Capítulo 1
Soonyoung cerró los ojos con fuerza mientras se quitaba los audífonos de la cabeza. Frente a él, el monitor mostraba en letras grandes y rojas la palabra“Derrota”. Había perdido nuevamente contra la cuenta llamadaguitar boy. Hasta hacía relativamente poco, no sabía quién estaba detrás de ese nombre. Solo lo había conocido en una de las tantas partidas desolo queuedel videojuegoLeague of Legends. Para Soonyoung,guitar boyno era más que un rival molesto, alguien que siempre le tocaba en contra y que, de alguna manera, lograba convertir cada partida en una pesadilla.
El chico parecía tener un talento especial para complicarle la vida. Siempre seleccionaba campeones que volvían la fase de líneas una verdadera tormenta, especialmente cuando jugaba como tirador. Soonyoung, sin importar lo bien o mal que estuviera desempeñándose, siempre terminaba siendo su objetivo principal. Incluso en partidas donde no estaba en racha o su impacto en el equipo era mínimo,guitar boyse las arreglaba para centrar su atención en él.
Lo peor de todo llegaba al final de cada partida. Sin falta, aparecía un mensaje en elall chat:
“Mejora. Me aburre jugar con gente como tú que no representa ningún desafío. Devuélvete a plata.”
La arrogancia del comentario lo sacaba de quicio, pero eso no era todo. En una ocasión,guitar boyincluso le preguntó directamente cuánto había pagado para que le subieran la cuenta a Challenger, insinuando que no merecía su rango. Aquella acusación, cargada de sarcasmo y burla, había sido la gota que colmó el vaso. Cada encuentro conguitar boyera un recordatorio constante de su frustración. Más que un rival, aquel jugador se había convertido en una espina clavada en su orgullo.
Suspiró profundamente y miró fijamente la pantalla. La palabra“Derrota”parecía burlarse de él, como si también fuera cómplice de ese talguitar boy. Respiró hondo y contó hasta diez, pero, como siempre, el mensaje habitual apareció en el chat:
guitar boy: “En serio, ¿es esto lo mejor que puedes hacer? Qué pena, me haces perder el tiempo.”
Soonyoung apretó los labios y decidió no responder. Sabía que cualquier contestación solo le daría más satisfacción al otro. Dejó los audífonos sobre el escritorio y se dejó caer sobre la silla con un suspiro. Las derrotas se acumulaban últimamente, pero perder contra él hacía que cada una pesara el doble.
Las palabras destilaban una arrogancia que Soonyoung ya no podía ignorar. Pero en lugar de responderle como había hecho tantas veces antes, decidió quedarse callado. No quería darle la satisfacción de verlo alterado.
Su frustración se intensificaba al pensar en lo lejos que estaba de los primeros días, cuando jugar al videojuego había sido solo un pasatiempo. Cuando aceptó la invitación de sus compañeros en la fiesta de bienvenida de la universidad, no esperaba engancharse de esa manera.
Durante la fiesta de bienvenida de la universidad, todo parecía apuntar a que sería una noche incómoda para él. No era el tipo de persona que sobresaliera en grupos grandes, pero aun así decidió ir. Quería integrarse, aunque fuese por un momento. Rodeado de desconocidos, entre risas y conversaciones, sus nuevos compañeros comenzaron a hablar sobreLeague of Legends.
—Es lo mejor para desestresarse después de clases —comentó uno de ellos, con una lata de cerveza en la mano.
—Claro, a menos que te toque con untroll—agregó otro, haciendo reír al grupo.
Soonyoung se mantuvo en silencio, escuchando. Sabía de qué hablaban. No era un extraño al mundo del videojuego, pero nunca le había dedicado mucho tiempo. Había jugado alguna que otra partida cuando estaba en el colegio, aunque nunca le pareció algo importante.
—Deberías intentarlo con nosotros —dijo Mingyu, un alfa que parecía llevarse bien con todos—. Si te gusta, tal vez terminemos en ranked juntos.
Soonyoung se encogió de hombros y aceptó la invitación más por cortesía que por interés real. Lo que no esperaba era que, al poco tiempo de empezar, sus compañeros se sorprendieran con su desempeño.
—Cielos, si sigues así, podrías subir a Challenger dentro de nada —comentó Mingyu emocionado, apoyándose en el respaldo del sofá mientras observaba la partida.
—Imagina, podrías llegar a jugar con profesionales y ganar dinero.
La idea se quedó flotando en la mente de Soonyoung. No lo dijo en voz alta, pero la perspectiva de ganar dinero simplemente jugando le resultaba tentadora. ¿Y si realmente tenía una habilidad especial? ¿Y si ese juego podía ser algo más que una actividad para pasar el tiempo?
Las semanas siguientes lo encontraron practicando cada vez más. Lo que había comenzado como una invitación casual se convirtió en una obsesión. Pasaba horas perfeccionando sus mecánicas, estudiando estrategias y aprendiendo de jugadores profesionales. El resultado fue evidente: en cuestión de meses, había escalado hasta Challenger, el rango más alto del juego. Participó en torneos pequeños, tanto dentro como fuera de la universidad, acumulando victorias y ganándose una reputación como un jugador prometedor.
Disfrutaba del juego, cómo cada partida se le iba haciendo más fácil y más fácil leer a los jugadores, algunos tenían mecánicas predecibles, todo hasta queguitar boyapareció.
guitar boy: “¿Acaso sabes farmear?”
guitar boy: “Si te comportas como un bot, no confiaré en ti para la siguiente TF”
Antes le respondía con la misma negatividad pero siempre terminaba “perdiendo” esas discusiones, desde que le dijo que llevaba poco tiempo jugando,guitar boyno paraba de decirle que se devolviera a hierro.
Se dio una ducha con agua caliente para desestresarse y se dispuso a calentar su comida, era tarde pero aun así se lavó el cabello. Una vez con su pijama puesto, se dispuso a cenar. Auqnue se haya lavado el cabello no se lo secó y se acostó como pudo, solo quería dormir pensando en que tal vez ya era hora de olvidarse de ese supuesto trabajo que le traería jugar, debía conseguirse un trabajo a medio tiempo. Pese a que sus padres lo apoyaban monetariamente, pensaba que no sería mala idea tener un dinero extra.
Había llegado a Busan hacía poco más de un año, decidido a alejarse de la comodidad de su hogar y de las expectativas familiares. Mudarse le había dado la libertad de empezar de cero, lejos de las miradas y los prejuicios que lo acompañaban desde que era niño. A sus doce años, Soonyoung descubrió que era un alfa, una revelación que no recibió con entusiasmo. Su cuerpo lo dejó claro durante su primer celo: una fiebre abrasadora que duró días y que asustó a su familia. A partir de entonces, comenzó a tomar supresores, lo que suavizó los síntomas físicos, pero no disminuyó el peso de lo que implicaba ser alfa.
A diferencia de lo que muchos podrían pensar, él no se sentía afortunado por pertenecer a esa categoría. Hubiera preferido ser un beta, como su padre, lejos del torbellino de feromonas y expectativas que acompañaban a los alfas. Esa aversión lo llevó a vivir solo en un pequeño apartamento, donde podía controlar su entorno.
El apartamento no era grande, pero tenía todo lo que necesitaba: un dormitorio, una cocina pequeña integrada al salón y un escritorio donde pasaba la mayor parte de su tiempo. Había logrado mantener su vida sencilla, aunque a veces se preguntaba si la tranquilidad que tanto valoraba no era más que una forma de esconderse del mundo.
A medida que jugaba másLeague of Legends, las partidas se convirtieron en un refugio y, al mismo tiempo, en una fuente de estrés. Había escalado rápido, sorprendiendo incluso a sus compañeros de equipo. En cuestión de meses, alcanzó Challenger, participó en torneos pequeños y se ganó una reputación como un jugador prometedor. Sin embargo, ninguna organización se interesó en él. Sus victorias parecían no ser suficientes en un mundo saturado de talento.
Entonces aparecióguitar boy. Al principio, lo veía como un jugador cualquiera, alguien talentoso que le ponía las cosas difíciles. Pero cuanto más se cruzaban, más crecía su frustración.
Soonyoung salió de la ducha después de dejar que el agua caliente relajara su cuerpo. Se pasó una toalla por el cabello, aunque no se molestó en secarlo del todo, y se puso su pijama antes de calentarse algo de cenar. Mientras comía, pensó en lo absurdo que era permitir que alguien que ni siquiera conocía lo afectara tanto.
Se recostó en la cama, con el cabello todavía húmedo. Cerró los ojos e intentó despejar su mente. Quizás ya era hora de dejar atrás el sueño de ser jugador competitivo y buscar un trabajo de medio tiempo. Sus padres lo apoyaban económicamente, pero tener ingresos propios le parecía cada vez más necesario.
Aunque sabía que conseguir un empleo significaría lidiar con personas y situaciones incómodas, estaba dispuesto a hacerlo si eso le ayudaba a recuperar algo de control sobre su vida. Sin embargo, incluso mientras trataba de pensar en un futuro más estable, la imagen deguitar boyseguía acechándolo, como si fuera una sombra que no podía ignorar.
Al día siguiente, Soonyoung despertó con un dolor punzante en la garganta. La sensación áspera le hizo fruncir el ceño, pero no tenía opción. Era mitad de semana, y faltar a clases no estaba en sus planes, por mucho que su cuerpo pidiera quedarse en cama. Se levantó lentamente, arrastrando los pies hasta el baño. Mientras se lavaba la cara, su reflejo en el espejo le devolvió una mirada cansada, con ojeras marcadas y un aire de resignación.
Tras vestirse como de costumbre, tomó un cubrebocas de su escritorio. Su departamento, pequeño pero estratégicamente ubicado, le permitía caminar hasta la universidad sin depender del transporte público, un detalle que siempre había valorado. Hoy, sin embargo, el paseo no parecía tan atractivo con el malestar que lo acosaba.
Aunque solo tenía dos materias, cada clase duraba tres horas, lo que convertía el día en una prueba de resistencia. Para empeorar las cosas, había planeado comenzar a repartir su currículum después de clases, pero en su apuro matutino lo había olvidado sobre el escritorio. Resopló con frustración antes de cerrar la puerta detrás de él.
Al llegar a la entrada de la universidad, Mingyu lo interceptó como siempre, con su energía característica. El chico, alto y con una sonrisa despreocupada, levantó una mano en saludo antes de pasar un brazo alrededor del cuello de Soonyoung, atrayéndolo hacia él en un gesto amistoso pero invasivo.
—¡Hey, dormilón!— saludó Mingyu alegremente.
Soonyoung, todavía con el cubrebocas puesto, suspiró. Mingyu era el único en la universidad que sabía que era un alfa. No era que los demás hubieran preguntado, pero tampoco era algo que Soonyoung estuviera dispuesto a compartir.
El cubrebocas no pasó desapercibido para Mingyu, quien lo miró con una mezcla de burla y curiosidad. —¿Cómo demonios te resfriaste en primavera?— preguntó con una sonrisa que solo añadía leña al fuego.
Soonyoung se zafó de su agarre con un movimiento brusco. Aunque su expresión estaba oculta, la tensión en sus hombros dejaba claro que estaba molesto. —Me dormí con el cabello húmedo— respondió escuetamente.
Mingyu soltó una carcajada, claramente disfrutando de la situación. —¿Qué? ¿Tengo que ir a secarte el cabello personalmente? Soonyoung-ah, no sabía que tenías esos pensamientos sobre mí. La próxima vez, solo invítame a tu casa directamente— añadió con una voz melodramática, mientras movía las pestañas de forma exagerada.
Soonyoung lo ignoró por completo y siguió caminando hacia su clase. Mingyu, sin inmutarse, lo siguió, acelerando el paso para mantenerse a su lado. Había pasado suficiente tiempo con Soonyoung para leerlo como un libro abierto y ya tenía una idea de lo que realmente le molestaba.
—Apuesto a que te volviste a encontrar con esa cuenta maliciosa, ¿verdad?— soltó, fingiendo inocencia.
El silencio de Soonyoung fue más que suficiente para confirmar su sospecha. Solo rodó los ojos en respuesta, pero eso no detuvo a Mingyu, quien parecía decidido a sacarle una reacción.
Finalmente, llegaron al aula, y Soonyoung se dejó caer en uno de los asientos del medio, esperando que el inicio de la clase lo distrajera de su irritación. Sacó su cuaderno y bolígrafo con movimientos mecánicos, tratando de no pensar en la derrota de la noche anterior.
Sin embargo, la primera clase no ofrecía mucho consuelo. El profesor, un omega conocido por su actitud cercana y, a veces, excesivamente amable con los alfas, dirigía la materia. A Soonyoung siempre le había resultado incómodo su trato, especialmente cuando parecía buscar excusas para interactuar con él más de lo necesario.
Mientras el profesor comenzaba a hablar, Mingyu, sentado a su lado, inclinó ligeramente la cabeza hacia él y susurró con un tono burlón —Ánimo, Soonyoung-ah. Después de esto, hastaguitar boyte parecerá inofensivo.
Soonyoung cerró los ojos por un momento, contando hasta diez. Hoy sería un día largo. Muy largo.
Tras terminar la primera clase, Soonyoung y Mingyu se dirigieron a la cafetería. Aún quedaban poco más de treinta minutos para la siguiente clase, así que aprovecharon el tiempo para relajarse un poco. Soonyoung pidió un café, esperando que la cafeína lo ayudara a lidiar con el agotamiento físico y mental que cargaba desde la mañana. El día avanzaba lentamente, arrastrándose como si quisiera desafiar su paciencia.
Se acomodaron en una de las mesas cerca de la ventana, donde la luz de primavera iluminaba el espacio con calidez. Mingyu charlaba sobre cualquier cosa que se le ocurría, intentando animar a su amigo, pero Soonyoung apenas prestaba atención. Todo parecía fluir en una monotonía insoportable hasta que su teléfono vibró sobre la mesa.
Soonyoung lo tomó con desgano, esperando algún mensaje irrelevante o una de esas notificaciones que nunca tenía prisa por revisar. Sin embargo, al ver el remitente desconocido, algo en su interior se agitó. La curiosidad lo llevó a abrir el correo de inmediato, y mientras leía las primeras líneas, el mundo a su alrededor pareció detenerse.
Con una mano sostuvo el teléfono, pero con la otra se aferró instintivamente a la camisa de Mingyu, quien levantó la vista, extrañado por la repentina reacción. Soonyoung se quedó inmóvil, los ojos clavados en la pantalla como si temiera que el mensaje pudiera desvanecerse en cualquier momento.
—¿Qué sucede? ¿Quieres un besito por soportar a ese omega tan nefasto?— bromeó Mingyu, haciendo una mueca exagerada. A pesar de su personalidad carismática, compartía la incomodidad de Soonyoung respecto al profesor de la clase anterior.
Sin decir una palabra, Soonyoung giró el teléfono hacia su amigo, mostrando el contenido del mensaje:
“Estimado Tigre, nos comunicamos contigo puesto que tenemos una oferta de trabajo para ti. Hemos estado observando tu desempeño en los distintos torneos en los que has participado y creemos que tienes un futuro prometedor como jugador profesional. Esperamos que puedas considerar esta oferta. Se despide, POS Sports.”
El silencio entre ambos fue breve, pero cargado de asombro. Mingyu fue el primero en reaccionar, soltando una exclamación de sorpresa antes de rodear a Soonyoung con un abrazo tan fuerte que casi lo levantó de la silla.
—¡Esto es increíble, Tigre!— exclamó, usando el apodo que el correo también había empleado. Su entusiasmo era contagioso, pero Soonyoung todavía estaba procesando lo que acababa de leer.
Las palabras del mensaje resonaban en su cabeza como un eco lejano pero constante. Después de una clase que parecía interminable y un día que había comenzado con el pie izquierdo, la vida le sonreía de una forma que no había anticipado.
Mientras Mingyu seguía celebrando con entusiasmo desbordante, Soonyoung dejó escapar una pequeña sonrisa. Por primera vez en todo el día, sentía que el esfuerzo y las horas interminables frente a su computadora estaban dando frutos tangibles. Pero, a pesar de la emoción, había algo que lo mantenía inquieto, como si una sombra de duda rondara su mente.
—¡Debes aceptar ahora! Es una oportunidad única —dijo Mingyu, aún eufórico—. Vamos, escríbeles de inmediato. Yo te ayudo, no te preocupes.
Soonyoung levantó la vista de su teléfono, frunciendo ligeramente el ceño. Aunque el mensaje parecía legítimo, no podía ignorar el nudo en su estómago.
—No lo sé realmente... —admitió en voz baja, mirando nuevamente la pantalla como si buscara alguna señal que confirmara sus sospechas—. Parece todo legal, pero siento algo extraño. Tal vez son los nervios, pero hay algo que no me cuadra. ¿Y si no tengo el nivel que ellos esperan?
Mingyu lo miró como si acabara de escuchar la cosa más absurda del mundo.
—Soonyoung, debes estar bromeando. — Su tono era casi indignado—. Eres uno de los mejores jugadores que conozco. Cada vez que te inscribes en un torneo, quedas entre los tres primeros lugares. Si eso no es tener nivel, entonces no sé qué demonios significa “nivel” para ti.
Las palabras de Mingyu lograron arrancar otra pequeña sonrisa de Soonyoung. Era reconfortante saber que alguien creía en él incluso cuando él mismo dudaba.
—Gracias —murmuró, con una mezcla de gratitud y algo de vergüenza.
Mingyu se cruzó de brazos y lo miró con una ceja levantada, como si estuviera esperando a que Soonyoung tomara la decisión correcta.
Con un suspiro profundo, Soonyoung dejó de lado sus dudas por un momento y abrió la aplicación de correo en su teléfono. Aunque el nudo en su estómago persistía, sabía que no perdería nada por intentarlo.
—Está bien —dijo finalmente, mientras comenzaba a escribir una respuesta—. Veamos qué pasa.
El brillo en los ojos de Mingyu se intensificó, y su sonrisa se ensanchó.
—¡Eso es, Tigre! Vamos a asegurarnos de que esos nervios no te detengan.
Mientras las palabras tomaban forma en el correo, Soonyoung no pudo evitar sentir una mezcla de emociones. La emoción de una oportunidad que podría cambiar su vida competía con el temor de que algo no saliera como esperaba. Sin embargo, una cosa era segura: si había llegado hasta allí, no sería el miedo lo que lo haría retroceder.
Pocos minutos después de enviar el correo, Soonyoung recibió una notificación en su teléfono. Era una respuesta de la empresa, mucho más rápida de lo que esperaba. Al abrir el correo, sus ojos recorrieron las palabras rápidamente:
“Estimado Tigre, agradecemos tu pronta respuesta. Estamos impresionados con tu desempeño y nos gustaría invitarte a una entrevista. La cita será esta misma semana, el jueves a las 3:00 p.m. en nuestras oficinas. Esperamos poder conversar contigo en persona. Atentamente, POS Sports.”
Soonyoung dejó caer el teléfono sobre la mesa, incrédulo. El corazón le dio un vuelco y el nudo en su estómago se intensificó, pero ahora era diferente: el temor se mezclaba con una excitación que no podía ignorar.
Mingyu, que lo observaba con expectación, no tardó en acercarse. Al ver la respuesta, se lanzó a abrazarlo con fuerza.
—¡Tigre, lo lograste! ¡Te llamaron para la entrevista!
Soonyoung no podía dejar de sonreír, aunque sus pensamientos seguían a mil por hora. Sabía que esto podría ser el comienzo de algo mucho más grande, pero las dudas seguían ahí, acechando en el fondo de su mente. A pesar de todo, sentía que, finalmente, estaba recibiendo la oportunidad por la que tanto había trabajado.