Capítulo 1
Después de dos años de abusos y un mes de planeación, todo se resume a este momento.
Me levanto esta mañana y me preparo para el trabajo como si fuera un día cualquiera. Me ducho, elijo mi uniforme, me hago una coleta y camino hacia la cocina.
Saco una taza para Dennis y mi termo yeti para preparar el café de la mañana. Pongo su taza en la barra frente a él, como hago siempre, y empiezo a preparar mi almuerzo.
—Acuérdate de lo que te dije, Frankie. Nada de horas extras hoy. Tienes que venir directo a casa en cuanto termine tu turno —dice él. Me doy la vuelta para mirarlo con una rebanada de jamón en la mano.
—No puedo evitarlo si pasa algo justo cuando voy saliendo. Si alguien entra en código y no hago mi trabajo, me pueden despedir o la familia me puede demandar. Soy enfermera, no taxista. No puedo simplemente apagar un interruptor y decir que mi turno ya acabó —le respondo. Pongo la última pieza de jamón sobre el pan y meto el sándwich en una bolsa de papel. Agrego una manzana y un plátano, cierro la bolsa y la guardo en mi mochila. Agarro mi café y las llaves y camino hacia la puerta.
—Frankie —me detengo y me doy la vuelta apoyando el peso en la cadera—. ¿Y mi beso? —pregunta él, de pie en el marco de la puerta de la cocina. Mi corazón late a mil por hora. Estoy tan cerca de escapar que tengo que seguir fingiendo.
Regreso hacia él con un poco de actitud. Si me pongo demasiado insolente es capaz de golpearme y tendré que quedarme un día más. Él sabe que no iré a trabajar con la marca de una mano en la cara.
—Sin desplantes. Sabes que no me gusta eso, princesa. —Siento que la bilis me sube por la garganta cada vez que me llama así, pero solo sonrío y asiento con la cabeza.
—Lo siento, Den.
—Buena chica. —Me jala hacia él y me planta sus labios de golpe. Me mete la lengua en la boca, suelta un gemido y me aprieta el culo.
Necesito que esto termine, así que pongo las manos en su pecho y me separo con cuidado. —Voy a llegar tarde, Den. —Él pone mala cara, pero me da un último pico antes de soltarme.
—Está bien. —Cuando me doy la vuelta para irme, me agarra la coleta y me jala hacia atrás con fuerza. Suelto un gemido por el dolor en el cuello. —No llegues tarde, princesa. —Me besa la mejilla antes de soltarme el pelo. Camino rápido hacia la puerta para salir de una puta vez de este infierno en la tierra que él llama hogar. —¡Que tengas un buen día! —me grita mientras cierro la puerta sin mirar atrás.
En cuanto salgo de la entrada, conduzco unas manzanas y tiro mi celular a una alcantarilla. Ya me compraré otro. Repaso mi lista mentalmente. Ayer vacié mi cuenta de ahorros, así que mi primera parada es el concesionario. Entregué esa puta chatarra por una Volkswagen Atlas nuevecita. Las placas y el registro nuevo ya los enviaron a mi dirección actual. En cuanto me instale, cambiaré todo por el registro y las placas del nuevo estado.
Lo siguiente es comprar un celular nuevo. Estuve en el plan familiar de Dennis por mucho tiempo y era una forma fácil de rastrearme. Ahora tendré mi propia cuenta y número.
Después de recoger el coche y el teléfono, voy directo a mi unidad de almacenamiento. Saco todo lo que me he llevado de la casa a escondidas durante este mes y que ya tenía empacado en cajas. Lleno mi camioneta y cierro la cuenta de la bodega. No tengo amigos ni familia de quien despedirme. Mi mamá era lo único que tenía y murió hace unos años. Los pocos amigos que me quedaban se cansaron de mí porque tuve demasiado miedo de dejar a Dennis por mucho tiempo.
No es sino hasta que cruzo el puente y paso los límites del estado que puedo respirar un poco mejor. Tengo al menos diez horas antes de que empiece a buscarme. Para ese entonces, ya debería estar desempacando la camioneta y comenzando mi nueva vida.
Pensar en lo enojado que se va a poner me da escalofríos. Me compadezco de quien sea que reciba su furia. Sé que va a ir al hospital a buscarme. Lo ha hecho muchas veces cuando me quedaba hasta tarde por una emergencia. Se ponía a gritar y a hacer berrinches como un loco hasta que yo salía y aceptaba irme con él. Cuando se entere de que mi último día fue hace una semana, le va a dar un patatús. Y por primera vez en dos años, me importa un carajo. Ya no soy su saco de boxeo.
Con ese pensamiento en mente, decido olvidarme de él y de mi vieja vida. Este es un nuevo comienzo. Es mi momento.
Sonrío para mis adentros y le subo a la radio. A partir de ahora, todo debería ir viento en popa.