Excusas Y Motores por Jaz_Zeenunew en Inkitt
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Excusas y Motores

Sinopsis

One Short Zeenunew

Genero:
Romance
Autor/a:
Jaz_Zeenunew
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo unico

El sol caía perezoso sobre Bangkok aquella tarde cuando el chirrido desesperado de una transmisión maltratada anunció la llegada de un coche con más problemas que gasolina.


Zee, con las manos llenas de grasa y una llave inglesa entre los dedos, frunció el ceño y salió del garaje mientras se secaba con un trapo sucio.


El coche se detuvo con un quejido final frente al taller. Era un Maserati Alfieri color rosa.


Pero lo que más le llamó la atención a Zee no fue el vehículo, sino el conductor: un joven de rostro fino, piel clara y una mirada que parecía no pertenecer a aquel entorno ruidoso y grasiento.


-Hola... ¿este es el taller de Zee? -preguntó el chico, bajándose con torpeza del coche.


-Sí, soy yo. ¿Qué le pasa al auto?


-No lo sé. Hace ruidos raros. Y huele raro también.


Zee se acercó y asintió mientras examinaba el motor con gesto profesional. Nunew lo observaba, casi embobado. Zee tenía una camiseta sin mangas manchada de aceite que dejaba a la vista sus formados músculos, el cabello un poco despeinado, y una expresión de concentración que lo hacía ver intensamente atractivo sin esfuerzo.


-Soy Nunew, por cierto -dijo, rompiendo el silencio-. Gracias por atenderme sin cita.


-No hay problema -Zee respondió sin mirarlo, aún inspeccionando-. ¿Le has hecho mantenimiento a esto alguna vez?


-¿Mantenimiento? ¿Eso se hace seguido? -preguntó con una sonrisa culpable.


Zee soltó una risa breve.


-Sí, más seguido que nunca. Pero tranquilo, puedo arreglarlo.


Nunew sonrio agradecido.


Después de ese dia, el coche de Nunew, que nunca antes había fallado, empezó a sufrir misteriosas averías.


Una semana después, había vuelto. Esta vez alegó que los frenos "sonaban raro". Zee encontró una piedrita atrapada, nada grave. Lo resolvió en minutos.


-¿Pasa algo más? -preguntó.


-Hmm... creo que la radio también está fallando.


-La radio no afecta el motor.


-¡Pero afecta mi humor! -protestó Nunew, con una sonrisa.


Zee negó con la cabeza, divertido.


Así siguió por semanas. Que si el aire acondicionado, que si el limpiaparabrisas. Que si "hay un ruido que solo aparece cuando manejo de noche con la luna en cuarto menguante".


Zee ya había empezado a notar el patrón.


Y con cada semana, el ambiente entre ellos se volvía más denso. Más cargado.


Así que cada vez que llegaba, alzaba una ceja y sonreía, como si supiera perfectamente que había algo más detrás de esas visitas.


-¿Qué es esta vez? ¿Otro ruido sospechoso? -preguntaba sin dejar de mirarlo como si pudiera leerle la mente.


-Creo que... el volante se siente raro. -dijo mientras bajaba del coche con movimientos demasiado suaves, casi felinos. Le sonrió mientras jugaba con las llaves entre los dedos-. ¿Puedes revisarlo?


Zee se cruzo de brazos mientras mostraba una leve sonrisa.


-Nunew, ¿por qué sigues viniendo?


-¿A qué te refieres?


-Tu auto está bien. Las últimas tres veces te lo dije antes.


- Si, pero dijiste que es bueno darle mantenimiento seguido


-Pero no me referia a que tenia que ser cada semana -mencionó Zee divertido y luego extendió la mano - Dame las llaves


Nunew obedeció, pero no sin antes rozar la mano ajena al entregarle las llaves. Lo hizo a propósito.


Y Zee lo sabía


Mientras revisaba el auto, Nunew se quedo observándolo como siempre. No hablaba mucho, pero sus ojos lo decían todo. Miraba los brazos tensos de Zee, su cuello sudado, el leve movimiento de su espalda cada vez que se inclinaba. Y por más que intentaba disimularlo, su mente se desviaba hacia lugares mucho más... intensos.


-¿Siempre trabajas así de concentrado? -preguntó con voz suave, casi un susurro.


-Cuando no tengo público -contestó Zee, sin mirarlo.


-¿Y si el público no puede dejar de mirar?


Zee levantó la vista. Sus ojos, oscuros y profundos, se clavaron en los de el.

Sabía que había algo en la forma en que Nunew lo miraba. Como si el taller entero desapareciera cada vez que él estaba cerca. Y aunque se esforzaba por mantener la compostura, ya no podía negar que esa sonrisa juguetona le estaba empezando a afectar.


-¿Tú quieres que te arregle el auto... o que te desarme a ti?


Nunew tragó saliva.


-Quizás la segunda


Zee dejó caer la herramienta, dio un paso hacia él. Las botas resonaron contra el suelo. Nunew no se movió. Se quedaron frente a frente, separados por centímetros, respirando el mismo aire.


Luego la distancia desapareció. Fue solo un instante, pero bastó para que los labios se rozaran, para que el aliento se mezclara, para que ambos entendieran que el juego había terminado.


Que lo que empezó con excusas, ahora terminaria en algo más


Zee cerró con prisa su local, luego se acercó nuevamente a Nunew y le tomó de la cintura, lo empujó contra la pared, devorándole la boca, mordiéndole el labio inferior. Las manos de ambos ya estaban peleando con la ropa: botones, cremalleras, telas tiradas por el suelo.


Zee lo levantó con fuerza, sin esfuerzo, haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura. Nunew gimió, sintiendo el bulto duro y palpitante presionando justo entre sus muslos.


Estaba duro.


Zee lo llevó directo al auto, lo subió sobre el capo y lo hizo recostarse de espaldas. Nunew jadeó, con la cabeza inclinada hacia atrás, el pecho subiendo y bajando con rapidez. Estaba completamente desnudo ya, la piel brillando por la mezcla de sudor y deseo.


Zee se bajó los pantalones y se masturbó frente a él, mirando cómo Nunew lo observaba con la boca entreabierta.


-Estás temblando -dijo Zee, tocando el muslo interior de Nunew con la punta de los dedos.


-Si, por deseo -jadeó él-


Zee escupió en su mano, se lubricó con movimientos rápidos y firmes, luego usó los dedos para abrirlo. Uno primero. Luego dos. Y cuando entró con tres, Nunew arqueó la espalda con un gemido largo y agudo.


-Eso... así... más...


Zee lo preparó apenas lo justo, lo suficiente para que ardiera al entrar. Porque ambos lo querían así: salvaje, sin frenos. Sin delicadezas.


Se alzó, lo alineó, y lo penetró con un solo empuje profundo que le sacó el aire a Nunew de golpe. El gemido que soltó llenó el espacio como un eco sucio y perfecto. El capo crujió bajo el vaivén rítmico del cuerpo de Zee empujando una y otra vez, duro, profundo, con las manos en las caderas de Nunew, marcándole la piel con la fuerza de sus dedos.


-Tan bueno.. -gruñó Zee, hundiéndose hasta el fondo-. Cada vez que te veia... no podía pensar en otra cosa que tenerte así


Nunew se tocaba a sí mismo mientras lo montaban con brutal precisión. Su otra mano estaba en el cuello de Zee, aferrándose a él como si fuera a romperse si lo soltaba. Estaba llorando de placer, las piernas temblando, el cuerpo entregado por completo.


Zee lo besó, sucio, con lengua, mordiendo y jadeando contra su boca. Luego lo giró, lo puso boca abajo sobre el auto y volvió a empujar. Esta vez más rápido, más crudo. Los sonidos de piel contra piel eran tan fuertes que se mezclaban con los gemidos roncos de ambos.


-Me voy a correr... -jadeó Nunew, la voz temblorosa.


-Hazlo


Y como si su cuerpo le obedeciera, Nunew explotó sobre su propio auto, temblando, con la espalda arqueada y la boca abierta en un grito sin sonido. Zee lo siguió segundos después, enterrándose hasta lo más profundo, liberándose con un gruñido animal.


Ambos quedaron sudados, jadeando, conectados aún por el calor de sus cuerpos.


Zee se inclinó, le mordió el cuello con suavidad y murmuró al oído:


-Espero que tengas todo el fin de semana libre. Porque no pienso dejarte hasta que aprendas a gemir mi nombre sin pensarlo.


Nunew sonrió, con los ojos cerrados.


-Hazme tuyo todas las veces que quieras.


**


Después de eso, no necesitó más excusas. Nunew empezó a pasar por el taller sin coche, con galletas en una mano y una sonrisa en los labios. A veces, solo se quedaba a verlo trabajar. Otras, ayudaba a pasarle herramientas que ni sabía nombrar pero era un gesto que Zee agradecía. Y otras tantas, simplemente se encerraban en la oficina para compartir un momento dulce a solas


El coche de Nunew no volvió a fallar nunca.


Pero Zee lo revisaba cada semana.


A fondo.


Y no, no me refiero al auto.

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