𝗙𝗟𝗢𝗪𝗘𝗥 𝗥𝗢𝗠𝗔𝗡𝗖𝗘 - 𝗵𝘆𝘂𝗻𝗶𝗻

Sinopsis

Hwang Hyunjin siempre fue un romántico empedernido, con un amor que parecía jamás tener destinatario. No hasta que Jeongin entrará en su floristería con una dulzura natural y un delicado aroma a rosas, entrelazandose con las fragancias del lugar, y dejando a Hyunjin completamente enamorado. Desde entonces, cada mañana, Jeongin se encontraba con un hermoso ramo de flores frente a la puerta de su hogar, junto a cartas que le acelerarían el corazón cada vez que las leía. Finalmente, llegando el día en el qué el chico qué las enviaba tuviera el valor de entregárselas por él mismo. "Siento como sí te conociera desde hace mucho, pero en realidad, entraste a mí vida de forma inesperada, hace muy poco. Quizás es por qué el destino quiere que te conozca mejor, que te ame como no he amado a nadie más." ⁺˚⋆。°✩₊✩°。⋆˚⁺ ➥Esta historia NO se tiene como fin dañar la imagen/reputación de los Idols mencionados a lo largo de la trama. ➥ Todo suceso es producto de la imaginación. ➥ Historia original. ➥ 1er capítulo extenso, seguido de cortos. ➥ Homosexual. ➥ Hermosos gráficos gracias a @cherrxdark ♡ HYUNJIN X JEONGIN #StrayKids ➥ No se permiten copias. Adaptaciones solamente con mi autorización y consentimiento. © 𝗥𝗼𝗱𝗿𝗶𝗴𝘂𝗲𝘇𝗔𝗿𝗶𝗮. 𝐀.𝐑 || 𝗢𝗥𝗜𝗚𝗜𝗡𝗔𝗟

Genero:
Romance
Autor/a:
RodríguezAria.
Estado:
Completado
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

𝗙𝗟𝗢𝗪𝗘𝗥 𝗥𝗢𝗠𝗔𝗡𝗖𝗘 || 𝟬𝟭

El intenso aroma floral se dispersaba por el espacio completo, como sí múltiples perfumes se mezclaran en uno solo creando un ambiente placentero. La floristería se encontraba llena de una variedad asombrosa, con colores y especies que hacían imposible el parar de observar a los alrededores.

Y para Hwang Hyunjin, el dueño del lugar, no cabía duda de que este sería un día alegre, quizás aún más que los demás. Simplemente había algo en el aire que le hacía sonreír con esperanza, algo que lo llenaba de anímos y esa energía romántica que lo caracterizaba.

Dejó sus pertenencias y se dirigió hacía la puerta, que en el momento mostraba un cartel indicando que el local se encontraba cerrado.

Lo volteó con una sonrisa, indicando su estado abierto a los clientes que no tardarían en llegar. Luego, de forma rápida tomó asiento en la silla del mostrador.

No pasaría mucho tiempo sin que alguien entrara, aún así, encendió el movíl y una serie de romance ocupó la pantalla.

Aunque fuese por tan solo unos minutos, amaba recibir esa dosis de motivación antes de empezar un día de trabajo.

Ver la pantalla y luego perder la noción del tiempo imaginando era casual. Esperaba a los clientes mientras su mente se llenaba de ideas y posibilidades en el amor, mientras se imaginaba en una situación similar a la de los protagonistas de la serie.

Le sonreía a la pantalla como un bobo a causa de las bonitas escenas.

Pasado un tiempo, pausó el episodio y dejó salir un suspiro que resonó en la tienda.

―¿Cuándo será mi turno?― Dijo, y como sí la vida le presumierá lo que no tenía, la pantalla mostraba la escena del beso en pausa― Vaya... moriría por un beso así.

Pero más que un beso, deseaba poder ofrecerle todo su amor a alguien especial. Quería mostrar su afecto por medio de acciones románticas, como una simple caminata por el parque tomados de la mano, una carta escrita con el corazón, risas y sonrisas compartidas, o su anhelo más grande:

Obsequiarle un ramo de flores a su persona especial.

Miró a su alrededor imaginandosé el ramo más precioso, conteniendo una variedad de especies con significados que conoce, siendo perfectos para demostrar cariño. Mientras se encontraba en su propio mundo de idealidades, la pequeña campana colgada en la puerta sonó.

El primer cliente estaba aquí.

Más bien,losprimeros clientes.

Una pareja se aproximaba a el mostrador, con una cercanía que transmitía romanticismo en su máxima expresión desde que entraron a la tienda. Era evidente el cariño que compartían. En sus miradas destacaba un brillo único, y mientras se miraban a los ojos, Hyunjin supo que aquel era el brillo del amor.

―¡Buenos días!― Dijo el hombre, mientras su mujer se alejaba de a poco para observar las flores― Quisiera hacer un encargo muy importante. Nos casaremos pronto, y queremos que nuestra boda este llena de arreglos... pensé en dejar a cargo al mejor florista por aquí.

―¡Una boda! Han hecho lo correcto al venir. Acompañenme, por favor― Hyunjin apagó la pantalla, salió del mostrador y los guió hacia un rincón de la tienda― Lo que ven aquí son las mejores opciones para bodas, las reservo especialmente para eventos importantes como el suyo.

A la vista de la pareja quedaron varias flores que transmitían elegancia, perfectas para la situación.

Pasaban los minutos y Hyunjin disfrutaba de ver la alegría en sus rostros y las conversaciones que tenían para llegar a un acuerdo. Todo el proceso para eleguir las flores era preciado para él, porque así era como se eleguía a aquellas que marcarían y formarían parte de un momento preciado en sus vidas.

Al final de todo, sus arreglos no eran arreglos cualquiera, eran muestras de cariño y una pequeña parte de la belleza que poseeía la naturaleza.

Toda persona que los adquiriera los apreciaba tanto como Hyunjin.

Finalmente, la mujer reunió las flores que entre ambos habían escogido en un pequeño ramo, y se lo entregó a Hyunjin.

―Por favor, incluya estas, están preciosas y a los invitados les encantarán― Dijo, su voz suave y educada.

―Como usted diga. Prometo que quedarán aún más preciosas en los arreglos― Contestó Hyunjin, tomandó una fotografía del ramo con su movíl para luego no olvidar cuáles eran las que la pareja deseaba.

―Nos veremos pronto, muchas gracias― El hombre extendió su mano, estrechandolá contra la suya en señal de despedida, con una sonrisa en el rostro.

―Mucha suerte con la boda― Le estrechó la mano por igual, y le dio unas palmaditas en el hombro― Son una linda pareja, gracias a ustedes por traer el romance hasta este lugar.

Hyunjin los despidió a ambos con su mejor sonrisa. Permaneció ínmovil a una pequeña distancia de la puerta, mientras observaba como la silueta de la pareja se alejaba poco a poco. Sus manos se mantenían entrelazadas, cada una con un anillo que representaba una promesa, un lazo que los unía.

Incluso, podía ver como sus pasos se coordinaban al caminar.

―Algún día, Hwang... algún día― Se dijo a sí mismo, liberando un suspiro antes de volver al mostrador.

En el mostrador, organizo mentalmente los detalles del encargo especial. Las flores seleccionadas eran excepcionales, y se sentía honrado de ser parte de un momento tan importante en la vida de aquella pareja. Su mente, sin embargo, seguía vagando por esos pensamientos románticos, deseando que algún día él también pudiera vivir algo similar.

El ambiente tan romántico de la floristería era suficiente para hacerle anhelar sentirse amado, y cada día sus esperanzas se alimentaban más al ver todo el amor que albergaba la ciudad.

La mañana transcurrió rápidamente, y Hyunjin apenas tuvo tiempo para ver el movíl debido a la gran cantidad de clientes que entraron a la tienda, pero estaba bien, se sentía feliz luego de una mañana productiva para el negocio, y su corazón se alegraba de tan solo pensar que sus flores formaron parte o alegraron el día de alguien.

Desde un joven que entró buscando un ramo de rosas para su novia, no muy después una mujer y sus hijos que se tomarón el tiempo de buscar el arreglo perfecto para su abuela hospitalizada, hasta un hombre que entró buscando un ramo para disculparse luego de una discusión con su prometida.

Y no acababa ahí.

Hyunjin podría nunca haber experimentado lo que era el amor, pero sabía que el simple hecho de dedicarse completamente a su empleo, vender flores,era amor.

Confía en que algún día dejará de ser nada más que un vendedor, y será un jovén amado que sin dudas obsequiará sus ramos.

Dejará de ser un espectador.

Esa idea daba vueltas en su mente la mayor parte del día, se preguntaba cuánto tardaría en llegar el día en que nazca la oportunidad de obsequiar sus flores, y no venderlas.

El pequeño ramito que la pareja le había dejado ahora se encontraba en un florero, decorando el mostrador. Hyunjin se dedicó a observarlo con una mano en el mentón, inmerso en sus propios pensamientos.

Y estaba tan desconcentrado que el sonido de la campana hizo que su corazón saltará del susto.

El florero cayó al suelo, derramando parte del agua sobre el, así, antes de recibir al nuevo cliente trató de limpiar el desastre.

―Mierda... ¿No te podías caer luego, maldito?― Protestó, su voz casi inaudible en un susurro.

Pero al parecer, el chico de cabello negro que se abría paso hacía el mostrador tenía buen oído.

Tímidamente se acercó para hechar un vistazo, no podía evitarlo, su curiosidad despertaba escuchando las pequeñas quejas del dueño.

―Hola, buen día...― Dijo aún acercandose, viendolé la espalda a Hyunjin y su lindo cabello castaño.

Hyunjin, sintiendo su presencia cerca, se sintió apenado por el desastre en que recibía al cliente.

Pero había algo que no encajaba.

Notó que la voz del chico era desconocida, jamás había estado en su floristería antes. Y esa misma, tenía un tono bastante único, ninguno como los que había escuchado.

―Buen día, enseguida lo atiendo...― Saludó, sin mirarlo al rostro aún.

―No hay prisa, dejemé ayudarle― El chico tomo en su mano un trapo que se encontraba cerca, y se agachó al lado del castaño para limpiar por igual.

―Que amable, pero no tiene de que preocuparse, lo haré por mí mismo― Respondió, tomando el trapo de la mano del chico en un intento de quitárselo.

―No, no es molestía, por favor permitamé― Aumento la fuerza del agarre en el trapo, negándose a soltarlo.

―No, por favor, usted es mi cliente― Tiró con una fuerza medida, negándose a soltarlo también.

―Solo dejemé ayudarle a limpiar― Dijo, su tono ahora más serio.

―Gracias, pero me negaré. Le agradecería si soltará el trapo.

―No, usted debería soltarlo.

Ambos tiraron del trapo con fuerza, balanceandosé de un lado a otro y aún negandosé a soltar. La absurda discusión continuaba hasta que en un tirón, el trapo se rompió en dos partes de tela.

Perdieron el equilibrio ante lo repentino, y cayeron sobre sus codos a cada lado del charco.

Hyunjin golpeó su cabeza contra la madera del mostrador, y el sonido resonó como sí estuviese hueca.

―¿Está bien? Le dije que lo soltará...― Preguntó preocupado el pelinegro. Pestañeaba sin parar para no marearse.

―Estoy bien... solo fue un golpe. Disculpemé por mi mala actitud― Matuvo sus ojos cerrados y una mano sobre la frente, pues el golpe le dejó una sensación dolorosa.

―Disculpemé a mí también. Venga, le ayudo a levantarse― Ahora de pie, extendió su mano hacía el dueño.

―Gracias...

Hyunjin levantó la mirada, y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

De inmediato percibió el perfume que provenía de el pelinegro, y mientras sentía su escencia floral en el aire, observaba la piel brillante que tenía, los ojos profundos y brillosos que le miraban en el momento, y sus labios que sin pensarlo mucho comparó con los pétalos de una rosa.

Mirando al chico le surgió una calidez en el pecho, una sensación que jamás en su vida había experimentado.

Nunca se había sentido atraído a alguien, en realidad, nunca nadie le había atraído. Sin embargo este desconocido le hizo abrir los ojos, y Hyunjin no podía creerlo.

Ambas miradas se encontrarón en una expresión atónita. Les fue imposible mirar hacía cualquier otra dirección que no fuese la de sus ojos.

Sus corazones aceleraban el ritmo de sus latidos, y el romance que llevaban tiempo esperando se desencadenaba de a poco.

―¿Cuál es tu nombre?...― Preguntó el chico, con las mejillas rojizas, y rompiendo el trato de formalidad. El silencio se rompió con sus palabras y el contrario pestañeo varias veces.

―Hwang Hyunjin, dime Hyunjin― Respondió, con una expresión que hacía obvio lo atónito que estaba― ¿Y... el tuyo?

―Yang Jeongin― Dijo, y le dedicó una suave sonrisa― Hyunjin... es un nombre muy lindo.

Así que el guapo chico se llamaba Jeongin.

Al parecer de Hyunjin, era perfecto.

―Gracias, el tuyo es aún más encantador― Finalmente tomó su mano, y el pelinegro le ayudó a levantarse.

Cuando ambos quedaron frente a frente, de pie, podían sentir como incluso perdían el equilibrio.

Jeongin alguna vez leyó una frase que decía que tanto amor causaba mareos, incluso migraña.

Ahora descubre que no era ninguna mentira.

―Gracias...― Agradece, sin poder soltar la mano de Hyunjin, ni entender por qué. Quizás se debía a la calidez de su piel, o la suavidad. Igualmente, el contrario no parecía tener problema con ello, pues le acariciaba la mano con el pulgar.

―Así qué... Dime, ¿buscas algún arreglo del mejor florista en la ciudad?

Jeongin sonrió ante la pregunta, incluso, había olvidado por un instante la razón por la que estaba allí.

―¡Ah, sí!― Ambos se soltaron de la mano, y el pelinegro comenzó a buscar una fotografía en la galería de su movíl― Sonará tonto... Mi madre estará de visita esta noche, y espera que las cientos de flores que me dejó estén en buen estado, pero ese no es el caso. Simplemente no tengo idea de como cuidar una planta. ¿Podría comprar algunos ramos aquí, de este tipo?― Le explicó, y mostró en la pantalla una fotografía de 2 ramos variados― Se los daré como disculpa, como un intento de suavizar la regañina que me dará.

Hyunjin rió suavemente, le divertía la situación del chico. Le escuchó con atención, y la opción de resistirse ante la petición ni tan siquiera se asomaba entre las suyas. Solo podía pensar en decir que sí, que estaría muy contento de ayudarle a un chico tan dulce como él.

Observó por última vez los ramos, y sonrió.

Esa sonrisa en la que sus labios se curvaban siendo jodidamente atractiva para Jeongin.

―Los tendré listos, ve a casa para prepararte y los enviaré. Solo necesito tú...― Su voz quedó pausada al escuchar que el contrario recibía una llamada.

―Disculpa... Dame un segundo― Se alejó un poco, frustrado por la interrupción en el lindo momento, y cuando contestó, la voz de su madre le mandaba.

Quiero que hagas la cena. ¿Has aprendido a cocinar, no? Prepará algo rico. Nos vemos, cariño― Dijo, y la llamada se cortó al instante.

―Pero... ¡Ma!― Soltó un gruñido, incapaz de decir alguna palabra pues la llamada había terminado.

Ahora tendrá que visitar algún restaurante también.

Parecía ser el día de los engaños a las madres y los mandados.

Se volteó, caminando rápidamente hacía Hyunjin, y notando que este ya lo miraba desde hace un rato con ojos encantados.

―¿Todo bien?― Preguntó Hyunjin.

―Sí, solamente era mi madre encargandome la cena. Creo que ya te lo imaginas... mi siguiente parada es un restaurante― Río suavemente, y su risa, sin saberlo, alegro el día del contrario― Oye, necesitaré tu número.

―Claro, ten― Dijo, entregandole su movíl para que anotará el número.

Ambos sonrieron, y luego de guardar el contacto, Jeongin envió un sticker de corazón al número, junto con la ubicación de su hogar.

―Nos veremos pronto, Hwang Hyunjin. Me has salvado el día, gracias.

―Ni me lo agradezcas, bonito.

El corazón de Jeongin dio un vuelco al escuchar que, por primera vez, alguien le llamaba bonito.

Ese apodo despertaba a todas las mariposas en su estómago, y el hecho de que provenía del chico del que se enamoró instantaneamente significaba mucho para él.

―Debo irme, ¡Lindo día!― Se despidió con un tímido gesto con la mano, y sonrió.

Hyunjin anhelaba que esa sonrisa fuera suya, poder verla todos los días a partir de ahora.

―Igual para tí, suerte con tu madre.

―¡Gracias!― Volteó, en dirección a la puerta.

Pero el contacto de la piel del contrario rozando contra la suya le hizo detenerse.

―Espera― Lo detuvó, y alcanzó una de las rosas a poca distancia para entregarsela― Para tí.

Sus manos se unierón, y una vez más, el mundo parecía detenerse.

El ambiente lleno de romanticismo hacía un perfecto contraste con Hyunjin, un chico romántico como ningún otro que Jeongin hubiera conocido.

Consideraron que quizás el romance que tanto habían esperado finalmente había llegado.

―Muchas gracias, es preciosa... Me recordará a tí― Dijo, tomandola entre sus manos y sintiendo su aroma.

―Y en mi caso, todo me recordará a tí, hasta que nos volvamos a ver. Ven a menudo, por favor― Le devolvió el gesto de despedida con la mano.

―Lo mismo digo. Y ten por seguro que vendré pronto... ¡Adiós, Hyunjin!

―¡Adiós, Yang Jeongin!

Una vez más, Hyunjin observaba a uno de sus clientes salir de la tienda, aquel cliente siendo quien marcaba su vida para siempre, y marcaba su corazón dejandole perdidamente enamorado.

Se sentía nuevo, y diferente...

Quizás era el hecho de que sin dudas, fue amor a primera vista.

Finalmente había encontrado a su alguien especial. Jeongin, el chico que logró despertar todo el amor en su interior le había hecho desear obsequiarle ramos de flores.


gráficos gracias a @cherrxdark en Wattpad.