Capítulo 1
Agosto 23 de 1987
La misión consiste en ingresar al interior del laboratorio ruso, extraer los documentos y rescatar a los sobrevivientes.
Llevamos seis meses planeando, entrenando y recopilando información. Nada puede salir mal. Tenemos una hora para conseguir todo con una extensión de treinta minutos en caso de que haya más gente de la esperada secuestrada.
De ser así, debemos pedir ayuda a las fuerzas, porque está claro que la cosa se va a poner fea en cuanto vean lo que tramamos.
Soy el líder del equipo dos, tengo a trece hombres a mi cargo, y entre ellos, tres de los mejores esperando mi señal.
El equipo uno se acerca por una de las paredes, confirmando nuestro ingreso y yo doy permiso al grupo de comenzar.
En el camino, cuento nueve cuerpos rusos muertos. Si afuera hay esta cantidad, dentro debe haber el triple.
Preparo mis navajas y continuo al frente de mi equipo. Al ingresar, un ruso viene por la izquierda: caigo y ruedo en el suelo.
Uno de mis hombres le dispara con el silenciador en medio de la frente. Otros tres vienen corriendo. Lanzo mi cuchillo: se incrusta en el muslo del más grande, haciéndolo caer. Se arrastrar, pero me subo a su espalda, y entierro mi arma en ella.
Corro hacia el segundo y con una llave rápida le quito su pistola para atravesar el filo en su cuello esperando que la sangre comience a caer sobre mi. Olvido al tercero quien se hace presente al dispararme, esta bala me rozó el hombro pero corro hacia el primero para sacar mi arma de su espalda y, al tener las dos navajas perfectas para mis manos, se los clavo en el hombro y en un segundo le dejo diez agujeros en el estómago cayendo de lleno al suelo.
Logró ver por delante que hay varios cuerpos tirados y corro siguiendo la señal del segundo líder de mi equipo, Morris, quien me señala el camino despejado e ingreso a un salón donde están estacionados seis camiones, los cuales emiten ruidos de gritos desagradables.
─Monts, los seis están llenos y no solo hay adultos –su expresión de horror me dejó claro que también había niños─. Daré aviso a la fuerza, tu continua con el laboratorio. Dust, Philips, acompáñenlo.
─Envía a algunos a revisar los demás almacenes, quizá haya más o ya estén experimentando con ellos.
─De acuerdo, haré que vigilen las entradas y salidas. Date prisa.
Sin responder me encamino trotando a lo que espero sea el laboratorio, una mujer de unos treinta años está recostada sobre una camilla, y quien creo que es un científico la tiene inyectada con una jeringa llena de un líquido verde, detengo a mis hombres ya que espero una amenaza de su parte.
─Un paso más y ella se muere ─lo que sé sobre este experimento es nada más que eso pero, no mataban a la persona de una inyección─. Te lo advierto, agente. Esto no es lo que experimentamos aquí, esto es totalmente seguro y peligroso.
─Señor, le pido amablemente que suelte la jeringa y dé un paso atrás, su final va a ser el mismo esté con ella o no ─una amenaza simple mientras empuño mis navajas.
─Solo moriré si ella también lo hace ─intenta inyectarla pero dibujo una pequeña pero perfecta abertura en su cabeza con mi cuchillo.
─Debió haber hecho caso doctor, solo iba a ser trasladado al servicio. Que lástima. Dust, revisa a la mujer y llévala a la central con los demás, ella es prioridad. Phill, recorre el ala A, yo veré que hay en la del lado B.
Recorro los pasillos controlando que nadie venga detrás de mí y al fin encuentro otro laboratorio pero este con esquemas, pantallas y muchos papeles. No tengo tiempo de revisar todo así que tomo cajas vacías de las esquinas y comienzo a llenarlas con los documentos.
─Monts, quedan diez minutos para concluir la misión, ¿quieres que revise las demás habitaciones? ─pregunta Phillips.
─¿Morris ha dicho algo?
─Si, revisaron las habitaciones de la planta D y no hallaron más gente, solo queda recopilar los documentos y finalizar. Llegaremos a tiempo.
─De acuerdo Phill. Ayúdame con esto y vámonos.
Al salir, Dust está esperando en la camioneta, baja y acomoda las cajas detrás, unos minutos después ya estamos de camino a la central temporal que establecimos acá en Rusia. Es un camino de unos veinticinco minutos por lo que descansar es imposible.
Los demás equipos ya deben estar llegando, salieron con los camiones ilegales, por lo que mi trabajo termina cuando entregue todos los archivos recopilados al General.
Ingresamos al salón del cuartel y me encuentro con los demás equipos, un agente de otra área distinta de la mía se me acerca.
─Eres el único que está bañado en sangre, ¿Usas armas blancas para enfrentamientos? ─miro mi ropa, no había notado que me veía todo rojo, levanto la vista riéndome─. ¿Eso te divierte? ─noto alegría en sus ojos.
─No me divierte verme así, me hace feliz porque mi trabajo sigue siendo perfecto ─el ríe─. Matarlos con mis navajas me divierte.
─Bien, me alegro que así sea. Buen trabajo, Monts ─se retira sin decirme su nombre.
De igual manera, hablo con mucha gente como para recordarlos.
Luego de una ducha de quince minutos hasta sacarme toda la sangre, recorro los pasillos en busca de la sala B, donde me reuniré con el general y otros importantes para conversar sobre la última misión.
Al ingresar, veo todas las cajas sobre la amplia mesa de doce personas, toco la puerta y al permitirme entrar me presento.
─Buenas tardes, soy Keith Monts, líder del escuadrón número dos, estuve a cargo de la extracción de los archivos expuestos aquí en la mesa ─los oficiales al mando me saludan con una inclinación─. Estoy a disposición de cualquier ayuda que precisen, estaré con la clase azul en el gran salón. Si me permiten preguntar, los documentos que necesitaron de tres equipos de rescate, espías y reconocimiento, ¿son de alto peligro?
─Señor Monts ─me estrecha la mano quien creo es el general─, un gusto, lo único que puedo decirle es que su trabajo fue completado a la perfección. Los detalles siguientes, son confidenciales así que le pido que se retire, por favor. Uno de nuestros agentes lo llamará de administración. Desde hoy, su labor en Rusia queda finalizada. Gracias por sus servicios, señor ─todos se inclinan y yo asombrado, correspondo y me despido.
¿Así termina mi trabajo aquí? Bueno, por un lado mejor, debo volver a los Estados Unidos y completar tareas en el servicio secreto. Aún me quedan cinco meses de trabajo y, sinceramente, no quiero guardar mis navajas todavía. Necesito divertirme un poco más y allá hay mucha gente infiltrada con la que debo tratar.
Llevo cinco horas de viaje hacia los EE.UU, y con una copa de champagne, brindo conmigo mismo por otro trabajo excelente pero no puedo evitar pensar sobre la confidencialidad.
¿Debería haber leído aunque sea un documento de vuelta a la central en Rusia? Tal vez de haberlo hecho me hubiese metido en problemas.
No importa, de todas formas ya he terminado y esto quedará en el pasado.
El aeropuerto está lleno de gente, hay mucho ruido lo cual detesto, son murmullos sin palabras, horrible. Rápidamente me voy acercando a la salida donde puedo visualizar el auto enviado de la empresa para recogerme. Cargo las maletas y subo esperando llegar al fin, necesito recostarme y descansar, recuperar fuerzas y volver a la rutina.
Me quedo dormido en los siguientes cinco minutos y solo despierto cuando el conductor me llama amablemente desde el asiento del conductor ya que he llegado a las inmediaciones. Disculpándome con vergüenza por haberme dormido todo el camino, bajo y tomo mis maletas, con ellas ingreso al departamento de seguridad donde me han enviado para otra misión.
Dejo mis cosas en mi habitación y me encamino a las reuniones programadas.
Dentro de la sala hay máximo veinte agentes de distintas sedes.
─Muchachos, esta va a ser la última misión hasta que terminen su servicio por completo. Hemos calculado fechas de acuerdo a este gran problema y organizando el programa, podrán hacerlo hasta ese tiempo. Como ustedes saben, algunos de nuestros agentes estuvieron en Rusia, en una misión secreta, nuestro último trabajo sería el plan B de esa misión, acabar con todos los rusos infiltrados, ya saben, esos que traficaban a las personas ─esos malnacidos─. Ellos siguen estando en nuestro país haciendo lo mismo, les daré planos de localización de cada una de las personas que no tienen hogar o familia, ya que los rusos buscan a esta gente, deben acercarse a ellos y convencerlos de trasladarse a un hogar que el mismo gobierno provee y esperar a que los rusos aparezcan para secuestrarlos. La orden es no dejarlos vivos, no nos sirven para sacarles información ya que la tenemos toda, y tampoco debemos dejarlos volver a su país. Los encuentran y los matan, de la forma que quiera, luego llaman al primer número al final de la hoja, es el mantenimiento del servicio secreto ─explica el comandante en jefe.
─Señor, una pregunta, podríamos tener problemas con la policía respecto a las personas a convencer o un testigo irrelevante, ¿qué deberíamos hacer? ─un agente hace la pregunta que quizá a más de uno se le cruzó por la cabeza.
─En ese caso lo retienen y llaman al segundo número, agencia de abogados, ellos se encargan del resto. Ustedes no deben preocuparse por nada más que encontrar y desaparecer a esos bastardos. ¿Entendido? ─todos gritamos un gran “sí“─. Muy bien, pueden retirarse. Si tienen dudas se pueden acercar a mi oficina.
Salgo emocionado ya que este trabajo es perfecto para las armas blancas y perfecto para mí, debo decir, ya que me gusta la justicia por mano propia. Si bien sé manejar todo tipo de armas, me especializo en los puñales.
Estos últimos meses disfrutare la sangre de todos los rusos repugnantes, la tortura es mi mejor arma.
Siento que al fin descansare bien.