Prologo
Amelia se recargó contra el mostrador lanzando un suspiro de frustración. La pequeña tienda instalada en la parte trasera casa de su abuela no había tenido ningún cliente en todo el día. El pueblo donde vivían cada vez tenía menos habitantes y muchos de los jóvenes que quedaban se planteaban mudarse a la ciudad. “A mi me gusta la vida tranquila en este lugar”, se repitió en su mente mientras se disponía a cerrar la tienda.
En cuanto salió de la tienda el viento frio del invierno la golpeó y no pude evitar que un escalofrío recorriera su cuerpo. Se apresuró a poner el candado a la tienda y a entrar en la casa. Encendió las luces y miro a su alrededor.
-¿Abuela?-caminó por la sala de estar rumbo a la cocina y luego a las habitaciones, pero no lograba encontrarla. Frunció el ceño y volvió a la sala de estar-¿Dónde se habrá metido?-
Un ruido proveniente del sótano llamó su atención. Volteó con cautela la mirada hacia la puerta que conducía a este y se acercó lentamente. En el pueblo casi nunca se cometían robos, pero aun así prefirió ir con cuidado. Extendió su mano y tomo el pomo de la puerta. Dudo unos instantes antes de girarlo y abrir la puerta lentamente. Al principio solo distinguió oscuridad hasta que una pequeña luz llamo su atención.
-¿Abuela?-volvió a llamar, pero no se atrevió a dar un paso y bajar las escaleras que en aquel momento parecían interminables-
-Amelia ¿puedes bajar un momento? Necesito tu ayuda-
Oír la voz de su abuela la lleno de tranquilidad y la seguridad que necesitaba para bajar al sótano-¡Voy!-bajó las escaleras de dos en dos y dirigió su mirada hacia donde provenía el destello de luz-¿Qué es esto?-miró a su abuela que se encontraba en medio de un círculo mágico-
-Acércate, quiero mostrarte algo, cariño-la sonrisa de su abuela la animó a acercarse y mirar con curiosidad su entorno-
-¿Me enseñaras un nuevo hechizo?-el hecho de aprender cosas nuevas siempre había sido algo que le había gustado a Amelia. Poseía una sed de conocimiento que nunca se saciaba. Si tuviera que ser sincera le hubiera encantado ir a la academia de magia cuando cumplió la mayoría de edad, pero debido a la enfermedad de su abuela había decidido quedarse en aquel lugar y cuidar de ella. No se arrepentía de su decisión, pero a veces fantaseaba con la posibilidad de estudiar y mejorar sus habilidades para poder convertirse en una gran hechicera y no ser solo una boticaria-
-Algo así, querida-Amelia miró con curiosidad a su abuela, pero antes de que pudiera decir una sola palabra la anciana la sujetó del cabello y lo tiró con tanta fuerza que un chillido de dolor y sorpresa salió de la boca de Amelia-
-¡¿Qué haces?!-exclamó y trató de zafarse del agarre-
-Niña tonta, siempre has sido una niña tonta-la anciana volvió a tirar de su cabello con tanta brusquedad que Amelia tuvo de agacharse siguiendo la dirección del jalón para evitar el dolor-ahora escucha. Vas a ser una niña buena como siempre lo has sido y me ayudaras a curar mi enfermedad-
-No entiendo, ¿Qué tengo que hacer?-su corazón latía rapidez debido a la tensión y adrenalina que recorría su cuerpo-
-Solo quédate quieta y déjame completar el ritual-
-Ritual? Que ritual? Por favor, abuela, suéltame- movió su cabeza de un lado a otro lo que solo provocó que la anciana ejerciera más fuerza en su agarre-abuela…-
-Escucha, no me queda mucho tiempo de vida. Toda mi vida ha sido una mierda desde que quedé embarazada de tu madre, nunca la quise-la acidez en su voz hizo estremecer a Amelia-y cuando descubrí esta enfermedad que me va matando lentamente por dentro supe que tenía que hacer algo, no iba a morir como una asquerosa rata-Otro jalón de cabello que arranco un grito de Amelia- y cuando por fin encontré una cura tu madre lo arruino todo-
-Yo…-sus palabras murieron en su boca cuando una bofetada impactó contra su mejilla-
-¡Callate! Tuve que aguantarte todos estos años. No sabes cuantas veces quise hacer esto-dijo con satisfacción-Fingir ser una abuela cariñosa fue una tortura-
-No lo entiendo…-sus ojos se llenaron de lagrimas tanto por el dolor de la cachetada como por las palabras de su abuela-
-Déjame explicarte niña tonta. Nunca te quise-espetó y el corazón de Amelia se encogió dolorosamente-Solo te he criado para usarte como una herramienta para mi conveniencia-Amelia sintió como algo se rompía dentro de ella ante esas duras palabras de la persona que más quería en el mundo- la única opción para recuperar mi salud es el uso de magia oscura. Un pacto demoniaco. Debo sacrificar una mujer pura. A los demonios siempre le han gustado las vírgenes-sonrió de medio lado-¿y adivina quién es la afortunada que me ayudara?-rio y jaló nuevamente el cabello de Amelia-
-Se que estas preocupada por tu enfermedad, pero podemos encontrar otra forma de…-
-¡No la hay! No trates de convencerme con sentimentalismos y falsas esperanzas, soy suficientemente mayor como para no creer en ese tipo de estupideces. Intente este mismo ritual con tu madre, pero la muy perra se embarazo de ti. Esa maldita. Me alegra que se haya muerto-Amelia pudo ver en los ojos de su abuela el odio en su estado más puro, ya no quedaba de la mujer amable que ella había conocido-Pero por suerte te tengo a ti. No sabes cuanto me costo esperar a que cumplieras tus veinte años, la misma edad a la que iba a sacrificar a tu madre ¿no es eso poético?-rio-
Las lágrimas ya eran incontrolables. Amelia sollozo y sujeto la muñeca de la anciana-no lo hagas, yo te quiero, encontraremos…-otra bofetada impacto su mejilla haciéndola callar-
Tres gotas de sangre cayeron de su labio partido y el circulo de invocación resplandeció anunciando el comienzo del infierno para Amelia.
-Esta comenzando-una risa desquiciada salió de sus labios-sanare, sanare-repitió una y otra vez en un estado de euforia y éxtasis inimaginable-Oh, Marbas, poderoso y gran Marbas. Te entrego a esta alma a cambio de sanación. Tomalá y cura mi enfermedad-
El circulo de invocación resplandeció de un azul casi segador y un olor a podredumbre lleno el aire del lugar que Amelia tuvo que contener una arcada. La anciana rio y sacó una daga del bolsillo de su delantal. Al verla, Amelia se removió desesperada clavando sus uñas en la muñeca que tenía agarrado su cabello. La anciana siseó y el agarre se aflojaba permitiéndole a Amelia liberarse. Sin pensarlo se abalanzo sobre su abuela tratando de arrebatarle la daga de las manos.
-Niña estúpida, niña estúpida- Vociferaba la anciana tratando de acertar un golpe contra Amelia-
Ambas mujeres forcejearon golpeando todo a su paso. Las numerosas velas sobre la mesa se voltearon y en cuestión de minutos el fuego comenzó a consumir el lugar.
-No, no, no-gritó la anciana mientras veía como el circulo de invocación del suelo comenzaba a ser desdibujado a medida que las cenizas y fuego que se esparcía por el lugar-
Sin pensarlo Amelia se precipitó hacia las escaleras subiéndolas a toda prisa mientras sentía los escalones crujir y romperse a su paso. El aire era asfixiante y el humo hacia arder sus pulmones dolorosamente. El fuego y las cenizas abrazaban su piel produciendo quemaduras.
-¡Vuelve Amelia! ¡Se una buena niña y ven a ayudar a tu abuela!-los gritos de la anciana hacían a estremecer a Amelia, pero no se atrevió a dar la vuelta y volver atrás-
Salió de la casa que comenzaba a arder cada vez con mayor intensidad. Sentía el calor contra su espalda, pero no se detuvo. Siguió corriendo adentrándose en el bosque hasta que su cuerpo no pudo más y se desplomo contra el suelo. Podía sentir el olor de su pelo quemado y el dolor en sus pulmones y garganta debido al humo inhalado se hacían casi insoportables. Para su suerte el viento invernal y el frio suelo aliviaban un poco el dolor de sus quemadoras.
Soltó un sollozo ahogado aumentando el dolor en pulmones y gargantas. No supo cuánto tiempo estuvo ahí recostada en el suelo, pero sus sentidos se pusieron en alerta cuando el sonido del crujir de unas hojas al ser pisadas llego a sus oídos. Con esfuerzo se incorporó y miro hacia la dirección de la que provenían los pasos. La adrenalina se apodero de su cuerpo nuevamente listo para correr en caso de encontrarse en peligro, sus sentidos se agudizaron y sus pupilas de dilataron.
Un hombre venido de negro apareció entre los árboles-¿Qué tenemos aquí?-su voz era fría y grave provocando que un escalofrió de terror recorriera el cuerpo de Amelia quien retrocedió hasta que su espalda choco contra un árbol-¿al parecer no has tenido un buen día, niña?-el hombre desconocido la escaneo de arriba abajo-¿aprestas a demonio?-sonrió de medio lado-pobre pequeña criatura ¿te han utilizado para un pacto?-
Amelia tembló-El ritual no fue terminado…mi alma no es de nadie-
-Oh, eres una marcada. Creo que ese es un terrible final. Un camino sin esperanza-
-Que? Que es eso?-su voz tembló. No sabia si seria capaz de soportar otra mala noticia-
-Podría decirse que es una maldición. Tu alma será consumida poco a poco hasta que mueras-Amelia negó con la cabeza al oír aquella sentencia de muerte-pobre niña, más te vale perder cualquier tipo de esperanza porque no la hay-El hombre se acercó aún más y Amelia pudo distinguir mejor sus facciones. Quizás tuviera unos 35 o 37 años. Sus ojos no reflejaban emociones y eran tan negros como el carbón al igual que su cabello. Amelia lo miro directamente a los ojos-
-No moriré-no supo de donde sacó aquella valentía, pero se mantuvo firme-encontrare la forma de deshacer la maldición-
-¿Que harías para sobrevivir pequeña niña?-
-Lo que sea-se apresuró a contestar-
El hombre alzo una ceja y Amelia sintió como si aquella mirada oscura y fría tratara de ver dentro de su alma-¿incluso matar?-
Amelia dudó ¿seria ella capaz de acabar con una vida? Cerro sus ojos unos instantes tratando de aclarar sus propios pensamientos y emociones. Quería vivir, de eso estaba segura. Ahora sabia lo ingenua que había sido toda su vida, nadie haría nada por ella, nadie vendría a salvarla. Tenía que salvarse a ella misma y eso era exactamente lo que haría. Levanto su mirada y se encontró con la del desconocido.
-Si-Su voz era más calmada incluso más fría en un intento de reprimir todos sus sentimientos, “eso es lo mejor” pensó. No confiaría en nadie, no esperaría nada de nadie y utilizaría a los demás para obtener su objetivo. Ella sobreviviría a toda costa-
El desconocido sonrió de medio lado-sígueme entonces, pequeña aprendiz-Comenzó a alejarse y a perderse entre los árboles. Amelia no dudó ni un segundo y lo siguió empuñando en su bolsillo la daga que le había quitado a su abuela.








