Fobias

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

El miedo es la respuesta fisiológica del cuerpo ante una situación amenazante. Sin embargo, la fobia abarca desde la aversión por un objeto, circunstancia o actividad específica hasta el pánico intenso. Además de sus motivaciones, muchas veces, irracionales. En esta saga de pequeños relatos de terror, explotaremos las fobias que aquejan a la humanidad. Grandes, pequeñas, comunes o extrañas. Porque todos le tememos a algo. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Genero:
Horror
Autor/a:
MadaraSmartfox
Estado:
En proceso
Capítulos:
37
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Hematofobia

— ¡Mami! ¡Mami! ¡Ayúdame! — Grita la pequeña Sofi desde su cuarto, corriendo en dirección a la cocina.

— ¿Qué te pasa? ¿Estás herida? — Responde la madre alarmada al llamado de su hija.

— Estaba jugando en mi cuarto y me corté. — Contesta alarmada la niña, extendiéndole una mano por cuya palma corre una larga línea rojiza. — ¡Ayúdame! ¡Por favor! —

María sabe que a su hija le atemoriza la sangre, no soporta verla. Ni la suya ni la de nadie más. Se pone pálida como los muertos y no deja de temblar, lo que hace más difícil que puedan curarla.

— ¡Cielos! Es una herida profunda. ¿Con qué te lastimaste? — Le cuestiona su madre, haciendo presión con su mandil de cocina para contener la hemorragia.

— Se cayó el florero rosa del trinchador y cuando quise levantar los pedazos me corté. — Le explica Sofía, viendo de reojo hacia la puerta entreabierta de su habitación.

— Tranquila, cariño, todo va a estar bien. — Sin soltar la mano herida de su hija, María la conduce al baño, donde se encuentra el botiquín de primeros auxilios.

Sofía avanza, mareada por el malestar que se ha apoderado de ella. Cada gota del líquido carmesí le produce una oleada de ansiedad que no puede controlar.

Su pequeño corazón parece que está a punto de estallar debido al frenesí con que late. Sobre su frente aparecen diminutas gotas de sudor y sus manos se sienten heladas.

María aplica rápidamente un poco de antiséptico para que no se vaya a infectar la herida. En el proceso, un poco de sangre gotea. A punto de resbalar hacia el piso, Sofía lo evita usando el mandil de su mamá. Ella mira con extrañeza a la niña, pero continúa con el proceso de curación.

Una gasa y algunas vueltas de venda después, Sofi puede quedarse tranquila. Ya no quedan rastros de sangre visibles.

— ¡Listo! — Le anuncia María, besando con ternura los dedos de su hijita, quien luce mucho más aliviada.

— ¡Gracias mami! — Sofía la abraza con mucha fuerza, observando detenidamente el vendaje. Es perfecto.

— Iré por la escoba y el recogedor. — Comenta María, saliendo del baño para limpiar los destrozos del cuarto de Sofi.

Al poco rato, sale de la recámara con el florero hecho trizas para depositarlo en el bote de basura. Sin embargo, Sofía no parece muy complacida con el resultado. Ya que, en cuanto su madre la pierde de vista, va corriendo a buscar una bandeja con jabón y agua para limpiar el pequeño rastro de sangre que dejó al salir.

La niña talla enérgicamente el suelo, tratando de no dejar ni una sola mancha. Parándose desde distintos ángulos del cuarto para asegurarse de que no han quedado vestigios de sangre. Cuando se da por satisfecha, regresa las cosas a su lugar. Esperando que con eso sea suficiente.

María arropa a Sofi en su cama para que pueda descansar. Le da un beso en la frente y apaga la luz antes de salir. No se escuchan ruidos y el perfume de su madre todavía flota en la estancia. Sofía empieza a sentir cómo el cansancio le cierra los ojos.

Algo la despierta de súbito, el sonido de uñas rascando la madera. Un ser que no pertenece al mundo humano lucha por salir de las tinieblas, encajando sus huesudos dedos de uñas rotas en el suelo.

La niña se cubre la cabeza con las cobijas. Respira agitadamente y se encoge todo lo que puede. ¡No puede ser! ¡Eso no puede estar aquí! Ella limpió muy bien la sangre del piso. Abre un pequeño agujero para poder ver qué es lo que hará la criatura a continuación.

Su ávida lengua emite un siseo como el de una serpiente y se agita en la oscuridad. Buscando la sangre reseca que se ha metido entre las duelas de madera del piso. El ruido que hace al alimentarse de aquellos restos recuerda al chillido del cerdo.

A cuatro patas, una figura semi humanoide trata de extraer con su descomunal lengua lo poco que quedó de sangre. Los gruñidos que brotan de su garganta le dejan saber a la niña que no está feliz. No es suficiente... lleva demasiado tiempo sin comer como para conformarse sólo con eso.

Los opacos ojos ciegos de la criatura deambulan por la estancia, dejando que sea su nariz la que le ayude a encontrar lo que desea. No obstante, la madre de Sofi y la pequeña han hecho un trabajo tan bueno, que el rostro achatado del monstruo no alcanza a detectar la herida de la niña.

Sofía está petrificada de terror en su cama. Sabe que no puede llamar a su madre.“Es parte de crecer. Ya eres una niña grande y tienes que resolver esto tú solita. Tranquila. No te hará daño, él depende de ti”. Le dijo ella la última vez que ocurrió algo similar.

En tanto que no huela a sangre, Sofía estará a salvo. Solamente tiene que resistir hasta que amanezca, para que esa cosa vuelva de dondequiera que haya venido. Mientras tanto, su retorcido cuerpo grisáceo desprovisto de pelo deambulará a tientas por su habitación, buscando la fuente del vital líquido que desea.