Los visitantes
Díaz dejó caer el archivo sobre el escritorio polvoriento mientras se rascaba la frente llena de sudor. El caso que ahora lo ocupaba no tenía ninguna gracia para alguien tan curtido como él: una desaparición en una institución psiquiátrica. Un juego para algún otro payaso, pero que ahora, gracias a la atención mediática que estaba recibiendo, lo obligaba a formar parte del circo.
Sin duda, la prensa había hecho grandes esfuerzos por una primera plana. Desde acosar en repetidas ocasiones a la ya distanciada familia del desaparecido, hasta aparecer de forma incesante en la División de Investigación para obtener nueva información sobre el caso con la que llenar sus columnas amarillistas. Información que, paradójicamente, estaba siendo cada vez más difícil de encontrar.
Con pesadez, se acomodó en su vieja silla de escritorio para leer el primer informe. No había tenido mucho interés por aquellos archivos que no le fueron proporcionados en un principio, pues supuso que todo había sido planificado y obtendría más información hablando con los trabajadores del centro.
Pese a sus tácticas habituales, los esfuerzos habían caído en saco roto esta vez. La mayoría de empleados estaban demasiado asustados por las sanciones que recibirían si decían algo que perjudicara a la Institución como para atreverse a declarar. Díaz entendía su posición. Aun así, sus superiores lo estaban forzando a quemar todas las opciones antes de brindarle la despedida definitiva. No ayudaba en absoluto su fracaso en el caso Saldaña ni la investigación interna por corrupción de años atrás. Aunque no fue hallado culpable, eso no detendría a su sargento de entregarlo si con ello aseguraba su puesto. Al final, él habría hecho lo mismo.
Solo es un estúpido caso más. Puedes con esto, se repitió, mientras sacaba el último cigarro de una cajetilla desgastada: un viejo hábito, heredado de sus instructores durante los primeros años en la fuerza.
Con la mente más calmada, dejó atrás esos pensamientos, y abrió el archivo.
Hospital psiquiátrico Loftus
Registro clínico N° 023 742
Datos del paciente:
Apellidos y nombres: Ramos I.
Edad: 27 años
Sexo: Masculino
Fecha: 16/07/29
Motivo de consulta: Paciente manifiesta alucinaciones visuales transitorias durante el transcurso de la noche.
Antecedentes:
Médicos: No presenta antecedentes previos.
Psicológicos: No presenta antecedentes psicológicos.
Familiares: No presenta familiares con casos similares.
Historia clínica:
El señor R. ingresa a consulta, se muestra desorientado, mirando compulsivamente a las paredes. Su estado físico corresponde con la tensión que muestra al ingresar. Presenta signos marcados de fatiga periorbitaria, compatible con una privación crónica del sueño. Saluda de forma apresurada y procede a sentarse de forma irregular en el sillón, no evidencia signos visibles de agitación psicomotora durante la evaluación inicial.
Al ser consultado sobre su ocupación, refiere que trabaja de forma autónoma como diseñador para páginas web. Actualmente vive con su pareja y su mascota (gato siamés) en un pequeño departamento ubicado en el centro de la ciudad. Los cambios más recientes en su vida corresponden al viaje realizado por su pareja debido a motivos familiares y al motivo de su consulta, al cual denomina reiteradamente como "ese asunto".
Al solicitarle que relate el motivo de su consulta, su voz adquiere un tono menos decidido. Con una expresión facial marcada por el cansancio, refiere que en las últimas noches no ha podido dormir por una sensación persistente de ser observado y acechado.
El paciente continúa su relato. Las primeras veces no le afectaba demasiado, pues se sentía acompañado de su pareja, desechando estas sensaciones como un mero miedo infantil. Mas, al tener que viajar hace unas semanas para visitar a su madre por motivos de salud, la situación cambió notablemente.
En ese tiempo, ha sentido como una opresión constante se apoderaba de su pecho cuando se quedaba demasiado tiempo en una habitación, ya sea mirando vídeos, trabajando, o jugando en sus tiempos libres.
Esta persecución no ha hecho más que incrementarse en sus propias palabras. Últimamente cree estar viendo sombras moverse cuando deja de observar la pared. La sensación se ha intensificado tanto que es incapaz de mantenerse trabajando en casa y ha tenido que recurrir al café de la esquina para sentirse acompañado mientras trabaja.
No puede conciliar el sueño por este mismo motivo, por lo que ha tenido que recurrir a la medicación por vías no formales (quetiapina).
Su intención al acudir a consulta es poder volver a dormir con tranquilidad, aliviando esa sensación de angustia para que su novia no esté tan preocupada al volver.
Observaciones:
Paciente evidencia consistencia en su relato. Pese a la inverosimilitud objetiva del contenido, se muestra firmemente convencido de su veracidad, refiriendo un inicio tardío y un desarrollo progresivo del cuadro.
Describe alucinaciones visuales en forma de "sombras". Niega la presencia de alteraciones auditivas u olfatorias relacionadas.
Su narrativa sobre los episodios de alucinaciones visuales y la persistente sensación de ser observado apuntan a un cuadro de aparición súbita, sin antecedentes previos documentados.
Prediagnóstico:
Con base en los síntomas actuales, se sugiere un posible 6A23.0 Tx psicótico agudo y transitorio, primer episodio (TPAT)
Recomendaciones:
Pese a negar la experimentación de eventos traumáticos recientes, no se descarta la existencia de estresores no identificados. Se recomienda explorar la posibilidad de experiencias traumáticas reprimidas o factores emocionales/ambientales no explorados.
Plan de acción:
Evaluación psiquiátrica con énfasis en la detección de psicosis breve.
Intervención semanal directa con monitoreo constante para medir el progreso del TPAT en el paciente y evitar el riesgo de despersonalización y posible evolución a un trastorno psicótico más persistente.
Evaluaciones neurológicas para el descarte de causas orgánicas subyacentes.
Dr. Jorge Magallanes.
Exhaló largo y pausado. Todo el documento estaba lleno de verborrea clínica, para resumirse en lo que ya sabía por posteriores informes: un hombre que empezó a sufrir de alucinaciones y terminó internado para luego esfumarse, un verdadero guion de película.
Apoyó el mentón con la mano sobre el escritorio, algo olía mal. No creía en lo sobrenatural ni mucho menos. No. En todo caso, parecía una fuga orquestada. ¿Pero con qué motivo? ¿Es que acaso no se había recluido por decisión propia? Ni la familia ni amigos habían estado enterados de su internamiento hasta que la noticia se hizo eco.
Su mente volvió a la conversación de la tarde anterior. Pasando la estática y el sonido de una comunicadora de hospital se escuchaba la respiración entrecortada de la mujer al otro lado de la línea.
-Nos dimos un tiempo oficial. Fue su decisión.- el sonido era apenas más que un murmullo.- "Necesito entender lo que esta pasando", eso me dijo. ¿Qué se supone que significaba eso? ¿Tiene algo que ver con su desaparición?
-Aún lo estamos investigando, señorita.
-No lo suficiente.- la respuesta fue seca y cortante.- Usted no entiende, yo...yo- su voz se entremezclaba con el llanto que intentaba ocultar de forma vana.- Mi pobre madre esta aquí conmigo, ella no puede caminar, y si yo no estoy. ¿Quién verá por ella? ¿Quién lo buscará?...¡Ni siquiera puedo volver! ¡¿Por qué me hacen esto?!- Su grito desgarrado fue interrumpido por el zumbido del auricular al colgar.
No. No recibiría más contacto de su parte. Ramos había eliminado todas las posibilidades de búsqueda antes de embarcarse en su gran misterio.
Cansado, se miró en el pequeño espejo que tenía en el cajón del escritorio. Estaba algo sucio, lo limpió con la palma. Así esta mejor. Se abotonó la camisa hasta el tope mientras ordenaba su corbata. Tenía que mostrar la mejor impresión ante la recepcionista si no quería volver a ser echado a patadas. Solo le quedaba ese curso de acción, tendría que volver al hospital Loftus.
El hospital era de un pulcro blanco quirúrgico, le recordó las visitas al oncólogo con su madre. Desde el sofá empezó a distender la mirada en busca de algo que hacer mientras esperaba. A través de una puerta entreabierta de pasillo pudo distinguir a una serie de estudiantes en bata blanca siguiendo a un doctor. Todo lo que hablaba era anotado en las libretas de esos jóvenes. ¿Acaso saben lo que están haciendo? ¿O solo juegan con la esperanza de las personas?
De cuando en cuando le hacía pequeñas miradas a la recepcionista recordándole que, aunque quisiera, estaba allí por mandato superior y no podría simplemente irse sin más información.
Ya se acercaba al mediodía cuando por fin una figura se aproximó hasta detenerse frente a él. Llevaba una barba cuidada y una bata de color blanco hueso. Lo miró, expectante.
- Detective Díaz.- dijo la figura misteriosa.
-Doctor Magallanes, es un gusto, no es de buenas formas hacer esperar a una visita -hizo una seña relajada con la mano hacia el sillón que estaba al lado.- Por favor, tome asiento.
-No soy el Dr. Magallanes.- replicó.
El detective arqueó una ceja.
- Entonces, ¿Con quién tengo el placer?
- Soy el jefe de la unidad de Internamiento- dijo el hombre, mientras acomodaba su corbata. - El doctor Ramírez.
-Comprendo, comprendo. ¿Entonces usted me dará la información que necesito? - encendió un cigarrillo.
-No, ms le ayudaré a contactarse con él, el consejo de ética tiene que discernir unos asuntos clave, yo seré el conducto mediante el cual tendrá su reunión.- Díaz pudo percibir cierto malestar en su voz- También, tengo que preguntarle unas cosas.
-Y así será doctor. ¿Ahora, nos ponemos en marcha?
Ramírez asintió en silencio, meditando unos segundos antes de brindar una respuesta.
- Sé que hay mucho en riesgo, pero no puedo arriesgarme. - tenía la mirada cabizbaja - Hay unas cuantas condiciones que debe aceptar para llevarlo con él.
- Hable, y veré que puedo hacer- Dijo, soltando la ceniza de su cigarro con un golpe.
- No podrá brindar ninguna información personal del Dr. Magallanes a la prensa. No lo digo solo por su reputación, la mía, la del hospital, nuestro trabajo...
- Ahórrese la palabrería doctor, no me interesa la prensa. Lo que investigo es asunto mío.
- ¡No sea impertinente! – respondió Ramírez con frialdad. - Quizás para usted sea difícil de creer, pero no todos son peones de su voluntad y su fría burocracia.
- ¡Vaya, pero si casi pareciera que esta hablando de alguien más!- dijo Díaz, exhalando el humo hacia un costado- Esta bien, esta bien, sin nombres.
-No quiero preguntas no relacionadas al caso. Limítese a preguntar solo que necesita para su investigación, ¿Queda claro?
- Perfectamente, ¿algo más?
El doctor se acomodó el saco, un ligero viento se había colado por los ventanales.
- Nada de grabaciones, ningún registro grabado ni documentos u objetos que pueda llevarse.
Díaz lo miró, malhumorado.
- ¿Y el motivo sería?
-El doctor tiene a su cargo muchos casos de pacientes.- continuó Ramírez, bajando la voz en el vestíbulo- Aunque nos encontramos en una posición frágil, confío en su juicio para evitar que la información de los no relacionados se filtre. Antes que se fuera él... no estaba en la mejor de las posiciones.
-¿Y lo dejaron seguir atendiendo?- Díaz soltó una ligera carcajada- No pensé que fuera tan sentimental.
-Y no lo soy. Jorge es uno de los mejores en su campo, la manera en la que trata cada caso de forma personal nos ayuda a lograr los mejores resultados con los pacientes. Esta vez se obsesionó y fue más allá, encontré algunas notas que pueden ser de su interés. Memorícelas, porque será la última vez que las vea.
Esta vez fue Díaz quien dio fin a la conversación, molesto por ese idiota.
- No perdamos más el tiempo, se cumplirán sus condiciones.- dijo mientras sacaba otro cigarrillo del bolsillo de su camisa.- Pero téngalo claro, si encuentro que el doctor es culpable de la desaparición, moveré todos mis recursos para hacer que sea arrestado y enjuiciado en menos de lo que ustedes esconden la cola para protegerse del daño colateral.
-Seguro que sí. Nuestro taxi ya está aquí, vámonos.
El trayecto por la carretera los alejaba cada vez más de la ciudad. A medida que avanzaban, las casas desaparecían para dar paso a grandes zonas agrícolas. No se creía capaz de poder hacer ese recorrido durante una hora todos los días, moriría de aburrimiento intentando silenciar la mente.
-¿Todos sus médicos viven así de lejos?
-Solo Magallanes, le gusta su privacidad.
-Ya veo. No es el único, pero uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, ¿Verdad?.- volteó a mirar al doctor- ¿Y bien? ¿Me dará las notas?
-Sí, pero yo no …- Se detuvo antes de continuar con lo que iba a decir. Sus ojos se perdieron por un momento en el paisaje antes de cederle un gran folder. -Quizás usted le encuentre más sentido del que yo pude.
El archivo era una gran pila de hojas con símbolos garabateados sobre hojas con impresiones erróneas. Algunas eran espirales hechas con líneas irregulares abordando toda la página, mientras que otras mostraban un intento de escritura ordenada que se perdía luego en un montón de garabatos. ¿Qué es toda esta mierda? Díaz no se lo podía creer.
-¿Acaso esto es una broma?
-No. Yo tampoco entiendo qué significa.
-Soy un investigador con un carajo. No una clase de lingüista para entender todo su galimatías. ¡Esto ni siquiera parece un idioma!
-Pero tienen un significado. Estos papeles estaban por todo su escritorio cuando se le suspendió. -Ramírez lo miró fijamente- ¿Tiene sentido para usted?
¿Es que acaso este payaso intenta burlarse de mí? Díaz puso la cara más seria que pudo.
-No, no lo tiene. Solo veo que el dibujo no es una de las habilidades más destacadas del doctor.
-Uno observación muy afilada, ciertamente.
Suficiente de este idiota.
-¿Cree que me gusta estar aquí Ramírez? ¿Hostigando a tipos que se creen más listos que yo mientras estoy aquí en un maldito taxi pudriéndome de calor?
-¿Qué no es así? ¿Sino por qué se hizo detective?
-¡Porque es lo que tengo que hacer!.-dijo, golpeando su muslo con el puño- Es mi trabajo, me guste o no, y me pagan por ello.
-Entonces solo esta por el dinero.
-Al igual que usted, ¿O acaso trabaja solo porque le gusta?
-No. Es verdad, me gusta lo que hago, pero tengo un salario. Aún así, quiero creer que mi intención es más altruista que económica, intentar ayudar a las personas todo lo que pueda. Mejorar sus vidas, y la de sus familias con ello. ¿Tiene familia detective?
La pregunta lo tomó desprevenido.
-¿Qué carajos? ¿Y eso a usted que le importa?
Ramírez no esperó esa respuesta. Quería apelar a su lado humano para reducir la presión sobre Magallanes.
-Perdone, un gaje del oficio. - intentó mantenerse firme en su intento- intentaba...
-Sé lo que intentaba , y la respuesta es no, tenía. Esto no tiene nada que ver con la investigación, la conversación terminó.
-Comprendo, disculpe si lo ofendí de alguna manera.
Ambos hombres se mantuvieron en silencio hasta llegar a la residencia.
Los recibió el ama de llaves, preocupada por ver a los dos hombres extraños frente a las rejas. Uno de ellos dijo que era del hospital en el que el doctor trabajaba, y el otro estaba con la policía. No sabía si pedirle permiso, pero considero que el segundo podría ayudarla.
- Buenas tardes señores. El doctor se encuentra supervisando unas remodelaciones en la zona posterior de la casa, no creo que pueda atenderlos de forma cómoda.
-¿Remodelaciones, señora? - preguntó Díaz.
-Oh, sí, desde hace unos días el doctor me dijo que haría unos cuantos arreglos en la casa. Adentro hay unos cuantos obreros trabajando. Pasen hacia el jardín mientras veo que pueda recibirlos.- Esperó a que ingresara el doctor para agarrar al policía y acercarse a él, temiendo que el otro la oyera- Hay algo muy raro con el señor Magallanes.
-¿A qué se refiere?- le respondió este, en un susurro.
-Últimamente ha estado hablando solo, se queda en la calle toda la noche, y regresa desarreglado. Tiene unas ojeras horribles. Un día hasta lo vi dormir en el jardín, no creo que fuera algo de una sola noche.
Díaz asintió en un breve gesto.
-¿Hace cuánto fue esto?
-¿Lo del jardín? Ya habrán sido unos 8 días, pero lo de sus aventuras nocturnas es todos los días. Él no lo dice señor, pero puedo olerlo. No entiendo qué le pasa, el doctor nunca ha actuado así. Por favor, ayúdelo.- miró a Ramírez- solo puedo confiar en que hará lo correcto.
-No se preocupe por eso todavía, necesito hablar con él por motivos policiales sí, pero no significa que este en problemas. Al menos no si me dice lo que necesito saber.
-Entiendo- dijo la mujer, ya con voz clara- Por favor, continúen con su visita, el señor Jorge estará feliz de ver que tiene gente que se preocupa por él.
Los hombres avanzaron, la mujer los observó alejarse. ¿Se asustarán al verlo?
La casa era sumamente espaciosa, seguramente antaño un hogar familiar, ahora solo quedaba un hombre atormentado y un trabajo que hacer.
Siguieron por un camino empedrado hasta llegar a la puerta abierta al final del jardín. Una serie de obreros se encontraban destruyendo un muro de separación entre la cocina y la sala. Entre ellos estaba un hombre con la espalda encorvada, hablaba algo entre dientes, mirando ocasionalmente a los hombres trabajar. Sus Tenía el cabello grasoso y la frente sudada. Ramírez fue el primero en hablar.
-¿Magallanes?
-¡AH! ¡¿QUIÉN?!- el grito lo hizo saltar sobre sí mismo, perdiendo el equilibrio. Se levantó de un salto, los obreros se le habían quedado viendo. - ¡PÓNGANSE A TRABAJAR! ¡Les pago el triple para que no descansen ni un segundo! ¡Necesito que terminen hoy!
Con furia, se acercó a los dos desconocidos.
-¡¿QUIENES SON?! ¡¿QUÉ QUIEREN?!
-Nosotros...
-¡Nosotros nosotros! ¡¿Nosotros qué?!
-¡MAGALLANES! ¡Soy yo, Ramírez! Tu colega del hospital. ¿Es qué no me recuerdas?
-¿Díaz? Díaz, Díaz... ¡AH SÍ! ¡Díaz, por supuesto! ¿Qué haces aquí?
-Hemos venido por ti, me tenías preocupado, no has respondido a ninguno de los mensajes que te hemos dejado.-Con la mirada señaló a su acompañante- Este es el detective Díaz, esta a cargo del caso Ramos, ha venido para hacerte unas preguntas.
-¿Qué? ¿Ahora?
Díaz intervino.
-Sí. Ahora.
-No puedo, no puedo, no puede hacerse entiende. No ahora.- Movía los dedos en movimientos frenéticos- Necesito unas horas más, por favor. Ya casi lo logro. Hagan lo que quieran mientras tanto ustedes, pero yo necesito unas horas, los veré en la tarde.
Sin darles tiempo a responder desapareció corriendo entre las escaleras del segundo piso mientras farfullaba: ¡Por fin! ¡Por fin!
-¡Oiga, usted! ¡Alto!
Pero no se detuvo.
-¿Vio usted eso?- le dijo a Ramírez- Su colega esta totalmente loco, no creo que vaya a sacar nada en claro de él.
-No sé qué decirle realmente, no esperaba esto para nada.
-Tendré que dar mi informe, ya lo sabe.
-¡Por favor espere! ¡Él dijo que le demos más tiempo! -Ramírez estaba casi de rodillas.
-¿Tiempo? ¿Para qué? -esta vez era Díaz quien no quería tener nada que ver con la entrevista.- Es obvio que la investigación ha llegado a su fin, solo necesito presentar lo que he visto. Unas cuantas llamadas más y su amigo será un nuevo inquilino en el psiquiátrico Loftus, y creo que es lo que se merece. Gracias a él un hombre ha muerto.
-¿Cómo sabe que Ramos ha muerto?
-¿Qué otra cosa puede haber pasado con él, doctor? - Díaz tenía la mirada fría al pronunciar esas palabras - ¿Cree que soy tan idiota como para no darme cuenta de que sus cámaras de seguridad tenían grabaciones alteradas?
-Usted no...
-¡Oh, pero claro que sí! Parece ser que la lealtad de sus empleados no se extiende a sus oscuros secretitos. Unas cuantas preguntas aquí, unos cuantos sobres sorpresa allá, y tuve lo que quería.
-¿Y entonces por qué? ¿Por qué estar aquí?
Díaz saco un cigarro de la nueva caja que tenía guardada en el pantalón.
-Necesito obtener una confesión.- encendió el cigarrillo- Y usted me ayudará a obtenerla.
-¿Yo?
-Sí, es la persona ideal. Hasta ahora ha cumplido su rol a la perfección como un verdadero amigo del doctor, pero necesito que recuerde su rol como profesional. - empezó a adentrarse en la sala, con el ruido de los muros cayendo y el cemento siendo retirado por bloques- ¿Todavía tiene interés por conservar su puesto, verdad?
-Yo no...
-¿Qué cree que dirá el cómite de ética cuando la prensa revele que el jefe de la unidad de internamiento permitió que el psiquiatra a cargo hiciera lo que quisiese con su paciente? Y todo porque-
-¡Ok! ¡Suficiente!- Ramírez tenías las manos sobre la cara- Haré lo que dice.
-¡Bingo! Ha tomado usted una decisión muy afilada, ciertamente. - soltó un poco de ceniza sobre el parqué polvoriento- ¿Entonces? ¿Qué propone doctor?
Ya no había nada que hacer, se esforzó mucho por conseguir ese puesto. Perdóname, Maga. Caminó hasta situarse a su lado, encontró lo que buscaba.
-Por aquí por favor, iremos a su estudio.- indicó con la mano, mientras se dirigía hacia las dos grandes puertas de roble oscuro.
El estruendo de las bisagras encajadas en su lugar ahogó el ruido exterior, dejando fuera el sonido del martillo y los hombres trabajando. El mundo se había reducido a aquella habitación espaciosa.
-¿Una biblioteca? ¿De verdad? Será mejor que tenga algo mejor que esto doctor.
-Ya le he dicho que es un estudio, no una biblioteca. Aquí es donde Magallanes empezó sus investigaciones.
-¿Qué clase de investigaciones?
-Psiquiátricas por supuesto. Aunque no solo eso, ha ido recopilando de todo un poco, estoy seguro que también sobre el último caso y- Sus palabras se detuvieron al ver los primeros bocetos- Allá, mire por allá.
Sobre el pesado escritorio al fondo de la estancia se encontraban más de aquellas extrañas figuras dibujadas. Estaban dispuestas en más hojas pegadas de forma apurada, intentando formar una especie de círculo. En el centro había una figura hecha de arcilla, Díaz no le encontró forma reconocible.
La imagen se encontraba repetida en las esquinas ahora rellenas de la habitación. Sobre la argamasa esparcida con celeridad se había reproducido una especie de moho negruzco. Los patrones se extendían de forma geométrica, como una especie de laberinto, y se detenían justo antes de tocar los símbolos escritos sobre las paredes.
-¿Alguna vez vio algo así?
-No, en lo absoluto detective- el doctor paseó la vista por el techo. En todos y cada uno de ellos se encontraba creciendo aquella cosa- Pero parecen ser una especie de sello, ¿No lo cree? Como si esos símbolos detuvieran el crecimiento del moho.
-¿Ah?
-Nada, disculpe, solo pensaba en voz alta, una conjetura sin fundamento.
-Seguro...
Díaz se acercó despacio a uno de esos bultos infectados para una foto. No quería inhalar por error lo que sea que fuera esa cosa.
-¡Oiga! ¡¿Qué hace?!
-Necesito una foto para el reporte, no me interrumpa.
-Sí pero, quizás debamos esperar al doctor, no creo que sea inteligente acercarse tanto.
-Usted no tiene derecho a decirme nada.-Estaba por continuar cuando notó como el humo de su cigarrillo era absorbido rápidamente por el bulto. En un momento sintió como si este respirara y creciera un poco más gracias a ese movimiento.
Ramírez también se dio cuenta.
-Regrese detective, tenemos que esperar.
-Sí...- el aire se empezó a tensar mientras se alejaba sin apartar los ojos de la pared inflamada-...lo mejor será esperar
Estuvieron callados, sentados en el sofá, pensando en lo que acababan de ver. ¿En qué se estaba metiendo Magallanes? ¿Por esto dejó de responder a los mensajes del cómite? ¿Qué fue lo que vi? ¿Realmente esa cosa estaba respirando? ¿Lo habrá visto también el otro? ¿O pensará que estoy loco? Quizás solo fue una corriente de aire ¿Cómo carajos cerrar esta investigación ahora? Esto solo traerá más preguntas. Quizás lo mejor sea obviar esta parte.
Díaz fue el primero en hablar.
-Sé lo que tengo que hacer doctor, y usted también lo sabe.- Miró a través de los grandes vitrales. El sol extendía su luz, ayudándole a calmar su mente- No entiendo bien lo que esta pasando aquí, y no quiero saberlo, pero su colega ya no puede estar sin supervisión. Mire lo que tiene en su casa, las cosas que escribe y dibuja. ¿De verdad le parece que es el mismo hombre que trabajó con usted hace unos meses?
-Yo...lo entiendo. Solo, por favor, permita que se explique. Necesito entender por qué esta haciendo todo esto. Yo lo necesito. - Su voz carecía de toda autoridad- Y luego de eso, me encargaré que sea internado para que reciba el tratamiento adecuado, es lo mínimo que merece. Aceptaré mi castigo por mis actos, pero permítame esto.
Asintió.
-Hábleme sobre las grabaciones.
-¿Qué? ¿Ahora?
-¿Por qué no? Tenemos tiempo hasta que tenga que ir a buscar a su amigo. Claro, a no ser que necesite otro incentivo.
-No, por favor.
-¿Entonces?
-¿Qué es lo que desea que le explique? Todo está ahí.
-Primero que nada, ¿Cómo una persona inestable mentalmente logró ingresar un dispositivo explosivo? ¿Dónde esta el cuerpo?
-No hubo ningún dispositivo, usted ya lo sabe. Y sobre el cuerpo, no lo sé, fue lo primero que buscamos una vez logramos estabilizar al doctor y los guardias.
-¿Y entonces como explica la explosión?
-No fue una explosión.
-¿Cómo dice?
-Que no hubo ninguna explosión.
-Miente. Yo vi las cintas. Aparecen su colega y los guardias intentando abrir la puerta justo cuando esta sale disparada.
-Fue una descompresión señor Díaz. Un procedimiento que he visto antes en operaciones de alto riesgo para evitar cualquier tipo de bacteria. Le aseguro que vi las cintas unas cincuenta veces, la puerta salió disparada porque la presión era mayor en la cámara que fuera, y cuando el guardia ejerció la suficiente fuerza como para soltar los cerrojos, pues...
-Me suena difícil de creer.
-¿Qué otra opción puede haber?
-¿Y el humo?
-También lo investigamos, seguro que sus expertos en criminalística no encontraron nada, ¿O sí? No hay rastros de materiales, cenizas, quemaduras en las paredes o el techo. Nada.
-No estamos llegando a ningún lado.- Díaz tiró la colilla sobre una pila de papeles amontonados en el piso. El ligero humo volvió a elevarse antes de desvanecerse de su vista.
-¿Por qué cree que necesito que él hable tanto como usted?
-Si ese es el caso, lo mejor será que me ayude. Revise aquella pila de archivos de ahí, seguro que será más útil que yo encontrando algo por donde empezar. Yo buscaré en los cajones del escritorio, quizás todavía quede algo por descubrir.
Repasó las notas sueltas que encontró, la más antigua no pasaba de los 3 meses de antigüedad, tenía frases sueltas y algunos de esos símbolos extraños. "No tienen forma, pero son reales" "Me buscan" "¿Epidemia?" "Ella también los ve, sé que me engaña" "Tenía razón".
Siguió buscando, guardando muchas de las notas en uno de los libros, ¿Quizás solo están desordenadas? Con el cansancio mental de un intento tras otro de buscarle un sentido a aquello y el leve calor que se colaba en la habitación, ni siquiera notó el momento en que se durmió.
Se sumergió, sin contemplaciones. El mundo a su alrededor era una espiral oscura que lo llevaba, sin principio ni fin. De pronto estaba parado sobre una inmensa estructura, siempre había estado ahí, inmóvil. Símbolos de naturaleza hermosa flotaban a escasos centímetros de la blanquecina piedra, rehuyendo la pobredumbre a su alrededor.
Con cada movimiento, el ambiente parecía deslizarse, ilusorio. Entonces, los vio.
Al principio eran solo manchas en la lejanía. Se acercaban, siseando, ¿Qué eran? Empezaron a rodearlo. El monolito parecía contenerlos, pero con cada embate, los símbolos empezaban a desvanecerse. Con un golpe especialmente brusco, perdió el equilibrio, las criaturas emitieron un potente grito. Con fauces recién manifestadas empezaron a tirar en todas direcciones, el hombre gritó, intentando defenderse.
-¡Despierte!
Fue zarandeado con violencia.
-Qu-¿Qué?
-Estaba gritando en sueños. Aprisa, levántese, oigo pasos.
La puerta se abrió de golpe. Magallanes ingresó con expresión triunfal.
-¡USTED! ¡USTED LOS ACABA DE VER! ¿NO ES ASÍ?- señalaba con el dedo al detective.-Sii, vamos, confiese.
-¿Yo? No- !Espere un momento!, ¡¿Me dormí?! - Miró con molestia a Ramírez.
-No quería importunarlo detective, al final como ve el doctor esta-
-SÍ SÍ SÍ, AQUÍ ESTOY. AHORA RESPONDA LA PREGUNTA.- Magallanes estaba eufórico.
-¿Ver a quién?
-¡A ELLOS, OBVIAMENTE! - soltó un bufido, se dio cuenta que sus invitados no entendían nada - ¿Necesita que se lo explique?
Díaz recobró el mando. Se incorporó, guiando al doctor hacia la silla detrás del escritorio.
-Siéntese. Ahora.
-Como diga, señor. -estaba jugando con él.
-Necesito que empiece a hablar, hemos perdido demasiado tiempo.- Las luces ámbar de la tarde iluminaban su rostro mientras empezaban a ocultarse- Esta siendo investigado por la desaparición del señor Martín Ramos, necesito toda la información que pueda darme.
-¿Lo tocaron?
-¿Qué?
-Que si lo llegaron a tocar, en su sueño.
-¿Cómo sabe usted eso?
-Fueron ellos.- Magallanes empezó a buscar con frenesí sobre su escritorio.- ¿Dónde esta? ¿Por donde?
Vio el libro sobre el sillón de Díaz
-¡Eso! ¡Deme eso! ¡Aquí!
En la hoja habían un montón de manchas con algunas líneas y borradas.
-¡Eso! ¡Ellos se ven así! ¿Es que no lo ve?- Dibujó una serie de mandíbulas por encima- ¡Así! ¿Ahora sí los reconoce?
-¡AH!- Díaz soltó un grito sin querer, reconociendo a sus atacantes, tocándose los brazos donde lo habían mordido.
Magallanes le jaló del brazo y tiró de la manga de la camisa con furia.
-¡¿Qué estas?! ¡Jorge, basta! ¡Simplemente no puedes-¿qué?.
Ramírez observó, estupefacto. Sobre el brazo se observaban unas oscuras huellas, los puntos iban hasta el antebrazo, retozando. Lo suficientemente chicas como para pasar inadvertidas a través de la manga.
Se soltó, cayendo sobre la alfombra. El ciempiés oscuro se movía sobre su carne, podía sentir sus pinzas deslizándose. Sacó su arma, dispuesto a matar a aquella cosa. Bajó la vista. ¿Nada? No, no fui solo yo, ese cabrón también los vio.
-¿Qué mierda fue eso? - Agarró a Magallanes de los hombros y lo arrastró por sobre el escritorio, derribando la escultura y las pilas de hojas. -¡Responda carajo! ¡Ya!
El doctor soltó una risa, divertido por ver lo que ya había vivido en carne propia.
-¿Eso? Es la verdad que usted quería. Eso es lo que mató a Ramos, lo que me busca, día y noche. ¿Usted ya los vio, no?
-No...¡Miente! ¡Solo fue un sueño!- Su mente era un revoltijo ¿Realmente esto esta pasando? - ¡¿Qué clase de truco esta usando Ramírez?! ¡Vamos! ¡Ayúdeme!
-¿Yo? Yo no- el doctor ya no tenía más palabras.
-Él no lo va a ayudar oficial, nadie puede. Nadie me ayudó a mí cuando empezaron a cazarme, así como yo tampoco pude ayudar a Ramos.
-¿Entonces él?
-¿Fue el primero? No lo sé, ya no importa ¡Ya no importa entiende!- Se soltó, empujando al detective en el sillón- Pronto todo acabará, pero no hoy, no, no hoy. Lo logré.
-Jorge- Ramírez lo miraba con decepción, pero qué le importaba ya-¿Pero qué fue lo que hiciste?
-Lo único que podía hacer. Lo que hubieras hecho tú o cualquier otro si entendiera los horrores que he vivido: el miedo, la soledad, la incomprensión. Solo me queda cordura porque al fin encontré un poco de esperanza por unos días más.
-Tú, hijo de puta, ¿Por qué?
-Les conté la verdad ¿No era eso lo que querían? ¿La verdad? Les hablé de ellos. Sacó una gran lampara de aceite desde el cajón inferior del librero- Un mundo sin uniones, sin geometría asfixiante, solo unos días más.
-No puedes hablar en serio...
-Ellos no perdonan, no- Ni siquiera les estaba prestando atención- Estan aquí.
El humo empezaba a filtrarse a través del umbral de la puerta, tenía un olor nauseabundo, lo acompañaba el silencio. El único ruido en la casa era el de la respiración entrecortada de aquellos tres hombres. Magallanes prendió la lámpara, alumbrando el estudio, y haciendo retroceder la emanación.
-Será mejor que se marchen ahora, no querrán estar aquí cuando anochezca.