Prólogo
Yo, desde mí humilde lugar, solo puedo hacer hincapié en la insignificante existencia del ser humano en este mundo. Hay tantas cosas para creer, tantas teorías que explicar, tantas cosas que desconocemos, ¿que hay después de la muerte? son preguntas a las que quizás nunca vamos a poder darle una respuesta. Pero aún así, solo somos un pequeño granito de arena que vive físicamente en un mundo, desconociendo en su gran mayoría todo aquello que no podemos ver, percibir y sentir.
Sentir... El ser humano también siente mucho, la mayoría del tiempo sentimos más de lo que pensamos, nos dejamos llevar por nuestras pasiones y terminamos cometiendo muchos errores. Aquellos que creen fielmente en Dios a pesar de nunca haberlo visto, defendiendo hasta la muerte está creencia, o aquellos que sencillamente no creen en Dios, ni el universo, ni en los fantasmas, ni en cualquier cosa que no puedan ver. Yo encajo en el segundo grupo.
Algunos me van a llamar escéptico; yo prefiero definirme como un sujeto que duda radicalmente de todas las cosas para poder buscarles una respuesta.
Sin embargo fue él quien pudo esclarecer todas mis dudas de la forma más catastrófica posible...