Capítulo 1 - "La cosa"
—Buenas noches, señor. Quiero agradecer que te tomes el tiempo de responder a mis preguntas. ¿Puedes contarme lo que viste el 24 de abril la noche en que Scott Blauser desapareció?
—Buenas noches. Mire... la verdad es que no recuerdo haber visto a nadie raro en esa noche.
— ¿Nadie que no conocías? ¿O nadie sospechoso?
—No, no vi a nadie. Una vez que la policía se fue, me quedé un rato cerca del bosque a ver si veía algo más. No vi a ninguna persona rara, pero sí creo haber visto algo extraño volando en el cielo. Era una especie de cilindro con luces parpadeantes que parecía estar flotando en el aire. No podía distinguir muy bien el tamaño del objeto por la altura, pero parecía grande. Después el objeto parecía haberse fundido con el cielo y desapareció. Había pensado en llamar a la policía y que vinieran, pero no iba a saber qué decirles.
JULIA
4:30 a.m.
Mis pulmones arden por el frío y una pesadilla se hace presente.
El mismo hospital, la misma habitación, misma camilla y... Mamá. Llena de cables sobresalientes. Creo que de tantas veces que el sueño se repite me sé el camino a donde lleva cada cable.
Dirijo la mirada hacia sus ojos plenamente cerrados. Nada le duele, nada recuerda y solo hay vacío. Nada más que un vacío cada vez mas profundo que nunca termina y nos arrastra hacia él cada día que pasa. Es el mismo vacío que a todos nos toca pasar en nuestra vida y es donde te das cuenta de que todos tenemos un tipo de temporizador dentro de nosotros. El tiempo se va muy rápido, y a veces estamos tan concentrados en los problemas que no lo notamos.
El monitor de signos vitales cae. Su sonido agudo me aturde y vibra en mis oídos. Mamá murió.
Despierto por fin y mi corazón está hecho un desastre, toda sudada con el frío pegándome a la piel. Estoy realmente cansada de tantas pesadillas y siquiera ninguna es diferente.
Mi piel se eriza y más cuando toco el suelo con los pies descalzos. Mientras estoy en la cocina con un vaso de agua en la mano, miro la ventana que hay frente al fregadero que da vista a la calle desde el tercer piso. Creo que todo es mejor de noche, es el único momento donde hay silencio y se pueden apreciar mejor las cosas.
Mis ojos detectan movimiento y enseguida decido prestar atención al punto de distracción.
Afuera se encuentra un hombre con ropas que parecen haber sido sacadas de un basurero y me estoy dando cuenta de que camina un poco extraño. Está desorientado, sus ojos tienen ojeras como si no hubiese dormido por días. O incluso por semanas. Menos mal la calle está desértica y solitaria, sino ya se lo hubiesen cargado con esa forma de caminar.
Observo siempre el mismo patrón: vuelve por donde venía, va de nuevo, gira sobre sí mismo y mira solo hacia abajo buscando algo. ¿Por qué está afuera? ¿Por qué está en esas condiciones? ¿Necesitará que alguien lo ayude? El desconocido se detuvo abruptamente y giró su cabeza hacia la dirección de mi ventana. Su mirada cansada adquirió una chispa de diversión y su boca se curvó en una sonrisa sombría y tétrica. Podría compararla con la sonrisa de los asesinos cuando están persiguiendo a su víctima, pero prefiero no pensarlo. Su mirada dice que lo que ha estado buscando ya lo encontró. A mí. Observo que sus ojos ya no me miran, se les fueron para atrás quedando solo la esclerótica.
¿...Qué mierda? Me recorren escalofríos al cuerpo. Y es extraño aunque claro, ¿en este caso estoy ante un posible enfermo mental suelto en la calle? Muy normal en Ámsterdam.
Lo único que hago y me atrevo a hacer es cerrar la persiana de la ventana de donde ese par de ojos con una sonrisa me miraron y me dirijo hacia la habitación de Noah. Estoy a punto de abrir la puerta, pero me detengo a pensar. ¿En serio debería despertarlo por esto? No quiero molestarlo por estas cosas, pero tampoco puedo irme a dormir como si nada.
"No dramatices, Julia". ¿Sabes qué? me voy a dormir. No puedo hacer nada al respecto porque son las malditas cuatro de la mañana.
Estoy yendo en camino a mi habitación pero algo llama mi atención. "¿Es en serio? ¿Nada me dejará dormir hoy?"
Una luz azul brillante salía de fuera y se reflejaba en las ventanas del departamento iluminándolo todo. ¿De dónde carajo sale tremenda luz? Me acerco hacia los ventanales grandes del balcón sin salir y a través del vidrio veo que la luz parece salir de arriba del departamento. Pareciera que hay algo volando encima nuestro, pero no puedo verlo. Escucho como un ruido apagado medio grave y noto que es algo que se puede mover porque la luz ya no estaba quieta. Se movió y quedó iluminando el lado de la calle que da la ventana del fregadero. La calle donde estaba el loquito sonriente.
La luz se “achicó” iluminando solo esa calle. Voy con cuidado a la ventana del fregadero y veo el exterior a través de la frágil persiana que la cubre.
Dios.... mío. ¡¿Qué carajo...?!
El hombre que estaba parado en la calle está levitando. No, no está levitando. Se lo están llevando. Literalmente está siendo abducido por una máquina que vuela, pero no puedo verla, está muy alto y desde esta maldita ventana no tengo mucha capacidad visual. Jodida mierda. ¡No lo creería si no lo estuvieran viendo mis ojos!
¿Qué hago? No tengo capacidad de pensar ni de actuar. Y si hiciera algo ¿qué podría hacer? Es una nave, no es difícil saberlo, y nadie me va a creer si lo cuento.
Así es como a mis 22 años a las cuatro y media de la mañana vi por primera vez a una cosa llevarse a un demente de la calle. Que linda noche.
1Esclerótica: tejido que forma el blanco del ojo.


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