Prólogo
Toda mi puta vida se reducía a salvarle el culo a mi mejor amigo, Dan.
Jamás me sentí incómoda con eso.
Pero hace un año todo empezó a cambiar. Nuestros momentos se volvieron intensos, cargados de miradas que duraban demasiado y silencios que pesaban más de la cuenta. Comenzamos a molestarnos… como si algo nuevo nos incomodara, como si estuviéramos cruzando un límite invisible.
Nunca pensé que nos alejaría un hecho tan doloroso.
Y mucho menos que ese mismo hecho me uniría a alguien que jamás imaginé tener cerca.
Todo dio un giro. Pero no, no todo pintaba color de rosa.
El universo tenía una maldita nebulosa frente a mí… y no la vi venir.
Nadie es quien aparenta ser. ¡Nunca!
¿En quién debo confiar?
¿A quién debo elegir?
—¿Señorita Wallace? Las pruebas son contundentes. Él es culpable.
Mi mente se fue lejos, como si me arrancaran del cuerpo.
No podía ser real.
Mis sentidos se esfumaban: no oía, no sentía, no veía.
Todo giraba como un tornado de recuerdos y señales que no supe leer, y ahora me mareaban.
Sentía el pecho hundirse con una presión insoportable.
Mi corazón se hacía trizas.
—Podemos emitir una orden de arresto. Luego vendrá lo difícil. El abogado que elija seguramente intente apelar para reducir la condena. Será un proceso largo.
Debemos hablar con tus padres.
Solo asentí con un leve movimiento de cabeza y me puse de pie.
—Lo siento… necesito un momento.
Salí disparada de la oficina de la detective Wald.
Las manos me temblaban. Saqué mi celular y marqué su número.
—Hola, cariño…
No pude responder. Las palabras se me quedaban atascadas en la garganta.
—¿Oliv? ¿Amor? ¿Estás ahí?
Colgué. Ni siquiera podía llorar. No podía ser real.
Volví al interior de la oficina con prisa, sin pensar.
—Detective Wald… ¿qué debo hacer?
—Tiene que pagar.
Pero entiendo tu situación, Olivia.
El corazón no entiende de razones.








