Capítulo 1: Visitas Inesperadas
Una intensa lluvia golpeaba sin descanso la ciudad de Japón. Yuto observaba en silencio por la ventana de su apartamento, con la mirada perdida en el cielo gris. A su lado, el cuaderno de matemáticas yacía abierto, con algunas ecuaciones a medio resolver, como si también se hubieran rendido ante el día.
—Qué día de mierda... —murmuró, soltando un suspiro cansado.
Había planeado salir a despejarse un poco, pero la tormenta le arruinó los planes.
—Parece que tendré que quedarme encerrado —añadió con fastidio—. Qué molestia... Y para colmo, tendré que soportar a esa vecina otra vez.
Ya podía imaginarlo: pronto empezaría a beber, a poner su música a todo volumen, y quizá invitaría a sus amigos de siempre. El caos estaba asegurado.
Hana, su vecina, era una chica de su misma edad pero completamente opuesta a él. Lo que muchos llamarían una “chica problemática”: fumaba, manipulaba a los vecinos a su antojo, y siempre encontraba la manera de salirse con la suya. A ojos de Yuto, no tenía futuro alguno.
Sin embargo, su apariencia era... deslumbrante. Piel bronceada, cabello negro como la noche y unos ojos rubí tan intensos que parecían atravesar el alma. Una belleza de primer nivel, pensaba Yuto, aunque jamás lo admitiría en voz alta.
De repente, el timbre sonó con fuerza, rompiendo el silencio del pequeño apartamento.
—¿Quién será a estas horas? —murmuró, dejando a un lado el cuaderno y levantándose del sofá para ir a la puerta.
El timbre volvió a sonar con insistencia.
—¡Ya voy! —gruñó con fastidio mientras se acercaba.
Antes de que pudiera abrir por completo, la puerta fue empujada con brusquedad desde afuera. Alguien entró apresuradamente y la cerró de golpe tras de sí. Yuto dio un paso atrás, desconcertado y algo tenso… pero su nerviosismo cambió a confusión al ver a la figura frente a él.
Una chica, visiblemente alterada, respiraba con dificultad. Sus ojos recorrían el pasillo como si huyera de algo —o alguien—. Yuto entrecerró los ojos, intentando reconocerla… hasta que lo hizo.
—¿Hana? ¿Qué rayos estás haciendo aquí? ¿Y por qué pareces tan… afligida?
—¡Shhh! —lo interrumpió ella rápidamente, poniendo un dedo sobre sus labios—. No hagas ruido...
Antes de que Yuto pudiera decir algo más, una voz masculina retumbó desde el pasillo del edificio, cargada de rabia.
—¡¡¡Hana!!! —gritó el hombre—. ¡No puedes dejarme así como así! Créeme que me las vas a pagar, ¡maldita mujer perra!
Yuto frunció el ceño. ¿Quién demonios era ese?
La respuesta llegó sola: Kuroki, el exnovio de Hana.
Ella lo había dejado recientemente, y con justa razón. El tipo era un imbécil. Apenas unas semanas después de empezar a salir, se le ocurrió soltar una frase que destruyó toda esperanza en él:
—Ahora que somos novios... podemos empezar a tener sexo, ¿no?
Una línea estúpida, vulgar y egoísta. Con eso, todo lo que Hana había soñado sobre encontrar a un hombre decente se fue directo a la basura.
Cuando la voz del tipo desapareció en el pasillo, Hana soltó un suspiro de alivio. Al parecer, su exnovio finalmente se había largado. Pero no tardó en darse cuenta de lo que acababa de hacer: irrumpir en el apartamento de su vecino sin permiso… técnicamente, eso era allanamiento de morada.
Sumida en sus pensamientos, no se dio cuenta de que Yuto la miraba con el ceño fruncido.
—Disculpa, ¿pero puedes decirme qué está pasando? —preguntó, molesto e intrigado.
Hana levantó la mirada, algo avergonzada.
—He… lo siento por entrar así. Mi exnovio me está acosando últimamente. Me sigue a todos lados, aparece en mi edificio, en las calles… He intentado hablar con la policía, pero como su padre es alguien influyente, no hacen nada. Miran para otro lado como si nada pasara.
Hizo una pequeña reverencia en señal de disculpa.
—Perdón por irrumpir sin permiso, de verdad. Pero no sé qué habría pasado si me hubiera alcanzado…
Suspiró, agotada. Sus hombros caídos y la tensión en su voz dejaban claro lo mucho que cargaba sola.
Yuto dejó escapar un suspiro. La situación era más grave de lo que parecía.
—Está bien… no tienes que disculparte. Si es por tu seguridad, no me molesta. Pero deberías tener más cuidado. No sabes qué tipo de personas pueden aprovecharse de ti cuando entras a sus casas.
Hana alzó una ceja, sorprendida por la seriedad con la que la trataba.
“Qué raro… ver a mi vecino molesto hablándome así… y preocupándose un poco por mí.”
—Oye… —dijo en un susurro—. ¿Crees que podría pasar la noche aquí? Es probable que Kuroki vuelva a buscarme a mi apartamento… y bueno, sería más seguro quedarme aquí, ¿no?
Yuto se quedó en silencio unos segundos. Luego suspiró otra vez.
—Tsk… Bien, pero duermes en el sofá —soltó sin rodeos.
Hana lo miró fijamente mientras él se alejaba hacia su habitación para traer una almohada y una sábana. Sus pensamientos se tornaron oscuros... y divertidos.
“Maldito virgen... una chica hermosa quiere quedarse en tu apartamento, solos, de noche, y aún así me tratas con frialdad... Ya verás, te vas a arrepentir…”
Nadie la había tratado con tanta indiferencia. Incluso los chicos más “santos” terminaban babeando por su atención. Pero este… este parecía un perro salvaje. Uno que, por alguna razón, despertaba en ella el deseo de domesticarlo.
“Umm... creo que me voy a divertir contigo, virgen-kun...” pensó, lamiéndose los labios con picardía.
Yuto volvió poco después con la sábana y la almohada en brazos.
—Toma esto. Ya es tarde, así que ve a dormir —dijo, y sin más, se encerró en su habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Hana se dejó caer en el sofá con una sonrisa traviesa.
—Jejeje… pronto estarás debajo de mí, Yuto-kun…
Cerró los ojos con esa sonrisa aún dibujada en los labios.








