Ya no eres un niño
Tercer libro de la Saga Imperio Antonov Accardi.
“Han pasado muchos años desde que Dimitry y Garald eran unos adolescentes que se la pasaban molestando a Larissa. Ellos ahora son hombres de treinta años, ya dejaron de ser unos adolescentes.
Dimitry después de que su cuñado lo dejara cargó su comportamiento cambio se hizo más responsable, pero con Garald cambio por completo ahora el es un desastre que el pobre Dimitry tiene que estar cuidado de él como si fuera un niño“
Dimitry baja corriendo rápidamente por las escaleras. Al llegar a la sala se sorprende al ver el enorme desorden que hizo su hermano por la fiesta que tuvo anoche.
Con mucha rapidez se acerca Dimitry a Garald que ya hace tirado en el piso de la sala, notando que en su rostro dibujaron unos bigotes de gato y él lo mueve bruscamente para que se despierte.
—Garald despierta —lo vuelve a mover, pero él no despierta.
—Mamá cinco minutos más. —Garald habla, se mueve un poco cambiando de posición acostándose de lado.
—Nada de cinco minutos más Garald, nuestros padres vienen en camino y mira cómo estás. Te dije que no hicieras esa estúpida fiesta —él lo sigue moviendo en vano, ya que él no despierta.
Dimitry mira por la sala, se pone de pie y toma una botella de licor. Regresa a donde está Garald y se la vierte en la cara haciendo que él despierte.
—¡Qué carajos! —él se despierta de golpe.
—Buenos días, Garald. Veo que la fiesta estuvo muy buena —Dimitry lo regaña.
—Déjame dormir, hermano —él se vuelve acomodar en el piso cerrando los ojos.
—No te duermas Garald —Pero lo dice demasiado tarde por qué él se vuelve a dormir —Hijo de…
Lo levanta del piso, se lo echa en el hombro y sube las escaleras rápidamente. Lo lleva a su habitación y lo arroja en la cama.
—Quédate aquí, yo me encargaré de nuestros padres —lo deja y se va.
Baja de nuevo a la sala, toma una bolsa de plástico, comienza a meter botellas y vasos a la bolsa.
—¡Renata! —grita. Una señora ya de edad algo mayor aparece en la sala —Ayúdame a limpiar y rápido porque vienen mis padres.
—Sí, señor —Ella se pone acomodar los cojines de los sofás, ordena los adornos de las mesas y por último se lleva la basura que su patrón ha metido en las bolsas.
Dimitry por la ventana ve que acaba de llegar el auto de sus padres.
—¡Carajo! Ten Renata llévate esas cosas —él le da unas bolsas y ella se va rápidamente.
Termina de limpiar y se para enfrente de la puerta principal. Se acomoda la camisa, pero en eso ve que en la perilla de la puerta está una las bragas de una mujer. Se apresura y la toma.
¡Toc!, ¡toc! Tocan a la puerta, él se apresura y esconde la braga en un jarrón. Se apresura abrir la puerta.
Ahí estas sus padres parados en la entrada.
—Hola mamá y papá —él le saluda dedicándoles una enorme sonrisa.
—Hola hijo, ¿Cómo estás? —Anabela lo abraza y le da un beso en la mejilla.
—Hola mamá, bien y ¿ustedes? —Ella se separa de él y le saluda a su padre con un fuerte apretón de manos.
—También estamos bien hijo —responde Vladímir.
—Pasen —los invita a entrar. Ellos entran y típico de su madre comienza a escanear la casa como si buscará cualquier imperfección.
—Dimitry ¿Dónde está tu hermano? —Anabela recibe a Dimitry.
—Está dormido —miente para ocultar lo que hizo su hermano.
—Tan tarde, ¿Está enfermo? —su madre lo mira.
—No mama simplemente que lo fue hacer unas entregas y llegó un poco tarde —miente nuevamente.
—Iré a ver cómo está —añade Anabela.
—Mi amor déjalo descansar, de seguro está cansado —Vladímir detiene a Anabela.
—Tienes razón —
—Vengan, vallamos a sentarnos —Dimitry les ofrece sentarse.
Los tres se sientan en los sofás de la sala.
—¿Dónde está Rashel? ¿Por qué no vino con ustedes? —él pregunta por su hermana pequeña.
—Ya conoces a tu hermana, se fue con su amiga Danila al club, pero desde que entro a la adolescencia me es tan difícil hablar con ella, su carácter es algo fuerte aparte que solo se la pasa en el teléfono y con sus amigas
—Anabela le duele que su hija, la más chica, esté en la edad de sentirse que todos la odian y que nadie la entiende.
Una lágrima baja por su mejilla.
—No te preocupes mama, Rashel entenderá que todo lo qué haces es por su bien, pero tú ya sabes cómo somos en la adolescencia, recuerda cómo éramos Garald y yo —
—Si eran un par de diablillos más, Garald —Él hace que su mamá sonría.
—¿Y Larissa, cómo está? —
—No me digas que No has hablado con ella —Ella se sorprende llevándose las manos a la boca.
—Si he hablado con ella, pero he estado algo ocupado con los negocios, mamá ya sabes que desde que mi papá nos dejó el negocio a Garald y a mí hemos tenido mucho trabajo aparte que viajamos bastante —
—Tienes razón. Tu hermana está bien cuidando de su familia, ya sabes que desde que tiene a sus cuatro bebés no tiene mucho tiempo para ella porque escogió no tener niñera —
—Qué lindos estarán mis sobrinos, aunque sabes mamá, mi hermana es muy honorable porque a pesar de ser una adolescente fue muy valiente en aceptar todo lo que le pasó, pero me da gusto que a pesar de su matrimonio arreglado Calem es un buen hombre —habla con la verdad.
—Si lo sé, pero sigo arrepintiéndome que por mi culpa mi hija no viviera su juventud por la culpa de Dante Ferrara —ella se siente culpable por lo que le pasó a su hija.
—Mamá, eso ya es cosa del pasado y Larissa no te reclama nada, así que no te culpes de nada —Dimitry intenta hacer sentir bien a su mamá.
—Si tienes razón, hijo —le da la razón a Dimitry.
¡Pum!, ¡pum! Algo se cae haciendo un fuerte golpe. Todos volteamos hacia donde proviene ese ruido y todos miramos a Garald tirado a los pies de las escaleras. Se levanta como puede y mira para todos lados como razonando en donde está.
—Este no es el baño, ¡hip! —el habla.
—¿Hijo estás bien? —Anabela se levanta e intenta acercarse a Garald.
Él al escuchar la voz de su madre voltea a verla.
—Mamá, papá, qué alegría verlos ¡hip! —abre los brazos y se tambalea al intentar caminar hacia ellos.
—¿Estás borracho hijo? —pregunta Anabela, algo asombrada.
—No estoy borracho —habla de una manera muy rara.
—Si no lo estás, pues, pareces —le responde su padre Vladímir.
—No está borracho papá —intenta ocultarlo Dimitry. Ya que si sus padres se enteran, estarán preocupados por él y pensarán que no son lo suficientemente responsables para tomar el mando de los negocios familiares.
—No lo estoy —Dimitry intenta callar a Garald porque sabe que va a decir una idiotez —Tengo resaca por la fiesta que tuve anoche —no logra callarlo.
—Dimitry porque dejas que tu hermano tome hasta ese punto y peor hacer una fiesta en su casa que no son consientes que esas acciones pueden hacer que los maten —los regaña su padre.
—Lo se papa, pero… —intenta tener una excusa.
—Nada de peros, si siguen así creo que deberé de regresar a tomar el mando yo de los negocios —les advierte.
—No papá déjame hablar con Garald no volverá pasar —intenta cambiar razón con su padre.
—Está bien, pero que sea la última vez. Nosotros nos retiramos, ya que solo veníamos de visita, pero tenemos que ir por su hermana —habla Vladímir.
Sus padres se van sin decir nada más. Cuando ellos han salido por la puerta, Dimitry toma a Garald del brazo y lo jala para llevárselo al despacho.
Pero en el camino Garald choca contra un jarrón haciendo que esté caiga al piso.
—Mira unas bragas —Él intenta tomarlas.
—Deja eso y Camina Garald —Dimitry lo empuja hasta entrar en el despacho cerrando la puerta al entrar —Porque eres tan imprudente Garald.
—¿Tiene algo de malo que me quiera divertir? —añade Garald.
—No, pero te comportas como si todavía fueras un adolescente y eres un hombre de treinta años. No ves que nuestros padres se preocupan mucho por ti y si sigues con este comportamiento nuestro padre volverá a tomar el mando, tú mejor que nadie sabes que él es un hombre mayor y que ya no puede hacerlo —
—No me regañes porque tú no eres mi padre —le responde algo molesto.
—Si no quieres que te regañe, entonces compórtate como el hombre que eres —
Dimitry sale del despacho, ya que tiene cosas que hacer, además de que no le gusta pelear con Garald, pero él sabe que si no cambia su padre no tendrá la confianza en dejarles el negocio….