La Inteyvat de la Reina

Sinopsis

Diluc es la reina de Mondstadt y como toda reina, necesita de un compañero fiel para sostener juntos su reino. De esa forma se fijo en la joven princesa de Khaenri'ah, Kaeya Alberich. No importa si ella está comprometida, esa hermosa mujer será suya.

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Capítulo Único

La muerte de su padre fue un golpe fuerte para Diluc, pero supo como luchar contra las adversidades que se le impuso luego de la partida del antiguo rey, Crepus.

Muchos nobles querían quitarle su trono con la frágil excusa de que: “Aún es joven e inexperta, ¿Como podrá mantener a esta nación en pie?”

¿Joven e Inexperta?, Tenía ya dieciocho años y se presentó como una alpha a los cinco, recibió todo tipo de educación de como dirigir un Reino desde que aprendió a caminar, participó en cada batalla y revuelta del Reino. Siempre junto a su padre como una sombra, mirando desde cerca a su pueblo; realmente tienen el descaro de decir que ella no podría mantener a esta nación en pie, malditos bastardos.

Pero Diluc siempre fue una persona que era más de tomar acción que enfatizar en palabras que ella consideraba inútiles ante gente ingrata que no quería someterse a ella. Obligó a cada noble a obedecerla como si fuese el mismo Arconte Anemo en persona. Pero luego llego otro asunto que la tenia un poco irritada.

Una pareja.

Jean, su más fiel consejera, fue selecta por su madre para convertirla en su consorte. También era una Alpha, su familia era poderosa y tenía toda característica que a Diluc le gustaba, lamentablemente la veía como una hermana en vez de una potencial pareja, sería tan incómodo cuando tengan que procrear a un heredero; ella prefiere evitar esas incomodidades aunque sean las más pequeñas.

Pero su gabinete le exigía con tanta frecuencia a un compañero, alguien que pueda ayudarla con el Reino. Ella podía asegurar que pronto tomaría su claymore y la estrellaria con cualquier persona que se atreva a hablar de ese tema nuevamente. Diluc se encontraba más ocupada firmando tratados de paz con otras naciones o discutiendo tierras que podrían ayudar a su reino a prosperar.

Fue en uno de esos días que la vio.

Estaba de visita en el reino de khaenri’ah para resolver una disputa de un territorio que se encontraba en las áreas limítrofes de su reino con el de ellos. Cuando ingreso a la sala real para ser recibida por el Rey Irmin “el tuerto” y su esposo, fue entonces cuando se encontró a la persona más hermosa que sus ojos hayan visto.

La única princesa de khaenri’ah, su flor más preciada, Kaeya Alberich.

De piel acaramelada, ojos grandes como el de las gacelas; de colores disparejos pero combinables, dorado puro contra un lila suave. Cabellos índigos que caían por aquel escote que revelaba los buenos dotes de la mujer, caderas pronunciadas y cintura provechosa. Diluc podía jurar que sus manos callosas por un riguroso entrenamiento podían sostener aquellos muslos carnosos y bien entrenados de la princesa.

Oh, con tan solo imaginarlo casi siente que podía tener un nudo entre su vestido ahora.

Su Alpha interior aullaba por aquella mujer, y ella también la deseaba.

Deseaba que Kaeya fuera su compañera, con la cual despertar por las mañanas con un cálido beso en los labios y un suave 'Buenos días'; mientras en las noches más frías, podría azotar el cuerpo de su mujer contra el suyo infinidades de veces, enloquecidas por el placer de tenerse entre ellas. Deseaba eso, y cuando deseaba algo, ella lo obtenía a toda costa.

Controlo su olor lo mejor que pudo, su rostro estaba sereno como siempre, sin demostrar el desastre hormonal que era por dentro, hizo una leve reverencia ante los reyes y sonrió de manera práctica.

“Un cordial saludo, a los reyes legítimos de Khaenri’ah. He venido hasta aquí para poder solucionar el problema sobre el territorio del sur que se encuentra trazado por las fronteras que nos limitan.”

El Rey Irmin se levantó de su trono, una figura impotente y fuerte con aires de grandeza. “Es un gusto tenerla aquí, Reina Diluc, déjeme guiarla yo mismo a la sala de conferencias.”

Diluc solo asintió, dejo que el Rey tomará la delantera junto a su consorte mientras Kaeya esperaba a que Diluc comenzará a caminar. Sin embargo la hermosa pelirroja tenía otros planes.

Se acercó a paso firme hacia Kaeya quien se tenso ante su imponente presencia.

“Lamento no haberla saludado, princesa Kaeya, fue un descuido total de mi parte.” Encogió su voz para que puediera sonar apenada.

Kaeya parecía dudar si en hablarle, como si tuviera miedo de hacerlo, la vio mirar hacia todas las direcciones antes de suspirar y regalarle una tímida sonrisa que afloró de sus gruesos labios color melón que deseaba moder.

“No tiene que preocuparse mucho por eso, Reina Diluc, entiendo que el tema del territorio es mucho más importante que cualquier otra cosa.” Comentó de manera compresiva.

Diluc, sin embargo, negó con vehemencia, mientras tomaba la mano de la dulce princesa y le daba un beso.

“Todo tema es importante, pero eso no significa que deba ignorar a una bella dama por ello.” Las mejillas de la joven se encendieron y sus ojos brillaron con algo inexplicable.

“Kaeya.”

El cuerpo de la princesa se tenso, alejó su mano como si el tacto de Diluc quemara y se volteó para mirar a un hombre de cabellos rubio cenizo, ojos color del cielo puro además de un piel pálida como la leche fresca. Sin duda alguna era apuesto, de porte recto y mirada imperturbable.

Pero Diluc deseaba arrancarle los ojos si era necesario, ¿Quien se creía este plebeyo para interrumpir su momento con Kaeya?.

“Dainsleif, ¿Qué haces aquí?, creí que aún te encontrabas en Inazuma para representarnos.” El hombre ignoró la pregunta de la princesa y se acercó a ella invadiendo su espacio.

“Deje eso a manos de uno de mis generales, quería ver a mi prometida, ¿Tiene eso algo de malo?” Preguntó, con un tono amenazante que casi hace que Diluc muestre sus colmillos en señal de agresividad.

Kaeya ladeo la cabeza de forma sumisa ante el hombre sin querer contradecirlo por temor a algo, cosa que desagrado completamente a Diluc.

Su princesa no debería bajar la mirada ante nadie, no debería ser tratada de forma brusca por cualquier persona y más si es su prometido. Debe ser tratada con delicadeza, con cuidado y amor.

Ella podría tratarla mejor que ese hombre incompetente.

No podía oler nada en el aire, ningún aroma que pueda señalar a este hombre como un Alpha u Omega. De seguro un Beta.

“Que mala educación debe de haber recibido, ni una reverencia ante la reina de una nación vecina que vino aquí en son de paz por temas que le competen a tu reino, debes ser un plebeyo, ¿supongo?”

El hombre llamado Dainsleif la miró de reojo haciendo que Diluc se irrite más. ¿Acaso este Beta intenta desafiarla a ella?, ¿Una Alpha, una persona superior a él?

Fue Kaeya quien intervino por aquel hombre descortes, “Disculpelo su alteza, es nuestro Guardia Real, el mejor entre nuestras filas, ha pasado mucho tiempo en el campo de batalla que de seguro se ha desprendido de ciertas normas de etiqueta.” Diluc asintió, haciéndole creer a la princesa que considero ese hecho poco importante.

“Oh, entonces deberé ser un poco compresiva, estar en el campo de batalla es muy vigorosante y es normal que nos olvidemos de ciertas cosas, hasta a mi me puede pasar.”

Ese dato pareció interesarle a la princesa, el Guardián al ver aquello, rápidamente se interpuso para dar una leve reverencia hacia ella.

“Mis disculpas, Reina de Mondstadt, mi prometida tiene la razón y estoy muy agradecido que pueda comprenderme.” Mantuvo su tono de voz firme, sin pizca de temor o duda.

A Diluc no le hubiera importado castigar a este lacayo, no obstante, tiene una imagen que cuidar frente a Kaeya si quiere ganarse la simpatía de la princesa.

Una sirviente irrumpió en la escena llamando a Diluc para la conferencia, se despidió de Kaeya e ignoró la presencia de Dainsleif como si fuese una sombra a la cual restar importancia.


...


Los acuerdos no llegaron a ningún lado, era como recorrer un callejón sin salida, así que le pidió al Rey Irmin un asilo de tiempo indefinido hasta que pudieran hallar una solución a los territorios de la frontera.

Y fue así como Diluc comenzó su nueva estancia en el Reino de Khaenri’ah, cada vez que podía interceptaba a la princesa Kaeya para pasar el rato con ella, aprendió su rutina diaria para coincidir en el gran salón donde aprende baile o en los establos reales donde aprende equitación. La princesa puede que lo vea como simples coincidencias que pueden ocurrir, ¡Oh! Pero si supiera lo que Diluc tenía planeado.

Lo único molesto era el prometido de Kaeya, Dainsleif era un hombre demasiado denso al punto de ser insoportable, cada vez que Kaeya la pedía a su prometido un momento a solas, el parecía ser sordo ante sus súplicas e ignoraba cualquier cosa que Kaeya pudiera decirle como si no le interesará en lo más mínimo la opinión de su futura esposa.

“Que hombre tan poco considerado, actúa como una bestia sin entrenar.” Comentó Diluc sin pena alguna, mientras bebía de su té, Kaeya se rió de sus palabras como si fuese algún tipo de broma.

“No puedo negar que Dain suele ser un poco... ¿Intenso?, pero es una buena persona, siempre protege a nuestro pueblo, es encantador con los niños y un educado caballero con todas las señoras y jóvenes del lugar.” Respondió Kaeya con sus mejillas tintadas de rosa tenue por hablar de su prometido.

“Al parecer, es un buen Guardián para Khaenri’ah. Una pena que no sea un buen acompañante para usted.” La princesa pareció marchitarse con sus palabras.

“No es como cree... El, bueno es algo tímido ante los ajenos.”

Diluc enarco una ceja, dejo su taza en su lugar para mirar con severidad a la princesa quien se contrajo ante su mirada autoritaria.

“Princesa, ¿Usted cree que no me doy cuenta como es su prometido con usted?, tan poco educado y caballeroso.” Replicó.

Kaeya negó, “Usted no entiende su Alteza.”

“Entonces explícame para entender y poder... ayudarte, déjame ser un oyente en el que puedas confiar.”

Los ojos de gacela la observaron un rato, pareció pensarlo y sus dedos jugaron de manera nerviosa en su regazo, desde su estancia pudo captar cada pequeño detalle en el comportamiento de su princesa. Cuando Kaeya se sintió segura, miró nuevamente a Diluc.

“Dain... El se siente un poco inseguro de nuestra relación, no se si usted sabra pero el es un Beta y yo soy una Omega, nuestras castas no siempre congenian y teme no poder complacerme como se debe, ya hemos hablado antes sobre ello y lo he abordado en todos los aspectos posibles pero parece que el sigue con aquella idea renuente en su cabeza. Por esa razón, dejo que el tenga cierta autoridad conmigo para... para hacerlo sentir un poco mejor.”

“Oh, cariño...” La voz de Diluc se torno tan tierna y suave que pudo notar el cambio drástico en Kaeya, que pareció acicalarse ante la pelirroja que se acercó a ella de manera sutil, sus manos tomaron sus hombros y apego el rostro de Kaeya a su busto. “Haces tanto esfuerzo por alguien que no lo sabe apreciar, créeme querida, si fuera yo, estaría tan encantada contigo por tomar esos sacrificios por mi.”

El rostro de la princesa pareció iluminarse ante su declaración y se dejó elogiar por la pelirroja que derrochaba palabras tan dulces como la miel, enredando a la princesa en una trampa placentera que no podría escapar jamás.

Diluc no lo permitiría.

Y peor aún cuando descubrió el pequeño sucio secreto de su inepto prometido.

Un dia, la reina de Mondstadt estaba paseando tranquilamente por el jardín real de khaenri’ah con sus damas de honor, Lisa y Eula, hasta que se encontró a cierto rubio que odiaba con todo el alma, besando apasionadamente a una jovencita de cabellos dorados con complexión delgada. Lisa enarco una ceja ante la escena y se acercó a su oído con suavidad.

“¿Ese no es el prometido de la princesa Kaeya?” Preguntó, a lo que Diluc asintió, inexpresiva. “¿Por qué besa aquella mujer?, ¿La princesa estará entereda de esto?, no me puedo imaginar la reacción del Rey y su consorte.”

Eula miró a su dirección, “¿Qué deberíamos hacer su Majestad?”

La Ragnvindr movió su mano restandole importancia mientras seguía su caminata pasando de aquella escena.

“¿Por qué hay que apresurarse?, primero debo consultar con la princesa sobre esto, ¿No lo creen?” Lisa sonrió por qué sabía que Diluc utilizaría esto para caminar hacia el corazón de la princesa Kaeya.

“Y de esa forma será su Majestad.”


...


Los ojos de gacela parecían resignados cuando Diluc la confronto por lo que sucedió aquel día.

“Me pregunto, ¿Como puede permitir esta falta tan grave hacia usted? Puedo entender que su prometido tenga una cierta desconfianza por su casta y le permita ser algo bruto con usted, ¿Pero una infidelidad?” La morena bajo su mirada avergonzada por qué la Reina haya tenido que presenciar aquello, “Oh dulzura, usted no tiene la culpa de que su padre haya tomado la horrible decisión de dar su mano a un hombre con tan poca moral, que cree tener el derecho de abusar de su confianza solo por problemas de inferioridad.”

“Yo-, yo puedo explicarlo su Alteza.”

Diluc levantó su mano negándose a escuchar a Kaeya, como si pudiera decepcionarse más de lo que ya estaba. Esa pequeña acción, hizo trizas el corazón de la pobre princesa que tenía a la Reina de Mondstadt en lo más alto de su pedestal.

La pelirroja vio pequeñas lágrimas asomarse en los ojos heterocromaticos de la dulce princesa, una pequeña, casi minúscula risa salió de sus labios pero la contuvo tan bien que ella misma se sorprendió. Su mano tomó el mentón de la morena quien miró a la Reina esperanzada.

“Dulce princesa, ¿Como puedes dejar que te denigren de esta manera?, nadie puede pisotear tu honor de esta forma.” Igual que una serpiente capturando a su presa, Diluc acercó su rostro al de Kaeya, sus respiraciones congeneaban entre ellas, sus labios casi se rosaban. “Kaeya, mi pequeña Kaeya, si puedes dejar que un hombre como el te trate así, ¿Por qué no dejarme a mi mostrarte como realmente se te debe tratar?”

Las pupilas estrelladas se dilataron y el alpha interno de Diluc aullo de extasis ante la reacción de la omega. En el aire puede sentir el rico olor de las feromonas de Kaeya, casi parecido a las Calas que solo se encuentran en Mondstadt.

“¿Me dejarías mostrarte, Querida?”

El tímido asentimiento fue suficiente para Diluc, tomando apasionadamente aquellos carnosos labios que deseo probar la primera vez que los vio.


...


¿Debería sentirse mal por pensar en otra persona mientras esta con su prometido? Bueno, obviamente debería, sin embargo no era tal caso para la pobre princesa.

Dainsleif parecía hablar sobre sus generales y las batallas que lucho, pero ella no estaba realmente interesada en ello, su mente sólo estaba ocupada en como la Reina de Mondstadt la besa de tal manera que nadie, absolutamente nadie la había besado.

Los besos apasionados de la Reina eran como el fuego mismo, la llamaban para consumirse, ni los besos de Dainsleif que parecían bruscos y con poco tacto podrían compararse a Diluc.

Oh, Diluc.

Cuando la vio por primera vez, su omega se acicalo ante la mirada acalorada de la Reina extranjera, cabello y ojos rojizos como la sangre misma, su piel suave podía solo asemejarse con la nieve pura y sin manchar, de contextura fuerte y algo curvilínea, su vestido era pulcro y nada revelador. Podía jurar que estaba frente a una diosa mística y se sentía tan poco digna de esta junto a ella.

Sintió algo deslizarse entre sus muslos, no pudo evitar avergonzarse por mojarse ante la sola imagen de Diluc en su cabeza, pero no se preocupo mucho, Dainsleif era un Beta, no podía oler su exitacion aunque estuviera cerca.

“¿Te encuentras bien?” La pregunta de Dainsleif la mantuvo un poco aturdida pero se recuperó.

“Si, estoy bien, nada de lo que preocuparse. Puedes continuar.”

El rubio cenizo se mantuvo en silencio por unos minutos antes de volver a hablarle. Y Kaeya nuevamente pudo sumergirse en su imaginación con Diluc.

Donde quien le hablaba no tenía cabellos rubios, sino, hermosos hilos rojizos; no había ojos azulinos claros, solo dos rubíes que la miraban con anhelo absoluto.

Si, puede que su mancha se haya extendido más de lo que se puede imaginar.


...


Ya había pasados cuatro semanas, Diluc ponia trabas y trabas para no tener que irse lo más pronto posible, aunque eso no pareció molestar a ninguno de los dos gobernantes de khaenri’ah. Parecía que su presencia era muy bienvenida, lo cual era un gran alivio.

Fue un día lluvioso donde pudo escuchar a una de las empleadas decir que Dainsleif estaba convenciendo al Rey para adelantar la boda con la princesa, cosa que enfureció a Diluc. Pero se mantuvo tranquila, y exhaló un suspiro de alivio cuando en una de las tantas noches donde ella dormía pacíficamente, la princesa tocó a su puerta.

Sonrojada y temerosa la ofreció a Diluc una oferta que no dejaría pasar.

En tres días, cuando las estrellas estuvieran en su punto máximo, Kaeya estaría en celo, y la invito a pasarla con ella. Sonrió satisfecha para sus adentros mientras que por fuera se hizo la sorprendida por la indecente propuesta, vio que la princesa se puso ansiosa por su reacción.

Tomó sus manos con delicadeza para acercarse y juntar sus labios en un pequeño pico tímido a pesar de haber compartido besos más apasionantes que ese.

“Estoy extasiada por esta propuesta y me siento honrada de aceptarla.” Endulzo un poco el oído de la morena, la atrajo en un abrazo entre la oscuridad de la habitación y sus manos oscilaron en su cuerpo, una mano rozo el pezon erecto que se escondía bajo la tela del camisón de seda de la princesa, mientras la otra daba palmadas en la suavidad de la retaguardia ajena, ganándose pequeños gemidos que se le escapaban a la princesa.

“R-reina..”

“No cariño, puedes llamarme Diluc, ¿Te gustaría eso?” Murmuró cerca de su cuello, haciéndola estremecer. La tomó de la cintura para cerrar sus puertas y apoyarla en la pared fría.

Tomó una pierna y la paso por su cadera, frotando sus pelvis sobre las ropas de dormir, Diluc atacó el cuello de Kaeya quien no paraba de soltar jadeos y pequeños gritos bajos por las sensaciones nuevas. La mano de la pelirroja alzó el camisón de la princesa haciendo que mordiera el rabillo de la ropa para sostenerla, sus dedos ágiles frotaron la raja ya húmeda de Kaeya quien gimió sorda por que su boca estaba ocupada mordiendo su camisón.

Diluc alzó también su ropa y bajo sus bragas de encaje negra, froto con fuerza su clitoris que rápidamente se formó en una gruesa y grande polla, acercó su miembro por encima de la ropa interior de la princesa.

“¿Lo sientes cariño?, ¿Sientes lo caliente y dura que estoy por ti?, por Barbatos, te juro que tengo tantas ganas de follarte aquí y ahora, abrirte y arruinarte solo para mi y por mi, te gustaría eso, ¿Cierto?” Sobro las palabras cuando pudo sentir en su pene la humedad goteando, mientras Kaeya asentía frenéticamente.

Tomó el rabillo de las bragas de Kaeya, para alzarlas y dejar que su polla se deslice entre los labios vaginales de su omega fervil. Sus manos está vez sostuvieron ambos muslos y suspiro de satisfacción por la fricción de su miembro contra el coño goteante de la princesa.

“Mira lo húmeda que estas Kae, ¿Quieres que te llena, princesa?, es una pena que no pueda, pero tranquila, espera tres días amor, tres días y destrozare este pequeño coño tuyo para criarte y hacerte mía, ¿Te encantaría eso verdad?” La pobre Omega gimió ansiosa y movió su cadera para frotarse contra el grueso pene de la Alfa. “Mierda, bebé como deseo poner un nudo en ti.”

Comenzó a mover sus caderas frotando su polla que se encontraba mojada y húmeda por los fluidos de la Omega, su boca tomó un pezon para chuparlo y lamer como si fuese un dulce. Gruñó gustosa por el sabor salado del sudor de su futura esposa. Si, que bien suena, Su esposa.

Tres días, solo tres días y Kaeya sería suya.


...


Se cumplió, fue en tres días donde la pobre princesa estaba encerrada en sus aposentos con unas guardias betas, que fueron reemplazadas por la gente de Diluc.

La Reina se tomó su tiempo, sumergiéndose en agua tibia con pétalos de su flor favorita, Lamp Grass o también conocida como pequeña lámpara de hierba. Su piel fue lavada por un rico jabón de avena que dejaba su piel suave al tacto, se remojo el pelo por unos segundos para luego salir de la tina con ayuda de sus damas de honor, secaron con delicadeza su cuerpo húmedo. Retirándose del baño, abrió su guardarropa para tomar un camisón de seda negro, algo corto para dejar a la vista sus muslos tonificado, con aberturas por el estómago y encaje en los dobladillos.

Se lo puso por encima, y por debajo unas bragas negras.

Lisa le entregó una bata rojiza para abrigarse en el camino hasta llegar a los aposentos reales de la princesa.

Las guardias saludaron a su Alteza, dejándola ingresar a los aposentos donde se encontró la vista más exquisita que sus ojos pudieron ver. Ni los paisajes de Liyue o las hermosas hojas de sakura originarias de Inazuma podrían compararse a esto.

A Kaeya extendida en su gran cama, vestida con una lencería blanca con encaje de flores, rodeada por pétalos de la flor nacional de khaenri’ah, la tan famosa Inteyvat.

En el aire podía olerse la exitacion de la omega en celo, que la esperaba con las piernas abiertas mostrando su coño húmedo y dispuesto para su polla. Solo para Diluc.

Un travieso gemido escapo de sus delgados labios llamando la atención de su Omega, sus ojitos estrellados al verla se dilataron más de lo posible causando una satisfacción tremenda a su Alfa interior.

“Mi pequeña Omega, ¿Estas bien bebé?” Preguntó la pelirroja, deshaciéndose de su bata, exponiendo su cuerpo ante su pareja quien soltó un jadeo vergonzoso por haber soltado un chorro de sus jugos. Diluc se lamio sus labios, por que lo primero que iba a hacer sería comerle el coño a Kaeya.

“¡D-Diluc!, alfa espere tanto, ¿Por qué demoraste mucho?” Se quejó la Omega, mirando lascivamente a su Alfa quien se acercó a ella con una sonrisa divertida.

“Bebé, estuve preparándome para esta noche, me puse bonita solo para ti, ¿Acaso no te gusta mi iniciativa?” Puso su tono de voz quejumbroso, haciendo que Kaeya negara rápidamente para tirar a Diluc sobre ella.

“¡No! no, mi alpha es tan bonita, eres bonita aun sin prepararte, me gusta mi alpha como es.” Las palabras hicieron brillar a la pelirroja que estaba encantada por esta reacción. Kaeya era tan dulce.

“Que omega tan considerada tengo, debería recompensarla muy bien, ¿Verdad?” Antes de que Kaeya pudiera responder, alzó a Kaeya por sus caderas hasta centrarla en la cama, puso ambos muslos sobre sus hombros y miró con avidez el coño de su Omega quien gimió ante el trato brusco.

Su interior era rosado, y su pequeño capullo está a escondido entre sus labios, acercó su nariz hasta el pequeño montículo de vello azulino para oler la mancha de la princesa.

“Dime, mi pajarito, ¿Te gustaría que alpha te coma el coño?” La Omega ronroneo ante la pregunta y alzó su pelvis para que sus labios vaginales chocarán contra los labios de Diluc. “Oh, mi princesa, te haré disfrutar esto.”

Sin prisas, beso suavemente su coño, mientras su lengua se deslizaba de su boca para introducirse dentro de aquella cavidad cálida. Gimió por probar el néctar tan dulce de su Omega, y bebió con avidez, como si hubiese pasado toda la vida sedienta.

Kaeya soltó un gemido estrangulado al sentir la lengua de Diluc invadiendo su entrada, moviéndose de manera errática, chocando con puntos que ella creía que nunca le causarían un placer tan grande, abrió su boca tan solo para cantar el nombre de la gloriosa Reina de Mondstadt.

“¡Diluc!, ¡Oh, dios mio!, más por favor. No pares alpha, no te detengas.” Ante sus súplicas, Diluc movió su boca con más fuerza, sus labios chuparon el clitoris hinchado de su omega mientras su lengua no paraba de embestir aquella apretada entrada. La mancha de Kaeya se deslizaba por la quijada de la alpha quien no tenía remedio en tragar y tragar.

Las manos temblorosas de la princesa se enredaron en el cabello pelirrojo de la Reina, quien estaba tan concentrada en devorar el pobre coño de Kaeya.

Fue hasta entonces que la lengua de Diluc tocó un punto nervioso en el interior de la princesa que no aguanto la estimulación y soltó un fuerte grito por su orgasmo creciente.

Su estómago se tenso y un chorro caliente de lubricante natural salió disparado al rostro y boca de la Reina, quien gruñó con orgullo por haber dado con el límite de su pareja. Se levantó y con su camisón se limpio un poco el rostro, se quito sus bragas humedas y procedió a sentarse encima de su pobre omega, dirigiendo su coño goteante a la boca entreabierta de Kaeya.

“A-alpha.” Chilló la morena viendo con ambrosía su coño rosado, Diluc tomó un poco de los cabellos sedosos de Alberich y enterró el bonito rostro de su compañera en su coño.

“¿Puedes complacerme bien, cariño?, hazlo exactamente como yo lo hice, saboreame tan bien para que tu refinado paladar nunca se olvide de mí sabor.” Kaeya estaba mareada, la forma dominante en que Diluc le dictaba las cosas, la ponían el doble de cachonda. Asintió sumisamente y procedió a lamer la raja húmeda de su compañera. Un pequeño beso tímido se poso en los labios vaginales, antes de que su pequeña lengua se enterrara en los confines de la Reina.

Gimió gustosa cuando probó el sabor a vino añejo y un poco de hierba buena, la hizo chorrear más si era posible. Se aferró al trasero bien pronunciado de la pelirroja, enterrando su nariz en la pubis rizada de su Reina quien gimió abiertamente por los toques de la inexperta Omega que quería complacerla.

Su lengua jugo con el clitoris un poco, chupando, lamiendo, hasta que solo se centro en igualar las embestidas que Diluc le proporcionó cuando fue ella quien le dio placer. Como deseaba tanto hacer que la bonita pelirroja tenga un orgasmo sobre ella, ¿También soltaría un chorro igual que Kaeya?.

Con la idea en mente, la de cabellos índigos se esforzó para que su lengua se moviera en direcciónes que desconocía con la intención de encontrar un punto de placer para Diluc, mientras una de sus manos se desprendió del trasero ajeno para ponerse a frotar el clitoris de la alpha, sacando gruñidos intensos que enviaba escalofríos a la omega.

Diluc sin importarle la inexperiencia de Kaeya en como complacer, ya que pronto le enseñaría mejor a como usar esa boquita, tomo las riendas y se monto ella misma en el rostro de la morena, girando sus caderas en círculos, mordiendo su labio inferior cuando esas chispas eléctricas aparecieron por su espalda, recorriendo hasta el sur. Emborrachada con el aroma de la omega combinado con el suyo, por fin pudo ver como su capullo terminó por estirarse hasta convertirse en un largo y grueso pene. Sonrió cuando los ojitos del omega miraron con avidez su próxima comida.

Kaeya al ver el clitoris de Diluc engrandarse hasta ser una deliciosa polla, casi deja su trabajo en el coño de la alpha para ir y atragantarse con aquel gran pene. No obstante, la mirada severa de su Reina hizo que la idea se esfumara y continuo su trabajo en el coño e igualo los movimientos de Diluc sobre su boca.

Un pequeño nudo se formó en su estómago ante la sensación de su orgasmo casi cerca, se monto con más fuerza sobre la boca de Kaeya para alcanzarlo, y aullo de felicidad cuando un fuerte chorro de semen salpicó las sábanas. Su respiración era agitada, se removió para salir de encima y miró divertida como Kaeya se lamia los labios manchados de sus jugos.

Junto sus labios de manera lenta y seductora, sus lenguas se encontraron para jugar entre ellas, las manos curiosas de Diluc tiraron el corset blanco de la omega para lanzarlo en algún lugar de la habitación. Retrocedió un poco ganándose un quejido de su princesa por alejarse, pero se justificó cuando su camisón desapareció de su cuerpo dejándola completamente desnuda.

Kaeya pudo admirar mejor el cuerpo de su alpha, era de complexión delgada, un poco robusta por sus brazos y muslos, pero estaba segura que era por los días de batalla en la que su compañera se encontró. Sus dedos corrieron cada herida larga y corta, sus labios fueron a parar en el cuello blanquecino de su Reina quien le permitió los suaves toques, permitiendo que fuera adorada por alguien común como Kaeya.

Sus afelpados labios tocaron con tal cuidado los senos de su alpha, los amaso con tranquilidad y sus dedos jugaron un poco con aquellos pezones rosaceos.

“Diluc es tan hermosa, tan bella y perfecta, fuerte y confiable, mi amada Reina, ¿Por qué me elegiste entre tanta gente que puedes tener a tus pies?” Preguntó la omega con calma, depositando pequeñas lamidas por las clavículas, sin atreverse a rondar por las zonas erogeneas donde se encontraría una marca de pertenencia. Kaeya deseaba que su marca estuviera clavada en la nuca de Diluc, ¿Era mucho pedir?.

Manos fuertes la tomaron de la cintura para que se sentará en el regazo de la Reina y fue acariciada con tal aprecio que hizo a su corazón hincharse de felicidad por tal acción cariñosa.

“Mi princesa, desde la primera vez que te vi, supe que debías ser mía. Eres la representación de la flor nacional de tu reino, mi Inteyvat, la ternura de la patria. ¿Como no desearte si eres perfecta para mi?, tu devoción, tu anhelo, las grandezas que te rodean, ¿Podrías dármelas?, cuidare de ti hasta que el aliento me falte y la muerte pida mi alma.” Prometió Diluc, besando el cuello de la morena quien abrazo a la alpha y rodeo sus brazos hasta su cuello.

“Reina mía, ¿Acaso me estas proponiendo fugarme contigo?, ¿Qué abandone mi patria y mi vida para comenzar una nueva contigo?” Cuestionó, dejando que aquellos labios marcaran el largo de su cuello, e hicieran un camino de besos hasta sus grandes senos.

Diluc froto su polla contra el coño hinchado de Kaeya, quien soltó un pequeño gemido y correspondió a los roces.

“Si, deja atrás a este Reino, deja a tus padres, a tu prometido y ven conmigo a Mondstadt. ¿No lo deseas tanto como yo?, Me gustas Kaeya, estoy segura que con el tiempo, ni siquiera un simple 'te amo', será suficiente para describir mis emociones hacia ti. Dime omega, gritame que si vendrás conmigo, que serás mi consorte y la madre de mis hijos, dime que lo serás.” La cabeza de su polla estaba entre los labios vaginales, esperando la respuesta.

“¡Maldición!, ¡Si, si quiero Diluc!, ¡Que mi nación me perdone, pero mi destino es estar contigo!” Gritó la pobre omega, que gimió al sentir su coño virgen ser penetrado con fuerza. Se sintió tan llena y estirada a pesar de haber sido estimulada antes.

Las penetraciones comenzaron después de haber esperado unos minutos para que Kaeya pudiera acostumbrarse. Diluc la tomó de la cintura para alzarla y dejarla caer, haciendo que su polla se entierre más profundo si era necesario, sus caderas subían y bajaban con el son de Kaeya, se podía oír sus pieles chocar.

Una minúscula capa de sudor apareció entre ella y los ojos de Diluc se dilataron, dejando que su alpha soltara sus potentes feromonas para emborrachar a la omega quien gimió al sentirlas. El choque entre pieles, sus lenguas enredandose, su polla entrando y saliendo de ese pequeño coño cachondo que no dejaba de gotear lubricante para hacer la penetracion más fácil.

Los dientes de Diluc quemaron por romper la piel de aquella nuca acaramelada. Así que resistió el impulso y empujó a Kaeya hacia abajo, tomo los muslos sobre sus hombros y doblo el cuerpo flexible de su omega por la mitad, haciendo una prensa de apariamiento. Sus muslos fuertes y tensos soportaron la presión, sus caderas se movieron de manera certera para que su polla pudiese chocar contra la entrada de su cuello uterino.

“¡Ah!, nhg, ¡A-alpha, si sigues así, harás que me quede embarazada!” Chilló Kaeya, sintiendo su cuerpo arder por la posición, sus tetas rebotaban al son de los chirridos de su cama por el movimiento brutal de Diluc.

“Uf, ¿Y no quieres eso omega?, ¿Tener a mis bebés?, debes desearlo, se que quieres tener a mi descendencia en lo profundo de ti, tranquila bebé, tu Reina se encargara de hacerlo realidad.” Las palabras eran sucias pero se oían tan bien para Kaeya quien gimió contenta por ser apareada, preñada y estar gorda de los hijos de Diluc.

“¡Si!, ¡Si alpha, pon un bebé en mi, quiero a todos tus cachorros en mi!”

“Bien dicho, omega.”

Las embestidas no pararon ni se tomaron un tiempo, fueron rápidas y profundas, una de sus manos amasaba los senos rellenos de la omega y la otra frotaba el clitoris hinchado.

Las paredes suaves apretaban la polla de Diluc tan bien que podía jurar que su coño goteaba grandes cantidades de flujo. Su pene golpeaba las paredes vaginales con fuerza, sin ningún remordimiento como si quisiera tocar cada punto no descubierto, su boca se concentro en morder y chupar todo rastro de piel que estuviera a su alcance.

“¡Ahh!, ¡Oh dios, alpha! ¡Diluc, estoy cerca!” Gimió Kaeya en su desesperación, aferrándose a las sábanas mientras sollozaba por sentir que ese gran pene le estaba atravesando el estómago con el fin de poner un bebé en ella. Un bebé, de ella y Diluc.

Su omega chilló de felicidad ante la idea de un cachorro con su alpha.

“¡Mierda!, ¡Omega, correte para mi!” Un grito estrangulado salió de los labios ajenos, la polla de Diluc fue estrujada de manera deliciosa por esas carnosas y resbaladizas paredes. Siguió penetrando sin descansar hasta poder hallar su propia liberación. Su mano dejó de molestar aquel pezon oscuro para ir directo al cuello de la omega y mantenerla en esa misma posición mientras Diluc la monta como un animal en celo.

Sus manchas se combinan, sus aromas estaban impregnado en todas partes de la habitación real, sus pieles de seguro estaban irritadas por el golpeteo de las embestidas.

Kaeya chorreo sobre la polla de Diluc y sollozo por ser sobre estimulada de esa forma tan deliciosa. Dejando que su alpha la use para su propio orgasmo, Diluc sintiéndose casi cerca de llegar, apretó su agarre en aquel delicado cuello y estampó sus labios con los contrarios en un vals tan sucio como desordenado, la saliva caía por sus comisuras pero eso no importaba, Kaeya intentaba seguirle el paso, sin embargo era difícil por la falta de aire.

Cuando el nudo de Diluc se hincho uniendo a la omega con su alpha, por fin soltó su cuello dejando que la morena busque bocadas de aire. La pelirroja alzó a su amante para acostarla en una posición cómoda, para que no se pueda fastidiar mientras estaban pegadas, acarició el arco de su espalda con tranquilidad, dejando regular sus respiraciones después de tal encuentro intenso.

La omega ronroneaba por el cuidado posterior a su unión, sintiendo el semen caliente llenando su vacío útero. Beso el mentón de su alpha quien la jalo para un beso tierno y gentil.

“No me mordiste.” Reprochó su compañera, Diluc se carcajeo divertida.

“Aún no es el momento cariño, cuando este tratado se termine, iré a Mondstadt para encontrar una forma de traerte conmigo, mi princesa solo tiene que ser paciente.” Divago la Alfa, repartiendo acaricias por todo el cuerpo hipersensibilidad de su compañera, Kaeya frunció el ceño.

“¿Y los cachorros?” Preguntó.

Diluc alzó sus hombros, “No es el momento adecuado, cuando estés en Mondstadt prometo que te pondré todos los cachorros que quieras. Mientras tanto solo debes de cuidarte, antes de venir tome un anticonceptivo.” Mintió descaradamente, pero fue divertido cuando vio a su omega enfuruñarse por estar hinchada sin la posibilidad de quedarse en cinta. “Te lo compensaré, se que ahora no estas en tus cabales para decidir sobre cachorros, así que no quiero forzarte, ¿Entiendes, cariño?”

Kaeya asintió desganada, y se acurrucó entre los fuertes brazos de su pareja, relajándose antes de que comenzará otra ola de calor para ella.


...


Fue a la onceava semana donde al fin pudo conciliar con el Rey Irmin, ambos decidieron finalmente dejar que aquella tierra fuera dividida entre ellos para que se siguiera respetando la línea fronteriza, por este echo, el Rey propuso una enorme celebración en el palacio real.

Fue un día muy agitado, Diluc no pudo ver a Kaeya llegada la noche, cosa que le puso de muy mal humor, una pareja acoplada debería estar junta. Pero tuvo que soportar después de sus tres días de estar en el cielo, volver a la tierra de forma agresiva para ver a Dainsleif apegada como una maldita pulga a Kaeya. Y adicionando a eso, la princesa se disculpo por el tema de los cachorros, se excusó que fue por el impulso del calor y Diluc fingió comprenderlo.

Vamos, era Diluc, ella no permitiría que su omega no haya salido embarazada en su ciclo de celo, sólo fingió ser una pareja que se preocupaba por un tema tan delicado como los bebés sabiendo que Kaeya estaba comprometida. Y mejor no mencionar que cambio la medicina anticonceptiva que kaeya consiguió por una alquimista de su corte, por potenciadores de fertilidad.

Podía imaginarse a su omega correr con el pánico impregnado en su rostro hacia sus brazos tratando de explicarle que quedó embarazada a pesar de que amabas 'usaron' anticonceptivos.

El día ajetreado se calmo en lo noche por el banquete de celebración, Diluc se propuso a ir esta vez con un vestido algo atrevido, quería hacer que Kaeya la viera más hermosa de lo que ya era. Un vestido rojo un poco escotado, que reflejaba sus caderas anchas y tenía una abertura por sus piernas, dejando a la vista sus muslos lechosos.

Haría que Kaeya se mojara de tan solo verla.

Cuando una criada la llevó al salón real, se reverencia ante los gobernantes, dio una discurso suave y diplomático que fue aceptado por las masas. Pero no vio a la morena por ningun lado, su alpha estaba gruñendo con molestia al igual que ella, pero tuvo que ocultarlo por que debía familiarizarse con los nobles de khaenri’ah.

No obstante, el ruido de una copa romperse alertó a la multitud, el Rey ordenó parar la música, se escucho un sollozo que Diluc reconoció mejor que nadie, iba a correr hacia donde provenía el sonido, pero se sorprendió cuando vio a su Kaeya salir llorando de una habitación de descansó, con la mejilla hinchada como si la hubieran golpeado.

Diluc juraba que en ese momento, sacaría su claymore para cortar en pedazos al infeliz que le causó ese moretón a su omega.

Todo el mundo estalló en murmuros, el Rey obviamente se levantó de su trono junto a su esposo para correr hacia su hija quien lloraba desconsolada.

“¿Qué fue lo que te pasó, mi niña?” Exigió saber el Rey Irmin.

Unos pasos resonaron y la gente miró a la dirección donde apareció Kaeya, viendo al Duque Pierro, que jalaba a dos personas que se encontraban con sus ropas desarregladas. Sin compasión tiro al suelo a Dainsleif y su amante, Lumine. Ambos avergonzados intentaban tapar sus cuerpos semi desnudos ante la gente.

La consorte real miraba enfurecido a las dos personas, “¿¡Que significa esto!?”

Fue Pierro quien le contesto, dio una reverencia antes de empezar a hablar.

“Consorte Real, este siervo se encontraba descansando en uno de los balcones aledaños a la sala de descanso, cuando vi a estos dos infieles teniendo actos carnales en las habitaciones, su Majestad la princesa Kaeya, había entrado buscando a su prometido cuando se encontró con esa escena. Se armo una discusión donde este hombre abofeteo a la princesa, cuando el que cometió el acto deshonesto fue el y su amante.” Explicó el Duque con cierto tono de voz vergonzoso por tener que exponer algo tan poco moral.

El Rey Irmin dejó a su princesa en los brazos de su madre, y se acercó para tomar de los cabellos a Dainsleif.

“¡Tu! Te trate como si fueras mi propio hijo, te di el honor de poseer el puesto más alto entre mis filas, dejé que tomaras a mi princesa como tu esposa. ¿¡Es asi como me lo pagas!? ¡Cortar tu mano seria un castigo insuficiente por tocar a mi preciosa hija!” Gritó el Rey, enfurecido y colérico por que deposito lo más preciado para el a una persona tan desleal como Dainsleif.

“¡La princesa sabía de esta aventura su Majestad!, ¡Lo hice con su consentimiento!” Exclamó el bastardo, ganándose jadeos impresionados de la gente. Esta vez fue Diluc quien decidió intervenir y dio un paso al frente, dejándose ver.

“Lo que dice este hombre es cierto su Majestad” afirmó la pelirroja, “Pero no es por que la princesa haya estado totalmente de acuerdo, la princesa Kaeya había venido a mi con el consuelo de ser una mano amiga, me explico la pobre situación en la que se encontraba con este embustero. La princesa me confesó, que este hombre siempre había tenido dudas de su matrimonio por la diferencias de casta, ya que el era un Beta y la princesa una Omega. Su hija al querer salvar la relación que tenía con este terrible hombre, dejó que fuera tratada de la peor forma, siendo agredida constantemente para alimentar un poco el ego de este mal intento de prometido. También tuvo que consentir la infidelidad para que su prometido no se sintiera mal por estar con ella y no saber complacerla.” Explicó con total desagradó.

El Consorte real tomó de los hombros a Kaeya y la miró en busca de respuestas. “Mi dulce niña, ¿Es cierto eso?”

La joven princesa tuvo que asentir de manera penosa que se haya descubierto de esta forma. El Rey ahora estaba rabioso y la gente miraba de forma despreciable a los dos amantes. ¡La pobre princesa tuvo que soportar todo eso por un poco hombre que no valía no siquiera una mora!

“¡A los calabozo!, luego decidiré que haré con estos infelices.” Exclamó el Rey, haciendo que sus guardias arresten a los dos amantes.

El Consorte Real se llevó a su hijo a sus aposentos y el Rey decidió continuar con la fiesta, no quería que este recuerdo humillante opacara la noticia de las fronteras. Al menos el honor de su hija no está mancillado.

Diluc desapareció entre las sombras para caminar por los pasillos del palacio, dirigiéndose a la habitación de la princesa. Cuando estuvo frente la puerta, la Consorte Real salió.

Ambos se miraron mutuamente por unos momentos, la Consorte Real era un hombre que rondaba los treinta años y aun asi tenia una apariencia juvenil, muy parecido a su hija: La piel, el cabello y los rasgos, no obstante, la unica diferencia entre padre e hija eran los ojos. Fue hijo mayor del Clan Alberich, única esposa del Rey Irmin, un omega de sangre noble, ese era Marcus Alberich.

“¿Qué hace aquí, la Reina de Mondstadt?” Preguntó curioso, el Consorte Real.

“Estaba preocupada por la princesa, quería ver como se encontraba.” Dijo su motivo sin intención de ocultarse.

El omega mayor inspeccionó a Diluc por unos momentos antes de soltar una risa vaga, ganándose la curiosidad de la alpha.

“¿Realmente crees que no se lo que ocurrió entre mi hija y tu?” La pelirroja se tenso un poco, “Puede que sepas mover bien tus hilos, pero no debes olvidar que no estás en tu nación, aquí las cosas se mueven si yo quiero que se muevan y siempre ha sido así y lo seguirá siendo. Desde que te paraste frente a nosotros supe que querías a mi hija, mi marido y yo tratamos a Kaeya como un tesoro invaluable, por esa razón siempre hay vigilantes cuando ella está en sus épocas de celo, fue una sorpresa grata descubrir que mis hombres habían sido sobornados por la reina extranjera para que pasara tres días anudando a mi hija.”

Diluc deberia estar al menos algo avergonzada, pero tanto su postura como su rostro estaban imperturbables.

“Tienes suerte de que me agrades, eres joven, bien parecida y tratas a mi hija como se debe. No tengo ninguna queja contigo, además, a mi Kae le gustas demasiado y cuando mi hija quiere algo no hay nada ni nadie quien la pare.” Sonrió apenado el hombre, palmeo su hombro con cuidado. “Yo convencere a mi esposo sobre esto, mientras tanto, tu cuida de mi hija, sus hormonas están inestables. Oh y un consejo, ella sacó mi mal carácter, así que no creas que tu tienes el control de todo, Reina Diluc.”

De esa forma el omega mayor se marchó del lugar dejando algo confundida a la pelirroja, sacudió su cabeza para despegar cualquier pensamiento innecesario y entró al cuarto de su omega.

Kaeya quien al verlo, salto sobre ella riendo alegremente, Diluc estaba sorprendida por que no esperaba esa reacción de su princesa, ¿No debería estar desconsolada?.

“¡Diluc! ¿Qué tal estuve?, no sabes el esfuerzo que hice para que el Duque Pierro estuviera justo donde debería estar para que viera a Dainsleif cometiendo infidelidad. ¿Te gusto el espectáculo, mi Reina?” Eso sí que no se lo espero para nada, se separo un poco de Kaeya, ganándose un puchero.

“Kaeya... ¿Tu hiciste todo esto?” La Omega asintió feliz por ser reconocida como la perpetradora. “¿Por qué?”

La morena frunció el ceño en señal de molestia, “¿Por qué?, ¡Diluc, lo hice para estar contigo!, se que dijiste que no debía preocuparme, pero como no hacerlo si se que estoy cargando a tus cachorros ahora.”

“¿Tu estas..?”

Kaeya asintió emocionada, tomando las manos de Diluc para ponerlas en su vientre aún plano.

“¡Si!, pronto tendremos muchos bebés, que serán solo tuyos”. Comentó la femina con un ronroneo al oler la felicidad de su pareja en el aire. “Diluc, desde que te vi supe que eras para mia, desde antes planeaba deshacerme de Dainsleif, pero mi chica solo adelanto las cosas y me dejo embarazada, entonces tuve que actuar rápido. Ahora que el tema de las fronteras está cerrado y ya no hay un Dainsleif molestando en el camino, ¿Cumpliras tu promesa, verdad? Llevarme a Mondstadt y convertirme en tu consorte.” Su declaración no sonaba a un asunto que estuviera en discusión.

“Claro que si, pequeña princesa, te lo prometí y yo cumplo con mis promesas”. Kaeya pareció satisfecha con esa respuesta y se acercó a besar los labios de su futura esposa.

Diluc estaba encantada, quien diría que todo este tiempo estuvo jugando el juego de su amada.

Ahora que tiene el conocimiento de su verdadera cara, no puede dejarla ir, Kaeya era perfecta para ella al igual que Diluc para Kaeya.

Se pertenecian y eso nadie lo iba a cambiar.

Su pequeña Inteyvat.