabas?


—Para decirte que no hicieras caso a Kazutora. Él y tampoco Chifuya sabían de ti.


—Lo supe cuando mencionaste que solo era una vecina —borro mi sonrisa. No recordaba ese mal momento.


—¿Te pasa algo? —pregunta y deja descansar sus brazos.


—Nada. Tengo que hacer tarea —miento, no quiero verme con mi padrastro y tampoco tengo tarea.


—Yo que te quería pedir que me acompañaras a la tienda de conveniencia. Pensaba comprar algo para comer en el edificio abandonado, claro que también a ti pensaba comprar.


Las comisuras de mis labios elevan de alegría. Es la primera vez que Baji me invita algo. No puedo dejar que esta oportunidad de conocerlo más pase.


—Pues vamos, la tarea puede esperar para cuando vuelva.


Baji sonríe mostrando sus colmillos. Amo cuando hace esto. ¿Será que me he enamorado? Cuando me encuentro con él siento mariposas en en estómago y mucha alegría que tengamos unos minutos de conversación. Mamá no a prohibido tener novio, tampoco los he tenido. ¿Qué se siente tener novio? ¿Qué se siente tener tu primer beso? ¿Algún día Baji sentirá lo mismo que yo?


—Vamos, Emi. Antes que se haga más tarde y tengas problemas con tu padrastro.


Toda la felicidad se esfuma al escuchar que Baji sabe de mi padrastro, nunca le he contado de ese bastardo.


—¿Cómo sabes de él? —la voz me tiembla, espero que no lo haya notado.


—¿Hay algo mal en ello? Fui a buscarte a tu apartamento, y él salió para decirme que era tu padrastro y que no volviera a buscarte. No lo tome mal, también hiciera lo mismo si tuviera una hija.


Tampoco recuerdo haberle comentado el número de nuestro apartamento. Creo que lo a investigado por su cuenta o simplemente me vio ingresar, no hagas esto más grande.


—No hay nada de malo. Vayamos a la tienda de conveniencia y dime cómo te fue en el día.


No quiero contarle nada del cerdo de mi padrastro, no quiero que sepa lo que pasa a puertas cerradas, quiero pasar momentos agradables con el chico que me gusta sin tener que recordar el acoso del macho de mi madre.



Gracias por leer.  ✨️