El Último Compás
Mi madre siempre me dijo que era especial, no diferente. Pero toda mi vida me he sentido como un extraño, sin importar dónde me encuentre. No culpo a nadie: reconozco que no he sido un tipo fácil de llevar. Me cuesta hablar con extraños y entenderlos. Además, tengo una agenda extremadamente estricta que, si no cumplo a cabalidad, me provoca una ansiedad tan intensa que me corta la respiración y me da una jaqueca insoportable (sí, no estoy exagerando).
En fin. Como les decía, no soy una persona sencilla, pero con el tiempo he aprendido a sobrellevarlo. A estas alturas de mi vida, la gente ya me acepta más por resignación que por agrado.
Perdón, me estoy dejando llevar. Aclarado el punto, voy a lo que realmente quiero contarles.
Hoy he cumplido ochenta años
y lo he celebrado realizando el último concierto de mi vida. Después de setenta años ininterrumpidos de trabajo, he recibido los últimos aplausos, y se ha cerrado el telón por última vez para mí. En estas líneas puede parecer algo simple, pero en verdad ha sido lo más difícil que he vivido.
La música lo ha sido todo para mí. Más firme que mi desgastada columna y más cálida que este viejo corazón que aún lucha por seguir latiendo. Y es justamente por eso que me he animado a escribir esto: porque mi apatía natural me impide compartir todo lo que he vivido con los demás, y no quiero que se pierda en el polvo junto conmigo.
Hoy, después del concierto, me llevaron —junto a mi mujer— a una cena de gala donde decenas de personas y periodistas se reunieron en honor a este viejo. Cuando me pidieron compartir mis reflexiones sobre todos estos años, tenía tanto que decir... pero las luces y la multitud me agobiaron. Terminé, como siempre, balbuceando un par de frases, mientras mi esposa traducía por mí lo que me hubiese gustado expresar.
No se equivoquen: adoro que ella me ayude, y lo ha hecho maravillosamente —con la misma pasión— durante años. Pero por una vez quisiera hacerlo yo, a mi manera. Sin que mis manías me detengan. Y eso es lo que intentaré en estas páginas.
No soy escritor. Solo soy un anciano mañoso con demasiado tiempo libre.
Así que perdónenme si de vez en cuando me voy por las ramas. Les pido, por lo mismo, un poco de paciencia.
Dicho esto, y si tuviera que empezar a resumir mi vida, creo que tendría que partir por el principio. Como es debido.