Condenados | Michael Myers x oc

Sinopsis

Condenada a una vida de encierro, con las memorias revueltas y una injusticia al acecho, Grace decide aferrarse a algo que podría darle un nuevo sentido a su vida... o podría quitárselo y arruinarla por completo, corrompiendo hasta la última gota de su sangre. ¿Cuánto aguantan las personas antes de perderse a sí mismas? ¿Es una opción volver o es mejor solo caer? ¿Y qué pasará cuando esta nueva realidad, que la mantenía en pie, se vea nuevamente alterada? ¿Retorno? ¿A dónde? Para gente como ella no queda nada. 🚩Advertencia: Diferencia de edad, relaciones tóxicas, escenas sexuales explicitas, diferencia significativa de tamaño, posible consentimiento dudoso, sangre, muerte, asesinato. Los personajes de esta historia no son buenos ni los héroes, esta novela presentará relaciones poco sanas, recuerden siempre que es solo ficción.

Genero:
Romance
Autor/a:
Gothic Valkiria
Estado:
En proceso
Capítulos:
21
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Llegada

— Quieta. —Ordeno el guardia detrás de ella, apoyando su mano huesuda en el hombro de la más baja con demasiada fuerza, las ganas de llorar se volvieron más fuertes, trato de contenerlas mientras se detenía.

Observaba la puerta de delante, de rejas, y el pasillo de azulejos amarillentos al otro lado, un lado del muro era de ventanas enrejadas, antes de la puerta, de su lado, a su izquierda, había un cuarto cuyas ventanas ocupaban la parte superior del muro, volviendo la sala de control completamente transparente, de allí salió otro guardia y por su derecha se asomó un policía que se colocó de pie delante de la chica.

Tomo su antebrazo y la hizo elevar las manos, con llave en mano le quitó las esposas, liberando por fin sus muñecas adoloridas.

— Voltea. —Le dijo una voz a su izquierda, la más baja lo hizo, lentamente, se encontró con una enorme y regordeta enfermera que tenía una tabla con un papel en el cual anotaba unas cosas— ¿Nombre? —Quería hablar, responder, pero simplemente no conseguía procesar todo esto— ¿Nombre? —Volvió a preguntar la enfermera, esta vez más molesta, observando a la más baja, le tomo el mentón y la hizo mirarla.

— Grace... Smith... —Respondió bajito y con la voz apagada, la enfermera empezó a anotar.

— ¿Edad?

— ...Dieciséis.

— ¿Fecha de nacimiento? —Aguardo unos segundos, al no oír respuesta elevo la mirada hacia la joven que tenía los ojos en blanco, mirando a la nada. Suspiro bajando la hoja y negó, la joven chica de cabello negro se veía bastante perdida, aun en su joven y bello rostro se notaban signos de cansancio, como lagrimas secas, ojeras y la piel pálida, la enfermera miro al policía— ¿Tiene su informe? —El hombre asintió—. Bien, ayúdeme y ustedes mándenla a bañar, está agotada.

Los dos guardias asintieron.

— Camina. —Ordeno uno, apoyando nuevamente su mano en el hombro de la mujer y empujándola hacia la puerta metálica, la cual el otro guardia abrió, permitiéndoles pasar.


— Quítate la ropa —Pidió otra enfermera pero Grace no se movía, estaba de pie delante de las duchas mirando a la nada, una de las duchas acababa de ser abierta— ¿No oíste? —La chica cabizbaja no respondía, solo mantenía la cabeza levemente agachada—. Niña, si no te quitas la ropa te la quitaré yo —Advirtió acercándose a ella, el vapor comenzaba a inundar el baño blanquecino, Grace pareció reaccionar cuando la mujer se acercó, retrocediendo un paso, la enfermera se detuvo y ambas hicieron contacto visual.

Escucharon movimiento, de reojo Grace miro a los dos guardias en la entrada del baño, estos la miraban atentamente, volvió la vista a la enfermera que la miraba con el ceño fruncido, camino hasta uno de los semi muros y tomo un recipiente de plástico, dejándolo en el suelo.

— Quítate la ropa y ponla aquí, toda... —Se acercó un poco a la joven, la cual era incluso más baja que ella—, o le pediré ayuda a los guardias, y no querrás eso... ¿No?

Grace la miro a los ojos, realmente no bromeaba. Respiro pesado, comenzando a quitarse la ropa, un suéter negro que se sacó sobre la cabeza, una blusa de media mangas, todo lo iba depositando en la fuente. Observo de reojo una vez más a los guardias, estos no se movían de la entrada y la miraban fijo, algo que la incomodaba.

Finalmente llevo sus manos a su sostén y con lentitud se lo quito por sobre la cabeza, antes de caer en el recipiente la enfermera lo tomo, examinándolo negó y le lanzo el sostén a los guardias.

— Tiene los alambres, idiotas... ¿No la cacharon al entrar?... —Camino hasta ellos, Grace desabrocho su pantalón de mezclilla y comenzó a bajarlo junto con sus bragas—, es una paciente peligrosa, no se confíen por que sea pequeña, esas son las peores.

Ajena a la conversación, la pelinegra observaba sus muñecas envueltas, con cinta de tela, decidió dejarlas.

Avanzó hacia el agua caliente, lentamente, escuchaba a la enfermera volver y tomar la fuente con ropa, dejándola a un lado. Respiro hondo antes de caminar dentro del roció del agua, permitiendo que el calor golpeara su cabello y se escurriera dentro de este, recorriendo su piel.

No pudo evitar soltar un gemido placentero, no recordaba la última vez que pudo tomar una ducha.

— Ten, báñate bien, los baños son cada tres días, así que es importante que te asees adecuadamente. —La chica abrió los ojos, delante de ella la enfermera colocaba su mano fuera del agua con un jabón en medio, Grace asintió y tomo el jabón, comenzando a enjabonar sus manos, subiendo la espuma por sus brazos, sus hombros.

La enfermera se apartaba lentamente, mirando a la chica, arrugo el entrecejo al notar que a pesar de estar limpiándose, parecía más sucia, pues pequeños ríos de agua negra caían por su cuerpo desde su cabeza.

Pasaron unos cuantos minutos, Grace termino de enjabonar su cuerpo y cabello, sin saber dónde dejar el jabón que estaba casi desecho pues era una barra pequeña, finalmente lo dejo caer, elevando el rostro dejaba caer el agua sobre ella y luego lo escurría hacia atrás, luego permitía que el agua recorriera el resto de ella, quitándole los restos de espuma.

De un momento al otro una de las puertas principales se abrió y por el pasillo ingreso una enfermera, Grace atino a taparse lo poco que podía, con una mano sobre sus senos y la otra sobre su intimidad, era inevitable no encorvarse, buscando algo de protección, mirando hacia su derecha por donde ingresaba otra enfermera súper delgada, la cual se detuvo al verlas por un segundo antes de volver a avanzar.

— Gianna, lo siento, no sabía que el baño estaba ocupado. —Dijo la rubia delgada que ingresaba, la otra enfermera negó molesta.

— Tengo una nueva paciente, es su baño de bienvenida, Luna, podrías preguntar antes de ingresar ¿No? —Pregunto molesta la enfermera de Grace, a la otra no pareció importarle su tono y solo avanzo entre las duchas.

— No, lo siento, pero es mi hora de usar las duchas, deberías saberlo, el baño de Michael no ha cambiado de horario desde hace años. —Dijo sonriendo demasiado simpática. Volteo y todos miraron hacia el pasillo de entrada, incluso los guardias que cuidaban a Grace se apartaron.

Grace, que aun miraba todo en silencio, abrió los ojos sorprendida al ver el enorme hombre que era escoltado por dos guardias mucho más bajos que él, ingresaba lentamente, estaba lleno de cadenas que iban de su cuello a sus manos y luego a sus pies, usaba ropa de dormir, pantalones desgastados y cortos, una remera añeja y una bata encima de todo, decolorada. Su cabello rubio opaco, más parecido al castaño, caía sobre su rostro decaído, impidiéndole a Grace ver más allá.

Sin duda estaba sorprendida, su altura era... formidable. No recuerda haber visto a algún otro hombre tan alto como él. No podía apartar la vista de él, era hipnótico ver semejante criatura acercándose aún más a paso lento.

¿Intimidante? Sin dudas. Aunque las cadenas y los múltiples guardias le transmitían una inquietante sensación de seguridad.

El hombre se detuvo a pocos pasos, detrás de su enfermera. Grace ladeo un poco el rostro, era increíble como a pesar de estar en un buen ángulo gracias a la diferencia de altura no lograba verle la cara. El hombre no hacia ningún movimiento y eso la extrañó aún más, se le veía... apagado. Pestañeo una vez, tratando de enfocar la vista, queriendo atravesar esa maraña de cabellos y se sorprendió cuando lo noto moverse.

No estaba loca, él realmente había movido un poco el rostro... ¿Observándola?

— ¡Grace! —El grito de su enfermera la sobresaltó un poco, de inmediato la miro, la mujer mayor la miraba con ojos enormes y las manos en la cadera, una clara postura de regaño—. Que te apures, niña ¡Estas desnuda delante de un hombre mayor!

Grace abrió los ojos enormes, enrojeciendo por completo, volteo en un movimiento casi robótico hacia el agua, permitiendo que esta la envuelva, y con algo más de vergüenza se removió inquieta bajo el agua.

— No te preocupes, linda —El sonido de unas cadenas siendo soltadas le provoco un escalofrió, quien hablaba era la enfermera recién llegada—, Mikey no es ningún pervertido, termina en paz.

— No le digas que hacer, está a mi cuidado —La enfermera de Grace se había puesto detrás de ella, eso lo noto la menor cuando volteo y la mayor sostenía una toalla abierta de par a par, preservando su desnudes del otro paciente, respiro aliviada—, yo no me meto con tu monstruo, tú no te metas con el mío.

Grace arrugo el entrecejo ¿Acaso se había referido a ella como un monstruo? La otra enfermera chito la lengua repetidas veces en negación.

— Hay Gianna, no deberías hablar así de los pacientes. —Dijo la rubia delgada, la mujer mayor solo rodo los ojos en lo que envolvía a Grace con una toalla y la ayudaba a secarse, cuando se agacho para frotarle las piernas la joven noto que la otra enfermera había sentado al otro paciente.

El aire casi se le atora en la garganta, estaba sentado en una silla, con los brazos caídos, sin bata, con el mentón elevado y finalmente el rostro descubierto.

Era mayor que ella, sin dudas, enorme, porque aun sentado estaba segura que era casi de su altura, o quizá ella era muy pequeña, miraba a la nada aburrido, su barba rubia estaba algo crecida y sus ojos eran, para su sorpresa, celestes.

La enfermera de él volteo y se acercó, tenía un pote en el que revolvía un cepillo que luego le paso por la cara, untándole crema en la barba, iba a afeitarlo.

— Sostenla. —Grace observo a su enfermera que sostenía su toalla alrededor de su cuerpo, la chica asintió sosteniendo la tela sobre si, la enferma fue hasta otro de los recipientes y tomo un camisón que extendió, poniéndoselo sobre la cabeza a Grace, la prenda cayó sobre su cuerpo, y con su ayuda se terminó vistiendo, dejando que la toalla cayera sola al suelo, alrededor de sus pies desnudos.

La enfermera negó molesta, volvió al recipiente dejando la toalla y luego regreso con Grace, dejándole dos pantuflas delante de los pies, la chica avanzo colocándoselas, y luego la enfermera la envolvió en una bata en la cual la joven de cabello negro metió los brazos.

— Bien, vamos. —Ordeno de prisa la mujer, había estado actuando bastante alterada desde que el otro paciente ingreso en el baño, Grace la seguía con la mirada, la mujer tomo el recipiente con la ropa de Grace y avanzo de prisa—, vamos niña, camina, camina.

Grace la observaba, medio mareada, avanzo detrás de la mujer, pero fue simplemente inevitable mirar al hombre una última vez.

Sus ojos se abrieron enormes al notar como, mientras la enfermera le mantenía el mentón arriba y lo afeitaba, él dirigía su fría mirada hacia Grace.

No sabía por qué pero el instinto de ser amable le gano y le sonrió nerviosa, enrojeciendo al sentir ojos tan filosos sobre ella, sin más se tambaleo detrás de su enfermera notando que el hombre no iba a responder, no parecía de muchas palabras.

Cuando llego al pasillo de salida ambos guardias se acercaron a ella, demasiado cerca. Grace se mantuvo en silencio, sin poder quitarse de la cabeza la vista de semejante hombre.

Quizá era lo primero en lo que se enfocaba en bastante tiempo... ¿Cuándo fue la última vez que pensó en algo?

Sacudió la cabeza, por alguna razón escarbar en su memoria le revolvía el estómago. Volvió a lo que estaba, el hombre enorme... ″¿Quizá esté pensando mucho en él?... Era lindo...″.

Todavía era adolescente, y le gustaban los hombres altos, decidió echarle la culpa a sus hormonar el por qué pensaba tanto en esa criatura.

— Llévenla a su habitación, es la última. —Indico la enfermera tomando otro camino, llevándose la ropa de Grace consigo. Los guardias le indicaron el camino y ella avanzo hasta el final de un pasillo bastante feo, o más bien sin vida, las puertas blancas a cada lado y mientras más se acercaba al fondo, más notaba las puertas reforzadas al final del pasillo, que a diferencia de las demás tenían una pequeña ventana en medio.

Abrieron la puerta de la derecha, de par en par.

— Pasa, preciosa. —Dijo uno de los guardias, Grace no lo miro, más bien se acercó con cuidado, observando el pequeño cuarto con azulejos aguamarina y tuberías que surcaban el techo, a su derecha una cama individual, con sábanas y una colcha doblada, en el fondo una pequeña ventana, un escritorio y una lámpara. A la derecha del escritorio un pequeño muro, un inodoro individual y a la izquierda una pequeña estantería vacía en el suelo.

— Que lo disfrutes, nena, y ten cuidado, dicen que en las noches hay fantasmas. —Volteo cuando los guardias se apartaron y cerraron la enorme puerta.

Por primera vez en buen rato se permitió escupir el aire de sus pulmones, sintiendo sus ojos humedecer, no le quedó otra cosa por hacer que llorar, retrocedió hasta sentarse en la cama, sin poder evitar que las lágrimas se derramen.

Paso un buen rato hasta que escucho un tintineo familiar. La curiosidad le gano, se levantó y se acercó al vidrio de la ventana, apoyando sus manos al borde de este, se paró de punta de pie para ver mejor.

Si, era él.

Y para su sorpresa, ese tal Michael estaba siendo encerrado por dos guardias en el cuarto delante del de ella. Una vez el hombre ingreso en el cuarto, elevo las manos permitiendo que uno de los guardias lo libere de las esposas y cadenas, el hombre seguía igual que antes, cabizbajo.

Lentamente elevo un poco el rostro.

El pecho de Grace se inflo, sus manos apoyadas al borde del vidrio bajaron y se quedó embobada, no podía apartar la mirada. Los guardias se retiraron cerrando la puerta y sin más se marcharon.

A través de la pequeña ventana podía seguir viéndolo, allí de pie, aunque más bien solo veía su pecho. Su respiración se alteró un poco cuando lo observo agacharse muy lentamente hasta que su maraña de cabello desordenado quedo a la vista.

Sabía que debajo de todo eso estaba él... ¿Acaso estaba mirando hacia ella? No tenía como preguntarle, y la acción había durado muy poco, Michael se enderezo y volteo, escabulléndose más dentro de su propio cuarto. Grace apoyo los talones en sus zapatos, volteando extrañada... una idea se le cruzo por la cabeza.


— Mi nombre es Marie Jones, a partir de hoy seré tu psiquiatra por lo que dure tu estancia en el sanatorio Smith’s Grove —Se presentó la rubia, con una sonrisa optimista en el rostro, espero unos segundos mirando a su paciente, paso saliva al no recibir respuesta, justo las manos sobre su cuaderno en la mesa y respiro hondo—, por el momento tendremos dos sesiones semanales, privadas, las aumentare o disminuiré dependiendo como vea que avanzas.

Grace no la miraba, al otro lado de la mesa, tenía los ojos hinchados y rojos observando hacia una de las ventanas, curiosamente en su mirada celeste destacaba dentro del rojo, delante de ella tenía un jugo de naranja el cual no había tocado.

— Grace... sé que debe haber sido una noche difícil, pero sería bueno que cooperes y hables conmigo, yo estoy aquí para ayudarte. —Dijo con calma, la pelinegra la miro finalmente.

— ¿Quiere ayudarme?... Sáqueme de aquí, yo no debería estar aquí... ¿Acaso mi familia no llamó? —Dijo al borde del llanto, con la nariz enrojecida—. Nadie me habla, nadie me dice nada, y no sé que-

— Tu familia no va a llamar, Grace... —Dijo tranquila la rubia, Grace arrugo el entrecejo, confundida—, tú los mataste... ¿Recuerdas?

Los ojos de la pelinegra se abrieron enormes, pronto se enderezo, mirando a la rubia, su mueca era de estupor y su mandíbula se torcía, las lágrimas se desbordaron.

— Claro que no... —Dijo en un hilo de voz—, no es verdad...

— Si Grace, si lo es, cariño-

— ¡NO ME LLAME ASÍ! —Grito poniéndose de pie de un salto, tomo el vaso de la mesa y lo arrojo detrás de la rubia que se agacho asustada, escucho el vidrio quebrarse detrás de ella— ¡NO SE ATREVA! —La pelinegra retrocedió y la rubia se puso de pie, retrocediendo también, observando como la chica tomaba su asiento y lo tiraba contra otra mesa— ¿¡POR QUE MIENTE!? ¡YO JAMAS MATARIA A MI MAMÁ! ¿¡POR QUE MIENTE!?

— ¡YA BASTA! —La puerta se abrió de par en par y dos guardias entraron corriendo, sujetando a la menor entre ambos, uno le envolvió el torso con los brazos y el otro tomo sus piernas algo rellenitas y la sujeto con fuerza, la chica forcejeaba pero lo único que conseguía era lastimarse bajo el agarre de los guardias, la voltearon y colocaron boca abajo contra el suelo.

— ¡Con cuidado! ¡No la lastimen! —Pedía la rubia yendo a su maletín, el cual abrió, sacado un pequeño estuche donde tenía una ampolla y una jeringuilla con aguja, preparo la jeringa y la metió en la ampolla, rellenándola del líquido, miro de reojo a los guardias que usaban todo el peso de su cuerpo para sostener a Grace, quien chillaba cosas inentendibles— ¡No la lastimen, por favor, ella no quiso lastimarme!

Rápido dejo la ampolla vacía y fue hasta ellos, arrodillándose a un lado, le aplico la inyección a Grace, los hombres no aflojaban su agarre, la chica no dejaba de moverse hasta que luego de casi dos interminables minutos termino durmiéndose profundamente.

Los tres suspiraron, un enfermero trajo una camilla y los guardias ayudaron a colocar a la chica encima, pronto todos caminaban hacia el cuarto de Grace, de camino apareció su enfermera, Gianna, observo a la chica y los acompaño el resto del trayecto caminando junto a la psiquiatra.

— Le dije, doctora Jones, esta chica llego como paciente peligrosa, no era seguro que estuvieran solas.

— Pero no me ataco, Gianna, solo enloqueció, no creo que sea un peligro para mí. —La mujer mayor la miro, negando, ambas caminaban detrás de la camilla que llevaba a Grace dormida.

— Déjeme preguntarle algo ¿Acaso leyó el último informe? —La rubia rodo los ojos—, entonces sabe que esa ″niña″, mato a cuatro personas, dos eran familiares suyos, uno era policía, y en el hospital casi mata a una enfermera en medio de un ataque así... tiene estallidos de ira... —Llegaron a la puerta de Grace, los guardias la abrían e ingresaban a la chica, y las mujeres se quedaron en el pasillo—, puede usted ser muy buena doctora, pero a esa niña no le tiembla la mano al momento de asesinar... mantenga las distancias y, si me pide un consejo-

— No se lo pedí.

— No se quede a solas con ella en un cuarto sin guardias... o la matará a usted también. —Aliso su traje antes de voltear y marcharse por el pasillo. La doctora se mantenía con los brazos cruzados mirando como Grace era atada a su cama, no deseaba que la traten así, algo en ella le decía que no era una mala chica.

Suspiro negando, volteo y camino por el pasillo, pronto los guardias terminaron de acomodar a la chica, uno de ellos se elevó sobre ella, enderezándose, la observo más de lo debido, notando sus piernas expuestas bajo el camisón, no pudo evitar sonreír.

— Mírala... tan pequeña... atada e indefensa... —Dijo el guardia, sonriendo ladino.

— Ya deja eso Kendall... aún es temprano. —Dijo su compañero en la puerta, ambos se miraron y rieron alto, saliendo del cuarto y cerrando la puerta, Kendal negaba cerrando el cuarto con llave, entonces volteo y casi grito.

Michael estaba de pie, asomándose por la ventana, con una extraña mascara sobre el rostro.

El guardia hizo una mueca de incomodidad, sintiéndose observado por el otro paciente, negó antes de mirar a su compañero y ambos finalmente empezar a caminar lejos de esos cuartos.

Michael se mantuvo en su lugar un rato más, observando la puerta vecina, cerrada, había escuchado las alarmas, sin duda era extraño que esa cosita tan pequeña, esa mujer tan diminuta, fuera su vecina de celda, después de todo en los finales de los corredores solo se hallaban los peores pacientes.

Sin más volteo lentamente volviendo a su actividad favorita, se sentó, trabajando en su nueva mascara que creaba en silencio mientras escapaba a su mundo favorito, el de sus pensamientos. Allí se hallaban cientos de cosas, la mayoría no eran agradables.

Sin embargo, esta vez, añadió sin desearlo una nueva imagen a sus pensamientos.

La sonrisa tímida que ese pequeño rostro diminuto le dedico en los baños antes de marcharse.