Capítulo 1
Por primera vez en mucho tiempo Katherine sale emocionada de una audición, pero tiene que apurarse o se meterá en problemas. Pidió a su compañera Amber que la cubriera en el trabajo, sabía de antemano que su jefe no iba a darle permiso, así que no se molestó en avisarle. Ahora corre esquivando peatones y autos para no llegar más tarde. La audición duró más de lo esperado, no podía explicarle a los productores que tenía el tiempo contado para llegar a tiempo al trabajo. Está junto a la puerta de servicio acomodándose el uniforme cuando esta se abre y azota contra la pared, robándole un grito.
—André, me has asustado.
—No te molestes en entrar sabandija mentirosa. No puedo tener camareras irresponsables como tú.
—Cambié de turno con Amber —se defiende.
—Sí, lo sé, pero necesitaba que cubriera a Daisy y gracias a ti, tuve que llamarla de nuevo. Se perdió una importante audición por tu culpa.
—No lo sabía, tenía una urgencia —intenta hacer que su jefe se apiade de ella, no puede perder este trabajo y por lo visto tampoco puede decirle la verdad.
—Si fueras más considerada conmigo cómo lo es Daisy las cosas serían diferentes, pero eres una rata malagradecida.
Daisy accede a pagar con favores sexuales a su empleador para tenerlo contento y así permitirle hacer lo desea. Lo ha considerado, pero le es imposible. Será que al crecer viendo como sus padres se aman, no concibe una relación carnal sin amor, en su cabeza uno va con lo otro.
—André, por favor, necesito el trabajo —implora con los ojos llenos de lágrimas sin derramar.
—Ya sabes lo que tienes que hacer si quieres el trabajo y si no, ni te molestes en entrar. De tu sueldo de la semana, tomaré el costo del uniforme que todavía me debes —el corpulento hombre se gira lentamente antes de cerrar la puerta tras de sí.
Katherine se desploma en la acera, no puede perder este empleo, pero tampoco se va a acostar con su repulsivo jefe solo para mantener un sueldo que apenas le alcanza para vivir. Regresa cabizbaja al cuarto que llama casa. Le urge encontrar un nuevo empleo, tiene retraso de un mes en el pago de la renta y para su mala suerte encuentra al casero en la entrada.
—Hola, hermosa, ¿ya tienes mi dinero?
—Laurence, que bueno que te veo. Estoy por firmar contrato con una marca de galletas para ser la nueva voz de su marketing musical, ¿podrías esperarme unas semanas más?, en lo que termino el papeleo. Te pagaré con intereses.
—Así será, preciosa, pagarás hasta el último centavo —el tono de voz del casero la hace sudar frío.
No pudo realizar el último pago de la renta por comprar otra guitarra. La que tenía se la robaron un día de regreso a casa. Venía de hacer una presentación en un pequeño bar en el cual le fue muy bien. Cerró los ojos por un momento y segundos después sintió cómo le arrebataban la guitarra de las manos, el chico se bajó del autobús al instante, no pudo verle el rostro, fue tan rápido que no le dio tiempo de reaccionar, ni siquiera pudo seguirlo con la mirada. Cuando se levantó del asiento, el ladrón se había perdido en la oscuridad de la noche.
Hace poco más de dos años que llegó a Los Ángeles buscando hacer realidad el sueño de convertirse en cantante, pero con tantas personas igual o más talentosas que ella, no ha logrado sobresalir lo suficiente, hasta hoy. No quiere verse en la necesidad de regresar a casa con sus padres, sabe que puede lograrlo, pero necesita más tiempo y concentrarse de lleno en la música, en lugar de estar sirviendo mesas.
Cuando vivía con sus padres grababa con el móvil y subía los videos a Instagram, desde el principio tuvo buena aceptación. Eso la hizo arriesgarse a probar suerte en L.A. Después de graduarse trabajó como mesera en la cafetería Lone Grove, homónima al pueblo donde vivía. Cuando logró juntar el dinero suficiente para el viaje y poder costearse un tiempo sin la necesidad de trabajar, empacó sus maletas y partió.
Sus padres respaldan sus sueños y desean que logre alcanzarlos, pero le han hecho saber que puede regresar a casa si lo necesita, aunque está consciente que no tiene futuro ahí, los únicos lugares donde podría seguir cantando serían la iglesia y algunos bares locales, posiblemente podría presentarse en uno o dos casinos, pero no hay más futuro para ella en Oklahoma. Por eso decidió viajar a L.A., aunque nunca se imaginó que su sueño iba a terminar antes de siquiera haber comenzado.
Entra al cuarto, porque al espacio de tres por cuatro metros que renta no podría llamarle departamento. La habitación que tenía en casa de sus padres era más grande que esto, pero si es el precio que debe pagar para cumplir sus sueños no le molestan las incomodidades. Después de buscar empleo por horas sin éxito decide hacer lo que mejor sabe hacer, cantar. Después de grabar varias canciones en video con su móvil guarda la guitarra cuando escucha como alguien forcejea con el pomo de la puerta. Afortunadamente, su padre le dio una cerradura de viaje y la coloca sin falta todas las noches, de esta manera evita que se abra por fuera. Revisa por la mirilla y ve a Laurence.
—¡Abre, hermosa, vengo a cobrar el mes de renta que me debes con intereses! —golpea con el puño la puerta.
Se paraliza de miedo al escucharlo, una vibración en la bolsa trasera de sus vaqueros la hace reaccionar. Toma la maleta, mete sus pocas posesiones, coge la guitarra y se acerca a la ventana. Por un momento duda, el salto es de más de tres metros, pero prefiere romperse una pierna a ser violada por el casero ebrio.
Cuando se cree fuera de peligro, saca el teléfono del bolsillo para llamarle a Amber y preguntarle si puede quedarse con ella esa noche, pero antes de que haga algo la notificación que aparece en la pantalla la hace olvidarse de todo. Jason Stevens le acaba de mandar un mensaje en Instagram, se apresura a abrir la aplicación y efectivamente, le escriben desde la cuenta verificada del famoso desarrollador de programas y tecnología.
Tu interpretación de esta canción me conmovió hasta las lágrimas, tienes voz es hermosa. Veo que también vives en L.A., si tienes programada alguna presentación, avísame, me gustaría asistir.
Katherine no puede creer lo que lee, el famoso e introvertido personaje se ha conmovido por su interpretación de una vieja canción de country.
—Oh, Dios, este día no podría ser más loco —murmura mientras toma asiento en la parada del autobús.
Me alegra saber que te gustó mi versión de esta vieja canción. En este momento me encuentro en una situación complicada y no podré realizar presentaciones por algún tiempo.
Jason Stevens responde de inmediato.
Me da mucha pena saber eso, si hay algo en lo que pueda ayudarte, no dudes en pedirlo. ¿Haces presentaciones privadas?
Su mente corre a mil por hora, esta puede ser una oportunidad para salir de manera momentánea de sus problemas. Así que lanza la moneda al aire, no tiene más que perder.
Si tienes tiempo hoy, para mí es perfecto, ya qué no sé si mañana seguiré en L.A.
Parece que la suerte está de su lado ya que recibe una respuesta casi de inmediato.
En ese caso, me gustaría contratarte para una presentación, ¿puedes llegar a Calabasas?
Busca en su cartera el poco dinero que le queda. Contaba con el pago de hoy para poder terminar el mes, pero en vista de los hechos ocurridos a mediodía, se encuentra corta de efectivo. Rebusca en la maleta, en la funda de guitarra y hasta en sus bolsillos por alguna moneda o billete perdido. Mientras en Hidden Hills, Jason no puede creer lo que acaba de hacer. No es aficionado a las redes sociales, pero ese día necesitaba desconectarse de todo y por error terminó en Instagram, cuando escuchó su voz no pudo cerrar la aplicación como era su objetivo. Lo que escuchó lo hizo estremecer y sentirse vivo, como hacía mucho tiempo no se sentía, en ese momento de euforia mandó el mensaje, no esperaba que la chica de la angelical voz le respondiera tan pronto.
Katherine comienza a hiperventilar, no cuenta con el dinero suficiente para el pasaje. Está por darse por vencida, cuando en una de las bolsas de su chaqueta, encuentra un billete y unas cuantas monedas.
Sí puedo llegar a Calabasas, te mando mi número de teléfono. Te aviso cuando llegue.
Es lo último que escribe antes de dirigirse al centro de la ciudad para tomar el autobús que la acerque con Jason Stevens. Afortunadamente, la parada en la que se encuentra, la lleva en esa dirección, parece que las cosas comienzan a mejorar después de todo. Durante el trayecto de casi dos horas no deja de pensar si lo que está haciendo es correcto, no conoce a Jason Stevens, aunque es una figura pública, podría ser un pervertido o peor, un asesino. Su mente no deja de divagar entre escenarios buenos y malos, pero todo se interrumpe cuando el autobús llega a su destino. Aunque lo desee no hay marcha atrás, pagó hasta con el último centavo el boleto que la llevó ahí. Desciende del autobús, lo más segura que pueda estar en esa situación.
Antes de tomar el autobús logró cambiarse de ropa por algo un poco más presentable y se aseó lo mejor que pudo. Al bajar el aire frío le pone la piel de gallina, posiblemente, usar vestido no era la mejor opción, pero todos sus vaqueros estaban sucios y presentarse desalineada no le va a ayudar a causar una buena impresión.
Saca su teléfono para avisar que ya llegó cuando se da cuenta que se ha quedado sin datos. Esto solo le podría estar pasando a ella, piensa, ahora ¿qué va a hacer?, sin dinero ni datos para mandar un mensaje, tampoco tiene el número de Jason para llamarle. Está comenzando a hiperventilar cuando el móvil en sus manos suena con una llamada de un número bloqueado.
—¿Hola? —contesta cautelosa.
—Hola, Katherine, ¿Katherine Taylor?
—Sí, soy yo, ¿quién habla?
—Disculpa por no presentarme antes, soy Jason Stevens, me parece que tu autobús acaba de llegar, ¿no es así?
—Sí, voy bajando, ¿cómo lo sabes? —ignora la pregunta y continúa.
—Camina al estacionamiento y verás un auto negro con las luces encendidas, está a unos pasos adelante, a la izquierda.
Tal y como dice la varonil voz al teléfono, encuentra el auto negro con las luces encendidas.
—¿Estás en el auto?
—No, mandé a alguien por ti, sube. Te espero dentro de unos minutos —dice la sexy voz antes de cortar la llamada.