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Pared con Pared

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Sinopsis

Iván solo quiere dormir, tomarse su Colacao y no cometer un crimen. Pero su vecino tiene otros planes: reguetón a todo volumen, carcajadas sospechosas y un culo que desafía la paciencia ajena. Pared con pared, el deseo y la locura empiezan a filtrarse con cada beat. Y cuando finalmente se encuentren… ¿será guerra, seducción o ambas cosas? Una mini-serie erótica con mucho ritmo, poca vergüenza y cero intención de parecer inocente.

Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prrrum (o Cómo Empezó Todo)

Sábado, 10:00 AM

El silencio de la mañana se rompió abruptamente.

Prrrum… si lo pillo por la calle dice prrrum… —retumbaba la voz de Cosculluela a todo volumen, como si el altavoz estuviera pegado a su oreja.

Iván abrió los ojos de golpe. Ni despertador, ni pesadilla, ni ganas de vivir. Solo “prrrum, prrrum, prrrum” a través de la pared.

Joooder… —gruñó, tapándose la cabeza con la almohada en un inútil intento de ahogar el ruido. Misión fallida, obvio.

Su vecino, ese niñato con alma de DJ frustrado, volvía a las andadas. A Iván le importaba una mierda si era sábado. Él había trabajado hasta las tantas, y en su mundo ideal, la mañana debía empezar con Colacao y grumitos… no con reguetón a niveles que despertaban hasta al ficus del pasillo.

Sonaba como un viejo gruñón, y lo sabía. Pero, a sus 37 años, ya no estaba para gilipolleces. Su rutina se basaba en trabajar, comer, dormir, trabajar, comer, dormir y así sucesivamente. Sabía que no era vida, pero ¿qué más iba a hacer si las facturas no se pagan solas? Y ojalá.

Respiró hondo, aliviado.

—Parece que ha parado —dijo Iván, mientras quitaba la almohada de su cabeza. Se quedó un par de segundos en silencio, asegurándose de que su tortura se había acabado. Y así parecía.

Iván sonrió y volvió a acomodarse para seguir durmiendo un poco más.

—Eso está mejor —murmuró, cerrando los ojos.

Como si lo estuviera vigilando, su querido vecino volvió a poner la música a todo volumen. Esta vez acompañada de su “hermosa” voz:

Woah…Woah…Woah…Woah… Boricua, morena, dominicano, colombiano… —chillaba el niñato del piso de al lado a toda voz.

—Uf… —resopló Iván.

—Ha llegado el día… Me convertiré en un asesino —murmuró con una sonrisa siniestra, mientras se incorporaba de la cama.

¡JA! ¿A quién iba a engañar? No mataría ni a una mosca… si no fuesen tan cojoneras, las hijas de p… Por mucho que quisiera matar a su vecino ahora mismo, era demasiado bueno para eso.

¿O era el miedo a ir a la cárcel lo que lo detenía?

Te dan cama y comida gratis, pensaba Iván.

Soltó una carcajada irónica. A veces se cuestionaba su propia sanidad, pero ¿qué se puede esperar de un tío que solo ha dormido cuatro horas?

—Gracias, vecino —gruñó irónicamente.

10:05 AM — Piso de al lado

¡Boricua, morena, dominicano, colombianoooo! —gritó a todo pulmón con el cepillo de dientes como micrófono.

Mati estaba en su salsa. Su playlist Perreo del Bueno sonaba sin censura mientras bailaba frente al espejo como si fuera parte de un videoclip improvisado.

Los vecinos probablemente lo odiaban. Bueno… no probablemente. Con seguridad. Pero eso no era culpa suya si el sábado lo recibía con flow.

¿Demasiado temprano? Quizás.

¿Demasiado escandaloso? Tal vez.

¿Se arrepentía? Jamás.

¡Boricua, morena, cubano, mexicano…! —entonó con más emoción que afinación, meneando las caderas al ritmo mientras se lavaba los dientes

El altavoz vibraba al borde de la repisa, la música se colaba por las paredes y la acústica del baño hacía todo aún más escandaloso. Justo como a él le gustaba. El ambiente era perfecto para Mati: sábado, ducha caliente, reguetón viejito, y cero preocupaciones.

Pese a tener 24 años, aún no cargaba con las obligaciones ni el estrés que otros muchos desgraciados vivían a diario. Él se dedicaría a pasarlo bien, quería exprimir al máximo el año sabático que había decidido tomarse… ayer. No estaba contento con sus estudios, así que, después de una larga conversación con sus padres, decidieron que lo mejor sería parar.

Tanto por su salud mental… como por la paz mental de sus padres.

—Hora del concierto en la ducha —anunció con una reverencia exagerada ante el espejo, guiñándose a sí mismo.

No era un dios griego, eso estaba claro. Pero si había algo de lo que Mati no se sentía inseguro, era su cuerpo.

Se dió media vuelta.

—¡Qué culo! —exclamó, dándose una nalgada.

Se echó una última ojeada con una sonrisita pícara y, finalmente, se metió a la ducha.



10:12 AM — Piso de Iván

Iván se dejó caer en la silla de la cocina. Le dolía la cabeza. Por suerte podía disfrutar de su taza de Colacao calentito. Normalmente lo tomaba frío, con sus grumitos, pero hoy necesitaba la calidez que propiciaba aquel delicioso líquido.

La paciencia nunca había sido su fuerte, pero por alguna razón —que ni él entendía— había tenido demasiada con su “querido” vecino. Sorprendentemente… (vale, no tanto), ya estaba llegando a su límite.

—¿Qué clase de psicópata pone reguetón a esta hora? —murmuró, mirando a la pared como si pudiera atravesarla con los ojos.

El bajo del reguetón seguía colándose por las paredes con la sutileza de un ladrillo. Ya no era prrrum, ahora era woah, woah, woah (como si eso fuera mejor) acompañado de una voz desafinada que, para colmo, parecía disfrutarlo.

Iván dio un sorbo a su Colacao, quemándose levemente la lengua. Parece que no era su día… Al menos estaba rico.

Encima me castigo a mí mismo. Todo bien.

—Vale… Tengo dos opciones —dijo en voz alta para sí mismo —: uno, voy y le meto el altavoz por el culo. O dos… llamo a la presidenta de la comunidad de vecinos y denuncio formalmente. Como una persona adulta y civilizada. (O sea, lo que se supone que debería ser).

Lo pensó. Muy en serio.

—Pero claro, tendría que vestirme —resopló, mirando sus boxers con resignación.

Hizo una pausa. Otro sorbo.

—Aunque podría ir así. En plan: mira lo que me haces hacer, hijo de… —suspiró. —Y ahora estoy hablando solo. Fantástico.

La música seguía. El ánimo homicida, también.

—Opción tres: le dejo una cabeza de peluche en la puerta como advertencia —propuso, medio en broma… medio no.

Se levantó con un bufido, dejando la taza en la mesa.

—Ya está. No pienso aguantar otro finde así. Hoy se acaba esta tortura.

Se detuvo en seco al llegar al pasillo. El altavoz del otro lado de la pared estalló con un “¡QUÉ CULOOOO!” y una carcajada maniática que cruzó la frontera del respeto sonoro.

Iván parpadeó.

—...O quizás después de otro Colacao.

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