Prólogo
La sangre pesa. El apellido Malfoy pesa aún más.
Toda mi vida estuve rodeada de lujos, normas y expectativas. Supe desde pequeña lo que se esperaba de mí: orgullo, elegancia, obediencia. Mi destino estaba escrito mucho antes de que pudiera alzar la voz para cuestionarlo.
Y nunca me atreví a hacerlo... hasta que ellos llegaron.
Cedric Diggory, con su calidez desarmante, me enseñó que podía ser más que lo que mi apellido dictaba. Me vio como algo más que una Malfoy, y en su mirada encontré la promesa de una vida diferente, una donde pudiera elegir quién quería ser.
Adrian Pucey, mi mejor amigo de la infancia, era todo lo contrario. Él conocía mi mundo, mis miedos y mis sombras. Siempre estuvo allí, un refugio en la tormenta, un recordatorio de que no podía escapar de quién era... y de que tal vez, en el fondo, no quería hacerlo.
Pero no puedes tenerlo todo.
No puedes amar a dos personas y no romperte en el intento.
No puedes pertenecer a dos mundos sin terminar siendo rechazada por ambos.
Y, sobre todo, no puedes huir de la guerra que se libra dentro de tu propio corazón.