CapĂtulo 1
Jimin #1 ↔️ Seokjin
Jungkook #1 ↔️ Namjon #1
Yoonseok #3
Chansoo #2
JUNGKOOK
La conmociĂłn de unos dedos frĂos posándose sobre mi abdomen desnudo me sacĂł bruscamente del sueño. GirĂ© la cabeza y mi rostro se hundiĂł en una maraña de pelo castaño que no era el mĂo. Un rayo de sol matutino se colaba por un hueco en la cortina, logrando de alguna manera iluminar justo mis ojos. EntrecerrĂ© la mirada, haciendo una mueca. En la confusiĂłn de mi brusco despertar, me tomĂł un momento recordar quiĂ©n era la que compartĂa mi cama, y con cierta vacilaciĂłn, apartĂ© cuidadosamente la cortina enmarañada para echar un vistazo a su rostro.
A medida que la neblina del sueño se despejaba de mi mente, los recuerdos de la noche anterior volvieron a mĂ. Ah, claro. La señorita Melany Dewall, heredera del Clan Garra de Rosa.
La primera vez que conocĂ a Melany, yo era seis años más joven. Fue en una reuniĂłn familiar, mis padres habĂan invitado a todos los clanes de lobos más importantes, y me habĂa prometido a mĂ mismo que la tendrĂa, al menos por una noche. Ciertas circunstancias arruinaron esas perspectivas esa noche, asĂ que cuando me contactĂł hace dos dĂas y me dijo que pasarĂa por Wolfheart para un evento benĂ©fico, casi habĂa olvidado quiĂ©n era. ParecĂa que yo habĂa causado más impacto en ella que ella en mĂ, pero seis años podĂan hacer eso, especialmente cuando habĂa habido tantas otras morenas en medio...
Melany resoplĂł en sueños. Yo estaba despierto, la niebla disipada. Ahora que la cacerĂa habĂa terminado, la emociĂłn y todo el deseo existente se desvanecĂan a una velocidad vertiginosa. Solo querĂa que saliera de mi cama. AlcĂ© la mano para tocar el panel táctil en el cabecero sobre mi almohada, y los motores electrĂłnicos comenzaron a zumbar, abriendo las cortinas e inundando la habitaciĂłn de luz. MovĂ mi cuerpo para salir de la cama cuando Melany se agitĂł, apartĂł el pelo de su cara y me sonriĂł.
—Buenos dĂas, cariño —dijo, y yo hice una mueca. ÂżCariño? No, no, no. Entonces sentĂ sus dedos acercarse de manera no deseada a mi erecciĂłn matutina. JadeĂ©, no por placer. ÂżPor quĂ© demonios tiene los dedos tan frĂos?
RetirĂ© mis caderas, alejando mi paquete de sus garras, y me deslicĂ© fuera de las sábanas. CaminĂ© hacia la ventana, la luz del sol cosquilleando mi piel desnuda, y me puse una camisa y un par de pantalones que colgaban del respaldo de una silla. El sujetador de Melany yacĂa esparcido sobre el asiento de la silla, sus bragas y falda arrugadas en el suelo junto a ella. Se sentĂł en mi cama y me mirĂł fijamente, sujetando las sábanas para cubrirse el pecho.
—Puedo arreglar que un coche te lleve de vuelta a tu hotel —dije, mirando por la ventana. En los jardines de abajo, vi a mi sobrino de cinco años, Kota, corriendo en su forma de lobo mientras mi hermano Yoongi lo perseguĂa. SonreĂ. Sus patas aĂşn parecĂan demasiado grandes para su cuerpo y era torpe, pero el pequeño brote estaba creciendo rápido. Incluso despuĂ©s de cinco años, aĂşn me costaba creer que mi hermano mayor estuviera emparejado y con un hijo. Demonios, era difĂcil creer que todos mis hermanos estuvieran emparejados y con hijos. Yo era el Ăşltimo Jeon en pie. Como el segundo alfa mayor, no estaba acostumbrado a tener este tipo de atenciĂłn sobre mĂ. La presiĂłn siempre habĂa estado sobre Yoongi, por ser el mayor y el heredero de nuestro apellido; y sobre Kyungsoo, porque era el Ăşnico omega de la familia. No habĂa muchas expectativas puestas en mĂ, y a diferencia de mi hermano menor, Namjoon, yo sabĂa cĂłmo mantener satisfechos a mis padres.
Namjoon y yo Ă©ramos similares en muchos aspectos, al menos antes de que se casara. TenĂamos apetitos similares por las chicas, aunque yo podrĂa haber sido un poco más hambriento que Ă©l. Ambos sentĂamos desdĂ©n por las reglas de la vida de alta cuna, pero la diferencia era que yo al menos reconocĂa el juego y cĂłmo jugarlo a mi favor. HabĂa sido un estudiante diligente. SeguĂa nuestras costumbres y, en su mayor parte, mantenĂa mi reputaciĂłn limpia. La mayorĂa conocĂa mis andanzas con las mujeres, y aunque estoy seguro de que no era aprobado por muchos de los tipos estirados en el cĂrculo de la alta sociedad, al menos yo nunca harĂa nada deshonroso.
—¿No vas a ofrecerme al menos el desayuno? —preguntó Melany con una sonrisa.
—Lo harĂa, pero tengo compromisos. —El desayuno estaba fuera de cuestiĂłn. Cualquier cosa que implicara o fomentara algĂşn tipo de participaciĂłn emocional estaba fuera de cuestiĂłn. Y sĂ tenĂa un compromiso.
—Oh —dijo secamente, y se deslizĂł fuera de la cama. La observĂ© moverse por la habitaciĂłn, recogiendo su ropa, la luz de la mañana abrazando las curvas de su cuerpo desnudo. Era hermosa, con el tipo de figura esbelta que me gustaba. Anoche, la emociĂłn de verla desnuda me habrĂa provocado una erecciĂłn de inmediato. Ahora, no sentĂa nada. La sed habĂa sido saciada. El deseo se habĂa ido.
—¿Te gustarĂa un cafĂ©? —pregunté—. Puedo hacer que te lo preparen para el coche.
—Eso serĂa agradable —dijo ella, poniĂ©ndose la ropa—. ÂżMe ayudas con la cremallera?
Lo hice y luego tomĂ© el telĂ©fono interno de mi escritorio y marquĂ© el nĂşmero de Stephen, nuestro jefe de personal. —Stephen, ÂżpodrĂas preparar un coche para mi invitada, por favor? Y que haya una taza de cafĂ© esperando dentro tambiĂ©n.
—Te avisaré la próxima vez que esté en la ciudad, ¿de acuerdo? —dijo ella mientras la acompañaba a la puerta principal. Stephen estaba esperando junto al coche y le abrió la puerta trasera.
SonreĂ y asentĂ. —Lo pasĂ© maravillosamente contigo anoche —dije. Pude ver que querĂa besarme, pero se contuvo y me dejĂł un ligero beso en la mejilla antes de subir al coche. Stephen cerrĂł la puerta tras ella y el conductor se alejĂł. La observĂ© hasta que el coche desapareciĂł de vista por el largo camino de entrada de la finca de los Jeon.
ExhalĂ© y me arremanguĂ©. —No me mires asĂ, Stephen —dije. PodĂa ver que me miraba con un atisbo de diversiĂłn. De todos en esta casa, Stephen conocĂa mejor mis triunfos. Siendo el jefe del personal de la casa, me habĂa ayudado a ocultar suficientes de ellos en la Ă©poca previa a la academia, cuando tener una chica durante la noche en la casa habrĂa sido una horrible ofensa. Ahora tenĂa treinta y dos años. Tener una mujer en casa ya no era una violaciĂłn tan grave del protocolo familiar, y Stephen habĂa visto todos los rostros que habĂan pasado por aquĂ.
—No tengo ni idea de a qué se refiere, señor —dijo sonriendo.
—Claro que no. ¿Tengo tiempo para desayunar antes de la ceremonia?
—Por supuesto. Hay comida esperando en el comedor.
Un agudo aullido de emoción perforó el aire, y el pequeño Kota apareció corriendo por el frente de la casa, aún en su forma de lobo. Corrió hacia mà tan rápido como pudo y luego saltó, transformándose en el aire de vuelta a su pequeña forma humana de cinco años. Lo atrapé en mis brazos y lo levanté bien alto.
—Vaya, tranquilo, chico.
Kota se riĂł, pataleando en el aire. —¡Hazme girar, tĂo Jungkook!
Hice lo que me pidiĂł y di una vuelta rápida sobre la punta de mi pie con Kota sostenido sobre mi cabeza. Se rio y se retorciĂł, y lo volvĂ a dejar en el suelo. Yoongi apareciĂł trotando por la esquina, y Kota se tambaleĂł hacia Ă©l, abrazando su pierna. Mi hermano era solo un año mayor que yo, pero siempre habĂa sentido que me superaba en madurez y gracia por una dĂ©cada. HabĂa crecido con el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, y hace dos años asumiĂł su derecho como lĂder de nuestro clan, los Lunas Crecientes, despuĂ©s de que nuestro padre abdicara.
Fue una transiciĂłn natural para Yoongi. SabĂa que tenĂa algunas dudas al respecto, pero era obvio que liderar era para lo que estaba destinado. Me habĂa graduado de la misma escuela que Ă©l, la Facultad de Liderazgo Alfa de la Academia Dawn, pero yo estaba mucho menos preparado para el trabajo que Ă©l. HabĂa elegido la Facultad de Liderazgo simplemente porque sonaba mejor que las otras opciones. Las artes curativas estaban más allá de mi nivel de inteligencia, y no estaba hecho para las artes del combate. ÂżCĂłmo podrĂa estarlo? Era un amante por naturaleza.
—Buenos dĂas, Jungkook —dijo Yoongi, levantando a su hijo bajo un brazo—. ÂżEstaba viendo cosas o acabas de despedir a alguien en un coche? ÂżQuiĂ©n era esta vez?
—Melany Dewall —dije simplemente—. ¿La recuerdas?
—Por supuesto. Clan Garra de Rosa. Tuve una reuniĂłn de clan con su padre el mes pasado. Es una chica inteligente. SerĂa una buena pareja, Jungkook.
—Inteligente, pero aburrida —dije—. Y tiene las manos frĂas.
Kota se retorciĂł para salir de los brazos de Yoongi y se transformĂł. CayĂł al suelo en su forma de cachorro de lobo y corriĂł de vuelta hacia los jardines.
—¡Oye! —le gritó Yoongi—. No te emociones demasiado, Kota. Tienes una ceremonia de Teller a la que asistir, ¿recuerdas?
El niño no pareció escucharlo y rebotó por el césped y los arbustos, mordisqueando hojas con sus fauces.
—Vamos, Jungkook. ¿No es hora de que conozcas a alguien? ¿De que te establezcas?
—Conozco a muchas —dije sonriendo—. No tengo ningĂşn interĂ©s en establecerme. ÂżCuál es el punto? No es para mĂ, y no tengo ninguna obligaciĂłn de hacerlo. Los hermanos Jeon que necesitan establecerse ya lo están, y mamá y papá están felices.
—Oh, creo que estarĂan un poco más felices si supieran que todos sus hijos están emparejados —dijo.
Me reĂ. —¿Es esto lo que el jefe del clan quiere que haga?
—No —se encogió de hombros—. Solo un hermano preocupándose por la felicidad de su hermano menor.
—Yoongi. ÂżNo crees que soy feliz? Estoy viviendo exactamente como quiero. DeberĂas saberlo.
—Los sentimientos cambian. MĂrame a mĂ. Un padre, emparejado con el amor de mi vida, y nunca he sido más feliz. ÂżMe estás diciendo que no quieres la vida familiar? PodrĂas tener esto —señalĂł hacia donde su hijo estaba jugando, y su expresiĂłn cambiĂł cuando Kota dio una vuelta alrededor de uno de los rosales, levantĂł la pata trasera y orinó—. ¡KOTA! —gritĂł Yoongi.
—¡Estoy haciendo pipĂ, papá! —respondiĂł Kota a gritos.
—Estoy bien —le dije a mi hermano, y le di una palmada en el hombro—. Voy adentro a desayunar algo.
—Los demás deberĂan llegar pronto —dijo.
—¡Los Hermanos Jeon, todos juntos de nuevo!
Con todos mis hermanos emparejados y viviendo sus propias vidas criando hijos, se habĂa vuelto raro que nos reuniĂ©ramos todos. De hecho, habĂa pasado un año desde la Ăşltima vez que toda la familia se habĂa reunido. Aquella vez tambiĂ©n habĂa sido por Kota, en su ceremonia del primer cambio. Hoy lo llevábamos a su ceremonia del Vidente, una tradiciĂłn para un niño de cinco años en la que serĂa bendecido y le leerĂan el futuro el chamán del clan, o “Vidente”. VolvĂ adentro. Stephen estaba esperando en la entrada del comedor, y me abriĂł la puerta cuando me acerquĂ©. Mamá y papá estaban sentados a la larga mesa, charlando sobre platos de desayuno.
—Buenos dĂas —anunciĂ© antes de dirigir mi atenciĂłn a la mesa del bufĂ©. DespuĂ©s de llenar mi plato con una buena porciĂłn de comida, tomĂ© asiento. Mis padres detuvieron su conversaciĂłn y se volvieron hacia mĂ.
—¿Tuviste a alguien anoche, Jungkook? —preguntó mamá.
Levanté la mirada sorprendido, tragando el bocado de chuleta de cerdo.
—Sà —dije.
—¿Y? —dijo ella.
—¿Y...? —repetĂ. No estaba acostumbrado a que mis padres, y menos aĂşn mi madre, preguntaran sobre las mujeres que traĂa. No era exactamente apropiado que anduviera acostándome con tantas, pero dado que lo hacĂa discretamente y dentro de los lĂmites de la finca Jeon, siempre habĂa habido un entendimiento tácito.
—¿Cómo fue?
—Fue bien, mamá —dije—. Todo funciona como debe, gracias por preguntar.
—¿Alguien notable? —preguntó—. ¿El potencial de algo más?
Papá me miró con interés, esperando mi respuesta. Miré de uno a otro, sintiéndome ligeramente perturbado por el repentino e inusual sondeo de mi vida sexual. Me aclaré la garganta. —No.
—¿No nos dirás al menos quién era?
—Por respeto a su privacidad, no. Mamá, tú y yo sabemos que no puedes guardarte nada.
—Oh —dijo—. Entonces, ¿es de alta cuna?
SuspirĂ©. —SĂ. Y no va a salir nada de esto. No estoy interesado en una relaciĂłn seria, deberĂas saberlo a estas alturas.
—Se va a convertir en un problema —dijo papá—. Traer a tantas mujeres diferentes a casa, eventualmente afectará tu reputación. Por muy prodigioso que seas —me guiñó un ojo.
—¡Basch! —mamá le lanzó una mirada.
—Ya tengo una reputación, papá. La llevo con orgullo.
—Eso es lo que me preocupa —dijo mamá—. Va a afectar tus posibilidades de encontrar una pareja. Todos tus hermanos están casados, y tú...
—Y yo estoy viviendo mi vida exactamente como quiero —interrumpĂ—. El matrimonio, los hijos... No son para todos, y definitivamente no son para mĂ. Ya hemos hablado de esto —Mamá y papá intercambiaron otra mirada. Empezaba a sentirme un poco irritado—. Mi trabajo con el clan es suficiente para mantenerme ocupado. Y mis carreras. Sin mencionar que cuido de ustedes dos, viejos cascarrabias, ahora que todos los demás se han mudado.
—Para eso está el personal de la casa —protestó mamá—. ¿No querrás vivir el resto de tu vida solo, verdad?
—No le temo a estar solo, mamá. Además, soy de alta cuna en uno de los clanes más poderosos de Wolfheart. El tiempo a solas es un regalo.
En ese momento, las puertas del comedor se abrieron y entrĂł volando mi joven sobrina Alexis, persiguiendo a Kota. Detrás de los dos niños venĂan Yoongi, su marido Hoseok, mi hermano menor Kyungsoo y su marido Chanyeol. Mamá cogiĂł a Alexis en sus brazos mientras Kota corrĂa hacia papá y se escondĂa detrás de su silla.
—¡Bájame, abuela! —chilló Alexis—. ¡Estamos jugando a “lobo y zorro”! Kota se va a escapar.
—Yo soy el zorro —anunció Kota, y papá lo levantó y lo sentó en su regazo.
—Eres pĂcaro como un zorrito, Âżverdad? —dijo papá, pellizcándole la mejilla. Tuve que sonreĂr: papá era un hombre serio, un viejo lobo canoso desgastado por los años como lĂder de Luna Creciente. Solo mostraba este lado de sĂ mismo con sus nietos.
—¡Abuelito, para! —rio Kota.
—¡Me muero de hambre! —dijo Kyungsoo—. Buenos dĂas. Mamá, papá, hola.
Dio la vuelta a la mesa repartiendo abrazos. Chanyeol le siguiĂł, abrazando a mamá y estrechando la mano de papá y la mĂa.
—¿CĂłmo van las cosas en la clĂnica? —le preguntĂ© a Chanyeol.
—Ocupados, como siempre. Ahora vienen muchos más lobos al pueblo.
—Has engordado —le dijo mamá a Kyungsoo.
—Es toda esa comida de oso —respondiĂł Kyungsoo, riendo mientras Ă©l y Chanyeol se dirigĂan al buffet para desayunar—. Es deliciosa, y juro que comemos hasta reventar casi todas las noches. ÂżDĂłnde están Namjoon y Jin?
—Acaban de llamar —dijo Yoongi—. Nos encontrarán en el templo.
—Buenos dĂas —me dijo Hoseok, sirviĂ©ndose una taza de cafĂ©.
—¿No tienes hambre? —le pregunté.
—Yoongi y yo ya comimos. Llevamos un par de horas levantados preparando a Kota.
—Voy a darle un baño —dijo Yoongi—. Decidió ir a revolcarse en la hierba.
—No necesito un baño —protestó Kota.
—SĂ que lo necesitas —dijo Yoongi—. Es un dĂa importante para ti, hijo. Vamos, vayamos.
—Ay... Quiero seguir jugando con Alexis. Quiero enseñarle el rompecabezas que me regalĂł la tĂa Jennifer.
—Tendrás mucho tiempo para eso después. Vamos.
—Mejor hazle caso a tu padre —dijo papá, dejando a Kota en el suelo.
—Bueno —dijo Kyungsoo, sonriéndome—. ¿Qué tal te va la vida? ¿Sigues persiguiendo rabos?
GruñĂ. —¿QuĂ© demonios pasa hoy con tanto entrometimiento?
—Tomaré eso como un sà —dijo Kyungsoo, y todos rieron.
Era agradable tener a la familia de vuelta en casa. Ciertamente, las cosas podĂan ponerse un poco tranquilas con solo nosotros tres y el personal de la casa en este gigantesco complejo que era nuestra finca. Echaba de menos nuestros desayunos familiares, con todos mis hermanos aquĂ y Yoongi preocupándose por todos nosotros, actuando como el látigo de la familia.
Desayunamos y hablamos sobre nuestras vidas. Kyungsoo y Chanyeol nos contaron sobre las nuevas clĂnicas de curaciĂłn que iban a abrir en el centro de Wolfheart, y Hoseok hablĂł sobre la organizaciĂłn sin ánimo de lucro que habĂa iniciado recientemente para ofrecer ayuda a los barrios de clase baja. Les puse al dĂa sobre mi trabajo con el clan, ayudando a Yoongi con los deberes oficiales y las negociaciones con otros clanes. Era un trabajo desafiante y necesario, pero no algo que disfrutara. Lo hacĂa por deber como el segundo hijo mayor, no porque me aportara ningĂşn tipo de enriquecimiento importante a mi vida. Lo que realmente me importaba eran las carreras de motocicletas, o mejor dicho, las carreras de moto-lobo.
ÂżCuál era la diferencia? Velocidad y ferocidad. Una motocicleta normal podĂa ser conducida con tiempos de reacciĂłn humanos, pero una moto-lobo requerĂa los reflejos de una forma transformada. El piloto iba inmerso dentro del vehĂculo, con las patas delanteras y traseras extendidas como si estuviera en pleno galope. Se manejaban con controles delicados en cada pata, y alcanzaban una velocidad máxima tres veces superior a la de las motos deportivas humanas normales. Los circuitos de carreras estaban llenos de obstáculos traicioneros que requerĂan reacciones en milĂ©simas de segundo y sentidos agudizados. No habĂa nada como la emociĂłn de la carrera, ni siquiera perseguir a una nueva mujer. Mis hermanos sentĂan curiosidad por mis carreras, pero a mis padres les entusiasmaban menos, asĂ que intentaba no sacar el tema cuando estaban cerca. Aun asĂ, habĂa pasado mucho tiempo desde la Ăşltima vez que los habĂa visto, por lo que era difĂcil no emocionarse cuando la conversaciĂłn girĂł hacia las motos.
—DeberĂas haber visto esa carrera, Soo —dije, con la voz temblando ligeramente de emociĂłn—. Una locura. Red Stallford y Vivian Elfang iban a la cabeza, yo justo detrás de ellos. Alcanzamos los seiscientos cincuenta kilĂłmetros por hora en la recta. Los obstáculos venĂan hacia nosotros como nieve en una ventisca, tan densos que no habĂa ni un centĂmetro para el error. Red rozĂł su costado con uno de los pilares; afortunadamente no fue grave, pero lo enviaron al hospital con tres patas rotas. Vivian y yo Ăbamos hocico con hocico al final. Recuerdo que todo era un borrĂłn, estaba tan condenadamente concentrado en esa lĂnea de meta. Pero, al final, fui mejor piloto que ella. La superĂ© por un milisegundo.
—Tengo que admitir que, desde que me convertà en sanador, tus carreras me resultan menos emocionantes y más estresantes de escuchar —dijo Soo.
—Nuestro equipo tratĂł a Red Stallford en la clĂnica del centro, de hecho —dijo Chanyeol—. Vi la carrera. QuĂ© final tan impresionante, Jungkook.
—Gracias, Chanyeol. Alguien que me entiende.
—Fue aterrador —dijo mamá—. Y apenas puedo seguir lo que está pasando, es tan rápido. Muero un poco cada vez que corres. DesearĂa que lo dejaras.
—No puedo renunciar a lo que más amo —dije.
—Si tan solo desviaras esa pasión hacia una buena chica —dijo ella—. O chico. Conocemos muchos omegas elegibles.
—No, gracias —dije.
—No te gustan los omegas, ¿verdad, Jungkook? —dijo Chanyeol—. ¿Por qué no?
—Eso no es cierto —dijo Yoongi, volviendo a la habitación con Kota, quien estaba todo vestido con su túnica formal—. Recuerdo que cuando éramos más jóvenes, en la pre-academia, hubo uno. ¿Cómo se llamaba?
Parpadeé. — Park Jimin—dije, sintiendo un extraño nudo en la garganta—. Jimin.
—Jimin. Eso es.
Kyungsoo, Yoongi y mamá comenzaron entonces a discutir sobre los omegas de alta cuna más elegibles en Wolfheart. El nombre de Jimin quedĂł flotando en el aire como vapor, disipándose lentamente despuĂ©s de su menciĂłn momentánea. Ahora estaba recordando a Lee Jimin, o cuando lo conocĂ, Park Jimin. Curioso que mencionaran a Jimin ahora: fue por Ă©l que descubrĂ mi pasiĂłn por las carreras de moto-lobo. Me habĂa sumergido en ellas para escapar de su recuerdo hace más de una dĂ©cada. Supongo que habĂa funcionado. No habĂa pensado en Ă©l en años. Es curioso cĂłmo alguien que significĂł tanto puede desvanecerse en el fondo de la mente. En un momento de mi vida, Ă©l era todo en lo que querĂa pensar. Era todo lo que deseaba. Pero se habĂa ido de mi vida. Se habĂa ido de esta ciudad. Se habĂa ido hace trece años.
La voz de Yoongi me trajo de vuelta a la realidad. —¿Jungkook?
Levanté la mirada. —¿Eh?
—Te pregunté si vendrás en el coche con nosotros a la ceremonia, o...
—Ah. No, iré en mi motocicleta. Después iré a la pista.
—Bueno, será mejor que nos vayamos todos.
El personal de servicio entrĂł al comedor y comenzĂł a limpiar las mesas, y todos nos dirigimos hacia el garaje, donde dos coches esperaban con los conductores en posiciĂłn de firmes. Stephen se acercĂł y me entregĂł mi equipo de conducciĂłn. La familia se acomodĂł en los coches, y yo me subĂ a mi motocicleta y seguĂ a la caravana fuera del garaje. Conduje junto a ellos por un rato, saludando a mi sobrina y sobrino, que me hacĂan muecas a travĂ©s de las ventanillas de los coches, antes de acelerar a fondo y adelantarme. Nuestra familia tenĂa acceso a una autopista especial y privada reservada para los clanes de alta cuna, y estando completamente vacĂa de tráfico excepto por nuestro grupo, era perfecta para ganar algo de velocidad. RugĂ hacia adelante, precipitándome hacia un tĂşnel subterráneo que llevaba directamente al centro de Wolfheart. Las luces naranjas del tĂşnel pasaban volando en un ritmo creciente mientras abrĂa el acelerador. El grito del motor se elevĂł a un tono febril, y se sentĂa como si estuviera volando. Esto era velocidad, pero velocidad limitada por lo humano. Más tarde, me subirĂa a mi moto-lobo y obtendrĂa la verdadera dosis que ansiaba.
TomĂ© una rampa de salida que me sacĂł del tĂşnel y me llevĂł a la ciudad, y fui recibido por la locura que era el centro de Wolfheart. Justo lo que me gustaba. SalĂ de la carretera privada a la principal que conducĂa al templo, serpenteando entre el tráfico como si fuera una pista de obstáculos de moto-lobo. El templo apareciĂł de la jungla de concreto como un enorme colmillo de piedra, un marcado contraste de arquitectura antigua contra los rascacielos modernos. La entrada al templo estaba flanqueada por dos enormes estatuas de piedra de los lobos legendarios que fundaron la ciudad hace miles de años. PasĂ© con mi moto entre ellas y entrĂ© al estacionamiento. LleguĂ© temprano, por supuesto.
DespuĂ©s de guardar mi equipo de conducciĂłn y ponerme algo un poco más formal, me dirigĂ a la entrada del templo. El lugar solĂa asustarme cuando era niño. Era oscuro y lĂşgubre por dentro, iluminado con velas y denso por el humo de todo el incienso que se quemaba. Los sacerdotes solo lo empeoraban: caminaban en forma mitad humana, mitad lobo, con sus hocicos viejos y nudosos sobresaliendo de debajo de la sombra oscura de capuchas con capucha.
MirĂ© por encima de mi hombro cuando escuchĂ© el sonido de un coche entrando al estacionamiento. SonreĂ: era mi hermano Namjoon y su familia.
—Llegaste temprano —dije, dándole un abrazo.
—¿Dónde están los demás? —preguntó.
—En camino. Vine en la moto.
—Ah, claro. Debà haberlo adivinado.
—Hola, Jungkook —me dijo Jin, su esposo, dándome un fuerte abrazo. Su hijo de diez años, Taehyung, se quedó al lado de Jin, con la nariz metida en un libro.
—Hola, chico —dije, inclinándome. Jin le dio un codazo.
—¿Taehyung? Tu tĂo te está hablando.
—Hola, tĂo Jungkook —dijo, y me dio un abrazo rápido antes de volver a concentrarse en el libro.
—Lo siento —dijo Jin—. Apenas podemos alejarlo de sus libros.
Negué con la cabeza.
—No, eso es genial. Es apasionado —le revolvà el pelo, y me miró de reojo con una sonrisa. Le guiñé un ojo.
—¿Entramos? —sugiriĂł Jin—. Me gustarĂa hacer una ofrenda en el templo antes de la ceremonia.
Mientras caminábamos hacia el templo, Namjoon me contó sobre su puesto en la Escuela de Artes de Combate de la Academia del Alba como maestro asistente.
—¿Te lo puedes imaginar? ¿Yo, como profesor?
—Estás más que cualificado —dijo Jin—. No te menosprecies.
—Namjoon tiene razĂłn —bromeé—. ÂżRealmente querrĂas a un tipo como Ă©l enseñando a los estudiantes?
Namjoon se rio.
—Oh, el joven yo probablemente me odiarĂa como profesor. No le doy tregua a nadie. Soy estricto como el demonio.
—¿En serio? Parece que papá te ha influenciado después de todo. Debes estar contento, Jin, de tener a tu marido trabajando a tu lado.
Entramos en el pasillo principal del templo, iluminado por filas de cientos de velas. Taehyung finalmente emergiĂł de su libro, manteniĂ©ndose cerca de la pierna de Jin, con los ojos bien abiertos mientras miraba alrededor del cavernoso espacio. Espirales de incienso se elevaban desde cráneos de lobo dorados, y los sacerdotes se movĂan por ahĂ sin prestarnos mucha atenciĂłn, murmurando oraciones para sĂ mismos.
—En realidad —dijo Jin—, la razĂłn por la que le pidieron a Namjoon que enseñara es porque yo voy a tomarme un permiso de ausencia —Doblamos una esquina hacia un nicho donde habĂa varios santuarios; tres pequeños árboles que crecĂan desde la piedra, con cadenas de oro colgando de sus ramas: los santuarios para la fertilidad omega y el parto saludable. Jin se transformĂł en su forma de lobo, se acercĂł a los árboles y bajĂł el hocico hasta la corteza en señal de tributo. AtĂ© cabos.
—Sabuesos del Infierno. Jin, ¿estás embarazado otra vez?
Namjoon sonriĂł con orgullo.
—Vamos a tener otro hijo.
—¡Chicos, eso es fantástico! Felicidades a los dos.
—Fue completamente inesperado —dijo Jin—. Pero una sorpresa bienvenida.
Caminamos de vuelta hacia la entrada del templo para encontrarnos con el resto de la familia que llegarĂa en cualquier momento.
—Otro hijo —le dije a mi hermano—. Namjoon Jeon, hombre de familia y maestro de la Academia del Alba. Nunca lo hubiera imaginado hace diez años.
—Oye, siempre fui un luchador increĂble. Solo que no era el estudiante más disciplinado.
—Las cosas cambian, supongo.
SonriĂł.
—TĂş no has cambiado mucho, Jungkook. Por lo que he oĂdo, sigues haciendo de las tuyas. Rompiendo corazones. ÂżSeguro que no quieres sentar cabeza?
—Ah, Sabuesos del Infierno. Tú también no. Hoy todos están encima de mà por mi maldita vida amorosa.
—¿En serio?
—SĂ. No estoy interesado en esa mierda, ya lo sabes. Mamá incluso empezĂł a sugerir omegas... Sin ofender, Jin.
—¿Qué tiene de malo los omegas? —preguntó él.
—Nada —dije yo.
—Nada —dijo Namjoon—, excepto que no sale con ellos. Tuviste una mala experiencia con un omega, ¿verdad? Esa vieja historia de cuando estábamos en la pre-academia. Sabes que ha vuelto, ¿no?
No esperaba oĂr esas palabras, y mi corazĂłn dio un salto tan fuerte que estuvo en peligro de salirse por mi garganta. TosĂ.
—¿Quién te lo dijo? —dije, intentando sonar indiferente.
—Su hermano menor estudia en la Academia. Lo escuchó por casualidad.
En ese momento, el resto de la familia entrĂł al templo, y Namjoon, Jin e Taehyung fueron a saludarlos. Lo que para Namjoon habĂa sido solo un poco de informaciĂłn sin importancia, me habĂa sacudido por completo. Estaba sumido en mis pensamientos mientras mi cuerpo funcionaba en piloto automático, moviendo mis piernas para seguir al grupo mientras nos dirigĂamos a la sala donde tendrĂa lugar la ceremonia de Kota. Todo a mi alrededor parecĂa moverse en borrones y ecos.
Era como si se hubiera abierto un agujero en el muro que habĂa construido en mi mente, y todos los pensamientos y sentimientos que habĂa bloqueado estaban brotando de Ă©l. Mi corazĂłn latĂa con fuerza. Estaba en shock. ÂżCĂłmo podĂan afectarme asĂ esas palabras? HabĂa superado todo esto hace mucho tiempo. HabĂa superado a Ă©l hace mucho tiempo. Pero habĂa creĂdo que nunca volverĂa a ver a Jimin. Nos prometimos mutuamente que romperĂamos el contacto para siempre. Él estaba casado. VivĂa lejos. Nunca lo volverĂa a ver, nunca tendrĂa que pensar en Ă©l de nuevo.
Pero ahora, al parecer, Jimin habĂa vuelto a Wolfheart.
Por supuesto, estaba seguro de que volvĂa ocasionalmente de visita, pero nunca lo habĂa sabido. HabĂa permanecido en una feliz ignorancia durante estos Ăşltimos años, creyendo que nunca tendrĂa que pensar en Ă©l de nuevo. Ahora, de repente, su presencia estaba de vuelta en mi mente, como una brasa reavivada.
Me quedé de pie en la oscuridad de las cámaras del Adivino mientras Yoongi llevaba a su hijo hacia el viejo sacerdote ciego. Una densa neblina de incienso y humo de velas me rodeaba, y me encontré cayendo en mis recuerdos, regresando trece años atrás, a la época en que Park Jimin aún estaba en mi vida y cuando estaba enamorado de un omega.
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Se viene Dramaa bbs