Comienza la Batalla
El silencio en la sala del trono era opresivo, cargado de una tensión casi tangible. Haru, Rhyke y Fia avanzaron con cautela, sus cuerpos aún resentidos por la batalla anterior. La sensación de estar siendo observados se intensificó con cada paso, como si la propia oscuridad contuviera la mirada de Lizander.
De repente, la temperatura en la sala descendió drásticamente. Un viento gélido azotó la habitación, haciendo titilar las antorchas que iluminaban tenuemente el lugar. Y entonces, desde las sombras más profundas, una voz resonó, profunda y llena de autoridad.
—Han llegado más lejos de lo que imaginé... —La figura de Lizander emergió lentamente, como si se deslizara entre la penumbra. Su porte elegante y la confianza en su mirada reflejaban la certeza de su poder. Sus ojos, dos abismos escarlata, se posaron sobre ellos con una mezcla de curiosidad y diversión.
Haru apretó los puños con furia contenida. —Tu reinado termina hoy, Lizander.
Lizander sonrió levemente, alzando una mano. La energía oscura en la sala pareció cobrar vida, arremolinándose a su alrededor como si respondiera a su llamado. —¿Eso creen? —musitó con burla—. He visto su fortaleza en sus ilusiones, he sentido su sufrimiento... y aun así persisten. Fascinante, pero inútil.
Sin darles oportunidad de reaccionar, Lizander extendió los brazos y la oscuridad estalló en una onda expansiva. Haru, Rhyke y Fia se cubrieron, resistiendo la embestida de energía que los empujó hacia atrás. Rhyke fue el primero en moverse, lanzándose hacia el villano con su espada envuelta en energía de luz y sombra. Lizander desvió el ataque con un simple movimiento de su mano, enviándolo contra una de las columnas con brutal fuerza.
—¡Rhyke! —gritó Fia, pero no tuvo tiempo de auxiliarlo, pues Lizander ya se cernía sobre ella.
Fia reaccionó justo a tiempo, levantando su báculo y conjurando un escudo de luz. El impacto de la magia de Lizander hizo que el suelo bajo sus pies se resquebrajara. Haru, con su agilidad, se deslizó por un costado y lanzó un ataque directo con su espada imbuida en energía diurna, pero Lizander simplemente se desvaneció antes del impacto, reapareciendo detrás de él con una velocidad sobrehumana.
—Demasiado lentos... —susurró el villano, antes de golpear a Haru con una ráfaga oscura que lo hizo trastabillar.
La batalla se intensificó. Fia, con su magia, intentaba mantener a Lizander a raya mientras Rhyke y Haru buscaban puntos débiles en su defensa. Sin embargo, la diferencia de poder era abrumadora. Cada vez que creían encontrar una oportunidad, Lizander los desarmaba con su astucia y control absoluto de la oscuridad.
Fue entonces cuando Haru notó algo. A pesar de su aparente invulnerabilidad, Lizander evitaba estar demasiado cerca de la esfera de energía en la sala anterior. Sus ataques eran calculados, nunca permitiendo que se acercaran demasiado a la fuente del eclipse.
—¡Rhyke, Fia! —exclamó Haru, esquivando por poco otro golpe—. ¡Tenemos que forzarlo a acercarse a la esfera!
Lizander entrecerró los ojos, su diversión desvaneciéndose por un instante. Pero fue suficiente. Fia comprendió la estrategia y canalizó su magia en una poderosa onda de luz que obligó a Lizander a retroceder. Rhyke, recuperándose de sus heridas, se lanzó al ataque con renovada determinación.
Lizander gruñó, irritado, y liberó un torrente de oscuridad para defenderse, pero poco a poco los héroes lograban arrinconarlo. El enfrentamiento estaba lejos de terminar, pero por primera vez, Lizander parecía incómodo.
La verdadera batalla por el destino del mundo había comenzado.


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