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CORAZÓN DE DRAGÓN

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Sinopsis

En un mundo donde la traición y la ambición gobiernan, se embarcan en una búsqueda de venganza contra aquellos que destruyeron su vida. Mientras enfrenta desafíos mortales y oscuros secretos del pasado. Aurora es una bella joven de corazón puro que vive una vida en su reino del bosque. Protege con la mejor voluntad su casa, el reino del bosque que preside y todas las criaturas que habitan allí. Sobre todo, su enorme guardian, fiel compañero Emmett, el dragón. Erik es un joven valiente príncipe que finalmente explorara el mundo fuera del Castillo y conocerá todo lo malo que le contaron, tal vez, lo bueno una vez que conozca del mundo.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Marion
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo I

El sol comienza a bañar con sus rayos desde el fondo, detrás de unas montañas. Poco a poco se iba iluminando.

Aquella madrugada la brisa apenas era cálido. El ruido de la naturaleza empezaba a sonar, pero fue interrumpido por el fuerte gruñido del sueño pesado de mi fiel compañero, Emmett. Miré sus escamas superpuestas, eran tan negro como la oscuridad. Tiene unos enormes cuernos y púas alrededor de la cabeza.

Sonreí al verlo.

Camine hacia la salida de nuestra cueva mientras estiraba los brazos desnudos. Mis pies descalzos pisaban sobre la tierra. Observo a mi alrededor, algunos pájaros ya estaban volando entre los árboles.

Desde mi posición, todo se veía tan perfecto.

Me di la vuelta para ver una vez mas a Emmett.

— Voy a buscarte el desayuno.

Solo recibí un gruñido perezoso de parte de él mientras aun dormía. Sí… le costaba madrugar.

Tome una rama bien afilada y una cesta de hojas de plátano. También llevaba un bolso de hojas de plátano y amarre con unas cuerdas que encontré hace mucho tiempo tirado en el bosque. Fue mi primer bolso que hice desde que empece a vivir aquí y aun resiste. Salí de nuestra cueva y empece a caminar hasta el lago. Mientras avanzaba, observe los árboles, algunas flores empezaban abrirse.

Me metí en el lago con cuidado sujetando con fuerza la rama, esperando que pase uno de los peces para cazarlo. Rogaba encontrar uno bien grande para Emmett.

Solté un suspiro luego de cazar el último salmón para Emmett, su favorito. Y con suerte, pude atrapar uno bien grande. Así que, empezara su día de buen humor.

De regreso, en el camino pude encontrar unas moras, saque bastante y los guarde en mi bolso. También me cruce con el lago, me arrodille y bebí agua con mis manos, se sentía mas refrescante. Solo necesitaba algo para llevar agua, pero no sabía en qué. Vengo tres o cuatros veces al día a beber agua para no deshidratarme. Observe mi reflejo en el agua, mis ojos eran como la miel, mi pelo era como el fuego de Emmett, tenia unos labios carnosos, mi nariz puntiaguda.

Metí un mechón detrás de la oreja. Hacia calor, pero no como para desmayarme. Solo iba con una tela suelta sobre mí que sujetaban unas cuerdas en mi cintura, aunque también en mi pecho habían escamas que de vez en cuando se le caían a Emmett y lo convertía en algo que se me ocurría.

Sonreí al recordarlo la primera vez que vi una escama en nuestra cueva, cuando lo tome, sentí que era duro. Me probé en mí e imagine en hacerme alguna prenda. Cuando se lo enseñe a Emmett con entusiasmo ante esa idea, él solo me rodeo los ojos y se acostó para dormir. Me ofendí, por supuesto. Pero eso no me desanimo la idea. Por un tiempo recolecte escamas hasta que finalmente, pude hacerme mi primera prenda. Nos veíamos iguales. Me sentí muy feliz cuando me lo probé. Y cuando se lo enseñe, al principio me observo de cabeza a pies y me soltó un pequeño humo sobre mí. Lo tome como una aprobación. Combinaban con mi pelo rojo.

Cuando volví a nuestra cueva, Emmett seguía durmiendo en la misma posición que estaba antes de irme.

— Emmett, conseguí tu salmón favorito. — canturreé.

Apoye el salmón sobre una gran roca y me aleje, mientras sacaba mis frutas. Emmett vomito fuego suavemente sobre el salmón, lo suficiente bajo para calentar su desayuno antes de mascar y tragárselo.

— ¿Quieres otro? — le mire.

Emmett gruñó bajito apuntando su roca después de mirarme. Significaba que sí quería otro ya sobre su roca. Sonreí mientras sacaba el otro salmón y lo deje sobre su roca. Hizo lo mismo que antes para calentar su desayuno y se lo comió.

Me acerque a acariciarlo su cuello, tenia la forma de una serpiente. Estudie a todos los animales y trate de compararlos con mucho cuidado. Como por ejemplo: su cabeza tiene como la de un caballo. Una vez vi tantos caballos corriendo en la misma dirección, recuerdo sus pisadas y que corrían con desesperación, como si huyeran de algo; sus garras son como de un águila, los había visto tantas veces volando sobre nuestra cueva.

Siempre me dije que, al otro lado de las montañas viven algo o algunos mas peligroso. De vez en cuando veía humos, como si hicieran una fogata pero nunca se acercaron tanto. No como para averiguar nuestra ubicación. Es por eso que casi no dejo que Emmett vuela.

Por su seguridad.

Tome una piedra bien afilada y empece a dibujar sobre la pared de rocas. Rápidamente, dibuje el paisaje frente a mí antes que el sol subiera mas. Aunque solo sean unas líneas, lo hacia a la perfección.

Sonreí por el resultado.

Me di la vuelta, tome mis cosas una vez mas y me acerque despacio, para no espantarlo —suena dramático— pero, hace que se ponga de mal humor si llego asustarlo sin querer. Como una vez, lo desperté con un grito —de emoción, por cierto— porque estaba lloviendo suave, para que crezcan la comida y las flores no mueran. Emmett me fulminaba con la mirada y hasta pregunte estúpidamente si lo asuste, luego me disculpe. Aunque, lo único que recibí fue ser ignorada.

Desde entonces, trato de tener cuidado con mis emociones exageradas.

— Emmett…

Ese me mira, con la cabeza inclinada y sus ojos rojos sobre mí.

— Iré a trabajar, ¿si? Intentaré volver antes que el sol este sobre nuestras cabezas. Ya sabes, trata de no hacer ruido.

Emmett suelta un suave gruñido antes de apoyarse sobre el suelo y cierra los ojos.

Sonreí, negando la cabeza.

De vez en cuando trato de molestarlo con que “no haga ruido”. Pero, lo decía muy en serio. Hubo cuevas que hacían ecos antes de conseguir este lugar que llamamos “hogar”. Otras veces, creía que podríamos acercarnos al mar, pero era muy arriesgado. No conocía nada mas fuera de nuestro limite. Tardaría dos o tres días en retornar a mi hogar, mi único lugar seguro y el único lugar seguro para mi dragón.

Nuestro hogar es un refugio contra todo tipo de tormentas.


Me gusta observar el cielo; y cada vez que lo hago pienso lo mismo: que belleza, que perfección. Un día me puse a pensar más allá de eso, y me di cuenta de algo, “el cielo es tan diferente cada día, y aún así siempre es hermoso”.

La mayor parte trabajo con mis manos, corto la madera para la fogata, recojo las frutas, llevo agua, pero algunas veces cuando por ejemplo: una gran roca esta por caerse desde una cascada de agua, me quedo en una posición y me concentro, mirándola fijo el objetivo sin parpadear levanto una mano y unas ondas mandan hacia la roca y lo sujeto. Lo tomo como si fuera lo mas liviano y lo bajo con mucho cuidado en un lugar despejado.

Sonrío divertida al ver un conejo comiendo una manzana roja, la forma que mastica y mueve su hocico es tan gracioso.

Una ardilla corría subiendo a un árbol con su comida que llevaba haciendo que sus cachetes parecieran un par de nueces grandes.

Todo lo que hay a mi alrededor es hermoso, es precioso, es maravilloso. Todo esta bien cuidado.

Me considero como “guardiana” de la naturaleza, sobre todo, la criatura enorme que vive conmigo, mi mejor amigo.

Cada árbol, cada flor, es arte, yo busco la armonía en esa obra perfecta de la naturaleza.

Trato que todo este en su lugar y que todo este perfecto. También me dedico a cuidar y sanar a todo aquel que este herido. Algunas veces, me rompía el corazón por no salvarlo a tiempo y volvía a la cueva tan triste. Emmett me consolaba con su cabeza sobre mí mientras le explicaba lo ocurrido.


“—Tenía el ala rota. Al principio, no confiaba en mi. Trate de traérmelo a casa y cuarto, pero se desesperaba y termino abriéndonoslo peor su ala y… dejo de moverse.

Un dolor en mi pecho se presenció.

Una lágrima cayo por mi mejilla.

[…]”


Me escuchaba y me consolaba hasta que me haya calmado un poco. Creo que es porque podía escuchar mi corazón.

Una vez, me caí y me raspe la rodilla. Dolía muchísimo, peor era cuando trataba de curarme con césped molido y agua. Con todas mis fuerzas, trataba de llegar hasta la cueva, hasta volvía arrastrándomelas.


“Emmett se preocupo muchísimo, sus ojos rojos se marcaron tanto, que casi parecía salir fuego de ello.

Gruñía.

Con su pata me ayudo a no esforzarme mas, me cargo sobre ello y me llevo dentro. Con cuidado me apoyo cerca de él y trate de acomodarme para que mi rodilla no chocara con algo y doliera peor.

Lloraba fuerte sobre Emmett.

Lloraba tanto, cuando su rostro se acerco. Vi sus ojos tan, tan cerca. Rojos como la sangre. Y vi como una lágrima salía y cayo sobre la herida.

Con los ojos abiertos de la impresión, observo como la herida se iba disminuyendo hasta desaparecer en un vapor pequeño. Parpadeé para que mi vista no me engañara y toque con cuidado donde estaba mi piel y no sentía nada.

Jadee.

Miré a Emmett.

— Me curaste.

Sus ojos rojos mostraban un brillo, podía ver mi reflejo en ello.

— Tus lágrimas tienen poderes curativos. — dije, sorprendida.

Sonreí.

Sonreí, y le puse una mano sobre él y le acaricie con delicadeza. Cerré los ojos apoyando mi frente sobre él.

— Gracias.”


Me encanta la primavera, es la época en que todo florece. Todo es tan verde y también hay muchos colores por las flores y frutas. Las abejas están sobre las flores, las aves vuelan alrededor de los árboles.

En otoño todo se tiñe de un color rojizo, anaranjado, amarillo y café. Apenas se ve el verde o casi nada. Las hojas crujen y salen muchas semillas. Que donde las ardillas toman unas cuantas y llevan a su hogar en un árbol.

En invierno, todo se cubre de un manto de nieve. El verde se remplaza por el blanco. No hay pasto, los arboles aun son visibles cubiertos de nieve. El lago se congela de vez en cuando.

Estoy en un lugar hermoso.

Donde la naturaleza vive.

Donde aún respira.

Mis ojos se agrandaron al igual que mi sonrisa cuando vi un ciervo a unos pasos de mí. Me escondí rápidamente detrás de un árbol, los ciervos huyen cuando ven a un humano. Así que trate de no asustarlo. Pude observarlo tan bien esta vez, sus astas son enormes. Había estudiado que mudan sus astas cada año y les crecen otras nuevas. Lo sabia visto con mis propios ojos.

Me levante con cuidado de no toparme con otra criatura. No sabia si había venido solo o con su manada.

La vida tiene cosas mágicas, los atardeceres, el mar, el cielo, el sonido de la naturaleza, los animales.

Que hermoso es to—

El corazón se me detuvo de golpe. Di la vuelta bruscamente cuando oigo un ruido haciendo caer mis cosas.

Me maldije mentalmente por el ruido que ocasione.

No sonaba para nada como había estudiado todo lo que había aquí. Observe a mi alrededor y agache mi cabeza rápidamente para no ser vista. Arrastre mis pies, tratando de no pisar ninguna rama y romperlo para evitar el ruido. No lograba captar nada que llamará mi atención, ni que fuera algo diferente.

Sabía defenderme, lo había practicado tantas veces, días y noches con la cola de Emmett y un palo de madera. Los entrenamientos eran duros hasta hacerme sudar, sufrir, llorar, agotar y Emmett quería asegurarse que me convirtiera en una mujer fuerte e independiente.

Honestamente, siempre me ponía nerviosa cualquier cosa fuera de lo normal — al menos, para mí— y no saber cómo reaccionar. Pero, sea lo que fuera, no tenia que ser vista o me llevarían al otro lado de la montaña. Donde yo lo considero “peligro”.

Me escondí detrás un arbusto que me tapaba lo suficiente, mis ojos movían a todos lados.

Tenia el pulso acelerándome. Mi corazón golpeaba con fuerza mi pecho, como si en cualquier momento se saldría.

De lejos, observo como se acerca un caballo blanco, era precioso, era tan blanco como la nieve, pero no estaba solo. Iba un hombre sobre él. «¿Un jinete?» — pensé. Solo se veía sombra, no podía ver su rostro con claridad.

No había nadie mas con ellos. Solo estaba aquel jinete. Solo.

Me preguntaba si se habrá perdido.

De todos modos, no podía hacer ni el mas mínimo ruido. No confiaba en ese extraño.

No podía ayudarlo.

Seguía en la misma posición tratando de mantener quieto a su caballo, parecía estar buscando algo. Al no lograr su objetivo, se dio la vuelta y se fueron corriendo.

Espere un rato mas, asegurándome que no volviera.

Solté el aire que contenía ya mucho rato dentro de mí.

Tenía que volver rápidamente a la cueva. Pero tenia que esperar un rato que se aleje un poco para que no sospeche nada, mucho menos escuchar mis pasos.

Recogí rápidamente mis cosas como pude y lo apoye frente a mi pecho para evitar que se volvieran a caer. Empecé a caminar, de vuelta a mi hogar. Observando a todos lados. Mi corazón bombardeaba con fuerza, podía jurar que estaba sudando en la frente y se me erizaba los pelos.

Solté un suspiro de alivio al estar a diez pasos de mi hogar. Me di cuenta que tarde mas de lo normal, lo sabia por la puesta del sol.

Bajo el cielo de tonos dorados y rosados, detrás de las montañas, se alargan las sombras, el día se retira.

Emmett estaba despierto, inquieto. Sus orejas no dejaban de moverse. Sus músculos y las membranas de su cuello estaban tensos.

Al verme, me observo de pies a cabeza. Intento acercarse, pero levante ambas manos.

— Tranquilo. Tranquilo, estoy bien. — hable, rápidamente. — Siento mucho que haya tardado.

Sus ojos rojos no apartaron de mí. Una vez más, me observo de pies a cabeza, como si se asegurara que estuviera bien.

Emmett esperaba una explicación. Y… tenía que decirle lo que había visto.

— Tuve que esconderme. — trague saliva. — En el bosque… vi a un jinete.

Emmett empezó a gruñir bajito. Sus ojos no apartaron de mí.

— No lo vi muy bien, tuve que esconderme. Me dio pánico cuando escuche unas pisadas fuerte que venían rápidamente y fue cuando vi al caballo. Era un caballo hermoso y era blanco.

Trague saliva, y fui a mi roca a dejar todo lo que pude recoger. Acomodándolos. Tenia suficiente para un tiempo, pero conservarlo, no duraba tanto ya que se empezaba a podrir.

Mi mente estaba al otro lado. No dejaba de pensar en aquel jinete y el miedo me invadía, mis pensamientos horribles hacia que se me erizara la piel.

Solo sabia una sola cosa…

Ya no estaba sola.

Es decir, desde que tengo memoria, no había visto a ningún otro humano tan cerca. Emmett me explico sobre ellos, sobre la maldad que hacían y que no eran de confiar. Emmett dijo que la humanidad son mucho, mucho mas peligrosos. Que dañan todo lo hermoso de la naturaleza. Que se creen superiores que cualquier otro.

Y es lo que me da rabia.

Note que Emmett se acerco a mi lado, su cabeza apoyaba sobre su pata pero sus ojos no apartaban de mí.

— Estoy bien, Emmett. Solo fue un momento de susto. — le acaricio la cabeza. — Voy hacer la cena, ¿esta bien?

Intento mostrarle mi mejor sonrisa para que estuviera tranquilo. De todos modos, solo fue un susto. Es todo.

De todos modos, no era porque tuviera miedo. Sino, porque después de mucho, muchísimo tiempo que veo un humano, y si esta mucho mas cerca que hace unos años, significa que estaremos en problemas serios.

Tal vez no ahora, pero ¿qué pasa si mañana…? Tendría que buscar un nuevo lugar para Emmett y para mí. Tendremos que mantenernos a salvo.

Observo de reojo fuera de la cueva. El cielo ya oscureció y las estrellas aparecían en el cielo poco a poco, la luna llena empezaba a iluminar el bosque.

Suelto un suspiro y trato de evitar mis pensamientos y concentrarme en hacer la cena. Emmett escupió bajito sobre los troncos que prepare para hacer la fogata, haciendo que nuestro hogar se iluminara. Clave el pescado con una rama y lo lleve al fuego. Haciendo dar vueltas hasta que oscureciera un poco o se sintiera el olor.

Mi pelo se iluminaba como el fuego.

La noche…

Poco sé de la noche, pero la noche parece saber de mí y más aún, me asiste como si me quisiera, me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.

Si las estrellas pudieran hablar…

Me dan ganas de invitarte a un paseo. A un sitio tranquilo; en la pradera.

Se pone inquieto mi corazón cuando pienso en mis cómplices. Las estrellas.

Dos estrellas, se reflejan en el cielo, como dos soles al brillar.

Mientras la oscuridad revela, las estrellas brillan alto…

Se qué sonará estúpido, pero siempre imagine que una de esas estrellas son los Dioses, lo que controlan la madre Tierra:

• Zeus: El rey de los dioses y gobernante del cielo.

• Poseidón: El dios del mar y los terremotos.

• Afrodita: La diosa del amor y la belleza.

• Atenea: La diosa de la sabiduría y la guerra.

• Apolo: El dios del Sol, la música y la poesía. • Hefesto: El dios del fuego.

• Artemisa: La diosa de la caza.

Lo estudie en un libro que encontré hace unas semanas en el bosque, estaba abandonado. Me impresiono lo que se trataba de los dioses del Olimpo.

Si pudiera… ser como uno de esos dioses con un gran poder solo para proteger nuestro hogar. ¿O si pudieran escucharnos nuestras suplicas y ayudarnos?

Mi mente no me dejaba tranquila.

Sentía un presentimiento, pero no de los buenos. Sino, que todo la paz que vivi hasta ahora, la paz, la tranquilidad, el tiempo termino.

Ver a un extraño en nuestras tierras, nuestro lugar sagrado cambio todo.

«¿Quién era ese extraño?»

Si tan solo pudiera despertar a Emmett, preguntarle y esperar mientras piensa cómo responderme. Emmett me explico muchas cosas sobre la maldad que había en el mundo y lo crueles que la humanidad pueden ser. Y que yo… tengo un gran corazón de oro, que no soy capaz de dañar a nadie, ni siquiera a un insecto.

Lo sabia… él sabia que no iba hacerle daño la primera vez que nos vimos. Y trato de que yo supiera que tampoco iba hacerme daño.

Cuando nos conocimos, parecía que una conexión fuerte entre nosotros se ilumino.

Admito que me dio terror cuando lo vi, era grande, muy grande y yo, era muy pequeña. No fisicamente como ahora. Tenia un cuerpo mas pequeño, mi voz sonaba diferente, pero mi cabello se veía igual de largo como ahora.

Sus ojos eran tan rojos como la sangre, como la flor de una rosa. Mi reflejo se veía a través de sus ojos grandes, parecía que podía ver mi alma en ello.

Y… sentí, sentimos una conexión.

Levante la palma y espere…

Espere que, tal vez, pueda confiar en mí y espere que diera el primer paso.

Recuerdo haber cerrado los ojos mientras mi corazón latía con fuerza, tenia la cabeza agachada, pero nunca moví mi brazo ni mi mano. Y cuando sentí que toco mi mano, solté el aire dentro de mí. De reojo lo miré y cuando levante el rostro, lo mire muy bien. Y de pronto, ya no sentía miedo. Ya no me sentía sola.

Cada día me siento más naturaleza. Siempre me ha maravillado, me he fijado en ella y la he disfrutado.

Hoy fue un cambio inesperado: los humanos estaban cerca que podrían dañar todo lo que nos rodea. Estaba segura.

Sea como sea, tengo que defenderla y protegerla.

El jardín — de mi hogar— hay flores de muchos colores, cada una tiene un vestido hecho de rayos de soles.

Las abejas las visitan, las mariposas también, y las flores se sonríen al ver tanto vaivén.

Cuando llega la primavera, el jardín se llena de vida, y el viento juéganos entre las ramas.

Tengo una nueva misión.

Todo aquello debo protegerla.

También debo proteger a Emmett…

Nunca me lo perdonaría si llega a pasarle algo por mi culpa. Por querer defenderme. Por querer arriesgarse para protegerme.

Es un dragón enorme, gigante y podría salirse de control si me ve en peligro, lo que sea para salvarme y llevarme lejos, muy lejos. Y tendríamos que empezar a vivir de nuevo, comenzar de nuevo.

Es el único de su especie, que yo sepa. Nunca mas vi otro dragón, ni Emmett sintió la presencia de otro dragón, ya sea con su gruñido, su grito o incluso el fuego que escupe. También las alas que se extienden sobre el humo. Si pudiéramos viajar lejos, muy lejos al otro lado del mar, quizás, encontremos otro bosque igual de hermoso, otras criaturas. ¿Quién sabe?

Observo a Emmett. Su respiración es tranquila. Su gruñido es muy bajito.

Cierro los ojos, apoyo mejor mi cabeza sobre Emmett y trato de evitar mis pensamientos, mis preocupaciones por esta noche.

Solo quería descansar y confiar en que todo va estar bien.

Estaremos a salvo.

¡Cuéntale a Marion lo que piensas sobre este capítulo!
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