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Sinopsis

[Completa] - Donde Bill y Dipper se reencuentran luego de 6 años, en un lugar de citas rÔpidas. ¿Qué podría salir mal?

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Bittersweet_grl
Estado:
Completado
CapĆ­tulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único

Sus labios atacaron su desprevenida y suave boca, en un lento vaivén, estÔtico y rudo, sus manos pasaban por todo el cuerpo del chico frente a él, quien perdido, seguía el beso torpemente, sin saber que estaba pasando exactamente, su cabeza se volvía un lío de nueva cuenta, su cuerpo reaccionaba a los besos que el tipo le daba por sí solo, como si no tuviera consciencia propia sobre su cuerpo, como si el control se lo arrebatara con esos gruesos labios, esas traviesas manos, y su hipnotizantes ojos amielados, no le molestaba que el castaño se quedara inmóvil, tan rígido como una piedra, se podría decir que le encantaba, tan moldeable y sumiso, tan suyo, su larga legua bífida comenzó a degustar el sabor de los labios ajenos, pidiendo permiso para poder entrar en su cavidad bucal, queriendo sentir el sabor de cada rincón de su boca, hacerlo delirar, los labio del niño se abrieron, dando paso a un beso francés cargado de lujuria, de deseo y maldad, él sonrió en medio del beso, sintiendo como aquel que le volvía loco pasaba tímidamente las manos por su cuello, suspirando entre el salvaje beso que le daba, temiendo romperse y caer en el pecado, temiendo caer en las garras del afrodisiaco que le estaba sacando de su razonamiento...

...Porque Bill Cipher era sin duda alguna un afrodisiaco que le podĆ­a volver adicto y eso le asustaba.

ĀØ

INSTITUTO ST. JUDE, CALIFORNIA.

10:30 HRS

Los birretes caen con elegancia y en desorden a las manos de los recién graduados, el salón de eventos del colegio se llena de regocijo, y las hermanas agradecen y rezan a dios, por aquellos chicos que ahora vuelan de sus manos, que se internan a un mundo lleno de maldad y pecados, de codicia y sufrimiento, las felicitaciones llegan y las celebraciones comienzan, las familias se aglomeran y los chicos se despiden entre lÔgrimas de felicidad de sus amigos y de aquellos con los que convivieron desde el primer grado, de la familia que formaron con el pasar de los años, sintiéndose aliviados y dolidos, deseando a los demÔs el éxito que ellos también desean tener, oran a dios, y dan por terminada la misa, sintiéndose libres y agradecidos.

Afuera de todo el tumulto de gente, sentado en las escalinatas que dan al salón de eventos y las canchas multiusos, viendo hacĆ­a el pasillo que lleva al corredor principal, con la mirada perdida y apagada, un castaƱo espera con birrete y toga en mano, a sus padres, quienes les habĆ­an prometido asistir, ...cómo en sus Ćŗltimo seis eventos, jugueteaba con el cordón del birrete, su mueca se deformaba a una de tristeza con el pasar del tiempo, y el transcurso de la misma misa a la cual se habĆ­a negado rotundamente asistir, un suspiro salió de sus labios y bajó la cabeza cuando el padre los despidió bajo un ā€œPueden ir en pazā€, el desearĆ­a tener esa paz faltante que las personas ciegamente creĆ­an que la religión les daba, no tardarĆ­a mucho para que su hermana saliese de la capilla, con la sonrisa de siempre, tan alegre, tan emotiva y feliz, tan brillantes y Ćŗnica como una estrella fugaz en la noche mĆ”s oscura, como aquellas a las que con el corazón en la mano les podĆ­as pedir un deseo sincero.

Ɖl nunca les deseo nada, Mabel si, y he ahĆ­ la diferencia que los separaba, ella era tan Ćŗnica y especial que resaltaba de forma positiva o negativa a donde fuera, Ć©l en cambio era uno mĆ”s del motón, un nerd, como su melliza le llamaba, de la tanta bola de nerds que existen en el mundo, tan paranoico, reservado e introvertido, sin nada en que destacar, un pino de hojas que se marchitan, plantado en medio de un bosque de pinos, donde nunca destacarĆ” por lo que es y quien es.

El mundo se llevó sus sueños, pero nunca dejarÔ morir los de su cosa mÔs valiosa en el mundo, su hermana.

Ā­- Ā”Hey, Dipdop! – Su hermana fue la primera en salir como un bólido hasta donde Ć©l, con la sonrisa mĆ”s feliz en su cara, el compuso una igual, sincera y preciosa Ā­Ā­- ĀæSabes que eres el mejor hermano del mun-?

- Mabel, no doy, no tengo, no presto -Le interrumpió con cariƱo parĆ”ndose para quedar frente a su hermana quien, agitada, trataba de recuperar aire, correr con tacones no era fĆ”cil – Dicho eso ĀæQuĆ© pasa?

Mabel hizo un puchero y zapateó, para aquellos que veían la escena, se les hacía lo mÔs bonito, siempre tan acostumbrados a esos mellizos tan ocurrentes y felices, apoyÔndose en todo, siempre viendo como el menor -por cinco minutos- hacía lo posible por ver la sonrisa de la castaña en su cara, viéndolo dar todo por ella sin recibir nada a cambio, viéndolo sacrificarse por ella, viéndolo ser fuerte por ella, sin intervenir, al ver que ella no hace lo mismo, que sus ojos se apagan cada día mÔs, que Dipper había dejado de ser el niño que era a los 12 años, solo estÔn ahí como espectadores de la ruptura interna del niño, creyendo es lo normal y que es lo mÔs bonito que puede pasar en el mundo.

... Porque en su mundo, los mellizos que siguen juntos, como ellos dos, son muy extraños. Y a pesar de todo, Mabel no lo hacía por mal, ella no se daba cuenta de eso, viviendo en su mundo de caramelo, donde nada malo pasa, deseando por momentos, regresar a la fantasía que una burbuja una vez le entregó.

La misma burbuja de la que él la salvó, la burbuja que él también se encargó de reconstruir, protegiéndola de todo, porque ella lo convenció de que se quedara, de que solo era mÔs débil, de que su felicidad dependía de ella.

Ella depende de él para ser alguien, y él no quiere abrir los ojos a la realidad, siendo lo que ella quería que él fuera, el Dippy -no tan- feliz que una vez alguien le regaló.

Frunció su ceño y jalo a su hermano del antebrazo, casi arrastrÔndolo por todo el lugar, hasta dar con la salida, sin despedirse de alguien siquiera; él no tenía amigos, ella en cambio, ya había hablado con sus amigas. Dipper trataba de seguirle el paso a su hermana, preguntÔndose y tratando de descifrar como su hermana se podía mover tan rÔpido con tacones y vestido, casi corriendo, pero su atención fue desviada de repente cuando a la salida, en el estacionamiento, los esperaban, Candy, Grenda y Pacífica, frente a un Audi R S 5 plata, con los brazos cruzados y unas miradas cómplices que mandaron un cosquilleo nervioso por toda su espalda, algo de eso le daba mala espina, muy mala espina.

- Bro-bro, te tengo una sorpresa – Susurró en un tono demasiado bajo su hermana a su lado, cuando se detuvieron a pocos metros de ellas.

Eso solo terminó por erizarle la piel, presentía que algo malo pasaría, y en eso nunca se había equivocado, y mÔs si su hermana le preparaba una sorpresa.

Cuando su hermana le sorprendĆ­a con cosas, Dipper solĆ­a terminar intoxicado, asustado, perturbado, aplastado, perseguido por gnomos, por la policĆ­a, castigado y al borde de la muerte en varias ocasiones, que por un momento le hicieron replantearse la confianza inquebrantable que le otorgaba y tenĆ­a a su hermana melliza.

RESIDENCIA CIPHER, NEW YORK

10:30 HRS

En el cuarto a oscuras, donde la luz es interceptada y denegada por las gruesas cortinas que adornan la estancia, algo le perturba su sueño, un peso extra del lado izquierdo de la cama, sintiendo como el suave y esponjoso colchón se hunde, sin ser él el causante, una presión en su pecho, acompañado de respiraciones lentas y clamas, una mata de pelo que le hace cosquillas en la nariz, su entrecejo se frunce, no, no es un algo, es un alguien y lo siente claramente, sus ojos miel se abren de manera abrupta, su nariz pica, y el sueño se le ha espantado, sus orbes se posan en aquello que le molesta, y lo primero que ve es un mechón de cabello azul, con las raíces cafés algo descuidado, rueda los ojos y felicita a quien sea que sea, el perfecto inicio de día que tiene, de manera sarcÔstica, sintiendo los leves movimientos de quien ahora es su almohada, el chico que descansa sobre de él se despierta, y sus ojitos adormilados se encuentran los feroces que parecen querer matarlo.

- B.... Buenos dĆ­as – Saludó con una sonrisita, demostrando lo dulce y puro que puede llegar a ser, con su carita de Ć”ngel, y sus orbes azules, tan azules como el cielo mismo brillando por las lĆ”grimas que se le han acumulado al bostezar.

- ĀæQuĆ© haces aquĆ­, William? – Su contrario, por su parte, lo miraba aburrido e irritado, justo en ese dĆ­a que podĆ­a dormir mĆ”s, a su hermano se le ocurrĆ­a la maravillosa idea de dormir con Ć©l

- Pues... tuve una pesadilla – Murmuró jugando con los botones de la pijama negra de su menor, bajando su mirada, con pena y algo de miedo.

- ĀæPor quĆ© no fuiste con Phill? – Le volvió a preguntar, y aunque estuviera irritado, no se podĆ­a negar a la dulzura que su hermano mayor podĆ­a llegar a ser a veces, ā€œMaldito manipuladorā€ pensaba.

Will se sentó en la cama, sobre sus rodillas, acomodando su pijama y tallando sus ojos – SĆ­ fui – Le respondió – Pero estaba rompiendo la cama con una chica... – La cara del ojimiel se deformó en una mueca, definitivamente esa era información que no querĆ­a saber.

- Ugh... Ā”William por Lucifer! – Exclamó asqueado sentĆ”ndose en la orilla de su cama, junto a su hermano quien le sacaba dos cabezas de altura - ĀæCómo puedes decir eso, tan... tan asĆ­? – Volvió a preguntar, casi gritando, escuchando la risita de su hermano, quien se bajó de la cama y caminaba hacia el baƱo desvistiĆ©ndose.

- Tu preguntaste

- Si, pero no era para – ĀæOye quĆ© haces?

- Pienso tomar un baƱo, te recomiendo lo mismo, apestas Bill

- Ipistis Bill – Le imitó con voz chillona, y actitud infantil – Vete a la mierda, Will – Y con ese comentario dio por zanjada su maƱana en el dormitorio – Por cierto... ĀæTienes algĆŗn plan para hoy? – Le gritó saliendo ya cambiado del cuarto.

Will en el baƱo sonrĆ­o macabramente – Obvio que sĆ­, hermanito.

ā€œXOLOTLā€ MEXICAN FOOD AND BAR, NEW YORK CITY

20:44 HRS

- Mabel no, estĆ”s loca si crees que voy a acceder a esta cosa, me niego – Un castaƱo rezongaba enfrente de un restaurante, donde a la entrada un cartel reposaba con la frase que lograba molestarle, ā€œCitas RĆ”pidas, esta noche 9pmā€, oh si, su hermana lo habĆ­a llevado para que ā€œconociera chicas lindasā€ en sus palabras, Dipper estaba hastiado, y abrumado, no, se negaba a participar en una estupidez como esa.

- Ā”Oh vamos! Bro-bro, serĆ” entretenido, y podrĆ”s tal vez, encontrar a esa chica especial – Le codeo Mabel, tratando de convencerlo, subiendo y bajando sus cejas de forma sugerente – A parte~ - Canturreo – Ya no hay vuelta atrĆ”s, ya te inscribĆ­ Ā”Pow! – Le pegó de forma infantil una etiqueta con su apodo en el pecho, justo del lado donde se encuentra el corazón, sacĆ”ndole la lengua ante la cara roja de su hermano que comenzaba a hervir en ira, y vergüenza - ”¿Sorpresa?! – Expresó con miedo, no recuerda la Ćŗltima vez que su hermano se habĆ­a enojado con ella, pero sabĆ­a que era momento de huir de ahĆ­, y con toda su fuerza de voluntad tirada por la borda, salió a por patas del lugar corriendo a donde le esperaban sus amigas - Ā”Suerte! – Le gritó, Dipper vio el auto desaparecer, quedĆ”ndose solo en una gran ciudad que a duras penas conocĆ­a por las veces que sus padres les habĆ­an llevado, enfrente de un restaurante de comida que le irritaba el estómago, y una mala, pero muy mala sensación creciendo en la boca de sus estómago, como un nudo de nerviosismo, de pĆ”nico y alerta, un nudo que no entendĆ­a su razón de ser, sus manos comenzaron y a sudar y sin mĆ”s prefirió entrar, siendo recibido por el manager, quien le guĆ­o al Ć”rea designada, donde ya habĆ­an varias personas, y unos ojos miel que lo enfocaron al instante.

Se sentó en una de las mesas algo alejadas de los demĆ”s, siempre se le habĆ­a hecho incómodo el estar junto a personas extraƱas a las que nunca les dirigirĆ­a la palabra, o se negaba a conocer, no era la primera vez que asistĆ­a a un ā€œeventoā€ como ese, su melliza solĆ­a ser un tanto efusiva y abrumante cuando de conseguirle pareja se decĆ­a, Dipper no recuerda con claridad cuando fue la Ćŗltima vez que su corazón se aceleró, y brincó, tratando de salirse de su pecho por una persona, latiendo desenfrenadamente como un caballo desbocado solo por la mera presencia de alguien, su hermana, metida en la burbuja en la que Ć©l la solĆ­a cuidar, le solĆ­a contar como se sentĆ­a, como si fuera un sueƱo, la escuchaba tan embobada, y ella le hacĆ­a creer que era algo demasiado hermoso que valĆ­a pena sufrir por ello.

Vaya mentira, el amor es solo un monstruo, alimentado de las esperanzas vanas de las personas, cegado por la lujuria y el deseo, falso e irreal, en un mundo perdido, el amor es una fantasĆ­a anhelada, el amor humano crea, destruye, fortalece y destroza, el amor humano no es lo que se plantea que es...

El amor humano es caos, luz y oscuridad mezclado, el amor humano es incomprendido, el amor humano, es la perdición de aquel que lo encuentra, por mÔs bello y feliz que le parezca.

Pasados unos diez minutos, donde varias personas mĆ”s llegaron, la iluminación quedó a media luz, llamando la atención del castaƱo, el mismo manager, de pelo azul tintado, se hizo presente en la tarima de eventos, con una sonrisa gatuna en su cara, y los ojos brillando en emoción. – Ā”Bienvenidos sean! – Extendió los brazos, llevĆ”ndose unos cuantos aplausos animados, para Dipper ese tipo era extraƱo por decir menos, su mirada viajo por todo el lugar encontrando un ambiente mexicano tan caracterĆ­stico de aquellos restaurantes, ĀæPor quĆ© mierda el manager tenĆ­a un acento ruso marcado?, se preguntaba – Damas y Caballeros, a este noveno juego de Ā”ā€œCITAS RƁPIDASā€! - ĀæNoveno? ĀæDesde cuĆ”ndo?, murmuro – Ya conocen las reglas, asĆ­ que solo queda decir Ā”diviĆ©rtanse! y Ā”Hagan citas! – Exclamó con diversión y la misma estĆŗpida mirada que Mabel le tiraba cuando hablaba con cualquier tipa o cuando alguna de sus amigas veĆ­a y se tiraba a hablar con algĆŗn chico ā€œlindoā€, simplemente le disgustaba demasiado, Ć©l ni siquiera tenĆ­a ni el mĆ­nimo interĆ©s en estar en ese elegante y absurdo lugar.

La chicas sentadas en la barra, con sus vestidos de noche, se fueron parando de una en una y caminaron hacia cualquier mesa, hasta que todas se llenaron, el manager veía la escena con diversión, sobre a todo a su hermano que trataba de matarlo con la mirada y solo bufaba, la campanilla sonó, el reloj de arena se volteó y las citas empezaron, la diversión y plÔticas se abrieron paso, todas y cada una de ellas tan superficiales como aquellas que las armaban.

”Cambio! Se escuchaba a cada rato y cita que pasaba, cada vez que el reloj de arena llegaba a su fin, una y otra vez, mujer tras mujer, plÔticas vacías, una tras otra, miradas coquetas, indecencia, palabras vulgares, gestos obscenos, no se buscaban citas, se buscaban cosas de una noche, tan ambiguas, tan aburridas, tan físicas y huecas, tan moldeables, tan horripilantes a cada minuto, a cada rato, ¿CuÔndo dos horas se les habían hecho tan largas?, tan abstractas y aburridas, porque uno dejó de verlas, tan perdido en la extraña sensación que recorría todo su joven ser, con una alerta de peligro, como una alarma encendida a la que tenía que hacer caso, y que le pedía salir a por pies de ahí.

El otro se recordaba porque matar estaba mal, moviendo su tenedor en la mesa con todo el desinterés del mundo, coqueteando de vez en vez con alguna señorita, interesadas, bobas e ingenuas, el estrés del día lo mataba, el cansancio de seis años viviendo como vive le frustra y a veces, solo a veces desea no haber conocido a ese par de mellizos, tan odiosos, tan escandalosos, tan... moldeables y fÔciles de corromper, de destruir y forzar, tan estúpida, tan inteligente, tan desastrosa, tan meticuloso, tan desquiciante, tan empalagoso.

La campanilla sonó, retumbando por sus oídos, dando la alerta que todo a terminado, dando señal de que por fin es libre, tiene hambre y sueño, estÔ aburrido, y la chica que tiene enfrente de aparentemente unos años mayor que él, no deja de hablar de aquel artista salido de una banda de jóvenes ingleses que cantaban juntos cuando el apenas tenía catorce, y la escucha suspirar como idiota por alguien a quien obviamente nunca conocerÔ de frente, y ni siquiera sabe de su maldita presencia, la gente se levanta, las parejitas formadas salen, la discusión ha acabado, decide ir a comer, a tomar un respiro, y sube a la terraza vacía, donde solo yace una sombra que fuma, exhala todo el aire que sus pulmones retenían y se sienta en la mesa junto a la baranda, que no le permite caer, admirando la ciudad alumbrada, con la gente disfrutando de su verano, preguntÔndose lo que su hermana estarÔ haciendo es esos momentos, el olor a cigarro llega a él, pero no le molesta, el mesero se acerca, pide una piñada y lee el menú, buscando algo que le llame la atención y no le irrite el estómago, se decide por un queso fundido de champiñones cuando el mesero regresa con su bebida, la sombra no le deja de ver, y él, no se ha enterado de eso.

Lo analiza con detenimiento, lo notó cuando subía las escaleras, con ese pelo castaño, y esos ojos chocolate, que brillan apagados, y con una pizca de curiosos, sus frÔgiles y cuidadosos movimientos, llamativos a su parecer, lo sigue viendo, notando como se sienta, como se comporta tan dulce y educado con el camarero, y lo reconoce, esa marca que oculta bajo su fleco, ese miedo que abraza su cuerpo, en la manera en la que el viento frío le crispa la piel, como cuando se apareció enfrente de su ser, queriendo quitarle la computadora, sus ojos amielados se afilan, se enfrían y demuestran sus mÔs temibles deseos, aplasta entre sus dedos el cigarro, como si fuera aquel chico, tan moldeable, tan especial.

Decide acercĆ”rsele, con cuidado, el cuerpo del chico se alerta, se crispa y le pide salir de ahĆ­, pero no entiende lo que pasa, sigue viendo a la ciudad, pero su mirada decide recorrer el lugar, y lo observa, su cabello rubio, y unos ojos miel brillando con ferocidad, su comida aparece enfrente de Ć©l, agradece y cuando voltea ya estĆ” sentado frente a Ć©l, pidiendo una margarita, su ceja se arquea, el tipo sonrĆ­e – Hola – Su sonrisa afilada le manda escalofrĆ­os.

- ĀæHola? – Contesta dubitativo - ĀæTe conozco? – Le pregunta curioso, la sonrisa se le afila mĆ”s, y sus ojos brillan en malicia, el chico teme por un segundo, si no es por el camarero que llega, pero con la misma se va, nota su miedo hacĆ­a el que estĆ” sentado frente a Ć©l, ĀæQuiĆ©n es ese tipo?

- Tal vez sĆ­, tal vez no... ­– Se inclinó sobre la mesa, jugando con su copa, posando su cabeza sobre la palma de su mano, ronroneando las palabras – ... Puede ser, la realidad es una ilusión, Pino.

Se paró con velocidad, su cuerpo se crispo y el aliento abandonó su ser, no era posible, quería creer que era una broma, que él no estaba ahí frente a él realmente, se paralizó, el mundo se tornó negro, y sus inseguridades salieron a flote nuevamente, buscaba y buscaba una explicación lógica a eso, su cerebro se desconectó, y quedó estÔtico ante el demonio, quien admiraba a su presa sumirse en pÔnico ante su sola existencia, deleitÔndose con el miedo ajeno, tan disfrutable como cuando era lo que fue, un ser sin piedad, con un alma corrompida, con deseos mÔs allÔ del entendimiento humano, tan sediento de poder, pero tan poderoso, donde quería mÔs de lo que ya tenía, el silencio se volvió espeso, y las rÔpidas respiraciones del chico solo deleitaba al que un día fue un gran ser lleno de maldad y locura.

- Cómo--ĀæCómo es posible? – Tartamudeó, con el corazón en la boca y el miedo en sus pupilas, viendo al demonio personificado acercarse a Ć©l, con elegancia, con calma, con tormento.

- Bueno, nada es imposible niƱo – Le contesta divertido y sarcĆ”stico, parado frente al joven que tiembla imperceptible, con el corazón acelerado, se agacha a la altura de su cara, apretando sus cachetes, el chico suelta el primer sollozo, que se ha estado aguantando – Y por tu reacción, adivino que no he perdido el toque, dulzura.

El chico, mudo y paralizado niega, el demonio se llena de regocijo, algo en él se remueve, inquieto, y satisfactorio, el placer le recorre por el cuerpo, al ver aquel que lo derrotó, aquel que se creía superior por acabar con su existencia, aquel que osó por enfrentarlo y salió victorioso, y al final, regresó a él, en bandeja de plata, tan vulnerable.

Un placer desmedido que le hace lamerse los labios con peligrosidad, le revuelve sus entrañas, le hace querer sentir mÔs de ese placer que las emociones y expresiones del chico le hacen sentir, lo ve tan moldeable, y por un momento se pregunta si es tan posible el poder destruir, destrozar a aquel chico que años atrÔs lo derrotó, se pregunta si puede romperlo mÔs de lo que él lo hizo, moldearlo a su gusto y quitarle algo dentro de él dejarlo vacío y suplicante, porque pare, por piedad, por misericordia, así que lo deja comer en paz, tratando de disfrutar mÔs del regocijo en su interior, sintiendo como algo, una bestia, dentro de él, se despierta, tan feroz, tan voraz, y maldice a su cuerpo humano, por ser tan frÔgil... frÔgil.

QuƩ divertido es jugar con objetos frƔgiles y Ʃl tiene un cervatillo de cristal en sus manos...

Lo sienta encima de Ć©l en la silla que el chico solĆ­a utilizar antes de que se acercara, sintiĆ©ndolo temblar, escuchando con una alegrĆ­a macabra su silencioso llanto, disfrutando cada vez mĆ”s, ĀæCómo era posible que aquel que tanto frente le hizo se encontrara llorando de la impotencia y el miedo sobre sus piernas?, le agarró los cachetes, abriĆ©ndole la boca con una mano, mientras con la otra maniobraba elegantemente el tenedor y la tortilla de harina, haciendo un ā€œtacoā€ y criĆ”ndolo, sintiendo la resistencia de Dipper, sintiendo su valor desbordarse, desde el primer momento en que su presencia lo derrotó, sintiĆ©ndose endemoniadamente bien con toda la situación, sintiĆ©ndose como nunca antes se habĆ­a sentido, que irónico le resultaba todo, Ā”Y Ć©l creyendo que aquel chico le darĆ­a mĆ”s pelea!.

- Vamos Pino, come – Le susurró al oĆ­do, con ese tono demandante y burlesco que le erizó toda la piel, mandando corrientes elĆ©ctricas por toda su espalda y parte baja de su cuerpo, obligĆ”ndolo a obedecer, como un cachorrito entrenado, revolviĆ©ndose incómodo encima del demonio personificado, quien se deleitaba de una manera extraƱa con aquellos movimientos inconscientes del niƱo – Pino... compórtate ­– Le gruñó en el oĆ­do, ronco y excitado, aquello se le salĆ­a de las manos, las emociones humanas comenzaban a nublar su juicio y no le desagradaba para nada.

El chico sólo tembló en su lugar, removiĆ©ndose aĆŗn mĆ”s, sin ser consciente que debajo de Ć©l, el rubio perdĆ­a todo autocontrol, y no fue hasta muy tarde que sintió lo que sus movimientos verdaderamente habĆ­an causado, cuando el demonio le gimió al oĆ­do, grave y grueso, pasó saliva, nunca en sus aƱos de vida, habĆ­a estado en una situación asĆ­, ni menos con un hombre, se volvió a paralizar cuando aquel sobre quien estaba lo giró de manera brusca sobre su regazo, con los ojos inyectados, y afilados, tan finos como los de un gato - ĀæQuĆ©?, ĀæQuĆ© haces? – Pregunto casi horrorizado, con sus manos posadas en el abdomen ajeno, sintiendo su bien marcado cuerpo, volvió a pasar saliva, y un chillido salió de su boca cuando algo duro y grande debajo de las prendas se rozó con su trasero.

- Te dije que te comportaras, Pino – Murmuró acercando su rostro peligrosamente al ajeno, pasando su mano por las no tan anchas caderas del chico, quien buscaba desesperadamente huir de ahĆ­, o de girar su cara, y por cada movimiento en su intento frustrado de huir, recibĆ­a un gruƱido cargado de placer, lo estaba terminando de cagar y no lo notaba, como no notaba muchas cosas en esos momentos, como que el bar ya cerró, como que nadie estĆ” donde ellos, que solo son ellos y sus almas, que sólo son ellos y la luna, que el tiempo se detenĆ­a, cuando sus ojos se conectaban, cafĆ© con miel, una combinación exquisita – Vamos no te resistas ­– sus labios se rozaban, los alientos se mezclaban, uno se desesperaba, el otro se deleitaba con aquella deliciosa sensación que inundaba su ser. Cerró el espacio que los separaba en un rĆ”pido movimiento, sus labios atacaron su desprevenida y suave boca, en un lento vaivĆ©n, estĆ”tico y rudo, sus manos pasaban de sus caderas al pecho del chico frente a Ć©l, quien perdido y asombrado por tan repentino acto, seguĆ­a el beso torpemente, sin saber que estaba pasando exactamente, sin saber que hacer o como reaccionar, su cabeza se volvĆ­a un lĆ­o de nueva cuenta, su cuerpo reaccionaba a los besos que el tipo le daba por sĆ­ solo, como si no tuviera consciencia propia sobre su cuerpo, como si el control se lo arrebatara con esos gruesos labios, esas traviesas manos, y su hipnotizantes ojos amielados que lo veĆ­an fijamente con lujuria y deleite, ĀæCómo era posible que se dejara hacer por aquel ser que los quiso matar cuando tenĆ­an trece?, por su parte a Ć©l no le molestaba que el castaƱo se quedara inmóvil, tan rĆ­gido como una piedra, se podrĆ­a decir que le encantaba, tan moldeable y sumiso, tan suyo, su larga legua bĆ­fida comenzó a degustar el sabor de los labios ajenos, pidiendo permiso para poder entrar en su cavidad bucal, queriendo sentir el sabor de cada rincón de su boca, hacerlo delirar, los labio del niƱo se abrieron, dando paso a un beso francĆ©s cargado de lujuria, de deseo y maldad, el rubio sonrió en medio del beso, sintiendo como aquel que le volvĆ­a loco por tanto que le hacĆ­a sentir apartaba sus manos de su abdomen y las cruzaba por su cuello, torpe y dĆ©bilmente, como si temiera romperlo, pero lo que realmente temĆ­a era caer en la lujuria y el afrodisiaco que Bill Cipher estaba siendo para Ć©l, buscando mĆ”s cercanĆ­a de la que ya tenĆ­a, frotĆ”ndose en el bulto del demonio de forma inconsciente, suspirando de placer, cayendo en las redes de aquel ser.

Las manos del demonio se metieron debajo de la camisa del chico, recorriendo su suave y tersa piel, tan blanca como la leche, tan pura que le dan ganas de corromperla, tan pÔlida que se pregunta cómo sería dejarla totalmente marcada, como un lienzo de tonos morados y azules, dando a entender que es de su propiedad, suyo, suspira ante la macabra idea cuando se separan por falta de aire, su sonrisa se ensancha y la mala sensación vuelve a recorrer todo el cuerpo del castaño, pero todo aquel sentimiento se desvanece cuando el rubio comienza a besar su cuello, con pasión y deleite, succionando y marcÔndolo, saboreÔndolo, los suspiros se abrieron paso por su boca, siendo un lugar sensible para él, las manos del demonio subieron a sus pezones, un escalofrío se presentó en el menor, los suspiros subieron de tono, y de repente se sintió caliente, sus manos no sabían dónde posarse y comenzaron a desabotonar la camisa negra del rubio, inquietas, temblando, sus piernas se cerraron cuando otro roce paso por su culo, y gimió, tan fino y adictivo, tan lujurioso, tan llamativo, que el demonio quiso escuchar mÔs, y claro que haría al menor darle esa dulce melodía esa noche.

Le abrió la camisa, con algo de desesperación siendo sumido por el demonio nuevamente en un lujurioso beso, sin razonamiento alguno, acariciando el pecho y abdomen del de tez acaramelada, pasando sus yemas de los dedos, disfrutando de la sensación que aquel bien formado cuerpo le mandaba a través de su tacto, y el demonio no se quedó atrÔs, devorando la boca del castaño, jugando con una mano con sus pezones erectos y gustosos de la atención que reciben, bajando la otra mano tortuosamente por la espalda del niño, hasta el inicio de su pantalón, donde juega maliciosamente con el elÔstico, acariciando la espalda baja en círculos, tratando de adentrarse por debajo de sus prendas, el aire los separo, y sus miradas volvieron a chocar, reflejando lujuria y deseo, Dipper se sentía completamente caliente, siendo quemado por cada toque que el demonio le brindaba, siendo drogado con cada beso que le estampaba, como si lo hechizara, y el ser, quien pretendía tomar su cuerpo en esos momentos, no hacía nada de magia, hacía mucho tiempo que había perdido la mayoría de sus poderes.

Sus manos traviesas viajaron por su fornida espalda, acariciÔndola en desesperación, Bill lo observaba divertido y caliente, movió su cadera hacia adelante, embistiendo el cubierto culo de Dipper, sus gemidos no tardaron en volver a oírse, y un nudo en la boca de su estómago se presentó, emocionado y excitado, ¿Cómo se sentiría tenerlo encima de él?, ¿Cabalgando sobre su miembro, viendo su expresión de placer?, ¿Qué el curioso chico de ojos apagados le pida por mÔs?, que le ruegue destruirlo, de una manera muy diferente a como el castaño lo hizo con él, con solo imaginarlo su autocontrol se iba a la mierda, y sus movimientos se aumentaron con frenesí, sintiendo el dolor en su miembro al ser apretado por la ropa, Dipper al sentir aquellos movimientos enredó sus piernas alrededor de la cintura y del respaldo de metal de la silla, en la que seguían sentados, elevando su trasero, para quedar su cubierta entrada sobre el latente pene del demonio que busca ser liberado.

- Mgh... Bill – Gimió sin pudor, siendo ahora Ć©l el que se restregaba contra el otro, dejando todo rastro de razonamiento del demonio colgando en un hilo demasiado fino, demasiado corto, desgarrĆ”ndose para dejarlo caer el en deseo carnal, no podĆ­a ni querĆ­a contenerse mĆ”s, aquel Pines le estaba tentando, y era una verdadera tentación, cuando lo vio comenzar a quitarse su propia camisa, luego de haber casi arrancado la del demonio y tirarla sobre la mesa, sabĆ­a que no habĆ­a vuelta atrĆ”s, y eso, eso a Ć©l le encantaba. Lo ayudó a quitarse sus prendas quedando solo en boxers, deleitĆ”ndose con la vista de aquel cuerpo de un Ć”ngel, Ć”ngel que se asegurarĆ­a de arrastrar al infierno.

Y tomÔndolo por sorpresa, sin ser claro de sus acciones, sumido en el pecado del que tanto las hermas le quisieron alejar en aquel colegio del que horas atrÔs acababa de salir, se arrodillo, sentÔndose sobre sus talones, quedando un poco mÔs abajo de la cintura del rubio, subiendo su mano hasta el cierre del pantalón de este, todo por su mera voluntad, el demonio no podía estar mÔs impresionado, mÔs fascinado por aquella faceta que el castaño le mostraba, su mano seguía jugando con el cierre, mirando directamente a los ojos del tipo, retÔndolo, desesperÔndolo, siendo él el que mandaba y eso Bill Cipher no lo iba a permitir. Con una sonrisa casi maniÔtica quitó la mano del menor, desabrochando su pantalón, quitÔndoselo junto a la prenda interior bajo la atenta mirada de Dipper, quien por unos momentos se atragantó con su propia saliva al ver el expuesto pene de Bill, tan grande, tan grueso, tan imponente.

Ā­- Vamos Pino... LĆ”melo – Ordenó, y algo dentro de Dipper se removió en placer y regocijo. Se paró en sus rodillas, dirigiendo sus manos a aquel falo, mĆ”s grande y grueso que el promedio, sintiĆ©ndolo, tan duro y gordo, palpitando entre sus manos, sintiĆ©ndola ensancharse aĆŗn mĆ”s, una risa ronca lo ruborizó, y comenzó a bombearlo, pasando su mano por todo el largo de este, siendo incapaz de cubrirlo todo, jugando previamente con Ć©l. Arriba y abajo, jugando con Ć©l, y despertĆ”ndolo aĆŗn mĆ”s de lo que ya estaba, con su boca haciĆ©ndose agua, preguntĆ”ndose que tan rico sabrĆ”, preguntĆ”ndose si ese monstruo cabrĆ­a en su boca, si no le lastimarĆ­a, su lengua humedeció sus labios, y se tiró a lamerlo, besando primero la punta, sin dejar de bombear de la mitad a la base, succionĆ”ndolo un poco, escuchando los suspiros graves encima de Ć©l, se detuvo, dejando la punta en su boca, sintiendo su sabor salado por el sudor, lamiĆ©ndolo solo un poco, con su lengua enrollĆ”ndose de manera inexperta por aquel pene, y se lo metió por completo hasta donde pudo, abriendo su boca, un poco mĆ”s de lo normal para no ahogarse con tan inmenso pene, que omitiendo el sudor, le sabĆ­a a gloria, y para Bill la boquita del castaƱo podĆ­a ser el verdadero paraĆ­so, tan caliente y hĆŗmeda, sintiendo como su lengua lo envuelve y con la otra sigue bombeando porque no logra llegar ni a la mitad de su polla. Y sigue asĆ­, hasta que un sabor dulzón se combina con el salado, siendo el pre-semen del demonio que comienza a salir, y decide aumentar su ritmo, succionando mĆ”s rĆ”pido, moviendo su cabeza de arriba hasta abajo, casi llegando al final de la punta, donde siente mĆ”s el sabor, y adicto a Ć©l, no deja de saborearlo, los gemidos roncos del demonio llegan a sus oĆ­dos, sus suspiros entrecortados, algunos diciendo su apodo, y le prende, se siente tan malditamente bien dĆ”ndole una mamada al rubio que no quiere, parar, y es cuando su boca es penetrada hasta el fondo, por un movimiento rĆ”pido del demonio, que siente que este ha llegado a su clĆ­max, enterrĆ”ndose en lo mĆ”s profundo que puede de su garganta, tocando su campanilla, llenando su boca de un espeso lĆ­quido que no deja de salir a chorros, chorreando por barbilla, y la comisura de sus labios, tan espumoso, tan caliente, tan rico y adictivo. El demonio sale de su boca, admirando aquello que ha logrado, y quiere mĆ”s, aquella vista le excita y no puede evitarlo.

Cuando el chico termina de tragar todo lo posible, abriendo su boca para que el demonio observe que no ha quedado casi nada, es cuando el rubio lo levanta sin ninguna dificultad, pegƔndolo a su cuerpo, mordiendo y besando sus pezones erectos y rojos, como unas pequeƱas cerezas, tan sensibles que con un solo roce le hace estremecer al castaƱo, baja sus manos al boxer que aleja al chico de la desnudez, jugando con el elƔstico, poniƩndolo nervioso, y deseoso por mƔs, metiendo su mano derecha por la parte de atrƔs, jugando con la pequeƱa y estrecha entrada del niƱo, pasando sus dedos medio y anular por aquel aro que le llamaba a entrar, acariciando con la izquierda el despierto y con pre-semen miembro del niƱo que ahora gime bajo por las atenciones que su cuerpo estƔ recibiendo.

De un tirón le baja aquella prenda, y le da la vuelta, pegando el pecho del chico a la mesa, recostÔndolo sobre esta, recorriendo con sus manos todo su cuerpo, todas su curvas, aquella pÔlida piel que le invita a morderla y marcarla, que despierta un hambre sexual tan grande en él que es imposible no fantasear con todo lo que le puede hacer a ese chico, dejó de juguetear con el cuerpo frente a él, para pasar a bombear su propio miembro, mientras que con la otra mano jugaba con el ano del castaño, quien se tensaba al sentir como un intruso se abría paso por su estrecha entrada, gimiendo de dolor, con los ojos empezando a cristalizarse por lo que le hacía sentir, una abrumante combinación entre el dolor y placer, al sentir el segundo dedo introducirse, jugando y estirando su interior, sus gemidos cambiaban un poco de tono, siendo finos y adictivos al oído del demonio.

Se desespera y se contiene, quiere tenerlo encima de él, con su miembro dentro de su ser, tan húmedo y caliente como su boca, su entrada comienza a absorber los dedos que mantiene dentro, y lo tira para atrÔs sentÔndolo casi encima de él, rozando su miembro con su trasero, y Dipper decide tomar la iniciativa, sin creer que el mismo por su propia voluntad se encuentra empalÔndose contra un grueso miembro, palpitando mientras se adentra por su aro, que se va ensanchando con su tamaño, sintiendo como es capaz de correrse con solo tenerlo dentro, y eso que apenas va por la punta, sintiendo el dolor punzante de la zona al ser estira con exageración, pensado con algo de miedo que aquel ser lo va a partir en dos mitades, y es que Bill se siente tan jodidamente bien que posa sus manos en la cadera del castaño, sentÔndolo de un golpe, escuchando un grito que tapa con la palma de su mano, y aunque la calle este vacía y la acera desierta, prefiere no correr el riesgo, porque al final de cuentas, lo que hace es ilegal. Siente la contracción del cuerpo de Dipper, y sus temblores, escucha sus jadeos ahogados por su mano, y se da cuenta que el chico se ha corrido con solo penetrarlo por completo.

- ĀæTan rĆ”pido, pino? – Se burla, con su tono cargado en malicia, el chico niega avergonzado, con las mejillas pintadas de rojo - ĀæNo? Bueno... si tĆŗ dices – Le mordió el lóbulo de su oreja escuchando un chillido, alejando su mano de su boca, y bajĆ”ndola hasta el miembro semi erecto del niƱo, quien jadeaba por todas esas sensaciones, comenzando a bombearlo con lentitud, su cadera comenzó un movimiento errĆ”tico de arriba hacia afuera, sentĆ”ndose por completo en la silla, como cuando lo crĆ­o, sus movimientos se vieron copiados por Dipper, quien comenzaba a auto penetrarse, dando saltitos con notoria vergüenza, subiendo el tono de sus gemidos, Bill le mordĆ­a la espalda y el cuello, marcĆ”ndolo, un beso por ahĆ­, un beso por allĆ”, besando y succionado con deleite, saboreĆ”ndolo, con el constante sube y baja de Dipper sobre su pene, quien deliraba de una manera impresionante al ser golpeado en su próstata con casi todo ese enorme falo que le revolvĆ­a las entraƱas y le hacĆ­a llegar al cielo.

Su juego se extendió por varias horas y rondas mÔs, en posiciones que a Dipper le hacían perder la razón, donde solo se escuchaban sus gemidos callados por su mano y sus suplicas pidiéndole mÔs al demonio que sentía la gloria misma, el estar rebajando a aquel niño que un día lo venció, queriendo quedarse dentro de él por mÔs tiempo, correrse por séptima vez dentro de su ya no tan estrecho interior, hacerlo perder la locura y que llegue arrastrÔndose por mÔs, y tal vez, no era una mala idea.

Seis dƭas despuƩs

RESIDENCIA PINES, NEW YORK CITY

14:06 HRS

- Lo siento seƱorita – El oficial se quito la gorra con notable pesar – No hemos podido encontrarlo, y no hay rastro alguno de Ć©l por ningĆŗn lado – Prosiguió, asentando su mano en el hombro de la chica como muestra de consuelo, ella bajó los brazos rendida, y destrozada, habĆ­an pasado seis dĆ­as y su hermano habĆ­a desaparecido de la faz de la tierra y sabĆ­a que ya era tarde para que Ć©l regresara. El oficial abandonó la residencia, donde la chica se dejó caer en el sillón llorando, siendo consolada por sus amigas.

- ĀæDónde estĆ”s Dipper? – Se preguntó

Tal vez, no debió obligarlo a ir aquel lugar de citas rÔpidas como otras veces, y así, tal vez, no hubiera escuchado el último ”Cambio! de su vida.

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